La ruptura de la homogeneidad política: nacionalismo serbio y elecciones republicanas VII

…tal y como lo recuerda Garde, «hay que admirar la pervivencia de las viejas fronteras culturales. Los comunistas ganaban las elecciones en Serbia, al igual que había sucedido en los demás países balcánicos de tradición oriental: Rumania, Bulgaria, poco después Albania, siempre con la misma oposición entre la ciudad y el campo. Por el contrario, eran barridos en Croacia y en Eslovenia, en una repetición de lo que ocurría en los países centroeuropeos de tradición occidental: Hungría, Checoslovaquia, Polonia».

José Carlos Lechado y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos, p. 67-68.

Kosova después de la guerra: el protectorado internacional II

En los primeros meses de 2001 Macedonia se convirtió en escenario de una tensión bélica que afectó ante todo a la parte septentrional de la república, colindante con Kosova. En esa tensión se daban cita dos elementos distintos: si el primero hundía sus raíces en una historia de desencuentros entre las comunidades eslava y albanesa presentes en el país, el segundo remitía a algunas secuelas del conflicto kosovar, en la forma, ante todo, de los restos de una guerrilla, el Ejército de Liberación de Kosova, que buscaba nuevas misiones.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 159.

Kosova después de la guerra: el protectorado internacional I

En el magma de tensiones y confrontación que acabamos de retratar se hizo valer un fenómeno de inquietante relieve: la expulsión, o en su caso la huida, de muchos integrantes de las minorías étnicas presentes en Kosova, y singularmente serbios, gitanos -comúnmente acusados de colaboración con los serbios y de saqueo de viviendas de ciudadanos albaneses- y musulmanes eslavófonos. En noviembre de 1999 ACNUR y la OSCE no dudaban en señalar, en un informe, que se había desarrollado «un clima de violencia e impunidad, así como de general discriminación, acoso e intimidación dirigidos contra los no albaneses. La combinación de problemas de seguridad, restricciones de movimiento, falta de acceso a los servicios públicos (especialmente educación, cuidados médico-sanitarios y pensiones) es el factor determinante de la huida de los serbios, ante todo, y de otros grupos no albaneses.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 148-149.

El conflicto bélico de 1998-1999 VI

Resulta difícil sustraerse, por otra parte, a la idea de que la OTAN mostró una formidable imprevisión en su ofensiva. Al respecto baste con invocar la errada inferencia, ya reseñada, de que el régimen serbio se rendiría rápidamente, como basará con recordar la dramática ausencia de medidas para hacer frente a la oleada de refugiados albanokosovares y para dar respuesta a la represión asestada por las autoridades serbias. De poco sirve afirmar que las operaciones de «limpieza étnica» ya estaban en marcha cuando se produjeron las primeras acciones de la Alianza Atlántica o subrayar que, según estudios que se antojan solventes, relativos a la zona de impacto de los bombardeos de la OTAN, los flujos de refugiados y desplazados poco o nada tenían que ver con éstos. Más interesante se antoja la interpretación que sugiere que la imagen de los refugiados hacinados en campos de Macedonia o en Albania resultó reconfortante a ojos de unos estrategas, los de la OTAN, que con su concurso consiguieron doblegar buena parte de la oposición que los bombardeos suscitaban en los propios países occidentales.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 118-119.

Abolición de autonomía y resistencia civil IV

En el terreno económico- social se desarrollaron un sistema educativo y un sistema sanitario al margen del Estado. Los doctores y los profesores eran pagados -con salarios bien es verdad que muy bajos, y no siempre librados a tiempo- por la «República de Kosova», buena parte de cuyos fondos procedían de la emigración albano-kosovar. Los datos relativos al sistema educativo eran espectaculares:  en 1995 asistían a clases 312.000 alumnos de primaria, 57.000 de secundaria y más de 12.000 de enseñanza superior. El sistema, que contaba también con dos escuelas de educación especial, se servía las más de las veces de locales privados.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 97.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial III

Buena parte de la población serbia residente en los territorios situados al norte de Kosovo había buscado la protección del emperador austríaco, al tiempo que se verificaba un flujo decisivo: el centro de gravedad de las comunidades serbias, que en un tiempo había estado en Kosovo, empezó a trasladarse hacia Belgrado, con lo cual la separación, y la oposición, entre serbios y albaneses fue ganando terreno. El éxodo serbio facilitó, como era de esperar, una nueva llegada de albaneses de las montañas, y ello no sólo a Kosovo, sino también a Macedonia e incluso a ciudades como Nis, hoy en el sur de Serbia.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 28.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial II

Para la historiografía serbia, por el contrario, los albaneses se formaron en virtud del cruce entre restos aportados por los ilirios y los dejados por un sinfín de pueblos que habitaban la parte suroccidental de los Balcanes, de tal suerte que su vinculación con Kosovo fue marginal antes de  la llegada de los eslavos y su presencia significada en el territorio que hubo de aguardar a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando asumieron un crudo papel de colonizadores empecinados en la persecución de los serbios. Antes, Kosovo se había convertido en el crisol de la nación serbia, que vio la luz en 1389 de resultas de la batalla de Kosovo Polje. Así las cosas, los serbios son la población autóctona de Kosovo, país al que llegaron mucho antes que los albaneses. La presencia de estos producto de una cultura en la que los elementos destructivos y de atraso son decisivos no se remonta más allá de tres siglos atrás, y sólo puede explicarse por efecto de los estímulos generados, primero, por la insana dominación turca, que no ahorró esfuerzos para aniquilar a la cristiandad ortodoxa, y después por los intereses del imperio austrohúngaro. Con estos antecedentes no puede sorprender que la palabra Kosovo suscite, a los ojos de muchos serbios, la imagen de la persecución, del sufrimiento y de la injusticia.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 24.

 

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial I

…las historiografías albanesa y serbia parecen condenadas a la discrepancia. La primera señala que los albaneses, descendientes directos de los ilirios, se vieron obligados a retroceder -en virtud de las invasiones eslavas- hacia las zonas costeras a partir del siglo VI después de Cristo, pero regresaron a su tierra, bajo la protección del Islam, en los siglos XV y XVI, y configuraron en adelante el grueso de la población de Kosova. Conforme a esta visión de los hechos, los serbios son, en cambio, gentes plenamente ajenas a Kosova, que han mostrado una permanente hostilidad hacia los albaneses y han hecho todo lo que estaba en su mano para dividirlos, obstaculizando, en particular, la gestación de un estado común para las comunidades albanesas presentes en Montenegro, Kosova, Macedonia, Grecia y la propia Albania.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 23-24.

La reacción internacional

La comunidad internacional, es decir, los Estados Unidos seguidos con temor y temblor por sus aliados europeos, sólo se decidió a pararle los pies cuando se enfrentó con la perspectiva de acoger a más de un millón de refugiados kosovares albaneses, en su mayoría musulmanes, continuar con una posible quinta guerra en Montenegro y una segura sexta en Macedonia, centro de bajísimas presiones que atraería indefectiblemente a Bulgaria, Grecia y Albania. Los enteros Balcanes en llamas. Tamaña hoguera podía ya resultar incontrolable.

Manuel Coma, Adiós, Milosevich, no vuelvas, p. 1.

La encrucijada serbia: entre la “Gran Serbia” y la “tercera y mínima Yugoslavia” II

El comportamiento autoritario de los serbios fue contestado permanentemente por un amplio sector de los diputados de la Asamblea de Kosovo, suspendida en sus funciones desde mediados de junio; así, el mismo día del referéndum constitucional serbio, 114 de los 180 antiguos diputados kosovares tomaron la decisión de proclamar la independencia de Kosovo con respecto a Serbia, aprobando la constitución de la «República Soberana Yugoslava de Kosovo» pero, en las circunstancias del momento, dicho acuerdo clandestino -que no pasaba de ser un gesto meramente simbólico- no fue tenido en cuenta por las autoridades de Serbia. Estas procedieron el 5 de julio a disolver la Asamblea y el gobierno kosovar, para aplicar un programa cuyo fine era la «instauración de la paz, la libertad, la igualdad y la prosperidad» en el Kosovo, de hecho, discriminatorio y  represivo de la mayoría albanesa, ya que tenía por objetivo «modificar progresivamente la estructura étnica» de la provincia. Ello no impidió que el rechazo de los grupos políticos representativos de los albaneses kosovares a la política serbia siguiera su curso, aunque clandestinamente: en septiembre de 1990 fue elaborada una Constitución para Kosovo, que convertía a la provincia en la «séptima república yugoslava»; un año más tarde, la población acudió a una consulta popular para ratificar el derecho de su nueva república a la «soberanía e independencia nacional», proclamada el 19 de octubre de 1991, independencia que no obtuvo, sin embargo, el respaldo internacional, pues contó solamente con el reconocimiento expreso de Albania. Finalmente, el 24 de mayo de 1992, Ibrahim Rugova, dirigente de la «Alianza Democrática» de Kosovo, era elegido Presidente de la República nonata; se constituyeron a continuación un nuevo parlamento y un «gobierno en el exilio». Sin embargo, para las autoridades serbias la contestación no dejaba de ser un puro artificio alentado exclusivamente por Albania, lo que significaba que en Serbia simplemente se ha optado por dejar reposar el problema de Kosovo, todavía pendiente de una solución definitiva.

Ricardo Martín de la Guardia y Guillermo Pérez Sánchez, Europa balcánica. Yugoslavia, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, p. 122