Oposiciones Secundaria | Tema 46


¿Quieres ir bien preparado a las oposiciones de Geografía, Historia e Historia del Arte de Secundaria? Si es así, quizá te sirva el material que pongo a tu disposición. El siguiente es uno de los temas que elaboré en su momento y, aunque cada caso es distinto, al menos a mí me ayudó a sacar la plaza.

A continuación dejo como archivo adjunto un pdf con el texto del tema 46. He decidido mantener el formato de puntos que tan buen resultado me ha dado en mi estudio, pero se puede convertir fácilmente en un texto compuesto por párrafos largos. También dejo más abajo la bibliografía utilizada y, en breve, espero hacer un vídeo dedicado a esta cuestión.

DESCARGA EL PDF: Tema46_Los Estados balcánicos en el siglo XX

BIBLIOGRAFÍA:

  1. H. Cleyeland, El nacimiento del nuevo orden mundial.
  2. J. Díez Espinosa, Historia del Mundo Actual. Desde 1945 a nuestros días.
  3. F. Fetjó, Historia de las democracias populares.
  4. A. Fontaine, Historia de la Guerra Fría.
  5. E. Hobsbawm, Historia del siglo XX.
  6. P. Johnson, Tiempos Modernos.
  7. T. Judt, Postguerra: una historia de Europa desde 1945.
  8. M. Kitche, El periodo de entreguerras.
  9. G. Mammarella, Historia de Europa contemporánea (1945-1990).
  10. J. Paredes, Historia del Mundo Contemporáneo. Siglos XIX y XX.
  11. G. Pérez Sánchez, La Europa del Este de 1945 a nuestros días.
  12. P. Renouvin, Historia de las Relaciones.
  13. C. Taibo, La disolución de la URSS.
  14. C. Taibo, Los conflictos yugoslavos: una introducción.
  15. F. Veiga, La trampa balcánica.

Los restantes tratados de paz


Austria firmó en septiembre de 1919 el Tratado de Saint-Germain, que reducía su territorio al actual. Tuvo que reconocer la independencia de Hungría, Checoslovaquia, Polonia y Serbia. Cedió a Italia el Tirol sur, Trieste, Istria y parte de Dalmacia.

A Serbia se le concedió Bosnia-Herzegovina y Eslovenia.

Hungría firmó en 1920 el Tratado de Trianon. Entregaba Croacia y Eslabona a Serbia, Eslovaquia a Checoslovaquia y Transilvania a Rumanía.

En noviembre de 1920, Bulgaria se vio obligada a ceder a Grecia la Tracia oriental -perdiendo su salida al mar Egeo- y gran parte de Macedonia.

Turquía firmó en agosto de 1920 el Tratado de Sèvres, donde sufrió notables pérdidas territoriales:

  • Tracia oriental y las islas del mar Egeo pasaban a Grecia.
  • Rodas y el Dodecaneso se cedían a Italia.
  • Armenia se convertía en Estado independiente.
  • Kurdistán lograba su autonomía.

Siria, Líbano y Cilicia se convertían en mandatos franceses, mientras Iraq, Palestina y Transjordania pasaban a ser mandatos británicos.

El descontento por las condiciones del Tratado de Sèvres provoco un levantamiento nacionalista acaudillado por Mustafa Kemal.

El sultán fue depuesto y se reanudó la lucha contra los griegos, de tal modo que las sucesivas victorias turcas obligaron a revisar las condiciones de paz en el Tratado de Lausana (24 de julio de 1923).

Turquía recuperaba Tracia oriental y conservaba Asia Menor en su totalidad.

Kosova después de la guerra: el protectorado internacional II

En los primeros meses de 2001 Macedonia se convirtió en escenario de una tensión bélica que afectó ante todo a la parte septentrional de la república, colindante con Kosova. En esa tensión se daban cita dos elementos distintos: si el primero hundía sus raíces en una historia de desencuentros entre las comunidades eslava y albanesa presentes en el país, el segundo remitía a algunas secuelas del conflicto kosovar, en la forma, ante todo, de los restos de una guerrilla, el Ejército de Liberación de Kosova, que buscaba nuevas misiones.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 159.

El conflicto bélico de 1998-1999 VI

Resulta difícil sustraerse, por otra parte, a la idea de que la OTAN mostró una formidable imprevisión en su ofensiva. Al respecto baste con invocar la errada inferencia, ya reseñada, de que el régimen serbio se rendiría rápidamente, como basará con recordar la dramática ausencia de medidas para hacer frente a la oleada de refugiados albanokosovares y para dar respuesta a la represión asestada por las autoridades serbias. De poco sirve afirmar que las operaciones de «limpieza étnica» ya estaban en marcha cuando se produjeron las primeras acciones de la Alianza Atlántica o subrayar que, según estudios que se antojan solventes, relativos a la zona de impacto de los bombardeos de la OTAN, los flujos de refugiados y desplazados poco o nada tenían que ver con éstos. Más interesante se antoja la interpretación que sugiere que la imagen de los refugiados hacinados en campos de Macedonia o en Albania resultó reconfortante a ojos de unos estrategas, los de la OTAN, que con su concurso consiguieron doblegar buena parte de la oposición que los bombardeos suscitaban en los propios países occidentales.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 118-119.

El conflicto bélico de 1998-1999 IV

A la postre lo que prosperó fue una propuesta que realizada por el «grupo de los ocho» a principios de mayo y defendida ante Milosevic por Chernomirdin y por el enviado de la UE, Martti Ahtisaari, implicaba la retirada de Kosova de los contingentes militares yugoslavos, el regreso de los refugiados y el despliegue en el país de una fuerza internacional encabezada por la ONU y con presencia sustancial -restringida, bien es cierto, al territorio kosovar- de contingentes militares de los Estados miembros de la OTAN. La propuesta fue aceptada los días 1 y 3 de junio por el gobierno y por el parlamento serbio, y sirvió de base al acuerdo suscrito en Kumanovo (Macedonia) unos días después. Permitió el final de los bombardeos de la OTAN y la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, la 1244 que sentaba las bases de un protectorado internacional en Kosova.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 121-122.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial III

Buena parte de la población serbia residente en los territorios situados al norte de Kosovo había buscado la protección del emperador austríaco, al tiempo que se verificaba un flujo decisivo: el centro de gravedad de las comunidades serbias, que en un tiempo había estado en Kosovo, empezó a trasladarse hacia Belgrado, con lo cual la separación, y la oposición, entre serbios y albaneses fue ganando terreno. El éxodo serbio facilitó, como era de esperar, una nueva llegada de albaneses de las montañas, y ello no sólo a Kosovo, sino también a Macedonia e incluso a ciudades como Nis, hoy en el sur de Serbia.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 28.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial I

…las historiografías albanesa y serbia parecen condenadas a la discrepancia. La primera señala que los albaneses, descendientes directos de los ilirios, se vieron obligados a retroceder -en virtud de las invasiones eslavas- hacia las zonas costeras a partir del siglo VI después de Cristo, pero regresaron a su tierra, bajo la protección del Islam, en los siglos XV y XVI, y configuraron en adelante el grueso de la población de Kosova. Conforme a esta visión de los hechos, los serbios son, en cambio, gentes plenamente ajenas a Kosova, que han mostrado una permanente hostilidad hacia los albaneses y han hecho todo lo que estaba en su mano para dividirlos, obstaculizando, en particular, la gestación de un estado común para las comunidades albanesas presentes en Montenegro, Kosova, Macedonia, Grecia y la propia Albania.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 23-24.

La reacción internacional

La comunidad internacional, es decir, los Estados Unidos seguidos con temor y temblor por sus aliados europeos, sólo se decidió a pararle los pies cuando se enfrentó con la perspectiva de acoger a más de un millón de refugiados kosovares albaneses, en su mayoría musulmanes, continuar con una posible quinta guerra en Montenegro y una segura sexta en Macedonia, centro de bajísimas presiones que atraería indefectiblemente a Bulgaria, Grecia y Albania. Los enteros Balcanes en llamas. Tamaña hoguera podía ya resultar incontrolable.

Manuel Coma, Adiós, Milosevich, no vuelvas, p. 1.

Algunas claves del proceso de desintegración nacional

Pero la clave de la ruptura del sistema titoísta, más allá de los viejos odios ancestrales que marcaron secularmente las relaciones entre las diversas comunidades nacionales que formaban Yugoslavia, debe buscarse según J. Rupnik, en el vínculo estrecho existente entre la crisis del sistema comunista y la del estado multinacional. Los dos procesos de descomposición, de desmoronamiento, más tarde, se han fortalecido mutuamente» ante la inoperancia y división mostrada por las más altas magistraturas del Estado, ya se tratara del Politburo de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia, del gobierno Federal o de la propia Presidencia colectiva.

A partir de finales de los ochenta, las autoridades de la República de Serbia forzaban la legalidad constitucional con una reforma de su Ley fundamental que afectaba a la propia Constitución Federal de 1974, al variar el estatus de las provincias autónomas de Kosovo y Voivodina. Para los serbios se trataba, en un momento de profunda crisis en el seno de la Federación, de potenciar la unidad de su propia comunidad nacional, teniendo en cuenta, por una parte, los «derechos históricos» aplicables sobre territorios considerados como serbios: Kosovo, Voivodina, Macedonia o la región de Sandzak; por otra, el «derecho de autodeterminación» o el «derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos», libremente ejercido por las comunidades serbias establecidas en el interior de otras repúblicas yugoslavas, especialmente en Croacia y Bosnia-Herzegovina; derecho este último que, aplicando la tesis serbia, entraba en contradicción con el «derecho histórico» que en justa correspondencia debía aplicarse en los demás territorios no serbios. Ante esta iniciativa, entendida en Eslovenia y Croacia como el primer paso hacia la «Gran Serbia», estas dos repúblicas comenzaron a pergeñar un proyecto de confederación sobre las bases de un sistema político «flexible y descentralizado» que debía empezar con la transformación de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia; el hecho de que en el XIV Congreso el bloque serbio (Serbia, Montenegro, Kosovo y Voivodina) no aceptase esta reforma produjo la ruptura de la unidad en el seno de la organización comunista y en el propio Estado yugoslavo. Cuando en mayo de 1990 se quiso volver a reunir el XIV Congreso extraordinario de la Liga Comunista, aplazado sine die el 23 de enero, los comunistas eslovenos, croatas y macedonios lo impidieron: en ese momento, de Yugoslavia había dejado de existir, y con ella, en la práctica, las demás instituciones de la Federación.

Ricardo Martín de la Guardia y Guillermo Pérez Sánchez, Europa balcánica. Yugoslavia, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, p. 116-117.

La construcción del socialismo de tipo soviético en Yugoslavia

La nueva república yugoslava se definía como popular y federativa, y establecía la capital en Belgrado. Cada una de las seis repúblicas integrantes de la federación (Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia) votarían sus constituciones particulares siempre y cuando éstas no contravinieran la Constitución federal del Estado. Además, la organización territorial se cerraba con dos provincias autónomas vinculadas a Serbia, Kosovo y Voivodina, cuya definición como tales provincias constituía el respeto a las peculiaridades de las poblaciones albanesa y húngara, muy elevadas en número en los territorios respectivos.

La Constitución establecía el sufragio universal y secreto para elegir a los representantes populares en el parlamento, que contaba como dos cámaras. La Cámara Federal (348 diputados) estaba conformada por 87 diputados de Serbia, 86 de Croacia, 58 de Bosnia-Herzegovina, 41 de Voivodina, 29 de Eslovenia, 24 de Macedonia y 9 de Montenegro. La Cámara de las Nacionalidades (178 miembros) se componía de 25 diputados de cada una de las repúblicas, 18 por Voivodina y 10 por Kosovo.

Ricardo Martín de la Guardia y Guillermo Pérez Sánchez, Europa balcánica. Yugoslavia, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, p. 37.