La revolución inglesa en el cine: juicio y ejecución de Carlos I Estuardo


Estamos ante un fragmento largo -casi nueve minutos- de la película Cromwell (1970). En él se recoge tanto el juicio al rey de Inglaterra Carlos I Estuardo, como su posterior ejecución. Aunque ambos acontecimientos son de 1649, se pueden situar en un contexto más amplio, el de las revoluciones inglesas del siglo XVII, que tuvieron como centro la lucha por el poder entre el Parlamento y la Corona.

La escena puede dividirse en tres partes. En la primera un parlamentario muestra sus dudas sobre la condena a muerte del rey, de hecho llega a afirmar que ha nacido para reinar. Es decir, que los delitos de los que se le acusa no son punibles, pues desempeña su cargo por voluntad divina, de tal modo que solo Dios pues juzgarle. En la segunda, es el propio Carlos I quien, durante el juicio, esgrime argumentos similares: el rey no reconoce el poder del Parlamento para juzgarle.

La última es la ejecución del monarca, en la que el silencio del pueblo habla por sí solo. Los presentes son conscientes de estar llevando a cabo algo que va contra la forma de pensar de la época; están ejecutando a su propio rey, que lo es por gracia divina. Es por tanto, un atentado contra Dios. Al respecto, es interesante remarcar las palabras del discurso final, en el que se alude a la cuestión del color de la sangre.

 

Caricaturas de la sociedad estamental


El estudio de la historia se puede abordar desde varias perspectivas. Una de ellas, como quedó patente en la entrada dedicada al retrato de Luis XIV de Hyacinthe Rigaud, es la iconografía. De igual manera que para comprender la política observábamos los símbolos del poder, para repasar la sociedad estamental vamos a fijarnos en las caricaturas.

A continuación se muestran tres imágenes en las que puede verse un representante de cada estamento: nobleza, clero y estado llano o tercer estado. Todos estos dibujos satíricos se basan en la misma idea: los no privilegiados cargan con los privilegiados. Es decir, según los autores de las caricaturas, la sociedad de la época hunde sus raíces en una situación injusta. Visiones como esta, así como la proliferación de este tipo de propaganda, resultarán fundamentales para la desaparición de los estamentos a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

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Seguimos aprendiendo de Henri Irénée Marrou


Una semana ha sido suficiente para encontrar las primeras dificultades en el desarrollo del modelo flipped con un itinerario libre y abierto. Con estas palabras, no pretendo, ni mucho menos, firmar el acta de defunción de mi proyecto, pero es evidente a todas luces que en julio y agosto las cosas se ven de otra manera.

Por tanto, será necesario hacer un esfuerzo para acomodar –véase simplificar o ralentizar- el plan inicial a las circunstancias reales del curso académico y de un alumnado de carne y hueso.

Lo cierto es que, a lo largo de los últimos días, me he acordado bastante del que fuera uno de mis libros de cabecera al iniciar la tesis doctoral. Me estoy refiriendo a El conocimiento histórico, de Henri Irénée Marrou, y de su empeño por recordar a los recién llegados a la profesión que no son omniscientes ni omnipotentes:

“Si, hijo mío, tú no eres más que un hombre, y esto no es razón para renunciar a llevar a cabo tu tarea, tu tarea del hombre-historiador, humilde, difícil, pero dentro de sus limitaciones, seguramente fecunda”.

Quizá deba recuperar los consejos de ese maestro y replantearme la Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato desde el punto de vista de un ser limitado en capacidad y tiempo. El cómo hacerlo será motivo de una futura entrada, pues ahora mi objetivo es mostrar esas dificultades a las que me vengo refiriendo.

El riesgo de naufragar en la novedad

En primer lugar, me gustaría referirme a mi alumnado. Al cambiar de centro educativo, me enfrento a dos grupos de 1º de Bachillerato que no conozco. Eso hace que mi proyecto flipped con itinerario libre y abierto parta en situación de clara desventaja, pues a ningún docente se le escapa que siempre es más fácil comenzar cuando sabes a quién tienes enfrente, con sus defectos y virtudes.

A mi falta de información sobre la “materia prima” de mi trabajo hay que añadir que ellos tampoco me conocen. Nunca han trabajado conmigo ni han utilizado la metodología de la clase invertida.

En definitiva, en apenas una semana he abierto muchas puertas, demasiadas novedades a mi entender, y temo que eso sea contraproducente.

Considero que es necesario ir más despacio, aunque eso vaya en perjuicio del sistema. Habrá tiempo otros años de desarrollar mi idea inicial, pues ahora sería irresponsable pretender llevarla a cabo sin pensar en los alumnos. De nada valdría desarrollar el curso tal y como lo concebí hace mes y medio si, al final, el único que llega a la orilla es el profesor.

Itinerario libre versus tiempo libre

El curso pasado ya comprobé como mi carga laboral se multiplicaba por dos al asumir el modelo de la clase invertida. Cada uno de los vídeos que preparé para mis alumnos de 2º de ESO me llevaba entre cinco y siete horas de trabajo, a lo que hemos de añadir las tareas propias del docente: corrección de trabajos y cuadernos, tutorías con las familias, control de la asistencia, elaboración de programaciones e informes, preparación de exámenes, reuniones de departamento, claustros…

Llegados a este punto, más de uno podría pensar que las horas dedicadas a los vídeos se compensaban con el hecho de no tener que preparar las clases. Sin embargo, esa afirmación es falsa. Por mucho que la explicación pase a YouTube, un profesor que da la vuelta a su clase sigue teniendo que estar en el aula con sus alumnos. Hay que preparar actividades, proyectos, debates, juegos… para que lo aprendido en los vídeos se asiente.

Por tanto, una de las características fundamentales del modelo flipped, además de su eficacia y de la satisfacción que genera, es la cantidad ingente de tiempo que consume.

Si eso es así con un temario lineal, donde un vídeo va después de otro y así sucesivamente ¿cómo será con un itinerario libre y abierto? Tengo la respuesta: es una auténtica locura. Además de las grabaciones obligatorias, el docente tiene que preparar un material opcional -ya sea en texto, imágenes o vídeo- que los alumnos pueden seguir según sus intereses. Hasta la fecha, por cada elemento troncal, he desarrollado otros tres optativos.

Dicho esto, creo que se comprende bien la relativa situación de agobio en la que vivo, así como la necesidad de acomodar mis planes iniciales para no morir en el intento.

Un nuevo reto en un año complejo

El tercer problema al que me enfrento este curso tiene que ver con la cantidad de ocupaciones y compromisos que he adquirido. Además de formar parte del Grupo de Investigación de Historia Reciente (GIHRE), con mi trabajo sobre perfiles del centro político, he sido seleccionado para una plaza de profesor asociado en la Universidad de Valladolid. Es decir, al terminar mis clases en el instituto, voy cuatro tardes a la semana a la Facultad de Comercio para impartir la asignatura de Historia Económica.

Evidentemente, todo esto consume tiempo de preparación de clases, explicaciones en el aula y tutorías en el departamento. Pero, además, contribuye a incrementar mi estancia en el coche: paso tres horas al día al volante recorriendo las carreteras que conectan Palencia, Aranda de Duero y Valladolid.

Por último, está la cuestión de desembarcar en dos puestos de trabajo a la vez. Si ya de por si resulta complicado habituarse a los modos de hacer de un único centro, cualquiera puede imaginarse lo que supone intentarlo en dos. A esto tenemos que añadir la obligación de adaptar la mitad de las programaciones a la LOMCE y revisar las que se hicieron el año anterior.

Ahora bien, me gustaría terminar con algo de optimismo entre tanta queja. Me falta tiempo, eso es evidente, pero poco a poco empiezo a encontrar la forma de cumplir mis objetivos. Eso sí, como ya he dicho, será necesario sacrificar algunos aspectos del proyecto.

La sociedad estamental


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la sociedad estamental, y su información se complementa con uno dedicado a la monarquía absoluta y otro a la economía pre-industrial.

La economía del Antiguo Régimen


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la economía pre-industrial, y su información se complementa con uno dedicado a la monarquía absoluta y otro a la sociedad estamental.

Luis XIV en el cine: el contraste entre los privilegiados y el pueblo llano


En este fragmento de «Vatel» (2000) se observa de una forma muy gráfica el contraste entre los privilegiados y los no privilegiados. La película utiliza un banquete en honor a Luis XIV para mostrarnos las dos caras de la moneda. Por un lado tenemos a la alta nobleza francesa, disfrutando de un banquete y de los espectáculos que se les ofrecen. Es un ambiente frívolo, superficial, de mero disfrute de las riquezas que la vida pone ante ellos. Sin embargo, al otro lado del escenario vemos como la otra parte de la sociedad lleva una vida dura, llena de esfuerzos y, en ocasiones, de penalidades y dolor. La muerte de un sirviente del príncipe de Condé es, quizá, la mejor metáfora de esto. Mientras a un lado del telón muere una persona, al otro hay aplausos y despreocupación.

Evidentemente es solo una escena que no ha de llevarnos a pensar que todo era así en el Antiguo Régimen, pero nos da cierta idea de cómo era la vida en un sistema social estamental. Es más, los privilegiados no solo disfrutaban de una vida cómoda, sino que también ignoraban las penalidades del estado llano. Para comprobar esa idea equivocada que tenían de ellos, no hay más que escuchar las palabras de Anne de Montausier a Vatel en la escena que seleccionada para hablar de la desigualdad entre estamentos.

Luis XIV en el cine: la desigualdad entre estamentos


Podemos dividir esta escena de «Vatel» en dos partes. En la primera de ellas, dos niños que pertenecen a la alta nobleza francesa están destrozando la decoración preparada por los trabajadores y sirvientes del príncipe de Condé. El responsable de todo eso, que no es otro que el propio Vatel, se acerca a ellos y les pide de manera humilde que dejen de tirar las flores. Lo primero que llama la atención es la actitud del protagonista, un adulto, tratando con reverencia a dos personas menores que él y que, además, están rompiendo el fruto de su trabajo. En segundo lugar, hemos de fijarnos en la respuesta del niño, que recurre a su título nobiliar para dejar claro que es superior a la persona que tiene frente a él

La segunda parte tiene lugar una vez se han ido los niños. En su conversación con Vatel, Anne de Montausier da muestras de conocer poco la vida de las personas del estado llano. Como otros miembros de la nobleza, desconoce la paupérrima forma de vida de los no privilegiados. Es más, cuando el protagonista del film le indica que no han cobrado por ese trabajo floral, ella le responde que estos deben estar contentos por ser acreedores del rey. Es una visión deformada de la realidad, y que probablemente tenían muchos otros miembros de la aristocracia.

 

La monarquía absoluta


Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la monarquía absoluta, y su información se complementa con uno dedicado a la economía pre-industrial y otro a la sociedad estamental.

Luis XIV en el cine: la humillación de la nobleza ante el monarca absoluto


Se ha de relacionar este corte de la película «Vatel» (2000) con el de la entrada Luis XIV en el cine: el poder de la monarquía sobre la nobleza. En concreto, si en aquel fragmento se señalaba la dependencia económica de los privilegiados con respecto al rey, en este se aprecia claramente la superioridad de este último. El príncipe de Condé, uno de los nobles más poderosos de Francia, permanece de pie ante el Luis XIV, a pesar de padecer de la gota. Y todo ello sin que el monarca se inmute: no hace el más leve gesto cuando entra en la sala, e incluso continúa comiendo como si no le importara la presencia de ese hombre.

La relación de dependencia existente hace que Condé sea capaz de aguantar cualquier humillación con tal de que Luis XIV le otorgue un cargo militar. Solo eso puede salvarlo de la bancarrota, y ambos personajes lo saben. Por eso el rey, haciendo gala una vez más de su superioridad, abandona la sala sin dar respuesta. La deja en manos de un subalterno, como si hablar con el príncipe fuera para él rebajarse. Es así como Condé, uno de los grandes nobles de Francia, debe esperar a que sus deseos se vean confirmados por boca del secretario de Luis XIV.

 

Luis XIV en el cine: el poder de la monarquía sobre la nobleza


La trama de «Vatel» (2000) transcurre durante la visita de Luis XIV al palacio de un aristócrata francés, el príncipe de Condé. El rey va a iniciar la guerra contra las Provincias Unidas y necesita un general que dirija las operaciones militares. El problema es que el mejor estratega de Francia está enemistado con él desde que, en sus primeros años de reinado, participara en una revuelta nobiliar -fronda de los príncipes- contra la Corona. Sin embargo, Condé está económicamente arruinado y necesita, a toda costa, recibir ese encargo del rey para recuperar su estatus económico.

El fragmento que se muestra a continuación se desarrolla al inicio de la película. En él, además de mostrarse la llegada del rey -en su atuendo podemos ver algunas cuestiones relacionadas con la moda en Versalles-, se hace visible la penuria económica en la que vive Condé. De hecho, el protagonista del film, Vatel, es el encargado de explicársela a los acreedores del príncipe cuando estos vienen a cobrar. En definitiva, aquellos nobles que habían disputado su poder al rey, al que consideraban primus inter pares -primero entre iguales-, necesitan ahora del monarca para no arruinarse. Luis XIV, al igual que el resto de mandatarios absolutistas, ya no se considera un igual a ellos. Es superior, y no solo eso, los aristócratas dependen de su favor, de los cargos públicos, para subsistir económicamente. Él ha pasado a ser el sol, y el resto de la nobleza los planetas y satélites que giran a su alrededor.