David Ben Gurion

El cine como agente histórico: su valor propagandístico

La explosión en 1949 de la primera bomba atómica rusa no hizo sino alentar la histeria. Los «cazadores de brujas» se lanzaron entonces sobre la comunidad hollywoodiense ya que no podía permitirse que el cine fuera utilizado como altavoz de las ideas «antiamericanas». Entre 1947 y 1953 Hollywood estuvo bajo sospecha. Las consecuencias fueron, por un lado, la creación de listas negras, donde quedaron englobados centenares de profesionales a los que se negó el trabajo por sus supuestas simpatías prosoviéticas. Por otro, la industria decidía poner en marcha una serie de películas anticomunistas para demostrar su apoyo al sistema. Así, entre 1948 y 1954 (hasta el final de la guerra de Corea), Hollywood produjo del orden de ciento cincuenta películas agresivamente anticomunistas. El fenómeno, aunque se mantuvo toda la década, iría cediendo en intensidad.

José-Vidal Pelaz López, El pasado como espectáculo: reflexiones sobre las relación entre la Historia y el cine, p. 7.

Ferenc Erdei

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Ferenc_Erdei(1910-1971) Escritor y sociólogo, había sido uno de los fundadores del Partido Nacionalcampesino en 1937. Entre 1948 y 1956 participó en los distintos Gobiernos húngaros. En octubre de 1956, como representante de su partido, reestructurado en ese momento, entró en el Gobierno de Imre Nagy en calidad de Ministro de Estado. Erdei formó parte de la comisión encargada de negociar la salida de los soviéticos de Hungría. Al igual que los demás miembros de la comisión, fue detenido por la KGB el 4 de noviembre en Tököl pero, a diferencia de sus compañeros de cautiverio –el general Maléter entre ellos-, fue puesto en libertad a las pocas semanas. Después de la derrota de la insurrección del otoño de 1956 ocupó diveros cargos públicos en el nuevo régimen socialista de Kádár: entre 1957 y 1971 fue designado secretario general y presidente de la Academia Húngara de las Ciencias; de 1964 a 1970 fue también secretario general del Frente Patriótico Popular, cargo que compaginó con el de miembro de la Presidencia de la República Popular de Hungría hasta su muerte en 1971.

Tibor Déry

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Dery_Tibor(1894-1977) Fue el escritor más destacado durante toda la época del socialismo real en Hungría: en 1948 fue condecorado con la Orden de Kossuth, la más prestigiosa del país. Vinculado desde su juventud a la izquierda revolucionaria, en 1955 era considerado el escritor de más renombre de los intelectuales opositores al sector ortodoxo del Partido. Expulsado de éste por apoyar los debates públicos del Círculo Petöfi, durante los días de la insurrección del otoño de 1956 se convirtió en portavoz de los escritores húngaros. En 1957 fue procesado y condenado a nueve años de cárcel. Gracias a la anmistía parcial de 1960 fue puesto en libertad; a partir de ese momento, como la mayor parte de los intelectuales húngaros que permanecieron en el país, se comprometió con el régimen kádárista. Entre sus novelas destacan La frase inacabada (1937), Respuesta (1952), Niki (1955), Señor G.A. en X (1960), Amor (1963), El excomulgado (1966), Reportaje imaginado de un festival pop (1971) y, como símbolo de toda una época, la novela autobiográfica No hay juicio.

György Marosán

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Gyorgy_Marosan(1908-1992) Como vicesecretario general del Partido Socialdemócrata húngaro y comunista “converso”, Marosán desempeñó un importante papel en la unificación de su organización con el Partido Comunista en junio de 1948. Por sus méritos políticos llegó a ser vicesecretario general del partido unificado. Sin embargo, en 1950 cayó en desgracia y fue detenido bajo acusaciones falsas. Rehabilitado en 1956, desde un primer momento se comprometió con el Partido Socialista Obrero Húngaro de Kádár y formó parte de su Comité Central. Kádár le recompensó su apoyo al nombrarlo Ministro de Estado en su Gobierno “patriótico y revolucionario” de noviembre de 1956. Desde su Ministerio, Marosán fue uno de los principales responsables de la represión que siguió a la derrota de la insurrección. En 1962 fue destituido de todos sus cargos en el partido kádárista y tres años más tarde abandonó la organización comunista.

János Kádár

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Janos_Kadar

(1912-1989) Militante comunista desde los primeros tiempos, János Kádár dirigió el Partido Comunista en el interior de Hungría desde la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar ésta entró en el Comité Central y en Politburó del Partido con el cargo de vicesecretario general. Entre 1948 y 1950 fue Ministro del Interior. Un año después fue detenido y procesado bajo acusaciones falsas. Rehabilitado en 1954, se reincorporó a la organización comunista como responsable del distrito XIII de Budapest. En julio de 1956 recuperó su puesto en el Comité Central y el Politburó del Partido. Al comenzar el Gobierno de Nagy de octubre de 1956 fue designado Ministro de Estado y el 25 de octubre el Comité Central lo nombró secretario general del Partido. El desarrollo de la revuelta y el papel del Partido en los tiempos más recientes lo llevaron el 1 de noviembre a plantear su disolución para crear uno nuevo: el Partido Socialista Obrero Húngaro (PSOH).

En su comisión gestora participaron, además del propio Kádár como presidente, Imre Nagy, Zoltán Szánto, Géza Losonczy, Ferenc Donáth, Sándor Kopácsi y el prestigioso filósofo marxista György Lukács. Al mismo tiempo, Imre Nagy nombró un nuevo Gobierno en el que aparecía Kádár, quien a su vez preparaba un Gobierno alternativo. En esfecto, el 4 de noviembre János Kádár anunció en Szolnok la creación de un Gobierno “revolucionario, obrero y campesino” encabezado por él y auspiciado por la URSS. En su primer mensaje a través de Radio Szolnok al pueblo de Hungría, Kádár anunció que había solicitado ayuda militar a los soviéticos para terminar con la insurrección. Desde el 4 de noviembre de 1956 y hasta mayo de 1988 János Kádár fue el máximo dirigente del régimen socialista de Hungría en calidad de secretario general del PSOH; desde esa fecha hasta su muerte en junio de 1989 ocupó el cargo de presidente del Partido.

La sovietización de la Europa del Este

Artículo publicado por la web Club Lorem Ipsum el 13 de abril de 2007.


El final de la II Guerra Mundial trajo consigo la división del mundo entre las dos grandes cosmovisiones. En contra de lo que esperaban los occidentales más optimistas, Stalin y su régimen no habían cambiado -salvo en el incremento de su poderío- a raíz de su estrecha relación con británicos y norteamericanos durante el conflicto. La URSS mantenía su antigua aspiración de llevar a cabo la revolución comunista a escala mundial.

De esta manera, a lo largo de los años 1945 y 1946, las diferencias entre los miembros de la triunfadora Gran Alianza –anglosajones y eslavos- fueron ampliándose. En 1947, como demuestran los documentos oficiales de estas potencias y las declaraciones de sus dirigentes, la brecha resultaba ya insalvable: había dado comienzo la Guerra Fría.

El “Telón de Acero”, descrito magistralmente por Winston Churchill en Fulton (Missouri), había caído sobre Europa. Sin embargo, cabe preguntarse cómo llegaron todos los países del Este a formar parte del sistema planetario que giraba en torno al gran sol del Kremlin.

Es cierto que así lo habían acordado los vencedores de la II Guerra Mundial en las conferencias de Yalta y Potsdam. También es verdad que el Ejército Rojo ocupaba, con la presión que ello suponía, esos territorios. No obstante, lo más interesante de todo el proceso de sovietización de la Europa del Este no son estas cuestiones fundamentales para el triunfo comunista.

Lo curioso, el aspecto en el que se va a centrar este artículo, es cómo se las ingeniaron los soviéticos para dar un ropaje de aparente legalidad a la revolución política que llevaron a cabo en esos países; cómo trataron de hacer creer al mundo –aunque en el fondo todos sabían la verdad- que eran esos pueblos los que habían escogido la senda del marxismo-leninismo.

Mientras el ejército de los soviets iba liberando la parte oriental del continente del yugo nacionalsocialista –es curioso ese fenómeno de cambiar la esclavitud parda por la roja-, desde Moscú se preparaban para transformar estos territorios en estados-satélite. Cientos de políticos y propagandista comunistas de nacionalidad húngara, polaca, checoslovaca, búlgara y rumana caminaban detrás de las divisiones rusas con la misión de organizar el partidos comunista de sus respectivos países.

Sándor Márai, al hablar de ellos en ¡Tierra! ¡Tierra!, dice que llegaron demacrados y sin nada que llevarse a la boca. Sin embargo, con la ayuda de las autoridades soviéticas, lograron ocupar los principales puestos de la administración del Estado en pocas semanas. Dejaron de ser unos miserables y pasaron a disfrutar de las comodidades y lujos reservados a marqueses, empresarios y mariscales. Así, más o menos, describe el literato húngaro la llegada de estos personajes.

Ahí estarían comunistas míticos como Bierut, Rákosi, Gottwald, Rajk, Pauker… políticos que en pocos meses, bajo la supervisión y auxilio de Moscú, tomaron el control de media Europa.

No obstante, resultaba evidente que, de cara a los primeros comicios de posguerra, estos misioneros del internacionalismo no iban a lograr el respaldo electoral necesario para gobernar. Por esa razón, Stalin decidió resucitar la figura del frentepopulismo para formar grandes coaliciones de izquierdas. Los Frentes Populares habían funcionado ya en el periodo anterior a la II Guerra Mundial -en especial en Francia y España-, y su finalidad principal era contener la expansión del fascismo por Europa.

El Kremlin favoreció en los años treinta la consecución de esos pactos porque veía en ellos, no sólo un arma eficaz para evitar el surgimiento de nuevos hitleres, sino también porque aspiraba a instaurar el comunismo a través de ellos. En los gobiernos frentepopulistas los comunistas estaban destinados a ocupar los principales resortes del control estatal: la seguridad y la propaganda. Podían no ser numerosos, tampoco hacía falta que ocuparan muchos ministerios; tan sólo hacía era necesario que se situasen en los puestos claves.

Desde esa posición de influencia los comunistas miembros del ejecutivo tendrían que ir eliminando legal o moralmente a sus rivales. Seguían la llamada “táctica del salchichón”: iban minando poco a poco a los enemigos, después a los aliados, y, finalmente, era en el propio partido donde se llevaban a cabo las purgas. Este manera de extender la revolución bolchevique se ensayó al final del periodo de Entreguerras, pero su gran éxito como modelo de actuación política llegó con el final de la II Guerra Mundial.

Entre 1945 y 1947 fueron desfilando por las cárceles y juzgados de la Europa del Este miles de personas acusadas de apoyar al fascismo. Las primeras víctimas de estos procesos fueron los políticos de la derecha, pero más tarde les llegó el turno a la izquierda moderada.

A todos se les tachó de fascistas, tan sólo se salvaron los miembros de los partidos comunistas. Quedaba un pequeño paso para establecer regímenes totalitarios de partido único: su proclamación. A la altura de 1948 todos los países ocupados por el Ejército Rojo, con la excepción de Austria y Alemania, habían cumplido ese requisito.

En apenas tres años el frentepopulismo había abierto a los soviéticos las puertas de la “revolución legal”. Habían eliminado toda oposición, incluso la de los antiguos aliados de la izquierda. A partir de ahí comenzaba un camino aún más tortuoso: el de las purgas internas. Entre 1948 y 1953 el pecado ya no era ser fascista, sino revisionista.

Así fue como, bajo el amparo del Ejército Rojo, se operó el cambio político al otro lado del “Telón de Acero”. Fueron necesarias la presencia militar de la URSS y la, hasta 1947, aquiescencia del mundo occidental. Sin embargo, la operación nunca hubiera llegado a ser tan perfecta sin el frentepopulismo y la “táctica del salchichón”. Gracias a estos dos elementos el comunismo construyó en estos países un edificio político que logró mantenerse durante cuarenta años en pleno corazón de Europa.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[3] Postguerra. Una historia de Europa desde 1945; Tony Judt – Madrid – Taurus -2006.

[4] La Batalla de Budapest. Historia de la insurrección húngara de 1956; Ricardo M. Martín de la Guardia, Guillermo A. Pérez Sánchez, István Szilágyi – Madrid – Actas – 2006.

[5] ¡Tierra! ¡Tierra!; Sándor Márai – Barcelona – Salamandra – 2006.