Los 20 países más poblados del mundo|1960-2019


En el siguiente vídeo puedes seguir la evolución de los 20 países más poblados a partir de los datos sacados del Banco Mundial. Ahora bien, recomiendo analizar este gráfico de la evolución de la población mundial a partir de los siguientes elementos:

  1. La progresiva desaparición de los países europeos en la lista de los más poblados, cuestión que se ha de poner en relación con un notable descenso de la tasa de natalidad desde la década de 1970. Además, lo lógico es que la pérdida de posiciones con respecto a otros continente se acreciente en los próximos años como consecuencia del progresivo envejecimiento de los autóctonos. De hecho, si no fuera por las migraciones, Europa estaría perdiendo habitantes en términos absolutos.
  2. El crecimiento de los países africanos, especialmente Nigeria. Según las estimaciones del Banco Mundial, este Estado será el tercero más poblado del mundo en el año 2050, llegando a los 400 millones de habitantes. Además, los treinta países con tasa de natalidad más alta del mundo están en África, continente cuya mortalidad infantil se ha reducido notablemente, a la par que crece su esperanza de vida de 1960 hasta hoy.
  3. La relación entre China e India, favorable a esta última desde 1990, nos indica que se va a producir un relevo inminente en el liderazgo demográfico mundial. Además, aunque Asia sigue siendo el continente más poblado, y lo va a seguir siendo durante muchas décadas, las previsiones actuales indican que África tendrá más población antes de terminar el siglo XXI.

También puedes consultar los demás vídeos de esta serie en los siguientes enlaces:

Cincuenta y cuatro años de dictadura

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


El gobierno de Habib Burguiba

1878. El entendimiento entre británicos y franceses había legitimado a estos últimos para hacerse el país. Los nuevos señores del Mediterráneo Occidental –no hemos de olvidar que Francia gobernaba Argelia y extendía su protectorado hasta Marruecos- respetaron la figura del bey otomano, pero privando a su poseedor de cualquier poder. El gobierno era cuestión exclusiva de los cargos nombrados por la metrópoli.

Veinticinco años después, en agosto de 1903, nacía en Monastir Habib Burguiba, el hombre que iba a llevar a Túnez a su independencia.

En la década de 1930, Habib Burguiba pasó a formar parte del grupo nacionalista Destour, del que pronto se separó, participando en la fundación del Neo-Destour. Su defensa de la autonomía tunecina, así como de la idea de una independencia negociada con Francia, le granjearon numerosos apoyos dentro del partido.

De esta manera, en 1933 se convirtió en su máximo dirigente, imponiendo sus postulados de corte socialista. Durante dos décadas, con Guerra Mundial y ocupación alemana incluida, el Neo-Destour continuó su lucha por la independencia.

Finalmente, en 1954, comenzaron las negociaciones entre el gobierno francés y los representantes del nacionalismo tunecino. En agosto de 1956, la metrópoli aceptó retirar tanto sus fuerzas militares como los funcionarios de la administración colonial, al tiempo que, bajo la tutela de París, Habib Burguiba era nombrado primer ministro. Sin embargo, el líder del Neo-Destour no respetó el acuerdo. En mayo del año siguiente rompía relaciones con Francia y anulaba los poderes políticos del bey Muhammad VIII al-Amin.

En el mes de julio de 1957, proclamaba la República de Túnez bajo su presidencia.

Una vez en el poder, Habib Burguiba puso en marcha su proyecto de socialismo árabe. Siguiendo el modelo soviético de economía planificada, llevó a cabo un intenso proceso nacionalizador a lo largo de la década de 1960. A su vez, introdujo la colectivización y el control estatal sobre la producción y el precio de los alimentos.

Todo esto condujo a un incremento de la burocracia, al tiempo que la inflación se disparaba. En medio de una situación económica crítica, y ante el riesgo de que estallara una revolución popular, Habib Burguiba abandonó sus postulados socialistas e inició un proceso de liberalización económica.

A mediados de la década de 1970, Túnez había recobrado buena parte de la tranquilidad y prosperidad perdida durante la etapa de políticas marxistas.

Fue, sin duda, la época dorada del gobierno de Habib Burguiba, que incluso logró que el Parlamento votara a favor de su nombramiento como “presidente vitalicio”. Sin embargo, desde 1980 su salud fue deteriorándose poco a poco, hasta el punto de impedirle desempeñar con normalidad las tareas de gobierno. Cada vez se apoyaba más en Zine El Abidine Ben Alí, en quien recaían buena parte de las decisiones importantes.

En 1985, Ben Alí, que por entonces desempeñaba el cargo de jefe de la policía secreta, fue nombrado primer ministro. Las dificultades de Burguiba para desempeñar su labor, así como el creciente poder de Ben Alí, llevaron a este último a dar un golpe de Estado en 1987.

El cambio de régimen se llevó a cabo sin violencia y no supuso ningún trauma para el país. Incluso se respetó la figura del ex presidente, que vivió el resto de sus días bajo arresto domiciliario. Hasta el día de su fallecimiento, el 6 de abril del año 2000, Habib Burguiba contó con una asistencia médica acorde a sus necesidades.

Ben Alí en el poder

Tras el llamado “golpe de Estado médico” del 7 de noviembre de 1987, Ben Alí gobernó Túnez durante más de veintitrés años. Durante ese periodo, el dictador supo mantener el complicado equilibrio entre la brutal represión y la prosperidad económica. Cuando esta última se desplomó, la supuesta legitimidad tecnocrática del régimen se desvaneció, dejándolo sólo ante la ira del pueblo.

Desde el primer momento tuvo especial interés en justificar su poder. Presentó ante los tunecinos el acto de traición contra su mentor -padre de la patria- como un acto de salvación nacional.

La propaganda del régimen se esforzó por disfrazar el golpe de Estado de acontecimiento incruento y necesario para la gobernabilidad del país. A su vez, quiso dar un tinte de democracia a su férrea dictadura. En primer lugar, renunció al cargo de “presidente vitalicio” instituido por Burguiba. A su vez, convocó hasta cinco elecciones presidenciales, de las que siempre resultó vencedor con más de un noventa por ciento de los votos.

Como tantos otros dictadores del mundo musulmán, Ben Alí supo presentarse ante los líderes occidentales como un mal necesario. Las protestas de Europa y los EE.UU. ante la violación de los derechos humanos o el fraude electoral, siempre fueron tímidas, pues lo veían como un muro de contención de las posturas más radicales. Al fin y al cabo, su régimen respetaba el status quo internacional y se mostraba abierto a las políticas neoliberales.

Derrocarle hubiera supuesto, según la mentalidad de los gobiernos occidentales, dejar el país en manos de los islamistas del partido Ennahdha.

El comienzo del siglo XXI no hacía presagiar nada malo para el régimen. La clase media, clave para evitar cualquier conflicto, se había incrementado notablemente con respecto a las dos décadas anteriores. Túnez, donde la mayoría de sus diez millones de habitantes estaban ocupados en el sector turístico, aparecía ante el mundo como un país relativamente moderno, con la mujer incorporada al mundo laboral y un importante porcentaje de población universitaria.

Además, en el ámbito político, mediante la reforma constitucional de 2002, Ben Alí había eliminado la clausula que le impedía presentarse a las sucesivas reelecciones. Por último, los atentados del 11 de septiembre, así como la guerra abierta entre los EE.UU. y el islamismo internacional, le convertían en un aliado natural para la política de George Bush.

Sin embargo, la crisis económica iniciada en verano de 2007 iba a llevarse por delante todas las previsiones de los analistas políticos.

En el plazo de tres años, el desempleo y la pobreza se extendieron por Túnez, y el precio de los alimentos subió hasta alcanzar niveles desconocidos por la población del país. Al mismo tiempo, la conducta de algunos personajes del régimen, en especial de Leila Trabelsi –esposa de Ben Alí- y sus familiares, distaba mucho de ser ejemplar. Los casos de corrupción que salpicaban a la primera dama se multiplicaban: concesiones de grandes superficies comerciales y entidades bancarias, blanqueo de dinero, usurpación de bienes privados y apropiación de otros públicos a través de adjudicaciones fraudulentas… Finalmente, en diciembre de 2010, iba a dar comienzo un movimiento de protesta que acabaría por tumbar a Ben Alí y a su régimen. Todo comenzó con la inmolación de un joven desempleado: Mohamed Bouazizi.

Tibor Déry

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Dery_Tibor(1894-1977) Fue el escritor más destacado durante toda la época del socialismo real en Hungría: en 1948 fue condecorado con la Orden de Kossuth, la más prestigiosa del país. Vinculado desde su juventud a la izquierda revolucionaria, en 1955 era considerado el escritor de más renombre de los intelectuales opositores al sector ortodoxo del Partido. Expulsado de éste por apoyar los debates públicos del Círculo Petöfi, durante los días de la insurrección del otoño de 1956 se convirtió en portavoz de los escritores húngaros. En 1957 fue procesado y condenado a nueve años de cárcel. Gracias a la anmistía parcial de 1960 fue puesto en libertad; a partir de ese momento, como la mayor parte de los intelectuales húngaros que permanecieron en el país, se comprometió con el régimen kádárista. Entre sus novelas destacan La frase inacabada (1937), Respuesta (1952), Niki (1955), Señor G.A. en X (1960), Amor (1963), El excomulgado (1966), Reportaje imaginado de un festival pop (1971) y, como símbolo de toda una época, la novela autobiográfica No hay juicio.

Ferenc Donáth

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Ferenc_Donath(1913-1986) Jurista de profesión y militante comunista desde la época de la clandestinidad, Donáth alcanzó un enorme prestigio con un libro sobre la reforma agraria húngara de 1945. Caído en desgracia dentro del Partido, el sector estalinista-rákosista logró que en 1951 fuera condenado a quince años de cárcel. Una vez liberado y rehabilitado se vinculó al grupo de Imre Nagy. Después de la derrota de la insurrección Donáth fue procesado y condenado a doce años de cárcel. En 1960 quedó en libertad.

Miklós Vásárhelyi

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Miklos_Vasarhelyi(1917-2001) Periodista y militante comunista, fue colaborador de Imre Nagy contrario al sector estalinista-rákosista, lo que le costó la expulsión del Partido. En 1956 fue jefe de prensa del Gobierno de Nagy. Compañero de reclusión de éste, fue procesado y condenado a cinco años de prisión. En 1960 quedó en libertad y desde ese momento impulsó la oposición al kádárismo. Fue uno de los fundadores de la “Comisión para la Reparación Histórica”, uno de cuyos objetivos fundamentales fue la rehabilitación moral y política de los insurrectos de 1956 represaliados y condenados por el régimen comunista. Miklós Vásárhelyi perteneció a la Alianza de Demócratas Libres desde su creación en 1989 y durante la década de los noventa fue diputado en el nuevo Parlamento democrático húngaro.

Ernö Gerö

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Ernö_Gerö

(1898-1980) Fue responsable de los asuntos económicos del Partido Comunista húngaro entre 1945 y 1956, dirigiendo bajo las órdenes de Rákosi la transformación socialista de la economía magiar. Entre 1955 y 1956 ocupó el cargo de Vicepresidente del Gobierno y en julio de 1956 fue nombrado secretario general de los comunistas húngaros, aunque sólo se mantuvo en el puesto hasta el 25 de octubre, cuando fue sustituido por János Kádár. En el momento álgido de la insurrección del otoño de 1956 abandonó Hungría para instalarse en la Unión Soviética; en 1960 regresó a su país, en donde trabajó como traductor hasta su muerte en 1980.