Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la economía pre-industrial, y su información se complementa con uno dedicado a la monarquía absoluta y otro a la sociedad estamental.
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Luis XIV en el cine: el contraste entre los privilegiados y el pueblo llano
En este fragmento de «Vatel» (2000) se observa de una forma muy gráfica el contraste entre los privilegiados y los no privilegiados. La película utiliza un banquete en honor a Luis XIV para mostrarnos las dos caras de la moneda. Por un lado tenemos a la alta nobleza francesa, disfrutando de un banquete y de los espectáculos que se les ofrecen. Es un ambiente frívolo, superficial, de mero disfrute de las riquezas que la vida pone ante ellos. Sin embargo, al otro lado del escenario vemos como la otra parte de la sociedad lleva una vida dura, llena de esfuerzos y, en ocasiones, de penalidades y dolor. La muerte de un sirviente del príncipe de Condé es, quizá, la mejor metáfora de esto. Mientras a un lado del telón muere una persona, al otro hay aplausos y despreocupación.
Evidentemente es solo una escena que no ha de llevarnos a pensar que todo era así en el Antiguo Régimen, pero nos da cierta idea de cómo era la vida en un sistema social estamental. Es más, los privilegiados no solo disfrutaban de una vida cómoda, sino que también ignoraban las penalidades del estado llano. Para comprobar esa idea equivocada que tenían de ellos, no hay más que escuchar las palabras de Anne de Montausier a Vatel en la escena que seleccionada para hablar de la desigualdad entre estamentos.
Luis XIV en el cine: la desigualdad entre estamentos
Podemos dividir esta escena de «Vatel» en dos partes. En la primera de ellas, dos niños que pertenecen a la alta nobleza francesa están destrozando la decoración preparada por los trabajadores y sirvientes del príncipe de Condé. El responsable de todo eso, que no es otro que el propio Vatel, se acerca a ellos y les pide de manera humilde que dejen de tirar las flores. Lo primero que llama la atención es la actitud del protagonista, un adulto, tratando con reverencia a dos personas menores que él y que, además, están rompiendo el fruto de su trabajo. En segundo lugar, hemos de fijarnos en la respuesta del niño, que recurre a su título nobiliar para dejar claro que es superior a la persona que tiene frente a él
La segunda parte tiene lugar una vez se han ido los niños. En su conversación con Vatel, Anne de Montausier da muestras de conocer poco la vida de las personas del estado llano. Como otros miembros de la nobleza, desconoce la paupérrima forma de vida de los no privilegiados. Es más, cuando el protagonista del film le indica que no han cobrado por ese trabajo floral, ella le responde que estos deben estar contentos por ser acreedores del rey. Es una visión deformada de la realidad, y que probablemente tenían muchos otros miembros de la aristocracia.
La monarquía absoluta
Antes de iniciar nuestro repaso a la Historia del Mundo Contemporáneo, es importante conocer de dónde partimos. Por ese motivo se dedican tres vídeos al Antiguo Régimen, el sistema político, económico y social que se desarrolló durante buena parte de la Edad Moderna. Este vídeo está dedicado a la monarquía absoluta, y su información se complementa con uno dedicado a la economía pre-industrial y otro a la sociedad estamental.
Los tipos de sociedad de Saint-Simon
Saint-Simon trató de explicar la crisis de identidad que atravesaba la sociedad de su tiempo.
Esta, como consecuencia de las revoluciones industrial y liberal, había experimentado profundas transformaciones en un periodo de tiempo muy corto: apenas medio siglo.
El autor resumió esa crisis afirmando que en su época se estaba viviendo el tránsito de un sistema feudal y teológico a otro de tipo industrial y científico. Ese proceso de cambio afectaba, por tanto, a la organización política, a la sociedad y al modo de producción.
Según Saint-Simon, la crisis, con todos sus desórdenes y conflictos, debía durar hasta la consolidación del nuevo sistema, dirigido por los industriales, y la desaparición del anterior, bajo la tutela de los guerreros.
Los dos tipos de sociedades: feudal e industrial
En el pensamiento de Saint-Simon, las consecuencias de la Revolución Francesa, así como de cuestiones socioeconómicas como la industrilización, la aparición de los conflictos de clase o el proceso de crecimiento urbano, tienen su origen en la existencia de dos modelos de sociedad.
En la teoría de la sociedad expuesta por este autor, el tipo de social feudal y el industrial son incompatibles. Tan sólo pueden coexistir en esos periodos de transición que, como queda dicho, van unidos a situaciones de crisis y conflictos.
La imposibilidad de coexistencia entre estos dos tipos de sociedades se debe a los fines fundamentales de cada uno: la guerra en el caso del feudal, y el trabajo en el industrial.
El sistema de las ideas en las sociedades antagónicas
La guerra y el trabajo determinan el origen del poder material dentro de los dos tipos de sociedades explicadas.
No obstante, existe también un poder espiritual íntimamente relacionado con ese fin. Es más, ese otro elemento, al generar un sistema de pensamiento, hace posible el establecimiento de un determinado poder material.
De esta forma, mientras en el caso de la sociedad feudal el sistema de las ideas es de carácter teológico, en la industrial predominará la ciencia.
Por tanto, se observa un cambio del dogma religioso o sacerdotal al de los hombres de ciencia, o, lo que es lo mismo, un periodo de conflicto entre ciencia y religión.
La teoría de las minorías dominantes
Saint-Simon deja claro en todo momento que el feudalismo y el predominio religioso eran condiciones necesarias para la posterior aparición de la etapa industrial.
Sin embargo, no oculta el problema que existe a la hora de dar el siguiente paso en la evolución a una sociedad más perfecta: habrá conflicto, pues ningún grupo abandona el poder de manera voluntaria.
Ese tránsito de una élite militar y religiosa a otra de carácter industrial y científico permiten a este autor esbozar su teoría sobre la circulación de las minorías dominantes.
De esta forma, con independencia del modelo de sociedad que se establezca, siempre encontraremos un grupo reducido de personas ostentando el poder.
En definitiva, el poder iría pasando de unos a otros conforme un modelo de sociedad es sustituido por otro. Lógicamente, en ese proceso de tránsito, además de conflicto, es imprescindible un cambio en el sistema de pensamiento.
Al respecto hemos de tener en cuenta que, a la hora de hablar de poder, Saint-Simon distingue entre material –desempeñado por militares en la sociedad feudal y por industriales en la industrial- y espiritual –bajo la tutela de los sacerdotes y teólogos en la sociedad feudal y de los científicos en la industrial.
Montesquieu y la división de poderes
El desarrollo teórico del barón de Montesquieu en El espíritu de las leyes (1748) se sustenta sobre dos columnas: la crítica al sistema despótico, y el análisis de las condiciones necesarias para que el individuo pueda desarrollar su libertad política.
De esta manera, a partir de una clasificación de los distintos tipos de gobierno, el autor francés elabora un sistema de división de poderes orientado a garantizar la defensa de la libertad del individuo ante las acciones y pretensiones del poder.
A su vez, el pensamiento de Montesquieu no se detiene en el ámbito político, como en su día hizo Locke al enunciar sus tres poderes, sino que busca también un equilibrio social. Ese componente sociológico, tan ignorado en numerosas ocasiones, es, ciertamente, la gran aportación de este pensador.
Los tres tipos de sociedades
Montesquieu inicia su desarrollo teórico siguiendo el modelo de otros filósofos anteriores. Al igual que Platón, Aristóteles o Santo Tomás, establece una clasificación tripartita de los tipos de organización política: republicana, monárquica y despótica.
La distinción entre cada una de ellas se basa en dos rasgos: la naturaleza del régimen -quién detenta el poder-, y su principio -cuáles son los fines con los que se gobierna. A partir de ahí establece una división entre los gobiernos moderados, en los que existen leyes fijas y seguridad, y el despotismo, donde la ley es el capricho de un gobernante que se sirve del miedo para mantener el poder.
La búsqueda de contrapesos
Montesquieu descarta el despotismo al considerar que limita la libertad individual. Aconseja, por tanto, el establecimiento de gobiernos moderados: república y monarquía.
De entre estos dos, considera superior al republicanismo, pues se rige por el principio de la virtud cívica, mientras que la monarquía tiende a establecer desigualdades. Sin embargo, entiende que los tiempos modernos, con los grandes estados que se han venido formando desde finales del siglo XV, no son los adecuados para el modelo republicano.
En El espíritu de las leyes acabará decantándose, pues, por el régimen monárquico.
Ahora bien, por mucho que catalogue a la monarquía como un gobierno moderado, Montesquieu es consciente de que el poder puede caer en el despotismo, arrastrando consigo la libertad política. De esta manera, tomando el modelo británico de finales del XVII, recomendará el establecimiento de la división de poderes como garantía del individuo ante el gobierno.
La división de poderes
Montesquieu se fijará en el pensamiento político británico, especialmente las obras de Harrington y John Locke, como modelo para su sistema de separación de poderes.
De ellos tomará la idea de una triple división, así como la primacía del legislativo. No obstante, en el Espíritu de las leyes se sustituye el poder federativo por el judicial.
El sistema de contrapesos de Montesquieu no busca únicamente evitar que una persona acumule todos los poderes. No se trata de hacer parcelas, departamentos estancos, con las distintas potestades, sino que cada una de ellas se encuentre, a su vez, bajo la atenta mirada de las otras.
Así, el ejecutivo puede vetar determinadas leyes aprobadas por el legislativo, y este, a su vez, ejerce una función de control sobre el gobierno. Por último, en determinados casos, el legislativo puede suplantar al judicial como tribunal de justicia.
El equilibrio social
La gran aportación de Montesquieu al pensamiento político no es, como suele entenderse, la división de poderes. Esta ya existía desde un siglo antes en los escritos de varios teóricos británicos, y se venía aplicando en Inglaterra desde finales del XVII.
El mérito de El espíritu de las leyes es de carácter sociológico: la búsqueda del equilibrio social a partir de la división de poderes.
De esta manera, Montesquieu relaciona el poder judicial a un estado o profesión determinada, el ejecutivo a la monarquía, y el legislativo a la nobleza, representada en la cámara alta, y al tercer estado, en el caso de la cámara baja. Este modelo, por tanto, permitía a todas las fuerzas sociales participar en el gobierno del estado, evitando así el enfrentamiento entre ellas por el poder.
La democracia en Alexis de Tocqueville
El discurso teórico de Alexis de Tocqueville, presente especialmente en La democracia en América (1840), presenta dos puntos centrales: la tendencia de las sociedades modernas hacia la democracia y la igualdad, y los conflictos que pueden generarse entre ellas.
La tendencia hacia la democracia constituye una especie de filosofía de la historia dentro de sus planteamientos. Es decir, Alexis de Tocqueville defiende que, de manera inevitable, el devenir de las sociedades modernas las conduce en esa dirección. Con respecto al conflicto entre libertad e igualdad, Tocqueville manifiesta que, en caso de producirse, las sociedades humanas siempre optarán por la primera.
La concepción filosófica de la historia
Como ya hemos indicado, Alexis de Tocqueville veía inevitable el triunfo de la democracia en las sociedades modernas. Desde su punto de vista, en este triunfo participaban, no sólo sus partidarios, sino también otros grupos que, de manera inconsciente, aceleraban su proceso de establecimiento.
Además, el autor francés sostenía que incluso los enemigos de la democracia, con sus actos, favorecían su implantación. En medio de la vorágine, y contra la nueva corriente predominante, estos grupos fracasarían, siendo absorbidos por el nuevo orden.
Sin embargo, Alexis de Tocqueville no era partidario del establecimiento de un modelo democrático uniforme y cronológicamente coincidente.
En cada estado deberían respetarse las propias tradiciones, así como el ritmo de su evolución socio-política. De esta forma, no todas las naciones accederían a la vez al sistema democrático. Además, este no tendría las mismas formas en cada una de ellas, sino que se adaptarían a un modelo identitario propio.
La sociedad estamental
A la hora de definir la sociedad democrática, Alexis de Tocqueville parte de la enumeración de los principales rasgos de la estamental, propia del Antiguo Régimen.
La sociedad estamental se organizaba a partir de tres estamentos a los que se accedía, no por los propios logros de las personas, sino por adscripción.
Es decir, en función de su origen familiar una persona quedaba encuadrada de por vida entre los privilegiados o entre los no privilegiados.
Sin embargo, este hermetismo entre los estamentos se complementaba con la acción recíproca de cada uno de ellos. Así, la tarea específica de un grupo repercutía en los restantes, existiendo una clara conexión entre ellos. Esta situación provenía del origen feudal de los estamentos que, desde el medioevo, se había mantenido hasta comienzos del siglo XIX.
El planteamiento era el siguiente: la nobleza con su espada defendía a la sociedad, el clero hacía lo propio con las armas espirituales, mientras que sobre el estado llamo recaía la obediencia y el mantenimiento de los otros dos grupos.
El tercer rasgo de la sociedad estamental era la concentración de poderes en los grupos privilegiados. Estos controlaban la política, la economía y la cultura.
Principios de la sociedad democrática
Una vez definidos los rasgos de la sociedad estamental, Alexis de Tocqueville enumera, en contraposición con el régimen anterior, tres principios del tipo social democrático.
En primer lugar sitúa la desaparición de las desigualdades. El autor francés identificaba esta característica con el debilitamiento de la adscripción. De esta manera, aunque el nacimiento continuaba teniendo su peso en la posición social de las personas, el elemento fundamental para su clasificación por grupos pasaba a ser el logro.
La meritocracia defendida por Tocqueville no significaba, a su vez, que unas personas valieran más que otras. Desde su perspectiva todos los seres humanos eran iguales. La diferencia radica, por tanto, en el esfuerzo puesto por la persona en sí para alcanzar una posición preeminente. Así como en el servicio que con esa dedicación presta a la sociedad.
Una vez explicado el principio de igualdad y la importancia del logro, Tocqueville nos presenta el segundo rasgo de la sociedad democrática: el valor del trabajo. El autor francés sostiene que, si se eliminan las barreras que impiden el acceso de determinados grupos a la riqueza, estos buscarán enriquecerse y ganar prestigio social.
La única manera de alcanzar esta meta en una sociedad meritocrática es, precisamente, el trabajo. Este, desde su origen egoísta, pues el ser humano únicamente busca el propio lucro, redundará a la larga en beneficio de toda la sociedad.
