Las raíces cristianas de Europa


En el anterior fragmento de “Discurso a los europeos” Robert Schuman defendía que –cito textualmente- “el sustrato europeo es particularmente favorable a la emergencia de un conjunto comunitario de un tipo nuevo”. Llegados a este punto, cabe preguntarnos en qué basaba el “Padre de Europa” esa afirmación. A continuación ofrezco el principio de su respuesta, que presenta tres elementos íntimamente relacionados: Historia, democracia y cristianismo.

“¿Qué es lo que distingue a Europa en el seno de la gran familia humana? La Europa libre está formada por democracias parlamentarias. Ahora bien, la democracia debe su existencia al cristianismo. La democracia griega negaba la igualdad de todos los hombres; la aplicaba a una élite de nacimiento. La democracia moderna reconoce la igualdad de los derechos de todas las personas humanas , sin distinción ni excepción. El cristianismo fue el primero que enseñó la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase o de profesión. Ha hecho reconocer la dignidad de trabajo y la obligación de todos a someterse a ello. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, que son los únicos que ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre un prójimo nuestro, y en ella se apoyan desde entonces las relaciones sociales en el mundo cristiano. Esta revolución se llevó a cabo bajo la inspiración progresiva del Evangelio, que ha ido moldeando las generaciones con un trabajo lento, a veces acompañado de luchas dolorosas. Los progresos de la civilización de esencia cristiana no fueron automáticos ni siguieron un solo sentido; las reminiscencias del pasado y los malos instintos de una naturaleza viciada han pesado sobre esta evolución y siguen contrariándola.

Si bien se encuentran así rasgos profundos del ideal cristiano en la vida política contemporánea, el cristianismo no está y no debe estar enfeudado en un régimen político, no debe ser identificado con ninguna forma de gobierno, aunque sea democrático. En este terreno, como en otros, hay que distinguir el ámbito del César y el de Dios. Cada uno de estos dos poderes tiene su propia responsabilidad. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y las verdades reveladas; su papel no es erigirse en juez de las opciones concretas de la política. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes, el espiritual y el profano. Con frecuencia nuestra vida se encuentra confundida en el dédalo de los problemas y de las opciones y en la pasión de las controversias. Pero no existe ningún conflicto insoluble entre ambos imperativos, el de una doctrina inmutable en lo que se refiere a los principios y el de una prudente aplicación de las contingencias mudables que hay que tener en cuenta, tanto en la vida de los pueblos como en la de los individuos.

La teocracia desconoce el principio de la separación de estos dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no son suyas. Bajo tal régimen, las divergencias de orden político corren el peligro de degenerar en fanatismo religioso; la guerra santa es la expresión más temible de una explotación sangrante de los sentimientos religiosos”.

Bibliografía:

[1] La Unión Europea: guiones para su enseñanza; Antonio Calonge Velázquez (Coord.) – Comares – Granada – 2004.

[2] El proceso de integración comunitario en marcha: de la CECA a los Tratados de Roma; Guillermo A. Pérez Sánchez – Comares – Granada – 2007.

[3] Por Europa; Robert Schuman – Encuentro – Madrid – 2006.

[4] Robert Schuman, padre de Europa (1886-1963); René Lejeune – Palabra – Madrid – 2000.

Hacer Europa


“El futuro de Europa nos pide en adelante coordinar, orientar, reagrupar. Coordinar determinadas actividades de los países europeos para aumentar su eficacia; orientar esas actividades hacia un bien común supranacional; reagrupar esos países con vistas a una acción común y concertada. Eso es ¡hacer Europa! No se trata, pues, de crear una cosa inexistente, sino de reunir y ajustar elementos ya dados; es unir lo que está dividido y separado. Sin embargo, no es necesario fusionar lo que es y debe seguir siendo distinto”.

Iniciamos nuestro repaso del pensamiento de Robert Schuman con una breve cita. No obstante, lo conciso de la misma no ha de llevarnos a despreciarla. En ella encontramos ideas de gran profundidad y calado: es de alguna manera el resumen de lo que su autor entiende por unión de los europeos

En el comienzo de la cita se expone la necesidad de coordinar las actividades entre los miembros de las recién creadas Comunidades Europeas. El autor fundamenta esa colaboración en la eficacia, pero también en la necesidad de paz entre europeos. En la década de los cincuenta el Viejo Mundo se encontraba desgarrado tras dos grandes guerras; y sus principales protagonistas continentales -Francia y Alemania- seguían divididos, alimentando su mutuo y secular odio. Eran numerosas las voces que en Europa clamaban por la reconciliación, pero solo el esfuerzo de Robert Schuman logró coordinarlas en pro de ese fin.

En segundo término se nos habla de establecer autoridades supranacionales, cuyo objetivo sería coordinar y ejecutar esa acción común entre naciones. La supranacionalidad, ese fantasma tan temido en un primer momento por las corrientes más nacionalistas -especialmente en Francia-, acabará convirtiéndose en la gran conquista, no solo para los europeos, sino para los propios gobiernos nacionales que conforman la Unión.

En último lugar se aborda la cuestión de las particularidades nacionales y regionales. Schuman es partidario de reunir Europa, no de crearla. Esta convencido de que la Historia ha forjado numerosos lazos entre los europeos, y que estos justifican el proceso integrador. Por esa razón, defiende la diversidad cultural existente en el propio Continente: “no es necesario fusionar lo que es y debe seguir siendo distinto”. Quizás esta última afirmación explique cómo el Padre de Europa pudo defender al mismo tiempo la Unión y las peculiaridades de su amada Lorena frente a los ataques del centralismo nacionalista de París.

Bibliografía:

[1] La Unión Europea: guiones para su enseñanza; Antonio Calonge Velázquez (Coord.) – Comares – Granada – 2004.

[2] El proceso de integración comunitario en marcha: de la CECA a los Tratados de Roma; Guillermo A. Pérez Sánchez – Comares – Granada – 2007.

[3] Por Europa; Robert Schuman – Encuentro – Madrid – 2006.

[4] Robert Schuman, padre de Europa (1886-1963); René Lejeune – Palabra – Madrid – 2000.

Claves de la nueva Europa


Volver sobre los planteamientos del fundador siempre resulta eficaz en los momentos de incertidumbre. Por esa razón, ahora que Europa se nos presenta como un gigante -27 países- con pies de barro, resulta útil recordar las ideas de Robert Schuman. ¿Qué ha de ser Europa? ¿Cuáles son los aspectos que debe reflejar el proyecto constitucional? ¿Qué ha de aportar esa nueva Unión a los ciudadanos y al mundo entero? Esas son algunas de las cuestiones sobre las que pretendo arrojar un poco de luz ¿El modo? dejar hablar a Schuman.

Creo en Europa, pero reconozco que existen muchas ideas de los que ha de ser la Unión, y no todas me agradan. Su “padre fundador” tenía una muy clara cuando el 9 de mayo de 1950 se lanzó a la aventura europea. Yo, por mi parte, la considero acertada: esa es la Europa que me gustaría tener. Por eso pretendo repasar, solo citando textualmente a Schuman, esos planteamientos.

En los próximos artículos, bajo el título de Robert Schuman: Discurso a los europeos, iré publicando fragmentos de discursos de este gran estadista. Mi fuente será su biografía, obra de René Lejeune, editada en 1980. De momento me conformo con enunciar diez proposiciones que están extraídas de su testamento:

1. Europa debe ser dueña de su destino.

2. Europa debe hacerse su alma propia.

3. La integración política debe ser el complemento necesario de la integración económica.

4. Los países políticamente integrados tomarán en común las decisiones de carácter internacional.

5. La unidad política no significa la absorción de la nación.

6. La integración política no significa la omisión de la soberanía nacional.

7. El vínculo europeo no llevará consigo la negación de la patria.

8. Europa es la cuna y la guardiana de la democracia.

9. Europa debe volver a ser una guía para la humanidad.

10. La Europa unida prefigurará la solidaridad universal del futuro

Bibliografía:

[1] La Unión Europea: guiones para su enseñanza; Antonio Calonge Velázquez (Coord.) – Comares – Granada – 2004.

[2] El proceso de integración comunitario en marcha: de la CECA a los Tratados de Roma; Guillermo A. Pérez Sánchez – Comares – Granada – 2007.

[3] Por Europa; Robert Schuman – Encuentro – Madrid – 2006.

[4] Robert Schuman, padre de Europa (1886-1963); René Lejeune – Palabra – Madrid – 2000.

Boceto de hoja de Christoph Probst


Tras la detención de los hermanos Scholl, la policía procedió a registrar su vivienda. Allí encontraron el último escrito de este grupo opositor redactado en territorio alemán –desde el exilio continuó, muy debilitada, esta actividad-; se trataba de un boceto firmado por Christoph Probst. Esto sirvió como prueba para el encarcelamiento y la ejecución de este miembro de la Rosa Blanca, pero también como muestra póstuma de la valentía de estos jóvenes. En el siguiente escrito vuelve a surgir la cuestión de Stalingrado, pero con un matiz nuevo. Probst da a elegir a los lectores: levantarse contra los nazis forjando así un futuro esperanzador, o vincularse definitivamente a la locura de Hitler que, de seguro, los ha de llevar a un hundimiento similar al del frente oriental.

¡Stalingrado!

200.000 hermanos alemanes han sido sacrificados en aras del prestigio de un impostor militar. Las condiciones humanas de la capitulación que han impuesto los rusos se han ocultado a los soldados sacrificados. El general Paulus ha recibido, por ese asesinato en masa, el distintivo de mariscal. Altos mandos se han salvado de la batalla de Stalingrado saliendo en avión.

Hitler prohibió a los cercados que se retiraran hacia las tropas de la retaguardia. Ahora, la sangre de los 200.000 soldados sacrificados clama acusando al asesino Hitler.

¡Trípoli! Se entregó sin condiciones al VIII ejército británico ¿Qué hicieron los ingleses? Permitieron que la vida de los ciudadanos continuara su ritmo. Incluso dejaron a la Policía y a los funcionarios en sus cargos. Sólo una cosa la hicieron a fondo: limpiaron la mayor ciudad colonial italiana de todos los falsos cabecillas e infrahombres. Con toda seguridad se abalanzan las fuerzas, muy superiores, de todos los lados. Mucho menos que Paulus capitulará Hitler ¡Ojalá ya no haya escapatoria para él! ¿Queréis ser engañados como los 200.000 hombres que defendieron Stalingrado en puestos perdidos? ¿Ser masacrados, esterilizados o que os quiten a vuestros hijos? Roosevelt, el hombre más poderoso del mundo, dijo el 26 de enero en Casablanca: “nuestra lucha de aniquilamiento no se dirige contra los pueblos, sino contra los sistemas políticos. Sólo luchamos hasta la capitulación sin condiciones” ¿Se precisa reflexionar para tomar una decisión?

Se trata de millones de vidas humanas ¿Ha de sufrir Alemania el mismo destino que Trípoli?

Hoy, toda Alemania esta cercada como lo estuvo Stalingrado. Todos los alemanes serán sacrificados al mensajero del odio y de la voluntad de destrucción. A él, que ha torturado a los judíos hasta la muerte, que ha aniquilado media Polonia, que quiso destruir Rusia, a quien os robó la libertad, la paz, la felicidad de las familias y la alegría y os dio en contra la inflación ¡No puede ser! Hitler y su régimen deben caer para que Alemania siga viviendo. Decidíos: Stalingrado y el hundimiento o Trípoli y un futuro esperanzador. Y cuando os hayáis decidido, actuad.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Sexta hoja de la Rosa Blanca II


Continuamos con el repaso de la sexta hoja de la Rosa Blanca, el último escrito que estos universitarios muniqueses lograron difundir entre los jóvenes alemanes. Este segundo fragmento mantiene las líneas esbozadas en el artículo anterior: rechazo de la formación educativa nacionalsocialista y de sus organizaciones juveniles que desde niños han sufrido, denuncia de los desastres acaecidos en el frente ruso, y exaltación de la individualidad de la persona atacada por la ideología nazi desde sus inicios.

Para nosotros sólo hay un lema: ¡la lucha contra el partido! ¡Fuera de las formaciones del partido, en las que se nos quiere hacer callar políticamente! ¡Fuera de las aulas de los jefecillos de la SS y de los aduladores del partido! ¡Lo que nos importa es la verdadera ciencia y la auténtica libertad de espíritu! Ninguna amenaza nos puede atemorizar, ni tampoco que nos cierren nuestras universidades. Se trata de la lucha de cada uno de nosotros por nuestro futuro, nuestra libertad y nuestro honor en un Estado consciente de su responsabilidad moral.

¡Libertad y honor! Durante diez largos años, Hitler y sus compadres han exprimido hasta el hastío estas dos magníficas palabras alemanas, las han manido y tergiversado como sólo lo pueden hacer diletantes que echan a los cerdos los mayores valores de una nación. Lo que para ellos significan la libertad y el honor lo han demostrado suficientemente en diez años de destrucción de toda libertad material y espiritual, de toda la sustancia moral del pueblo. Hasta al alemán más torpe le ha abierto lo ojos la horrible carnicería que han causado en toda Europa en nombre de la libertad y el honor, y que causan de nuevo cada día. El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.

Estudiantes: ¡nos mira el pueblo alemán! De nosotros espera, como en 1813, cuando arrojó de sí el terror napoleónico, que del mismo modo arrojemos el terror nacionalsocialista en 1943. Beresina y Stalingrado se alzan en llamas en el Este; ¡los muertos de Stalingrado nos conjuran!

“Levántate, pueblo mío, los signos de las llamas humean”.

Nuestro pueblo se alza contra la esclavitud de Europa por parte del nacionalsocialismo, en una nueva victoria creyente de la libertad y del honor.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Sexta hoja de la Rosa Blanca


La sexta hoja de la Rosa Blanca representó para este grupo opositor al nazismo el culmen y la caída al mismo tiempo. El desastre alemán en Stalingrado fue aprovechado por los jóvenes estudiantes de Munich para lanzar sus más duras críticas contra Hitler y su régimen. Estaban consiguiendo su objetivo último: incomodar a los nazis con su actividad opositora. Sin embargo, estos éxitos se vieron empañados por la detención de los hermanos Scholl mientras distribuían los escritos por la universidad de su ciudad. Este fue el comienzo de las persecuciones, detenciones y ejecuciones. Tras este hecho la Rosa Blanca desapareció, pero con el importante logro de haber despertado la conciencia de muchos contemporáneos alemanes y de tantos otros en la época de postguerra.

¡Compañeras! ¡compañeros!

Nuestro pueblo se encuentra conmocionado por el hundimiento de los hombres en Stalingrado. Trescientos treinta mil hombres alemanes han sido abocados a la muerte, sin sentido e irresponsable, por la genial estrategia del cabo de la Guerra Mundial. Führer, ¡muchas gracias!

El pueblo alemán está en efervescencia ¿Vamos a seguir confiando el destino de nuestros ejércitos a un aficionado? ¿Vamos a sacrificar al resto de nuestra juventud alemana a los más bajos instintos de poder de una camarilla de partido? ¡Nunca jamás! El día del ajuste de cuentas ha llegado, el ajuste de cuentas de la juventud alemana con la tiranía más execrable que haya soportado jamás nuestro pueblo. En nombre de todo el pueblo alemán exigimos del Estado de Adolf Hitler que nos devuelva la libertad personal, el bien más preciado de los alemanes, que nos ha quitado del modo más infame.

Hemos crecido en un Estado de despiadado sometimiento de la libre expresión. HJ (Juventudes Hitlerianas), SA y SS han intentado uniformarnos, revolucionarnos y narcotizarnos en los años más fértiles de nuestras vidas. “Formación ideológica” se llamaba el deplorable método para sofocar el pensamiento autónomo y los valores personales en la nebulosa de frases vacías. Una selección de caudillos tan demoníaca y torpe a la vez como es imposible de concebirse, intentaba formar a los futuros cabecillas del partido en castillos, para hacer de ellos explotadores sin Dios, sin vergüenza y sin conciencia, asesinos, secuaces estúpidos del Führer. Nosotros, “trabajadores del intelecto”, éramos para ellos meros instrumentos para esa nueva capa de dominadores. Soldados que han luchado en el frente son tratados como niños por los jefes de los grupos de aspirantes a gobernadores; los Gauleiter atacan con burlas lascivas el honor de los estudiantes. Los estudiantes de la Universidad de Múnich han dado a la profanación de su honra una respuesta digna; los estudiantes alemanes han defendido a sus compañeras y han sabido resistir… Este es el principio de nuestra libre determinación, sin la cual no se pueden crear valores espirituales ¡Nuestro agradecimiento es para las valientes compañeras, para los valientes compañeros que nos han precedido con su ejemplo!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Quinta hoja de la Rosa Blanca II


En este segundo fragmento de la quinta hoja los autores buscan aprender del pasado para construir un futuro mejor. Sacan sus conclusiones de los dos grandes conflictos del siglo XX, y eso les lleva a ver la necesidad de enterrar dos peligrosos fantasmas: el imperialismo y el militarismo prusiano. Además, también vislumbran la futura cooperación europea y el federalismo alemán.

¿Qué nos enseña el desenlace de esta guerra, que nunca fue una guerra nacional?

La idea imperialista, venga de donde venga, ha de ser desterrada para siempre. Nunca más debe llegar al poder un militarismo prusiano. Sólo en la cooperación generosa de los pueblos europeos se han de sentar las bases sobre las que será posible un nuevo comienzo. Todo poder centralista, como ha intentado ejercerlo en Estado prusiano en Alemania y en Europa, ha de ser ahogado en su germen.

La futura Alemania sólo puede ser federalista. Sólo un sano orden federalista es capaz de dar nueva vida a una Europa debilitada. Los trabajadores han de ser liberados de su estado de ínfima esclavitud por un socialismo racional. El espejismo de la economía autárquica ha de desaparecer de Europa ¡Todos los pueblos, cada persona individual tiene derecho a los bienes de la tierra!

Libertad de expresión, libertad de confesión, protección del ciudadano individual frente a las arbitriariedades de los Estados violentos y criminales: esta es la base de la nueva Europa.

¡Apoyad el movimiento de resistencia, repartid las hojas!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Quinta hoja de la Rosa Blanca


En esta quinta hoja los jóvenes de la Rosa Blanca iniciaban su exposición con lo que, a esas alturas del conflicto, les parecía una evidencia: el III Reich caminaba inevitablemente hacia la derrota en la Guerra Mundial. También afirmaban que, a pesar de seguir luchando, Hitler sabía que todo estaba perdido. Sin embargo, su objetivo no era ya la victoria, sino la destrucción de Alemania; esa nación que, según su peculiar visión del mundo, no había sabido imponerse a sus enemigos. Dicho esto, hacen un llamamiento a la rebelión del pueblo alemán; les piden que, de una vez por todas, abandonen el barco del Führer. Les aseguran que el destino de Alemania no está irremediablemente unido al de los nazis, que la derrota de estos no es la de todo el pueblo. Es, al fin y al cabo, insistir en la idea de que no se encontraban ante una guerra nacional, sino nacionalsocialista.

Hojas del movimiento de resistencia en Alemania

Llamamiento a todos los alemanes

La guerra se acerca a su fin seguro. Como en 1918, el gobierno alemán intenta dirigir toda la atención al creciente peligro de los submarinos, mientras que en el Este los ejércitos están en continua retirada y en el Oeste se espera la invasión. El armamento americano no ha alcanzado todavía su punto máximo, pero ya hoy sobrepasa todo lo que conoce la Historia. Con matemática seguridad, Hitler lleva al pueblo alemán al abismo. Hitler no puede ganar la guerra, sino sólo prolongarla. Su culpa, y la de sus cómplices, ha superado infinitamente toda medida ¡El justo castiga se acerca más y más!

Pero, ¿qué hace el pueblo alemán? No ve ni oye. Cegado sigue a sus seductores a la perdición ¡Victoria a cualquier precio!, han dicho. Lucharé hasta el último hombre, dice Hitler. Pero la guerra ya está perdida.

¡Alemanes! ¿Queréis sufrir, vosotros y vuestros hijos, el mismo destino que han tenido los judíos? ¿Queréis ser juzgados por el mismo rasero que aquellos que os han seducido? ¿Hemos ser el pueblo odiado y repudiado por todo el mundo, para siempre? ¡No! Por tanto, apartaos de los infrahombres nacionalsocialistas ¡Demostrad con hechos que pensáis de otro modo! Comienza una nueva guerra de liberación. Lo mejor del pueblo lucha a nuestro lado. Romped el manto de la indiferencia que rodea vuestro corazón ¡Decidíos antes de que sea demasiado tarde! No creáis en la propaganda nacionalsocialista, que os ha metido miedo con el bolchevismo. No créais que la salvación de Alemania está unida para bien o para mal con la victoria del nacionalsocialismo. Unos criminales no pueden conseguir la victoria alemana ¡Separaos a tiempo de todo lo relacionado con el nacionalsocialismo! Depués vendrá un tribunal horrible, pero sobre los que se han mantenido cobardes e indecisos.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Cuarta hoja de la Rosa Blanca III


En este último comentario dedicado a la cuarta hoja de la Rosa Blanca querría llamar la atención sobre tres elementos. En primer lugar, la cita inicial en la que Novalis platica sobre Europa, el cristianismo y la purificación del Viejo Mundo por medio de la sangre. Durante la inmediata postguerra esos planteamientos se expandieron por buena parte del continente. El resurgir del sentimiento religioso a lo largo del pontificado de Pío XII es buena prueba de ello, pero también iniciativas como la CECA de Robert Schuman. En definitiva, un europeísmo cristiano consciente de sus pecados pasados y del peligro real de su repetición en el futuro. En segundo lugar, los jóvenes de la Rosa Blanca dejan claro -de una manera tajante- que sólo buscan con su actividad lo mejor para el pueblo alemán; no están al servicio de ninguna potencia enemiga que trata de debilitar a Alemania mediante la propaganda interna. Por último, nos encontramos con una afirmación dura pero, según ellos, necesaria para que el pueblo alemán y Europa entera quede libre de culpa: todos los responsables, hasta el menor de ellos, han de pagar el precio de sus actos criminales.

Novalis: “Una verdadera anarquía es el elemento generador de la religión. De la destrucción de todo lo posible, levanta esta su gloriosa cabeza cual nueva creadora del mundo… ¡Si Europa quisiera despertar de nuevo, si un Estado de los Estados, una doctrina política de la ciencia nos amenazase! ¿Debiera ser acaso la jerarquía… el principio de la unión de los Estados como visión intelectual del yo político?… La sangre correrá por Europa hasta que las naciones descubran su terrible locura que las hace correr en círculo, y, alcanzadas y calmadas por una música sagrada, vayan hasta los antiguos altares en una mezcla multicolor, se propongan obras de paz y se celebre un ágape, cual fiesta de paz en los humeantes campos de batalla, con ardientes lágrimas. Sólo la religión puede despertar otra vez a Europa y dar a los pueblos seguridad, e instalar con nuevo esplendor la Cristiandad visible sobre la tierra, en su antigua y pacificadora función”.

Queremos advertir expresamente que la Rosa Blanca no se encuentra a sueldo de ningún poder extranjero. A pesar de que sabemos que el poder nacionalsocialista ha de ser destruido militarmente, intentamos conseguir una renovación del espíritu alemán, herido de gravedad, desde dentro. Pero a ese renacimiento ha de preceder un claro reconocimiento de toda la culpa que el pueblo alemán ha cargado sobre sí, así como la lucha sin cuartel contra Hitler y todos sus cómplices, miembros del partido, secuaces, etc. Se ha de abrir con toda brutalidad el abismo que existe entre lo mejor del pueblo y todo lo relacionado con el nacionalsocialismo. Para Hitler y sus seguidores no hay en la Tierra ningún castigo adecuado a sus hechos. Pero por amor a las generaciones venideras se ha de erigir un ejemplo después de la guerra, para que nadie, nunca más, tenga ganas de volver a intentar nada semejante ¡No olvidéis tampoco a los pequeños canallas de este sistema; grabaos su nombre para que ninguno se escape! ¡Que no consigan cambiar de bandera en el último momento, después de esas atrocidades y hagan como si no hubiera pasado nada!

Para su tranquilidad deseamos añadir que no se han recogido por escrito en ningún lugar las direcciones de los lectores de la Rosa Blanca. Ha sido extraídas arbitrariamente de guías telefónicas.

¡No callamos, somos vuestra mala conciencia!; ¡la Rosa Blanca no os deja tranquilos!

¡Por favor, reproduzca y difunda la hoja!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Cuarta hoja de la Rosa Blanca II


En la segunda entrega de la cuarta hoja de la Rosa Blanca se hace más evidente la visión cristiana de estos jóvenes universitarios. Es una cuestión recurrente a lo largo de todos los escritos de este grupo de oposición al nacionalsocialismo; se caracterizan por su profundo sentimiento cristiano. Los hay católicos y protestantes, pero todos coinciden en una serie de aspectos básicos que les permiten ver detrás del nacionalsocialismo la larga mano de Satanás. El comienzo de esta selección es de por sí una declaración de intenciones: “Cualquier palabra que procede de la boca de Hitler es mentira” ¿No dice acaso el Evangelio que el diablo es el padre de la mentira? Los jóvenes de la Rosa Blanca no dudan en calificar al líder nazi de enviado del Anticristo. El segundo párrafo no tiene desperdicio; tiene como finalidad despertar la conciencia de los cristianos alemanes e impulsarlos a actuar. Por último, se nos ofrece una cita del Antiguo Testamento.

Cualquier palabra que procede de la boca de Hitler es mentira. Cuando dice “paz” está pensando en la guerra, y cuando de modo blasfemo menta el nombre del Todopoderoso, está pensando en el poder del maligno, del ángel caído, de Satanás. Su boca son las fauces malolientes del infierno. Su boca son nauseabundas fauces del infierno y su poder está condenado. Sin embargo aún hay que combatir con medios racionales el estado terrorista nacionalsocialista; quien hoy en día duda de la existencia real de los poderes demoníacos, no ha comprendido el trasfondo metafísico de esta guerra. Tras lo concreto, tras lo perceptible por los sentidos, tras todas las reflexiones objetivas y lógicas se encuentra lo irracional, la lucha contra el demonio, contra los enviados del Anticristo.

En todo lugar y en todos los tiempo, los demonios han estado al acecho y han esperado la hora en que el hombre se torna débil, en que abandona arbitrariamente el lugar fundado en la libertad que Dios le ha dado en el orden, que claudica ante la presión del mal, que se separa de las fuerzas de un orden superior y así, después de haber dado el primer paso libremente, se ve impelido a dar el segundo y el tercero, cada vez a una mayor velocidad. En todo lugar y en todas las épocas de mayor necesidad se han alzado los seres humanos, profetas, santos que han de conservado su libertad y que han hecho referencia a un único Dios y que con su ayuda advirtieron al pueblo para que se convirtiera. el hombre es libre, pero no tiene defensas contra el mal sin el verdadero Dios; es como un barco sin timón, expuesto a las tormentas, como un niño pequeño sin madre, como una nube que se deshace.

A ti que eres cristiano, te pregunto: en esta lucha por tus más preciados bienes ¿hay aún vacilación, un juego con intrigas, un retrasar la decisión, con la esperanza de que sea otro el que alce las armas para defenderte? ¿No te ha dado Dios mismo la fuerza y el ánimo para luchar? Tenemos que atacar el mal allí donde es más poderos y lo es en el poder de Hitler.

“yo me volví y vi todos los actos de opresión que se cometen debajo del sol: he allí las lágrimas de los oprimidos, que no tienen quien los consuele. El poder está de parte de de los opresores, y no tiene quien los consuele.

Entonces yo elogié a los difuntos, los que ya habían muerto, más que a los vivos, los que hasta ahora viven…” (Eclesiastés).

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.