Presentación: El arte paleocristiano


Durante el curso 2014-2015 elaboré este Prezi para explicar en 2º de Bachillerato el arte  paleocristiano. Posteriormente he realizado algunos ajustes que me han servido para ponerlo de fondo en algunos de los vídeos sobre esa materia. Para consultar la presentación haz click aquí.

La verdadera historia del Evangelio de Mateo


De un tiempo a esta parte, la literatura y el cine han rentabilizado enormemente la confusión existente en torno al origen y autoría de algunos textos bíblicos. Además, esto ha dado a pie a que muchos pseudo-historiadores ganen fama con estrambóticas teorías e “investigaciones” que suelen estar más cerca de la ficción que de la realidad. En definitiva, la polémica en torno a la cuestión atrae al lector hasta el punto de ser la temática histórica preferida después de la II Guerra Mundial y los Templarios.

En este artículo se pretende arrojar luz sobre algunas polémicas recientes, como son la autoría del Evangelio de Mateo, la fecha de su confección, la lengua en que se escribió o las personas a las que estaba destinado el texto.

Situando cronológicamente el texto

A la hora de abordar el estudio del texto de Mateo, es imprescindible situarlo en un marco espacio-temporal. Es bastante probable, y comúnmente aceptado por los estudiosos de la cuestión, que fuera redactado en la ciudad siria Antioquía, en torno a las décadas del 50 y 60. Por tanto, estaríamos ante el más antiguo de todos los Evangelios.

La lengua originaria, a su vez, sería el hebreo, aunque no habría que descartar la posibilidad del arameo. Ahora bien, la riqueza lingüística del texto griego que conservamos nos lleva a pensar que quizás el original, además de ser objeto de traducción, lo hubiera sido de alguna variación entre los años 80 y el 90. Esta sospecha no se funda únicamente en la calidad del griego utilizado, sino también en otros dos aspecto más: aclara cuestiones confusas del Evangelio de Marcos –supuestamente posterior- y el autor da muestras de conocer la destrucción de Jerusalén a manos de Tito en el año 70.

Autor y destinatarios del Evangelio de Mateo

Al igual que los demás Evangelios, el de Mateo es anónimo en su materialidad. Ahora bien, por las referencias que hace al discípulo de Jesucristo, así como por la tradición de los primeros siglos del cristianismo, se le atribuye a él. Por tanto, esta dotado de una autoridad apostólica. En tanto que la llamada evangélica es universal, también el texto de Mateo lo es. Sin embargo, tanto por la lengua en la que fue escrita como por el uso de expresiones propias de palestina y la alusión a costumbres judías, parece estar destinado a los judíos bautizados. Esta teoría se basa también en otras cuestiones de suma importancia para el Pueblo Elegido, como son las citas constantes a pasajes del Antiguo Testamento o las palabras de Jesús sobre la relación entre la Antigua y la Nueva Ley.

En esa misma línea hemos de entender el carácter catequético del texto, que busca dar respuesta a los dilemas que se plantean los bautizados. Es decir, no se trata de un Evangelio dirigido a los paganos o a los catecúmenos, sino a los que ya pertenecen a la comunidad cristiana. De esta manera, no es de extrañar que Mateo exponga de forma sencilla y ordenada las normas y enseñanzas de Jesucristo, y tampoco que reproduzca los cinco grandes discursos de la vida pública del Señor (Sermón de la montaña, discurso de la misión de los apóstoles, discurso de las parábolas, discurso eclesiástico y discurso escatológico).

A su vez, justifica con argumentos históricos la potestad que Dios da a sus ministros y, por ende, a la Iglesia. De hecho, los grandes temas de este Evangelio son Jesucristo –Hijo de Dios, Hijo del Hombre y Siervo de Dios- y la Iglesia. Por último, hay que destacar dos rasgos más del texto de San Mateo como catequesis para los bautizados: su carácter quasi-poético, que facilita su memorización, y el papel protagónico que en los milagros poseen las palabras de Jesús.

La estructura del texto

En lo que se refiere a la estructura del Evangelio según Mateo se aprecia, en primer lugar, la presencia de tres tiempos dentro de la actividad de Jesús: el correspondiente a la proclamación del Reino de Dios en Galilea, los sucesos que siguieron a la confesión de San Pedro, y los episodios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En segundo término, hay que señalar la presencia de una estructura narrativa basada en la presencia de los cinco discursos antedichos, que siempre preceden al relato de milagros.

La Europa democrática y el cristianismo


Continuamos con el tercer artículo dedicado a la obra de Robert Schuman Por Europa. En esta ocasión, el político francés relaciona -a modo de causa-efecto- cristianismo y democracia.

Europa es la realización de una democracia generalizada en el sentido cristiano de la palabra.

La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno con respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas ideas habían sido formuladas. La democracia está así unida al cristianismo doctrinal y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a través de largos titubeos, a veces a precio de errores y recaídas en la barbarie.

(…)

El cristianismo ha enseñado la igualdad de la naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase y de profesión. Ha hecho que se reconozca la dignidad del trabajo y la obligación de todos a someterse a él. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, los únicos que ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre nuestro prójimo., y sobre ella se apoyan desde entonces las relaciones sociales del mundo cristiano. Toda esta enseñanza y las consecuencias prácticas que de ella se derivan revolucionaron el mundo.

(…)

Si encontramos rasgos profundos de la idea cristiana en la vida política contemporánea, el cristianismo no por ello está ni debe estar infeudado en un régimen político, ni ser identificado con ninguna forma cualquiera de gobierno, aunque sea democrática. En este punto, igual que en otros, hay que distinguir el terreno del César y el de Dios. Estos dos poderes tienen cada uno responsabilidades propias. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y de las verdades reveladas. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes de consideración, el espiritual y el profano (…). No existe conflicto que no tenga solución entre los dos imperativos.

(…)

La teocracia desconoce el principio de separación de los dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa las responsabilidades que no son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias del orden político corren el riesgo de degenerar en fanatismo religioso; la guerra santa es la expresión más temible de una explotación sangrienta del sentimiento religioso.

Desde el primer momento, Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo; aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa que la civilización cristiana no debería ser el producto de una revolución violenta e inmediata, sino una transformación progresiva, bajo la acción de los grandes principios de caridad, de sacrificio y de humildad, que están en la base de la sociedad nueva.

(…)

La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de un milenio de cristianismo en darle forma (…). Concluyo, con Bergson, que “la democracia es en esencia evangélica, porque tiene por motor el amor”.

La democracia será cristina o no será democracia. Una democracia anticristiana será una caricatura que naufragará en la tiranía o en la anarquía.

Las raíces cristianas de Europa


En el anterior fragmento de “Discurso a los europeos” Robert Schuman defendía que –cito textualmente- “el sustrato europeo es particularmente favorable a la emergencia de un conjunto comunitario de un tipo nuevo”. Llegados a este punto, cabe preguntarnos en qué basaba el “Padre de Europa” esa afirmación. A continuación ofrezco el principio de su respuesta, que presenta tres elementos íntimamente relacionados: Historia, democracia y cristianismo.

“¿Qué es lo que distingue a Europa en el seno de la gran familia humana? La Europa libre está formada por democracias parlamentarias. Ahora bien, la democracia debe su existencia al cristianismo. La democracia griega negaba la igualdad de todos los hombres; la aplicaba a una élite de nacimiento. La democracia moderna reconoce la igualdad de los derechos de todas las personas humanas , sin distinción ni excepción. El cristianismo fue el primero que enseñó la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase o de profesión. Ha hecho reconocer la dignidad de trabajo y la obligación de todos a someterse a ello. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, que son los únicos que ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre un prójimo nuestro, y en ella se apoyan desde entonces las relaciones sociales en el mundo cristiano. Esta revolución se llevó a cabo bajo la inspiración progresiva del Evangelio, que ha ido moldeando las generaciones con un trabajo lento, a veces acompañado de luchas dolorosas. Los progresos de la civilización de esencia cristiana no fueron automáticos ni siguieron un solo sentido; las reminiscencias del pasado y los malos instintos de una naturaleza viciada han pesado sobre esta evolución y siguen contrariándola.

Si bien se encuentran así rasgos profundos del ideal cristiano en la vida política contemporánea, el cristianismo no está y no debe estar enfeudado en un régimen político, no debe ser identificado con ninguna forma de gobierno, aunque sea democrático. En este terreno, como en otros, hay que distinguir el ámbito del César y el de Dios. Cada uno de estos dos poderes tiene su propia responsabilidad. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y las verdades reveladas; su papel no es erigirse en juez de las opciones concretas de la política. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes, el espiritual y el profano. Con frecuencia nuestra vida se encuentra confundida en el dédalo de los problemas y de las opciones y en la pasión de las controversias. Pero no existe ningún conflicto insoluble entre ambos imperativos, el de una doctrina inmutable en lo que se refiere a los principios y el de una prudente aplicación de las contingencias mudables que hay que tener en cuenta, tanto en la vida de los pueblos como en la de los individuos.

La teocracia desconoce el principio de la separación de estos dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no son suyas. Bajo tal régimen, las divergencias de orden político corren el peligro de degenerar en fanatismo religioso; la guerra santa es la expresión más temible de una explotación sangrante de los sentimientos religiosos”.

Bibliografía:

[1] La Unión Europea: guiones para su enseñanza; Antonio Calonge Velázquez (Coord.) – Comares – Granada – 2004.

[2] El proceso de integración comunitario en marcha: de la CECA a los Tratados de Roma; Guillermo A. Pérez Sánchez – Comares – Granada – 2007.

[3] Por Europa; Robert Schuman – Encuentro – Madrid – 2006.

[4] Robert Schuman, padre de Europa (1886-1963); René Lejeune – Palabra – Madrid – 2000.