Cuarta hoja de la Rosa Blanca III


En este último comentario dedicado a la cuarta hoja de la Rosa Blanca querría llamar la atención sobre tres elementos. En primer lugar, la cita inicial en la que Novalis platica sobre Europa, el cristianismo y la purificación del Viejo Mundo por medio de la sangre. Durante la inmediata postguerra esos planteamientos se expandieron por buena parte del continente. El resurgir del sentimiento religioso a lo largo del pontificado de Pío XII es buena prueba de ello, pero también iniciativas como la CECA de Robert Schuman. En definitiva, un europeísmo cristiano consciente de sus pecados pasados y del peligro real de su repetición en el futuro. En segundo lugar, los jóvenes de la Rosa Blanca dejan claro -de una manera tajante- que sólo buscan con su actividad lo mejor para el pueblo alemán; no están al servicio de ninguna potencia enemiga que trata de debilitar a Alemania mediante la propaganda interna. Por último, nos encontramos con una afirmación dura pero, según ellos, necesaria para que el pueblo alemán y Europa entera quede libre de culpa: todos los responsables, hasta el menor de ellos, han de pagar el precio de sus actos criminales.

Novalis: “Una verdadera anarquía es el elemento generador de la religión. De la destrucción de todo lo posible, levanta esta su gloriosa cabeza cual nueva creadora del mundo… ¡Si Europa quisiera despertar de nuevo, si un Estado de los Estados, una doctrina política de la ciencia nos amenazase! ¿Debiera ser acaso la jerarquía… el principio de la unión de los Estados como visión intelectual del yo político?… La sangre correrá por Europa hasta que las naciones descubran su terrible locura que las hace correr en círculo, y, alcanzadas y calmadas por una música sagrada, vayan hasta los antiguos altares en una mezcla multicolor, se propongan obras de paz y se celebre un ágape, cual fiesta de paz en los humeantes campos de batalla, con ardientes lágrimas. Sólo la religión puede despertar otra vez a Europa y dar a los pueblos seguridad, e instalar con nuevo esplendor la Cristiandad visible sobre la tierra, en su antigua y pacificadora función”.

Queremos advertir expresamente que la Rosa Blanca no se encuentra a sueldo de ningún poder extranjero. A pesar de que sabemos que el poder nacionalsocialista ha de ser destruido militarmente, intentamos conseguir una renovación del espíritu alemán, herido de gravedad, desde dentro. Pero a ese renacimiento ha de preceder un claro reconocimiento de toda la culpa que el pueblo alemán ha cargado sobre sí, así como la lucha sin cuartel contra Hitler y todos sus cómplices, miembros del partido, secuaces, etc. Se ha de abrir con toda brutalidad el abismo que existe entre lo mejor del pueblo y todo lo relacionado con el nacionalsocialismo. Para Hitler y sus seguidores no hay en la Tierra ningún castigo adecuado a sus hechos. Pero por amor a las generaciones venideras se ha de erigir un ejemplo después de la guerra, para que nadie, nunca más, tenga ganas de volver a intentar nada semejante ¡No olvidéis tampoco a los pequeños canallas de este sistema; grabaos su nombre para que ninguno se escape! ¡Que no consigan cambiar de bandera en el último momento, después de esas atrocidades y hagan como si no hubiera pasado nada!

Para su tranquilidad deseamos añadir que no se han recogido por escrito en ningún lugar las direcciones de los lectores de la Rosa Blanca. Ha sido extraídas arbitrariamente de guías telefónicas.

¡No callamos, somos vuestra mala conciencia!; ¡la Rosa Blanca no os deja tranquilos!

¡Por favor, reproduzca y difunda la hoja!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.