Los Reyes Católicos: las reformas internas


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se aborda la política interior desarrollada por los Reyes Católicos a lo largo de las dos últimas décadas del XV y la primera del XVI. Ese contenido se complementa con cuatro entradas más: la Unión Dinástica, la política exterior de los Reyes Católicos, la economía del siglo XV y las características de la cultura y la religión en ese reinado.

 

Los Reyes Católicos: la Unión Dinástica


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se aborda la situación de la península Ibérica a mediados del siglo XV, así como las consecuencias de la unión entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Ese contenido se complementa con cuatro entradas más: las reformas interiores del periodo, la política exterior de los Reyes Católicos, la economía del siglo XV y las características de la cultura y la religión en ese reinado.

 

 

El reinado de Isabel la Católica


Isabel I, casada con Fernando de Aragón subió al trono en 1474, tras la muerte de Enrique IV. Sin embargo, nada más comenzar su reinado tuvo que hacer frente a una guerra civil contra su sobrina Juana, hija de Enrique IV, que se prolongó a lo largo de cuatro años (1475-1479). Este fue un conflicto que afectó a todo el reino castellano, ya por su extensión territorial como por su influencia en todos los estratos sociales –especialmente en la nobleza-; pero también a los reinos vecinos, ya que Portugal apoyo a Juana y Aragón a Isabel.

Tras unos comienzos favorables a la causa de Juana, el bando isabelino logró cambiar la situación de la guerra tras su victoria en la batalla de Toro (1476). Después de estos hechos la mayoría de los grandes nobles se adhirió a la causa de Isabel, lo que con el tiempo acabó facilitando la derrota de los portugueses; confirmada en los tratados de Alcaçovas. En virtud de estos acuerdos, además del reconocimiento portugués de Isabel como reina de Castilla, se concertaron varios compromisos matrimoniales entre ambos reinos. De esta manera, se inició en este reino una etapa de clara estabilidad que se prolongó hasta la muerte de la reina en 1504.

En lo que se refiere a la estructura del Estado, durante la etapa isabelina asistimos a un fortalecimiento de los mecanismos judiciales y administrativos. Las Cortes, a pesar de que se reunieron muy poco a lo largo de este reinado, tuvieron una gran importancia en los inicios del mismo, marcado por las reuniones de Madrigal (1476) y Toledo (1480). El Consejo Real, liberado del peso de los distintos bandos nobiliares, continuó siendo el principal órgano político del Estado, aunque funcionó de una manera más profesionalizada gracias a la reorganización administrativa llevada a cabo por las Cortes de 1480.

Por su parte, la centralización de la administración de justicia estuvo marcada por la reorganización y consolidación del sistema de Audiencias y Chancillerías, donde los pleitos eran divididos entre criminales y civiles antes de pasar a manos de los alcaldes y oidores.

La Hacienda siguió asentándose en los mismos impuestos que los reinados anteriores; hasta el punto de que, el creciente peso que en aquellos habían tenido las alcabalas, continuó aumentando. No obstante, la etapa isabelina también tuvo sus innovaciones fiscales, como fueron el sistema recaudatorio de encabezamiento, o la utilización de la Santa Hermandad para tal fin. Esta organización, fundada en 1476 con el fin de asegurar el orden público, adquirió, especialmente tras perder su carácter militar, funciones de recaudación fiscal.

Hemos de destacar dos factores fundamentales para entender la estabilidad reinante durante este periodo: los aciertos en política económica y el amplio apoyo social a los monarcas. En lo relativo a este último punto hemos de destacar que todos los grupos sociales se mostraron favorables a los reyes: la nobleza por la confirmación real de sus posesiones señoriales, la oligarquía urbana por el respeto de la Corona hacia sus privilegios, y las capas populares por la eficacia que mostraba el gobierno en las labores administrativas y judiciales. Además, a lo largo de buena parte de su mandato, los Reyes Católicos utilizaron en su favor un complejo, para esa época, aparato propagandístico, mediante el que supieron mostrar sus triunfos más de cerca de sus súbditos.

Los descubrimientos geográficos y las culturas precolombinas

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. Este vídeo está dedicado a las principales expediciones navales de finales del siglo XV y principios del XVI, así como a los pueblos precolombinos. Ese contenido se complementa con dos entradas: una dedicada a los orígenes de la Edad Moderna y otra al gobierno de los Reyes Católicos en Castilla y Aragón.

Castilla y Aragón durante los siglos XIII y XIV: arte y cultura

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo, en concreto, se explican los principales rasgos del arte y la cultura de Castilla y Aragón en los siglos finales de la Edad Media. Esta información se complementa con el desarrollo político, económico y social de esos reinos, que es objeto de análisis en otros dos vídeos.

Castilla y Aragón durante los siglos XIII y XIV: economía y sociedad

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo, en concreto, se explican los principales rasgos de la economía y la sociedad de Castilla y Aragón en los siglos finales de la Edad Media. Esta información se complementa con el desarrollo político y cultural de esos reinos, que es objeto de análisis en otros dos vídeos.

Castilla y Aragón durante los siglos XIII y XIV: evolución política

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo, en concreto, se aborda la evolución política de Castilla y Aragón en los siglos finales de la Edad Media. Esta información se complementa con el desarrollo económico, social y cultural de esos reinos, que es objeto de análisis en otros dos vídeos.

Características generales de Guipúzcoa

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos sobre las villas vascas en la Edad Media. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


En el siglo XIII Guipúzcoa se integró en la Corona de Castilla.

Esta provincia vasca estaba formada por dos mil doscientos kilómetros cuadrados de tierra de realengo rodeados en tres de los cuatro puntos cardinales por otros reinos y señoríos; al norte quedaba el mar. Francia, Navarra, Oñate y Vizcaya convertían a los territorios guipuzcoanos en tierra de frontera. Estos habían iniciado su proceso urbanizador a mediados del siglo anterior.

Así comenzó un enorme esfuerzo colonizador comparable al de otras importantes regiones europeas como el Elba alemán o Zähringen (actual Suiza).

Sin duda la incorporación a Castilla ayudó al desarrollo de este proceso. Los monarcas castellanos buscaban mediante estas fundaciones, no sólo hacer valer su poder frente a los nobles y otros reyes –principalmente el navarro-, sino también favorecer el desarrollo de la actividad artesanal y mercantil de sus territorios. La industria lanera y textil necesitaba puertos en el cantábrico que se convirtieran en punto de partida para sus exportaciones. Eso permitió el desarrollo urbano de la costa guipuzcoana.

Desde ahí, de manera rogresiva, se fueron desarrollando nuevos núcleos en el interior como puntos intermedios entre la Meseta castellana y el mar. No nos detendremos más en este aspecto, ya que ha sido tratado anteriormente al hablar de Vizcaya. Tan sólo insistir en la importancia que para las villas costeras vascas, que hemos de incluir dentro de las llamadas “villas del mar”, tuvo el auge de la industria lanera castellana y su comercio con las islas británicas.

Podemos describir la economía de Guipúzcoa en los siglos XIII y XIV como una estructura escasa en lo que a recursos naturales se refiere e intensa en el ámbito comercial.

Actividades como la agricultura, la ganadería, la pesca y la explotación del bosque fueron predominantes entre la población guipuzcoana. Sin embargo, hay que resaltar también la minería. De ella, como en el caso de Vizcaya, destacamos el hierro, cuyo peso económico no se redujo tan sólo a la extracción. Existió cierto desarrollo de la industria ferrona. Con todo, la verdadera riqueza de estos territorios fue su posición estratégica, tanto en cuestiones mercantiles como políticas. Sin duda, el interés de Castilla por el desarrollo –económico y urbano- de Guipúzcoa se debió fundamentalmente a este aspecto.

La evolución del poblamiento en Vizcaya

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos sobre las villas vascas en la Edad Media. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


En los comienzos del proceso urbanizador de Vizcaya, los principales núcleos de población se concentraron entre las rías del Nervión y de Guernica. También destacó notablemente en ese aspecto el Duranguesado.

Fue este un fenómeno de progresivo traslado de gentes desde los montes a los valles. Estos grupos humanos se vieron atraídos por la seguridad y prosperidad económica que ofrecían esos emplazamientos. Su asentamiento en estos territorios marcó también el inicio de la transformación familiar: de la familia extensa a la nuclear.

Entre el año 1200 y el 1300 el cambio económico, social y de poblamiento se consolidó.

Factores como la incorporación a la Corona de Castilla, la creación física del señorío de Vizcaya, y el desarrollo económico, mercantil y demográfico, facilitaron notablemente este proceso. Este fenómeno iniciado en un pequeño espacio de Vizcaya al amparo de los monasterios y de sus propiedades era una realidad a comienzos del siglo XIV.

Estos mismos edificios religiosos se habían convertido en las parroquias de las distintas villas; y los límites entre las propiedades de las distintas comunidades religiosas en fronteras de influencia de los grupos urbanos colindantes. La propiedad conventual vizcaína sirvió como base para la formación de las grandes agrupaciones de población; grupos humanos que, en un principio, se acogieron a la autoridad del monasterio. Sin embargo, poco a poco, el protagonismo pasó de los religiosos al monarca, y del trabajo de la tierra del señorío eclesiástico a las nuevas rutas comerciales.

Nos adentramos por fin en la cuestión comercial, clave tanto para el desarrollo económico como urbanístico de Vizcaya.

Si ya en los siglos anteriores la existencia de la ruta jacobea había facilitado el desarrollo mercantil y urbano, fruto de unas mejores y más constantes comunicaciones, a partir del siglo XIII esa tendencia se intensificó. El eje Este-Oeste fue sustituído por el Norte-Sur, que comunicaba la Meseta con el mar.

Esto fue notablemente beneficioso para el territorio vizcaíno –también para el guipuzcoano-, que se convirtió en lugar de paso en las rutas comerciales entre Castilla y el Cantábrico. La industria lanera y textil castellana encontró los mercados británicos abiertos a absorver buena parte de su producción. Sin duda, este comercio fue favorecido por la buena relación existente entre el reino peninsular –especialmente en tiempos de Alfonso VIII- e Inglaterra.

De esta manera, los puertos del mar Cantábrico –a nosotros nos interesan solo los vascos- se convirtieron en puntos fundamentales de esa relación comercial.

Esas villas crecieron y se desarrollaron, pero también lo hicieron aquellas que ocupaban un lugar estratégico en las rutas terrestres que conducían de la Meseta al mar. Por tanto, el poderío de la economía castellana -reino que consolidaba poco a poco su hegemonía peninsular- y el antecedente pesquero de las gentes de esos puertos vascos, permitieron a las villas del mar lanzarse al comercio con Inglaterra.

Sin embargo, no sólo Castilla colocaba sus productos en los mercados británicos. La industria ferrona vizcaína experimentó un importante auge gracias a estas nuevas rutas marítimas y terrestres. Podríamos decir de una manera poco precisa que ayudaron a promocionar el hierro de Vizcaya.

Este cambio de los flujos mercantiles tuvo, como es lógico, importantes consecuencias para el desarrollo de las villas vizcaínas. Algunos de esos núcleos de población mantuvieron su importancia a pesar de la modificación de las rutas comerciales. Es decir, vieron confirmada la preeminencia que sobre sus respectivas comarcas le otorgó en su día el Camino de Santiago. No obstante, tampoco faltaron los agrupamientos humanos antiguos a los que esta transformación perjudicó notablemente.

Por último, hemos de citar el nombre de algunas de las villas surgidas al calor de las rutas comerciales que llevaban de la Meseta al mar.

Hablamos básicamente de lugares como Valmaseda, Orduña, Bermeo, Plencia, Durango, Ochandiano, Bilbao, Ermua y Lanestosa. Todos ellos estaban situados en puntos estratégicos que unían las villas del mar –bien fuesen cántabras o vascas- con poblaciones del interior como Vitoria, Burgos o Logroño.

De esta manera, Valmaseda aparecería vinculada a la circulación mercantil entre Burgos y Castro-Urdiales; Lanestosa sería un paso montañoso importante entre la ciudad del Cid y Laredo; y las demás se situarían apoyando las rutas de la Rioja y Álava con el mar. Tan sólo Ermua se mantuvo al margen de toda esta estructura viaria; su importancia y supervivencia se debió exclusivamente a la actividad ferrona.