La reunificación por criterios étnicos

Durante la guerra de Kosovo, el antiguo Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger declaró estar a favor de la reunificación de los pueblos de la antigua Yugoslavia según el principio étnico, considerando que sólo esto podría garantizar una paz duradera. Su propuesta no era del todo descabellada, porque los proceso de unificación nacional europeos del siglo XIX empezaron en los Balcanes, y porque todos los conflictos en los Balcanes han surgido de cuestiones étnicas. Sin embargo, lo que Kissinger no tuvo en cuenta es el hecho de que los nacionalistas balcánicos, como los nacionalistas en general, tienden a la emulación mimética y que satisfacer las exigencias de unos no garantiza que más tarde no aparecerán otros que pidan más. Saciar los apetitos de los nacionalistas étnicos no convierte a éstos en demócratas.

Mira Milosevich, La situación política de Serbia después de las elecciones generales, p. 3.

Reflexiones sobre la independencia de Kosovo

Si Kosovo obtiene cualquier forma de independencia facilitaría a los serbios despedirse de un pasado falsamente dorado y concentrarse en su propio desarrollo democrático como nación moderna y fuerte, clave de la estabilidad de los Balcanes, y se cumplirá el sueño estatal de los albaneses de la región, pero tendría unas consecuencias dramáticas a corto plazo en la escena política internacional. En primer lugar, los serbios de la llamada República Serbia de Bosnia podrían recurrir al mismo expediente y exigir su independencia o su anexión a Serbia, y otro tanto harían los musulmanes de Sandzak, que ya intentaron en 1993 unirse a los musulmanes de Bosnia.

Mira Milosevich, La situación política de Serbia después de las elecciones generales, p. 1.

El peligro del Cid

La intoxicación nacionalista no fue un invento suyo, pero supo cultivarla y explotarla cómo nadie. Su peor legado es que los rescoldos de esa pasión política todavía humean en la vida pública serbia y el encumbrado prisionero, desde su imponente cárcel en La Haya, ha sabido mantenerlos con su orgullosa autodefensa, utilizando con pericia y desvergüenza como palestra propagandística las amplias garantías jurídicas de que disfrutaba. Perdió guerras con los que eligió como enemigos pero ganó muchas batallas políticas internas encandilando a sus conciudadanos. Como El Cid aún puede ganar alguna después de muerto. Su mito puedes seguir manteniendo a sus paisanos lejos del premio europeo.

Manuel Coma, Adiós, Milosevich, no vuelvas, p. 2.

La reacción internacional

La comunidad internacional, es decir, los Estados Unidos seguidos con temor y temblor por sus aliados europeos, sólo se decidió a pararle los pies cuando se enfrentó con la perspectiva de acoger a más de un millón de refugiados kosovares albaneses, en su mayoría musulmanes, continuar con una posible quinta guerra en Montenegro y una segura sexta en Macedonia, centro de bajísimas presiones que atraería indefectiblemente a Bulgaria, Grecia y Albania. Los enteros Balcanes en llamas. Tamaña hoguera podía ya resultar incontrolable.

Manuel Coma, Adiós, Milosevich, no vuelvas, p. 1.

Los demonios del nacionalismo

Lo que sí es de desear es que con él desaparezcan los demonios balcánicos y que éstos sean los últimos residuos de sus predecesores europeos. Los demonios del nacionalismo exclusivista y agresivo, vendedor de frustraciones, atizador de injustificados e injustificables complejos de superioridad emparejados con victimismos que pretenden legitimar toda clase de reivindicaciones así como los métodos para satisfacerlas.

Manuel Coma, Adiós, Milosevich, no vuelvas, p. 1.

Yihadismo y globalización

El nuevo terrorismo es geopolítico, un producto de la globalización y de las comunicaciones de masas. Al Qaeda, como otras organizaciones yihadistas, mantiene células en múltiples países. Sus objetivos son muy genéricos y extraordinariamente ambiciosos (nada menos que el retorno absoluto de la ley islámica en toda una serie de estados que se extienden desde Pakistán hasta, incluso, el sur de España -la antigua Al Ándalus, hoy conocida como Andalucía-, atravesando todo el norte de África). Además, no duda en hacer uso de la violencia a gran escala si tiene posibilidad. En el peor de los casos, en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, podrían haber muerto 60.000 personas y no las 3.000 que realmente fallecieron. Los objetivos de Al Qaeda son territoriales, pero no es un Estado. Actúa más bien como una ONG maléfica, impulsada por una conciencia de misión. Difícilmente puede ser considerada una fuerza invasora, pero es, junto a otros grupos radicales, una importante fuente de riesgo para muchos países (sobre todo, si el terrorismo nuclear llega a convertirse en algún momento en una posibilidad real).

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 260.

La caída del muro de Berlín

Yo estaba en Berlín el 11 de noviembre de 1989, la noche en que se abrió el muro. Las personas que pasaban del este al oeste nos enseñaban sus planos de la ciudad. Todo Berlín Occidental había sido eliminado de ellos: en su lugar sólo aparecía un espacio vacío. Pero, aún así, lo sabían todo sobre el otro lado de Berlín porque lo habían visto en los programas de televisión occidentales que sintonizaban. La democratización cotidiana no es lo mismo que el consumismo. Evidentemente, muchas personas de la Europa del este y de la Unión Soviética querían los bienes de consumo y la riqueza en general de la que se disfrutaba en Occidente. pero también querían, según mostraban las encuestas, una mayor movilidad y autonomía (libertad, en definitiva) en sus vidas diarias.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 257.

1989: el «annus mirabilis»

…el año 1989 marca una ruptura, no sólo en la historia de Europa en general, sino también en la de la UE en particular. La caída del comunismo de la Europa del este y, posteriormete del sovietico ha afectado evidentemente a todo el mundo, un mundo que fue durante mucho timepo esclavo de la era del bipolarismo. Pero Europa, Alemania y Berlín constituían la primera línea (el «corazón ardiente») de la Guerra Fría, una confrontación que, en varios momentos, pudo haber desembocado en una conflagración. La CEE/UE fue, esencialmente, un producto de la Guerra Fría que obtuvo su identidad del contraste con el liberalismo de mercado estadounidense, por un lado, pero también con el socialismo de Estado, por el otro. Los acontecimientos de 1989 transformaron más o menos por completo la naturaleza de la UE, y no sólo la de aquellos países que se libraron del dominio comunista.

Pero nadie lo diría, a juzgar por los pronunciamientos oficiales de la UE. La UE hizo bien en girar inmediatamente su atención hacia los países de la Europa del este, pero envolvió el potencial acceso de éstos a la Unión en un vocabulario comunitario tradicional, el de la «ampliación». La Unión ha experimentado sucesivas ampliaciones, todas ellas importantes (y, muy especialmente, la de los países mediterráneos que habían padecido regímenes dictatoriales). Pero la apertura al este no iba a ser otra ampliación sin más. La UE ya no podía ser la misma tras 1989 y no sólo porque se le presentaba el problema de absorber Estados mucho más pobres que la media europea y con una composición socioeconómica distinta, ni por el incremento del número de Estados miembros que aquello iba a suponer. No podía ser la misma porque, con una frontera abierta tanto hacia el este como hacia los Balcanes, la identidad y la naturaleza misma de la UE se hicieron problemáticas.

Todas las referencias y los comentarios sobre la ampliación ocultaron buena parte de lo anterior, como también lo hizo -a su manera- la propuesta de constitución. Las autoridades de la UE y la mayoría de dirigentes políticos vieron en la constitución un medio para consolidar el proyecto europeo existente. Pero era una idea falsa. Y es que era más que evidente -para la población en general, al menos- que había muchos más cambios radicales en el proceso a los que todo el mundo debía adaptarse. La Europa comunista podía ser una amenaza, pero, al mismo tiempo, estabilizaba los problemas al este de la UE, ya que eran responsabilidad de la Unión Soviética. Pero, ahora, la UE limita con (o sus fronteras están más próximas a las de) bielorrusia, Moldavia, Ucrania, Georgia y Armenia, además de con Oriente Próximo y Medio. La entrada de Turquía fue, durante mucho tiempo, un tema considerado sólo «en principio», pero desde 1989 se ha convertido en un asunto de inmediatez práctica.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 255.

La educación superior en Europa

Del fracaso relativo de las universidades por Internet -hasta el momento, al menos- podemos extraer importantes lecciones. Para las universidades es muy difícil hacerse con una imagen de marca. Los mejores centros universitarios coinciden con los más antiguos. Uno de los motivos es que el talento en las universidades no es un fenómeno individual: depende de que exista una concentración de otros talentos en ellas. La primera pregunta que un académico destacado le preguntará a otro acerca de su departamento es «¿y quién más está allí?» (es decir, qué otros académicos conocidos trabajan en ese departamento). El prestigo entre universidades -tanto en términos nacionales como globales- depende de la investigación que en ellas se realiza, por muchas horas que sus académicos dediquen a la docencia. Y, en última instancia, el prestigio en las listas o las clasificaciones de centros genera un valor de mercado para éstos. Un título por Harvard, la Sorbona o la LSE, por ejemplo, es valorado en todas partes. El valor de mercado de esos títulos depende también de la escasez con la que se conceden.

Anthony Giddens, Europa en la era global,  p. 232.

Las caricaturas de Mahoma en Jyllands-Posten

Inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el diario francés «Le Monde» publicó un artículo en el que declaraba que «Hoy todos somos americanos». Tras el episodio de las caricaturas danesas, varios diarios europeos publicaron titulares con la leyende «Hoy todos somos daneses». Pues bien, ¿lo somos? Y si lo somos, ¿qué significa realmente, en la práctica, esa declaración? ¿Somos todos daneses ahora? Sí, en el sentido de que la libertad de expresión, acción e investigación (libertad en la que se incluyen también los resultados de las decisiones democráticas) no debe sucumbir a la violencia o a la amenaza del empleo de ésta. Pero, en ese sentido, no deben preocuparnos únicamente los grupos que actúan por motivos religiosos. Cabe aplicar el mismo principio a los activistas en defensa de los derechos de los animales que amenazan o atacan instalaciones científicas, por ejemplo.

¿Hoy somos todos daneses? Sí, si esa declaración significa también hacer frente al dogmatismo y a la intolerancia. En el contexto de la religión, de los que se trata es de enfrentarse al fundamentalismo, de no permitir que una pequeña minoría de fieles hable en nombre de la mayoría de seguidores de una confesión religiosa. Sobre los hombros de los líderes moderados de todas las religiones recae una gran responsabilidad.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 173.