Zoltan Tildy

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Zoltan_Tildy(1889-1961) Se convirtió en Presidente del Gobierno tras el triunfo del Partido de los Pequeños Propietarios en las elecciones del 4 de noviembre de 1945. Pocos meses después -1 de febrero de 1946- abandonó ese puesto para ocupar el cargo de Presidente de la República. En la primera mitad de los años cincuenta se le obligó a retirarse de la vida pública y sufrió arresto domiciliario. Durante la insurrección de octubre y noviembre de 1956, en el segundo Gobierno de Imre Nagy, fue nombrado Ministro de Estado en representación del Partido de los Pequeños Propietarios. En 1958, en el mismo proceso judicial urdido contra Nagy, Tildy fue condenado a seis años de prisión. Liberado en 1959, murió dos años después.

Imre Nagy

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Imre_Nagy(1896-1958) A la hora de elaborar la reseña bibliográfia de Imre Nagy me ha parecido conveniente recurrir a un artículo de The New York Times. Su título es «Retrato de Imre Nagy» y fue publicado en octubre de 1956. Por tanto, teniendo en cuenta que la muerte del estadista húngaro acaeció poco tiempo después, nos encontramos ante una biografía inconclusa. No obstante, puede completarse con nuestra obra de referencia: La Batalla de Budapest. Historia de la insurrección húngara de 1956.

“Incluso durante los últimos años que pasó en Moscú como refugiado comunista, el nuevo Primer Ministro de Hungría, Imre Nagy, era considerado por sus camaradas un comunista extraño. Expresaban la perplejidad que les producía mediante el apodo que le daban, kulak, que es la palabra rusa que designa al campesino rico de la clase de los que exterminó Stalin al comienzo de la década de 1930.

Los compañeros comunistas del señor Nagy le llamaban kulak porque sus antecedentes, su aspecto y sus gustos les recordaban a los campesinos ricos y sólidamente burgueses que había conocido en Hungría. Hombre corpulento (…) no hacía un secreto de su afición a la buena comida, la buena bebida y la buena ropa.Cuando caminaba por las calles de Moscú parecía un campesino húngaro próspero ataviado con su mejor traje dominical y que se dirigía a la iglesia antes des que lo que era realmente: el técnico agrícola del Partido Comunista húngaro que se dirigía a su puesto de especialista del Instituto Agrario soviético. Cuando en 1944 volvió a Budapest con el Ejército Rojo y se convirtió en uno de los principales gobernantes húngaros, mantuvo sus costumbres extrañas. Dejó que su hija se casara con un ministro protestante en ejercicio. Le gustaba sentarse en los cafés de Budapest y discutir sobre política o los méritos de los distintos equipos de fútbol húngaros.Su esposa, con la que se había casado hacía más de 35 años, era hija de un empleado de pueblo.

Ya en 1945 los amigos del señor Nagy se dieron cuenta de que era políticamente “peculiar” y quizás hasta peligroso. Aunque había pasado más de una cuarta parte de su vida en la Unión Soviética y se había hecho ciudadano soviético en torno a 1930, les decía a sus amigos de Budapest que no era necesario que Hungría siguiera a la Unión Soviética en todo.Esto constituía una herejía notoria, pero al comienzo del período de la posguerra los comunistas húngaros preparados eran demasiado pocos y estaban demasiado diseminados como para que nadie pudiera permitirse el lujo de depurarlos. Imre Nagy nació en 1896 en una familia campesina con firme fe calvinista. De joven aspiraba a llegar a ser cerrajero y fue aprendiz de cerrajero hasta la Primera Guerra Mundial, cuando ingresó en el ejército austro-húngaro. Lo capturaron los rusos, que lo llevaron a su patria. Allí luchó con los bolcheviques en la guerra civil y luego volvió a su país para tratar de establecer en él el “gobierno de los obreros y los campesinos”.Siguió un cuarto de siglo en el que su vida fue semejante a la de otros revolucionarios profesionales de la Europa Oriental. Desempeñó un papel de poca importancia en el breve gobierno comunista húngaro de Béla Kun y luego actuó clandestinamente como agitador comunista hasta que tuvo que huir a la Unión Soviética en 1929. En Moscú siguió estudiando la situación de Hungría y observó como Stalin transformaba la Unión Soviética mediante la fuerza y la violencia. De vuelta a Hungría después de la Segunda Guerra Mundial fue el autor de la primera reforma agraria de la posguerra, dividiendo las grandes propiedades y concediendo pequeñas parcelas a los campesinos y peones de granja. Como buen comunista, se hizo cargo de la policía política durante un tiempo y actuó contra los antianticomunistas. Pero siempre, en lo recóndito de su pensamientos, conservaba, al parecer, la esperanza de que se podría alcanzar un camino húngaro para llegar al socialismo”.

János Kádár

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Janos_Kadar

(1912-1989) Militante comunista desde los primeros tiempos, János Kádár dirigió el Partido Comunista en el interior de Hungría desde la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar ésta entró en el Comité Central y en Politburó del Partido con el cargo de vicesecretario general. Entre 1948 y 1950 fue Ministro del Interior. Un año después fue detenido y procesado bajo acusaciones falsas. Rehabilitado en 1954, se reincorporó a la organización comunista como responsable del distrito XIII de Budapest. En julio de 1956 recuperó su puesto en el Comité Central y el Politburó del Partido. Al comenzar el Gobierno de Nagy de octubre de 1956 fue designado Ministro de Estado y el 25 de octubre el Comité Central lo nombró secretario general del Partido. El desarrollo de la revuelta y el papel del Partido en los tiempos más recientes lo llevaron el 1 de noviembre a plantear su disolución para crear uno nuevo: el Partido Socialista Obrero Húngaro (PSOH).

En su comisión gestora participaron, además del propio Kádár como presidente, Imre Nagy, Zoltán Szánto, Géza Losonczy, Ferenc Donáth, Sándor Kopácsi y el prestigioso filósofo marxista György Lukács. Al mismo tiempo, Imre Nagy nombró un nuevo Gobierno en el que aparecía Kádár, quien a su vez preparaba un Gobierno alternativo. En esfecto, el 4 de noviembre János Kádár anunció en Szolnok la creación de un Gobierno “revolucionario, obrero y campesino” encabezado por él y auspiciado por la URSS. En su primer mensaje a través de Radio Szolnok al pueblo de Hungría, Kádár anunció que había solicitado ayuda militar a los soviéticos para terminar con la insurrección. Desde el 4 de noviembre de 1956 y hasta mayo de 1988 János Kádár fue el máximo dirigente del régimen socialista de Hungría en calidad de secretario general del PSOH; desde esa fecha hasta su muerte en junio de 1989 ocupó el cargo de presidente del Partido.

András Hegedüs

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


András_Hegedüs

(1922-1999) Representante cualificado de la línea estalinista del Partido Comunista húngaro, en 1950 entró en el Comité Central del Partido y entre 1953 y 1955 fue Vicepresidente en el Gobierno de Imre Nagy. Al ser destituido éste el 8 de abril de 1955, fue designado Primer Ministro. Fue Hegedüs en calidad de responsable del Gobierno quien el 28 de octubre de 1956 solicitó formalmente, mediante nota diplomática, la intervención de las fuerzas armadas soviéticas para sofocar la insurrección. Con el tiempo se hizo muy crítico con el poder soviético y en 1968 condenó explícitamente la intervención armada del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia para terminar con la “Primavera de Praga”. Pocos años más tarde, en 1973, fue expulsado del Partido Socialista Obrero Húngaro por planteamientos contrarios al régimen de Kádár.

Ernö Gerö

Este texto forma parte de un conjunto de breves biografías que he elaborado sobre la Revolución Húngara de 1956. Para ver la lista completa, pincha aquí.


Ernö_Gerö

(1898-1980) Fue responsable de los asuntos económicos del Partido Comunista húngaro entre 1945 y 1956, dirigiendo bajo las órdenes de Rákosi la transformación socialista de la economía magiar. Entre 1955 y 1956 ocupó el cargo de Vicepresidente del Gobierno y en julio de 1956 fue nombrado secretario general de los comunistas húngaros, aunque sólo se mantuvo en el puesto hasta el 25 de octubre, cuando fue sustituido por János Kádár. En el momento álgido de la insurrección del otoño de 1956 abandonó Hungría para instalarse en la Unión Soviética; en 1960 regresó a su país, en donde trabajó como traductor hasta su muerte en 1980.

Mátyás Rákosi

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Matyas_Rakosi

(1892-1972) Personaje vinculado al internacionalismo socialista de obediencia soviética desde los años de la Gran Guerra, colaboró en la primera experiencia socialista húngara: la efímera República de los Consejos dirigida por Béla Kun entre el 21 de marzo y el 1 de agosto de 1919. En los primeros años veinte trabajó en el Komintern y a partir de 1924 regresó a a Hungría para organizar en la clandestinidad el Partido Comunista, pero un año más tarde fue encarcelado. Una vez en libertad, en 1940, viajó a la Unión Soviética para ponerse al frente de los comunistas húngaros. Al regresar a Hungría en 1944 como persona de confianza de Stalin fue hasta 1956 el máximo dirigente del Partido Comunista húngaro; entre 1952 y 1953 desempeñó el encargo de Primer Ministro. Abandonó Hungría durante la insurrección del otoño de 1956 y murió en Moscú en 1971.

Si Creso cruza el Halys, se destruirá un gran imperio


“Sea como fuere, sopesemos los pros y los contras: lo que tenemos hoy en día se lo debemos al Führer, tanto el fin del poder nacionalsocialista como la división de Alemania y Europa. Se ocupó de ambas cosas cuando, el 22 de junio de 1941, a las tres de la madrugada, y sin que nadie le forzara a hacerlo, entró en Rusia con 153 divisiones. Si Creso cruza el Halys, se destruirá un gran imperio, dijo el oráculo de Delfos, y se refería a su propio imperio. El 22 de junio de 1941, cuando Hitler cruzó el Bug, que a propósito pasa por Brest-Litovsk, empezó a destruir un gran imperio: pero no el ruso, sino el alemán”.

Hemos recorrido un largo camino en nuestro repaso de las relaciones ruso-alemanas durante la época de entreguerras. La relación entre los dos diablos llega a su final, y no podría hacerlo de forma más teatral. La Alemania de Adolf Hitler –Sebastian Haffner lo pone en el papel del lidio Creso- trató de invadir la Unión Soviética. Esto marcó el final de la Alemania conocida hasta entonces. Había sido un imperio, una república, un régimen totalitario; había crecido territorialmente, le habían amputado provincias enteras; había pretendido dominar el mundo, la habían humillado en sus propias fronteras… pero siempre había sido una Alemania. Lo que surgió en los años posteriores a la Guerra Nacionalsocialista fue algo distinto: el experimento de las dos Alemanias.

La ambición alemana le había llevado a pactar con el diablo en numerosas ocasiones a lo largo de todos esos años. Había favorecido el nacimiento y desarrollo del experimento soviético; le había permitido sobrevivir. Y, finalmente, con esa fracasada invasión por parte de los ejércitos hitlerianos, le había entregado el control de media Europa. En Mein Kampf Adolf Hitler se mostraba convencido de que, de su enfrentamiento con los rusos surgiría un pueblo capaz de hacer sombra al mundo anglosajón. Lo que tal vez no imaginaba el líder nazi es que ese pueblo era el eslavo.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

Las razones de Stalin


Gracias a los artículos anteriores, sabemos las razones que llevaron a Adolf Hitler a la alianza con la Unión Soviética. Sin embargo, todavía no hemos explicado el porqué del si de Stalin al ofrecimiento del III Reich. Es más, puede parecernos absurda la elección del líder soviético si tenemos en cuenta que en Mein Kampf se profetizaba la destrucción de su imperio a manos de los ejércitos alemanes ¿No era un contrasentido la alianza con el peor enemigo, ese que ha jurado eliminarte?

A todo esto hemos de añadir un factor más: Occidente estaba abierto, después de muchos años, a alcanzar cualquier tipo de acuerdo con la Unión Soviética. Por tanto ¿no hubiera sido más lógico un pacto con Francia e Inglaterra con el fin de acabar con el poder nacionalsocialista en Alemania? Podría parecernos que Stalin se equivoco al elegir a sus compañeros de viaje en el inicio del conflicto. Sin embargo, no es así. El líder soviético sabía perfectamente lo que hacía, y así nos lo muestra Sebastian Haffner en su obra:

“Pero el motivo determinante era simplemente el de que con la opción alemana Rusia ganaba un par de años de paz, de los que aún estaba muy necesitada, mientras que la opción occidental significaba casi con toda seguridad una guerra inmediata. Por decirlo así, la decisión de Hitler de liquidar a Polonia había lanzado la guerra como una pelota en el campo europeo, y ahora el este y el oeste se la estaban pasando (…) Con el pacto entre Hitler y Stalin este último dejó definitivamente la pelota en el campo occidental”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

La cuestión polaca: de la alianza al exterminio


Como vimos en el artículo anterior, el primer gran objetivo del proyecto nacionalsocialista era el enfrentamiento con la Unión Soviética. No obstante, para alcanzar ese fin, los alemanes tenían que salvar un escollo: Polonia. Este país separaba el territorio del III Reich del imperio soviético. El propio Adolf Hitler sabía que sin ese requisito no podría emprender su aventura rusa. Por esa razón le propuso al gobierno polaco un acuerdo: la alianza de ambos contra los bolcheviques. Así lo narra Sebastian Haffner:

“A finales de 1938-1939, Hitler propuso a Polonia nuevos y mayores negocios de ese estilo: el pacto de no agresión se convertiría en una alianza durante veinticinco años… contra Rusia. Así Polonia recibiría otros buenos bocados, tal como dejó entrever claramente Ribbentrop, el ministro de Asuntos Exteriores de Hitler”.

Todo parecía medido; los planes descritos en Mein kampf se iban cumpliendo. Según estos Polonia debía ser un importante aliado en la futura empresa del III Reich; cumpliría un papel similar al que tiempo después jugo la Hungría de Miklós Horthy. Sin embargo, de manera sorprendente, Polonia dijo no a las pretensiones alemanas. Adolf Hitler se enfureció –no entendía que sus planes no se cumplieran- y decidió que si no era con los polacos, tendría que ser contra ellos.

El fracaso de los planes nacionalsocialistas con respecto a Polonia tuvo importantes consecuencias. En primer lugar llevó al III Reich a una guerra prematura, y puede que no deseada, contra Inglaterra y Francia. En segundo término facilitó la firma del pacto Ribbentrop-Molotov. Y, por último, condenó al pueblo polaco a ser víctima de la renovada maquinaria militar alemana, de las crueldades de las SS, y de la locura racial propia de los nazis.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

El pacto entre los mayores diablos


“Pero entonces, ¿por qué pactó en agosto de 1939 con Stalin? Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que ni en 1933 ni en 1939 estaba Hitler en condiciones de atacar directamente Rusia. Antes debía llevar a cabo tres operaciones preparatorias, las tres sumamente difíciles y que tendían a involucrarlo contra su voluntad en un conflicto con Occidente, que entonces significaba Inglaterra y Francia. El hecho de que realizara las dos primeras sin obstáculos ni dificultades demuestra las estupendas dotes políticas de Hitler. Sólo con la tercera operación tropezó y se vio en la necesidad de buscar el apoyo y la ayuda de Rusia, que estaba predestinada a ser su víctima”.

En torno a 1935 las relaciones entre la Unión Soviética y el III Reich estaban prácticamente rotas. Este proceso se acentuó con la intervención de ambas potencias en la Guerra Civil española. Sin embargo, la actitud hostil de Occidente ante las pretensiones expansionistas de Adolf Hitler a costa de Polonia, llevaron a este a buscar la alianza con los soviéticos. Sólo así podría lanzarse a una guerra en el frente francés sin temer una agresión por parte del gigante oriental. Se trataba, en definitiva, de evitar otra guerra en dos frentes; habían aprendido la lección de la Gran Guerra.

Los nacionalsocialistas habían logrado no alarmar en exceso a franceses e ingleses con el “Anschluss” y la desmembración de Checoslovaquia. Sin embargo, los occidentales no iban a dejar pasar su agresión a Polonia. Esta fue la principal razón por la que Adolf Hiter se lanzó a la aventura del pacto Ribbentrop-Molotov. Por su parte, Stalin no veía con malos ojos esta oportunidad: le permitía ganar territorios a costa de Polonia y los países bálticos, ganar tiempo para rearmarse ante el inminente ataque alemán, y empujar a su mayor enemigo a una sangrienta guerra con Francia e Inglaterra. No obstante, los soviéticos no esperaban una capitulación tan rápida por parte de los franceses.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.