Las claves de la Transición V

Debemos, no obstante, afirmar que el golpe de Estado del 23 F fracasó, en principio, por su descabellada concepción y organización política -el «misterioso caballo blaco», que se nos anunció a los diputados que estábamos en el Congreso, no llegó nunca a aparecer- y, sobre todo y definitivamente, porque el Rey ejerció en plenitud sus funciones de jefe supremos de la Fuerzas Armadas y abortó personalmente el golpe en sus conversaciones telefónicas con el golpista Milans del Bosch y con otros tenientes generales proclives, dubitativos o contrarios al golpe.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 267.

Las claves de la Transición IV

El día de Reyes de 1981, los dos directores de los periódicos de Salamanca La Gaceta Regional y El Adelanto me pidieron una entrevista para conocer mi posición sobre la continuidad de Suárez al frente del partido, ante el próximo congreso de UCD. Mi respuesta fue de rotundo apoyo a la reelección de Suárez como presidente del partido, lo que destacaron ambos diarios al día siguiente. Veintidós días después, Suárez, de forma inesperada, presentaba su dimisión de la Presidencia del Gobierno y del Partido. Pensé entonces, y sigo pensando ahora, que la mejor -y, seguramente, la única solución- para UCD era la continuidad de Adolfo Suárez en la presidencia del partido.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 260.

Las claves de la Transición III

Adolfo Suárez pagó un alto precio personal por su liderazgo de la Transición. Sufrió la animadversión de la inmensa mayoría de los altos mandos militares; recibió durísimos ataques del PSOE de Felipe González, que sabía que, para acceder al poder, había que derribar a Suárez; vio destruirse su obra: la UCD; por la ambición de los «barones» y por los errores del propio partido. «No fui capaz de hacer un partido político»., como aseveró varios años después. Sus excelentes relaciones con la Iglesia se deterioraron, al final, a causa de la Ley de Divorcio de Fernández Ordóñez; nunca tuvo, a pesar de los Pactos de la Moncloa, un apoyo claro del empresariado y de las altas finanzas, etc.

Su obra sólo recibiría el elogio unánime, y numerosas distinciones, cuando abandonó definitivamente la política, tras la frustrada experiencia del CDS. Alfonso Osorio, su vicepresidente político en el primer Gobierno, ha escrito de él: «Adolfo Suárez pasará a la Historia como el hombre que estuvo en el lugar preciso a la hora justa. Y eso es así porque para hacer la Transición política -y dejando aparte el papel impulsor y arbitral del Rey- era necesario alguien que tuviera inteligencia suficiente, conocimiento adecuado, capacidad de diálogo, paciencia infinita, modales exquisitos y simpatía arrolladora, y esas cualidades no las teníamos ninguno de los políticos en presencia en 1976».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 259.

Las claves de la Transición II

Don Juan Carlos tiene un excelente don de gentes, que genera confianza cuando se le trata, es un gran deportista; y tiene una gran capacidad para las relaciones internacionales -se le ha llamado «el mejor embajador de España»-. Y además tiene «baraka». Pero Don Juan Carlos no es un intelectual, ni una figura mediática, ni un político con carisma electoral… Es, ante todo, un hombre con profundo «sentido de Estado y de la Historia».

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 253.

Las claves de la Transición I

El 20 de abril de 1976, José María de Areilza llega a Barcelona. Le recibo protocolariamente como gobernador civil, en el aeropuerto, y le acompaño toda la jornada. El influyente ministro de Asuntos Exteriores viene a recibir el Premio Godó de periodismo. «¿Pero… viene sólo a eso -me preguntaba-, o la visita a una Barcelona y una Cataluña en un momento tan complejo tiene una motivación política más importante?». En la sede de La Vanguardia, bajo la presidencia del conde de Godó, con la presencia de un grupo reducido de las principales autoridades y destacados periodistas, Areilza empieza a desgranar su discurso».

«El Rey, con su mensaje, con sus palabras, con su presencia, es el motor del cambio, el espíritu que anima la evolución pacífica y legal de nuestra comunidad hacia metas más altas de convivencia ciudadana, que todos los grupos políticos responsables de nuestro país -digo bien; todos- aceptan y desean.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 252-253.

El consenso constitucional VII

Desde la experiencia histórica, se puede deducir que el Título VIII es ciertamente el punto más débil y problemático de la Constitución. En estos treinta años, no se ha logrado definir con precisión el Estado de las Autonomías, no se ha cerrado el esquema de las competencias, y han surgido nuevas tendencias «soberanistas» y disgregadoras.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 230.

El consenso constitucional VI

El sistema constitucional español pretendió ofrecer diferentes posibilidades, como si quisiera dar una respuesta flexible y plural, asimétrica en definitiva, a la variedad de las situaciones existentes. Con ello diseñó un panorama impredecible, pero con el mérito de no estar cerrado, y trasladando al futuro la posibilidad de construirlo y, al mismo tiempo, la obligación de consenso para hacerlo.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 228.

El consenso constitucional III

Este primer Gobierno democrático sufriría una crisis importante a los pocos meses de su constitución. El vicepresidente Económico, Fuentes Quintana, que nunca se encontró a gusto en las tareas políticas de gobierno, una vez aprobados los Pactos de la Moncloa, presentó su dimisión irrevocable en febrero del 78, arrastrando en su marcha a otros ministros económicos. Suárez entregó las riendas de la política económica a su más estrecho colaborador, el vicepresidente Abril Martorell y nombró cuatro nuevos ministros: Jaime Lamo Espinosa en Agricultura, Agustín Rodríguez Sahagún en Industria, Rafael Calvo Ortega en Trabajo y Salvador Sánchez-Terán en Transportes y Comunicaciones.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 191.

El consenso constitucional II

A los pocos días, recibía del presidente Suárez el encargo de dirigir la Secretaría de Organización de UCD. Comencé  a preparar los estatutos, en estrecha colaboración con Fernando Abril. El 6 de agosto, en el palacio de la Moncloa, firmábamos Adolfo Suárez, Miguel Doménech y yo, ante el notario José Luis Álvarez, el acta para inscribir el partido UCD en el registro oficial del Ministerio de la Gobernación. Así empezaba la andadura legal de la brillante y efímera historia del partido político que supo hacer la Transición pero no logró sobrevivir a ella.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 189.

El consenso constitucional I

Suárez hizo unas declaraciones sorprendentes para algunos: «La unión de Centro Democrático hará una política de centro izquierda y propugnará profundos cambios en los terrenos económico, social, cultural y político». Es preciso dejar constancia de esta postura presidencial porque, desde el primer momento -y tengo de ello testimonio en numerosas entrevistas personales y con el secretariado de UCD- Suárez tuvo la convicción de que el eje político del electorado español pasaba por el centro-izquierda y que era en esa ubicación donde había que situar la política de UCD.

Salvador Sánchez-Terán, La Transición. Síntesis y claves, p. 188-189.