¿Qué reclaman los palestinos a Israel?


QUÉ RECLAMA [PALESTINA]

Los palestinos han planteado varias demandas y reclamos a Israel a lo largo del conflicto israelí-palestino. Estas demandas varían según el contexto y las negociaciones, pero algunas de las principales incluyen:

  • Estado palestino independiente: Los palestinos han buscado durante mucho tiempo el reconocimiento y la creación de un estado independiente en los territorios palestinos ocupados por Israel, que incluyen Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este. Han buscado que este estado tenga fronteras definidas y soberanía sobre su territorio.
  • Retirada israelí de los territorios ocupados: Los palestinos han demandado que Israel se retire de los territorios que ocupó durante la Guerra de los Seis Días en 1967, incluyendo Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este. Esto es visto como un paso fundamental para la creación de un estado palestino independiente.
  • Jerusalén: Los palestinos desean que Jerusalén Este sea la capital de su futuro estado. Este es un tema altamente disputado, ya que Israel considera a Jerusalén como su capital indivisible y ha ejercido su control sobre toda la ciudad.
  • Derecho al retorno de los refugiados palestinos: Los palestinos han insistido en el derecho al retorno de los refugiados palestinos que fueron desplazados durante y después de la Guerra de Independencia de Israel en 1948 y sus descendientes. Esto ha sido un tema de controversia y se ha discutido en el contexto de las negociaciones de paz.
  • Fronteras y seguridad: Los palestinos han buscado la determinación de fronteras definitivas entre Israel y el futuro estado palestino, así como garantías de seguridad para ambos lados.
  • Fin de los asentamientos: Los palestinos han demandado el fin de la construcción de asentamientos israelíes en territorio palestino, ya que ven estos asentamientos como un obstáculo para la paz y un obstáculo para la creación de un estado palestino viable.

Estas demandas han sido el foco de numerosas negociaciones y esfuerzos de paz a lo largo de los años, como los Acuerdos de Oslo y otros intentos de resolución del conflicto. Sin embargo, el conflicto sigue sin resolverse, y las diferencias entre las partes involucradas han impedido alcanzar una solución definitiva hasta la fecha.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

¿Cómo se llamaba Palestina antes de ser habitado por Israel?


QUÉ ES [PALESTINA]

La región que actualmente se conoce como Israel y los territorios palestinos tenía diferentes nombres y estuvo habitada por diversas poblaciones a lo largo de la historia. Antes de la creación del Estado de Israel en 1948, la región era conocida como Palestina.

El nombre «Palestina» se remonta a la antigüedad y se utilizó durante la época romana. Los romanos tomaron el nombre de «Philistia» de la Biblia, que se refería a la tierra de los filisteos, un antiguo pueblo que habitó la costa de lo que hoy es Israel y Gaza. En la época romana, esta región fue nombrada «Provincia de Judea» y, más tarde, «Provincia de Palestina» en el año 135 d.C. después de la revuelta judía conocida como la Revuelta de Bar Kojba.

Antes de la creación de Israel en 1948, la región era parte del Mandato Británico de Palestina desde 1920 hasta 1948, cuando Gran Bretaña retiró su mandato y el Estado de Israel fue establecido. Antes del mandato británico, la región había sido parte del Imperio Otomano durante varios siglos.

Es importante destacar que el nombre «Palestina» se utilizaba en un sentido geográfico y político general para referirse a la región que comprende Israel y los territorios palestinos, y no necesariamente a un estado o entidad política específica antes de la creación de Israel en 1948. El conflicto entre israelíes y palestinos se centra en gran medida en la disputa por esta tierra y su soberanía.

[VÍDEO] SOBRE LA TEMÁTICA

¿Cuál es el motivo del conflicto entre Israel y Palestina?


CAUSAS DEL [CONFLICTO] ÁRABE-ISRAELÍ

El conflicto entre Israel y Palestina es un conflicto largo y complejo que ha perdurado durante décadas y tiene raíces históricas, políticas, religiosas y territoriales. Las principales causas del conflicto incluyen:

  • Disputas territoriales: El corazón del conflicto radica en la disputa por la tierra, particularmente en la región histórica de Palestina, que ahora incluye a Israel y los territorios palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza. Ambas partes reclaman derechos históricos y legales sobre esta tierra.
  • Nacionalismo y autodeterminación: Tanto israelíes como palestinos tienen aspiraciones nacionales y buscan la autodeterminación en la misma área geográfica. Esto ha llevado a conflictos sobre la soberanía y los límites de los estados.
  • Religión: Jerusalén, en particular, es un lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, lo que agrega una dimensión religiosa al conflicto. Las tensiones en torno al control de lugares santos, como la Explanada de las Mezquitas (conocida como el Monte del Templo en el judaísmo) en Jerusalén, han desempeñado un papel importante en el conflicto.
  • Desplazamiento y refugiados: El conflicto ha resultado en el desplazamiento de cientos de miles de palestinos y la creación de una población de refugiados palestinos. Este desplazamiento ha sido un tema central en las negociaciones de paz y ha generado resentimiento en las comunidades palestinas.
  • Seguridad y terrorismo: Israel ha argumentado que su seguridad está en juego debido a la amenaza de grupos extremistas palestinos como Hamas. Esto ha llevado a conflictos militares y a la construcción de barreras de seguridad, como el muro de separación en Cisjordania.
  • Política internacional: El conflicto israelí-palestino ha sido objeto de una intensa atención internacional y ha sido un tema de disputa en las relaciones diplomáticas entre Israel y varios países árabes y occidentales.

A lo largo de los años, se han hecho numerosos intentos para resolver el conflicto, pero hasta la fecha no ha habido una solución definitiva. El conflicto sigue siendo una fuente de tensión y violencia en la región del Medio Oriente y es un tema central en la política y la diplomacia internacional.

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La crisis del petróleo


¿Quieres convertirte en un gran conocedor de la HISTORIA ECONÓMICA de los últimos siglos? En este vídeo se explica la crisis del petróleo y sus consecuencias.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO

  • 0:22. Los principales problemas económicos de la década de los setenta.
  • 3:06. La crisis del petróleo como detonante.
  • 4:44. La Guerra del Yom-Kippur.
  • 6:16. La reducción de la tensión política.
  • 7:43. Las consecuencias de la crisis.
  • 9:25. La segunda crisis del petróleo.

DESCARGAR EL PDF: La crisis del petróleo

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Los tiempos cambian; Jordi Palafox – Marcial Pons.
  2. Historia Económica Mundial; Rondo Cameron – Alianza Editorial.
  3. Manual de historia económica mundial; Joaquín Ocampo – Trea Ciencias.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

La crisis del petróleo


Durante el curso 2018-2019 elaboré este Prezi para mis clases de grado en la Facultad de Comercio de la Universidad de Valladolid. Aunque es probable que con el tiempo vaya introduciendo correcciones, comparto la presentación en su estado actual. Para consultarla haz click aquí.

Dimensión internacional de la Revolución de los Jazmines

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


El efecto dominó

La Revolución de los Jazmines fue seguida en todo el mundo, pero con especial atención por la población de los países árabes. Desde el inicio de las protestas, miles de ciudadanos de esas naciones se manifestaron en apoyo del pueblo tunecino. Más tarde, cuando este les mostró la ruta para terminar con las dictaduras, emprendieron ellos mismos el camino.

Las declaraciones de Amr Musa, secretario general de la Liga Árabe, a los pocas horas de la huida de Ben Alí resultaron proféticas: “La sociedad árabe tiene unos elementos de construcción, actuación y reacción similares, así que no podemos simplemente considerar a Túnez como un incidente aislado”.

En términos similares a los utilizados por Amr Musa se expresaba el intelectual argelino Iman Uenzar: “Quizás no habrá catarata de derrocamientos, pero la fiebre social se contagiará. Tendremos disturbios sociales más intensos y frecuentes que hasta la fecha”.

Por su parte, Mohamed Lagab, analista político y profesor de Políticas en la Universidad de Argel, afirmaba, en declaraciones a Reuters, que “Túnez es ahora el modelo a seguir para todos los árabes. La época de los dictadores y las dictaduras ha terminado».

En Egipto, Hamdy Hassan, portavoz de los Hermanos Musulmanes, grupo islamista con más arraigo en el país, lanzaba un aviso a los regímenes del norte de África: «Intuimos de que habrá una explosión que impactará a los países árabes como ha sucedido en Túnez”.

Conscientes quizás de los peligros que traía consigo la Revolución de los Jazmines, muchos gobiernos árabes optaron por una política de silencio informativo.

Incluso en Marruecos, desde los primeros días de enero, las autoridades prohibieron la celebración de actos en apoyo a Túnez. Fue el único país que tomó una medida semejante. Por contra, como excepción que confirma la regla, el líder libio Muammar al-Gaddafi se solidarizó con las reivindicaciones del pueblo tunecino. Paradoja del destino, pues, hasta la fecha, es el único dictador del norte de África ejecutado como consecuencia de la Primavera Árabe.

Los medios de comunicación del mundo musulmán no secundaron ese silencio. En Líbano, el diario de izquierdas As Safir se mostró favorable a la expansión de la revolución a otros países del entorno: “deseamos que esta primera revolución popular del siglo XXI sea un modelo para el cambio en el mundo árabe esperado desde hace mucho tiempo”. Por su parte, el colaborador de Le Quotidien d`Oran, Kamel Daud, escogía un llamativo “Sueño con ser tunecino” como título para su columna.

En la misma línea se expresaba El Watan, periódico argelino de corte liberal, en un editorial titulado “¡Viva el efecto dominó!: Túnez es un sueño para millones de argelinos privados de libertad y democracia”. Por su parte, con un tono más moderado, el semanario marroquí Maroc Hebdo consideraba que Túnez no era un caso aislado.

La figura de Mohamed Bouazizi estuvo muy presente en las incipientes protestas de otros países del entorno. En Argelia, cuatro personas optaron por expresar su descontento quemándose a lo bonzo, si bien ninguno de ellos llegó a fallecer. El primero, registrado el miércoles 12 de enero en la localidad de Bordj Menaïel, era un padre de familia numerosa que trabajaba como agente de las fuerzas de seguridad.

H. Samir, natural de la ciudad de Jijel, eligió para inmolarse el mismo día de la huida de Ben Alí. Mohsen Bouterfif, lo hizo el día 15 de enero en Boujadra, una localidad cercana a la frontera con Túnez. Por último, el domingo día 16, Senuci Tuat se situó frente a la sede de las fuerzas de seguridad de Mostaganem, localidad situada a 350 kilómetros de Argel, y, derramando gasolina sobre sus piernas, se prendió fuego.

Las inmolaciones comenzaron en Egipto el día 17 de enero, con Abdou Abdel-Moneim Jaafar, natural de Shibin el Qanater, como protagonista.

Al día siguiente, tres egipcios más decidieron quemarse a lo bonzo: Mohammed Farouk Hassan y Mohammed Ashour Sorour, en El Cairo, y Ahmed Hashim al-Sayyed, en Alejandría. Este último falleció en el acto. El 17 de enero fue también el día elegido por Yaghoub Uld Dahud para quemarse a lo bonzo frente al Senado de Nuakchot, capital de Mauritania. Este empresario de cuarenta años, cansado del trato discriminatorio que el gobierno daba a su tribu, decidió protestar rociando su coche con gasolina, encerrándose en él y prendiéndole fuego.

Situaciones similares a las citadas de Argelia, Egipto y Mauritania fueron repitiéndose en la mayor parte de los países árabes durante la segunda mitad del mes de enero. En líneas generales, todos estos sucesos tuvieron dos rasgos comunes: su cercanía temporal con el final del régimen de Ben Alí y una inmediata reacción favorable por parte de la población.

En definitiva, la Revolución de los Jazmines habían demostrado que los regímenes dictatoriales del mundo árabe eran más frágiles de lo esperado. A partir de entonces, no faltaron ciudadanos dispuestos a iniciar la protesta quemándose a lo bonzo, ni tampoco personas que secundaran sus actos con manifestaciones multitudinarias.

A partir del 25 de enero, Egipto se convirtió en el nuevo centro de la opinión pública internacional. Una manifestación convocada por diversas organizaciones a través de las redes sociales iba a dar lugar al segundo derrocamiento de la Primavera Árabe.

Los jóvenes egipcios que, el día 14 de enero, gritaban aquello de “Ben Alí, vete ya, y de paso llévate a Mubarak”, acabaron cumpliendo su objetivo apenas un mes después. Pero no sólo se produjeron revueltas “a la tunecina” en el país del Nilo, sino también en Palestina, Arabia Saudí, Jordania, Marruecos, Siria… Pocos días después de la manifestación en Egipto, miles de personas eran convocadas, mediante SMS, a una gran concentración en la ciudad de Yeda (Arabia Saudí).

Los manifestantes se enfrentaron a los agentes de seguridad que trataron de disolverlos, siendo detenidos más de cien ciudadanos. Al mismo tiempo, en Ammán, capital de Jordania, un gran número de ciudadanos acudían a la convocatoria de los Hermanos Musulmanes para pedir la bajada del precio de los productos alimenticios y elecciones libres.

Construyendo un nuevo paradigma revolucionario

Pocas semanas antes de la Revolución de los Jazmines, podían contarse con los dedos de una mano las personas que creían posible el fin inmediato del régimen tunecino. Los acontecimientos que tuvieron lugar en el país mediterráneo a caballo entre 2010 y 2011, han cambiado de forma decisiva nuestra percepción de la realidad social del Magreb.

Sin embargo, no sólo se ha visto afectado ese paradigma, sino también el propio concepto de revolución, así como la política exterior de buena parte de los países occidentales.

Hasta los acontecimientos de la Primavera Árabe, las dictaduras del Magreb eran percibidas como algo sólido e inamovible. La posibilidad de que fueran derrocadas por una revolución popular se veía como algo remoto, y, en todo caso protagonizado por grupos islamistas. En esa situación, Occidente prefería apoyar a los regímenes de esos países antes que verlos sometidos a la Sharia.

Los sucesos de Túnez acabaron con esa hipótesis. En enero de 2011, Ben Alí cayó con sorprendente facilidad, y no por la acción de los grupos islamistas –de hecho, la actividad del partido Ennahdha fue muy escasa durante esos días-, sino por el descontento de los ciudadanos de a pie.

Por tanto, las dictaduras del norte de África no eran ni tan sólidas como se decía, ni el último baluarte contra la expansión de la Sharia. Siendo así las cosas, parece evidente que Occidente, sosteniendo esos regímenes poco respetuosos con los derechos humanos, ha sido un obstáculo para la democracia en los países árabes.

Además, el nuevo paradigma se alimenta de dos elementos desconocidos hasta ahora en el norte de África: la autonomía del ejército y el uso de las nuevas tecnologías como medios de convocatoria y plataformas para la coordinación de la protesta.

Analizando el caso tunecino, observamos que Ben Alí sólo optó por abandonar el poder cuando descubrió que no tenía el respaldo de los altos mandos militares. Por cierto, situación muy similar a la vivida por Hosni Mubarak un mes después en Egipto.

El ejército tunecino, al fin y al cabo, desempeñó un papel fundamental en la Revolución de los Jazmines; y no sólo eso, sino que también mostró un camino alternativo a los militares de otros países. En definitiva, se erigieron en árbitros de la pugna entre el régimen y el pueblo, inclinando la balanza, finalmente, del lado de este último.

El uso de las nuevas tecnologías, y muy especialmente las redes sociales, constituyó otro elemento novedoso de la revuelta tunecina. Sin lugar a dudas, su papel como medios de convocatoria, ha cambiado notablemente la noción de revolución que teníamos hasta la fecha.

Pero su rol no se limito a lo meramente organizativo. Gracias a la última generación de dispositivos móviles, los manifestantes pudieron grabar videos y hacer fotografías que, de forma inmediata, eran subidas a la red. De esta manera, en todo el país, y en el mundo entero, cualquiera podía acceder a ese material gráfico.

Ahora bien, si por algo se caracterizó la Revolución de los Jazmines fue por su carácter bloguero. Las bitácoras tuvieron, si cabe, una mayor importancia en los acontecimientos de Túnez que las redes sociales.

De entre ellas, cabe destacar A tunisian girl desde donde Lina Ben Mhenni, una joven de 27 años, combatió el régimen de Ben Alí. Incluso un año antes de la inmolación de Mohamed Bouazizi ya había empezado a desafiar al gobierno junto con otros blogueros del país. Por desempeñar esa labor fueron perseguidos, detenidos y torturados. Pero su perseverancia obtuvo sus frutos cuando, en diciembre de 2010, el pueblo tunecino se levantó contra el dictador.

Nuevos faraones sobre el país del Nilo

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


Gammal Abder Nasser, el primer faraón del siglo XX

A comienzos de la década de 1950, la inestabilidad política hacía tambalearse los otrora sólidos cimientos de la monarquía egipcia. La sumisión de Faruk I a los desginios británicos, así como la dolorosa derrota militar en la guerra de 1948 contra Israel, debilitaron enormemente la credibilidad de la casa real. A esto, por supuesto, tampoco ayudaba la condición de cleptómano del monarca, que era conocido dentro y fuera de sus fronteras como “el ladrón de El Cairo”.

El 23 de julio 1952, una sublevación militar llevada a cabo por la agrupación Movimiento de Oficiales Libres, encabezada por Gamal Abder Nasser y Muhammad Naguib obligó a Faruk a abdicar en su hijo Ahmed, un bebé que subió al trono como Fuad II.

Efímero fue su reinado: sólo se le permitió mantener la corona once meses. El 18 de junio de 1953, la monarquía de la dinastía de Muhammad Alí, que había gobernado el país desde la época napoleónica, fue abolida. Egipto pasó a ser una república bajo la presidencia de Nasser.

Con el incondicional apoyo del ejército, el nuevo presidente convirtió el país en una dictadura con régimen de partido único: Unidad Nacional. A su vez, la importante política social desplegada por el el gobierno, otorgó enorme popularidad a su líder, que se ganó el favor de buena parte del pueblo egipcio.

No obstante, las ambiciones de Nasser iban más allá de las fronteras de su propio país. Aspiraba a unir al pueblo árabe bajo la bandera de una izquierda respetuosa con el Islam. El primer paso en ese proceso fue calificar a su partido como “socialista”, al tiempo que, sin abandonar totalmente las estructuras capitalistas, imitó las medidas nacionalizadoras de corte soviético. El segundo escalón en su ascenso a líder del mundo árabe fue su progresivo acercamiento a Moscú, sin que esto le impidiera pertenecer al grupo de los No Alineados o mantener relaciones comerciales con Occidente.

Por último, gracias al prestigio adquirido fuera de sus fronteras como consecuencia de la crisis de Suez (1956), apadrinó la fundación de la República Árabe Unida.

El proyecto panarabista vio la luz el 1 de febreo de 1958 y a él se adhirieron Siria, Yemen y el propio Egipto. Sin embargo, las diferencias entre las élites de los países miembros, así como la distancia entre lo territorios llevaron a la República Árabe Unida al colapso. En 1961 se certificaba el fracaso del proyecto de unidad. Este acontecimiento marcó, al mismo tiempo, el final del ascenso político del presidente egipcio.

El 28 de septiembre de 1970, entre las lágrimas de sus abundantes partidarios y la alegría contenida de los opositores, moría el carismático Gamal Abder Nasser. El hombre que había derrocado a la monarquía dejaba asentada en el país una dictadura capaz de sobrevivir a su ausencia durante cuarenta años.

Anwar el Sadat, el faraón asesinado

A la muerte de Nasser se hizo con el poder Anwar el Sadat, secretario del partido Unidad Nacional.

El nuevo presidente había luchado desde muy joven contra la monarquía de Faruk I y la influencia británica que este permitía. En 1939 se integró en el grupo de oposición liderado por Gamal Abder Nasser y Muhammad Naguib, el Movimiento de Oficiales Libres; y once años después participó activamente en la sublevación militar contra el rey. Tras la proclamación de la República fue nombrado miembro del Consejo de la Revolución.

En el momento de la muerte de Nasser, Anwar el Sadat ocupaba el cargo de vicepresidente de la República. Era, por tanto, el mejor situado para suceder al carismático difunto. De esta manera, a pesar de no gozar con la popularidad de su antecesor, logró imponerse a todos sus rivales y hacerse con las riendas del poder. Su ideología no se alejaba demasiado del nacionalismo de izquierdas propio de Nasser. Además, a pesar del fracaso de la primera experiencia de unidad árabe, no había abandonado sus ideas panarabistas.

En política interior, Sadat mantuvo en líneas generales marcadas por el gobierno anterior. Es decir, ayudas sociales de corte populista y dura represión de los opositores. Dentro de estos últimos, tomaban cada vez mayor fuerza los Hermanos Musulmanes, un grupo islamista fundado en 1928 por Hassan el-Banna y que, como consecuencia del acercamiento de Egipto a Moscú, venía recibiendo importantes ayudas por parte de los Estados Unidos.

En lo que a política exterior se refiere, Egipto continuó coqueteando, dentro del contexto de Guerra Fría, con la Unión Soviética. A mismo tiempo, desde la perspectiva árabe, Israel constituía el gran obstáculo para construir el sueño de la unidad.

El cambio en la política internacional de Sadat llegó como consecuencia de la derrota en la Guerra del Yom Kippur. En 1973, el ataque combinado de Egipto y Siria contra Israel contaba con el factor sorpresa como principal aliado. Sin embargo, tras un primer momento en el que la victoria parecía algo más que probable, los judíos reaccionaron y desbarataron los planes de las naciones árabes.

A partir de entonces, consciente de que el país no podía estar sometido a las constantes sacudidas que suponían las derrotas contra Israel, el presidente renunció a la lucha por la unidad árabe. En el plazo de cinco años reconoció diplomáticamente al Estado judío, visitó Jerusalén para reunirse con su presidente y se desvinculó de la política soviética.

El establecimiento de relaciones amistosas con Israel y los Estados Unidos fue considerado como una traición por parte de las naciones árabes. A su vez, dentro de sus propias fronteras, las medidas de Sadat tampoco tuvieron buena acogida. Más teniendo en cuenta que abandonó el socialismo populista impuesto por Nasser para abrir una intensa etapa de liberalismo económico. La tensión se hizo notar en la calle, donde las fuerzas de seguridad tuvieron que actuar con dureza contra los opositores.

La represión, en especial contra los Hermanos Musulmanes, alcanzó su grado máximo desde la instauración de la República en 1953.

Finalmente, el 6 de octubre de 1981, Anwar el Sadat era asesinado por los integristas islámicos mientras presidía un desfile militar. Su cruenta muerte abrió las puertas a un estado de excepción que se mantuvo en el país durante todo el gobierno de su sucesor.

El faraón de Occidente

Hosni Mubarak, vicepresidente de la República desde 1975, fue elegido sucesor de Anwar el Sadat tras el atentado que acabó con la vida de este en 1981. El protagonismo de los islamistas en ese acontecimiento permitió al nuevo presidente intensificar aún más el sistema represivo que habían mantenido sus antecesores.

El régimen de Hosni Mubarak contó, a lo largo de sus treinta años de existencia, con el apoyo del mundo occidental, y especialmente de los Estados Unidos.

Para Egipto resultaba fundamental desde el punto de vista económico la alianza con el gigante americano. Mientras que para este, el país del Nilo era un punto geopolítico clave en sus relaciones con el mundo árabe. De esta manera, el silencio de Washington y de las cancillerías europeas ante las constantes violaciones de los derechos humanos en Egipto era el precio a pagar por contar con un Caballo de Troya dentro de la Liga Árabe.

Entre los grandes logros de Mubarak cabe destacar la buena marcha de la economía en sus primeros años al frente del país, así como la restitución de la península del Sinaí por parte de Israel en 1982. Este último hecho le permitió a Egipto recuperar su prestigio dentro del mundo árabe, muy deteriorado tras el establecimiento de relaciones con Israel.

Sin embargo, la estabilidad del régimen iba a verse sacudida a comienzos del siglo XXI por la situación política en la zona y la crisis económica. El pueblo egipcio, sometido durante demasiado tiempo, tenía cada día menos paciencia con el último de los faraones modernos. Una nueva violación de los derechos humanos sería el desencadenante de la revolución.

El Líbano: de la discordia a la no existencia II

En 1918, tras el fin de los combates de la Gran Guerra, el patriarca maronita exige la proclamación de un Gran Líbano independiente. Pero en 1920 se impondrá el mandato francés, que es confirmado por la SDN en 1922. Ese año Francia concede al país un Consejo representativo, en 1925 una Constitución, pero persiste una dependencia de hecho. A partir de 1925 los nuevos dueños del Líbano deberán enfrentarse a una rebelión de la montaña drusa. El tratado de 1936 firmado por el gobierno del Frente Popular concediendo por fin la independencia, no es ratificado por el Parlamento francés. En 1941 los británicos y la FFL expulsarán a los representantes de Vichy. La Francia libre proclamará la independencia en julio, pero una vez más no se respetarán los hechos. En agosto de 1943 los cristianos maronitas y los musulmanes sunnitas adoptan un acuerdo verbal, conocido con el nombre de Pacto Nacional y que estará en vigor durante cuarenta años. Los maronitas, mayoría, detentarán la presidencia de la República; el presidente del consejo será sunnita y el presidente de la Cámara chiíta. Bechara al Khury, ganador de las primeras elecciones, es detenido enseguida junto con su gobierno por el Alto Comisariado francés. Serán necesarios la firme insistencia de los británicos (más inspirados que en Palestina…) y nuevos disturbios en 1945 para que el país acceda por fin a la plena soberanía en 1946.

Alain Duret, Oriente Medio. Crisis y desafíos, p. 84.

El Líbano: de la discordia a la no existencia I

A finales del XVIII los egipcios establecen su control sobre la región y aplastan una rebelión en 1840; drusos y maronitas, después de la vuelta de la influencia otomana, se separan. La masacre de los cristianos provoca en 1860 la intervención militar francesa. París se da a conocer con el título de «protector de los cristianos del Imperio otomano». Turquía promulga un «reglamento orgánico» que concede al Monte Líbano un estatuto de autonomía, que garantizan las grandes potencias. Un Consejo en el que figuran representantes de diversas comunidades religiosas asesora a un gobernador cristiano.

Alain Duret, Oriente Medio. Crisis y desafíos, p. 82.

Un largo combate por Palestina V

Se invierten los valores, se establece una nueva mitología. El pequeño Estado simpático, «con inclinaciones socialistas», que disfruta del apoyo de la opinión pública progresista del planeta, se convierte en un poderoso «aliado del imperialismo» que aplasta «a los pueblos del Tercer Mundo que luchan por su liberación». Aparece la dimensión económica: es un joven país desarrollado apoyado por los ricos, el que ha vencido a los representantes de una gran área subdesarrollada. La ruptura de las relaciones diplomáticas con la URSS y la condena de la ONU, colocarán a partir de entonces a Israel en la posición de vanguardia occidental en la guerra fría. El mito de un Estado guerrero y anclado a la derecha se ve favorecido por el papel creciente del Zahal.

Alain Duret, Oriente Medio. Crisis y desafíos, p. 47.