Twitteando el Arte Medieval


Los días 10, 11 y 12 de enero de 2017, ocho profesores desarrollamos en Twitter un proyecto similar a #RenacimientoCigales y #ÉpocaDeRevoluciones. Sobre la base de esas experiencias previas, e introduciendo una serie de cambios y novedades, nuestros alumnos estuvieron difundiendo información, imágenes y vídeos sobre los distintos estilos artísticos de la Edad Media.

Teniendo en cuenta que he publicado abundante información sobre las dos actividades anteriores, me limitaré a mencionar las novedades que introducía #ArteMedieval. A esto añadiré un breve apartado relativo a su repercusión.

#DifundeHistoria, un proyecto vivo

En mayo de 2016, nació #DifundeHistoria, una actividad que tiene como objetivo acercar a los alumnos a las distintas materias de Ciencias Sociales a través del uso de las nuevas tecnologías. En concreto, se pretende que sean capaces de buscar información, transformarla y extenderla por la red. De esta forma, además de la digital, se trabajan otras competencias clave como la comunicación lingüística, la social y cívica o la de sentido de la iniciativa y espíritu emprendedora.

Este gran proyecto cuenta, hasta la fecha, con tres eventos realizados, de los cuales #ArteMedieval es el último. En su preparación y desarrollo, este siguió la filosofía que ha marcado #DifundeHistoria desde su creación: la necesidad de corregir errores anteriores e introducir nuevos aspectos a trabajar. Dicho de otro modo, no estamos ante una actividad cerrada que se repite una y otra vez siguiendo los mismo patrones, sino ante algo vivo que, con el fin de mejorar y adaptarse a las necesidades del alumnado, cambia con el tiempo.

Podemos resumir los cambios de #ÉpocaDeRevoluciones a #ArteMedieval en los siguientes puntos:

  • Duplicamos el número de docentes implicados, de cuatro a ocho. Esto, como es lógico, afectó también a la cantidad de alumnos, centros educativos y provincias participantes.
  • Por primera vez participó en el proyecto alumnado universitario. En concreto, estudiantes de la asignatura Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Cádiz (UCA).
  • Los estudiantes de Grado, además de publicar contenidos relacionados con el arte medieval, participaron en el proceso de evaluación de sus compañeros.
  • Aunque previamente se habían realizado experiencias con grupos de secundaria y bachillerato, nunca habíamos desarrollado la actividad con ambos a la vez. Contamos, por tanto, con la participación de dos niveles educativos procedentes de colegios e institutos, a los que habría que añadir un tercer nivel, el universitario.
  • También se produjo un reajuste del tiempo en que se desarrollaba el proyecto. En lugar de tres horas (de 18:00 a 21:00) durante tres días, decidimos concentrar la actividad en dos horas (de 19:00 a 21:00).

Una breve referencia a la repercusión

Antes de abordar esta cuestión, he de señalar que el objetivo del proyecto no es ni mucho menos ser trending topic o salir en los medios de comunicación. Ahora bien, no hemos de olvidar el alto poder motivador que esto tiene: mi experiencia es que el alumnado se transforma cuando ve como se fijan en ellos personas ajenas al centro educativo, y más cuando se trata de expertos en la materia, periodistas o profesores.

Dicho esto destacaría dos aspectos dentro de este apartado:

  • Los participantes lograron ser la tendencia más destacada de Twitter durante casi una hora, algo que no había sucedido antes con un proyecto educativo. A esto hemos de añadir que el hashtag se mantuvo entre los principales del país durante algo más de diez horas, seis de ellas seguidas. Hemos de relacionar esta importante repercusión con el alto número de alumnos y profesores con los que contábamos.
  • Distintos medios de comunicación, y de manera especial la radio, se hicieron eco de la noticia. Sin embargo, es necesario reconocer que la atención prestada a #ArteMedieval fue menor a la de #ÉpocaDeRevoluciones. En mi opinión, esto fue así por la novedad que supuso la primera de esas actividades y por la cercanía en el tiempo; apenas pasaron dos meses y medio de uno a otro.

 

Experiencia cómic: unas conclusiones


Hace unos meses publiqué una entrada explicando una nueva actividad intercentros con alumnos del Antonio Calvín, Sapere Aude y Gabriel Miró. Se trataba de realizar -y compartir- cómics de temática histórica realizados con la aplicación Comic Life. En 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado nos tocó el movimiento obrero y la revolución industrial, quedando las oleadas revolucionarias, los nacionalismos y el imperialismo para los compañeros de otros institutos.

Una vez terminada la experiencia, voy a tratar de extraer conclusiones. A esto añadiré algunos ejemplos de páginas sueltas en la parte inferior del post.

Dos modalidades de trabajo en el aula

Tengo la suerte de impartir la Historia del Mundo Contemporáneo en dos grupos distintos. Eso me ha permitido utilizar un método de trabajo diferente en cada uno y establecer una comparación entre ellos.

Todos los alumnos dedicaron las primeras sesiones a recoger información y elaborar un guión para su cómic. Sobre este punto, debo aclarar que no se trataba únicamente de desarrollar una historia, sino que también debían señalar cuántas viñetas tendría cada página y a qué parte de la historia correspondería cada una de ellas.

Las diferencias entre los dos grupos llegaron a la hora de utilizar Cómic Life en el aula. Mientras unos tuvieron cuatro sesiones para buscar imágenes y elaborar su trabajo, los restantes contaron solo con dos. Lo sorprendente es que, aquellos que tuvieron menos tiempo, han tenido mejor nota que los otros.

Teniendo en cuenta que el nivel académico de los dos primeros de bachillerato es similar, es necesario que explique qué ha sucedido.

Explicación de la paradoja del tiempo

En el primero de estos grupos llevé a los alumnos al aula de informática, de tal modo que trabajaron todos a la vez. Sin embargo, en el segundo el trabajo lo hicieron en mi iPad. Es decir, mientras los restantes alumnos hacían otras actividades, un único equipo se dedicaba a confeccionar su cómic con un tiempo limitado.

De esta manera, al término de la segunda sesión, evaluaba su trabajo tal y como estaba, pues al día siguiente debían ceder el puesto a otros compañeros.

  • En primer lugar, a diferencia de lo sucedido con el otro bachillerato, al trabajar un único grupo con el cómic, yo podía estar más pendiente de ellos.
  • En segundo término, al tener el tiempo limitado, su aprovechamiento de la sesión de clase fue notablemente mayor.

También pueden resumirse los dos puntos anteriores de la siguiente manera: los que contaron con cuatro sesiones desperdiciaron buena parte del tiempo, tanto porque el profesor no estuvo tan encima de ellos, como por la mayor cantidad de horas con las que contaban. En definitiva, la presión ha demostrado ser un elemento clave.

El alumnado habla sobre la experiencia

A continuación transcribo algunas de las opiniones sobre la actividad del cómic que han quedado reflejadas en los blogs de mis estudiantes:

“Haciendo nosotros los cómics aprendemos a buscar y a seleccionar información porque tienes que contar algo de historia con pocas palabras de tal modo que quepa en una viñeta”.

“Me parece una forma muy buena de enseñar historia, creo que a los jóvenes de hoy en día nos llega mejor la historia a base de cómics que con los típicos apuntes y libro de historia”.

“Cuando nosotros hicimos el cómic me lo pasé muy bien porque era un tema que me gustaba y me lo pase bien buscando información algo que hasta ese momento cree que nunca iba a decir”.

“Me pareció un buen trabajo pero a la vez raro porque se nos complicó un poco ya que nunca habíamos hecho algo así, pero a la vez fue divertido”.

 

Los ensayos históricos: una nueva vuelca de tuerca


Desde el comienzo de la experiencia con itinerarios libres y abiertos, el ensayo histórico ha ocupado un lugar central. No en vano, además de su valor creativo y las grandes ventajas que tiene para el trabajo de la competencia lingüística, es la forma de evaluar la especialización que les pido a mis alumnos.

Hasta la fecha, los estudiantes de Historia del Mundo Contemporáneo han elaborado dos ensayos. Como ya expliqué en el post “Experiencia Blog: la construcción del ensayo histórico”, el último presentaba novedades con respecto al primero. De igual manera, ahora que están enfrascados en su tercer trabajo, he ajustado algunas cuestiones con el fin de mejorar el proceso de aprendizaje de esta experiencia.

Al margen de que contaran como nota del cuaderno y de trabajo en el aula, los dos ensayos anteriores formaban parte del examen. Es decir, había una pregunta, valorada habitualmente entre dos y tres puntos, que consistía en reproducir ese texto. Pues bien, aunque en el tercero siga siendo parte de la nota del control, no se desarrollará por escrito, sino de forma oral. Eso ha exigido tomar las siguientes medidas:

  • Se dedicará un día al examen escrito, mientras que las exposiciones orales se desarrollaran en otras sesiones.
  • Los alumnos dispondrán de seis minutos para exponer las claves de su trabajo, y no podrán contar con ningún material de apoyo.
  • Al término de la intervención, el profesor podrá hacerle una pregunta al estudiante que expone o a cualquiera de los asistentes. Con eso se busca un doble objetivo: comprobar que conoce aspectos de su tema no explicados en su ensayo y conseguir que los restantes alumnos estén atentos.
  • Mi cálculo es que, entre preparación, exposición y preguntas, dará tiempo a cuatro ensayos por día. Por tanto, les he pedido que se pongan de acuerdo y elaboren ellos mismos el calendario de intervenciones.

Por último, queda por aclarar cómo se puntúa esa exposición oral en el aula. Al tratarse de algo relativamente novedoso para ellos, no he querido darle un valor decisivo de cara a la nota del examen. De esta manera, solo se jugarán cuatro décimas, de las cuales una puede estar destinada a la pregunta que realiza el profesor.

Eso sí, el ensayo tiene un valor total de dos puntos dentro de la prueba:

  • Ocho décimas para el proceso de elaboración, que queda reflejado en su blog de la asignatura a través de las distintas versiones que van realizando antes de publicar la definitiva. Es decir, se valora el proceso de trabajo y la demostración de que se usan diversas fuentes de forma correcta.
  • Ocho décimas para la calidad del ensayo, que se valora a partir de lo expuesto en el post “Rúbrica sobre el ensayo histórico”.
  • Cuatro décimas de la exposición oral ya descrita.

Vídeo para la International Knowledge Fair 2017


La International Knowledge Fair es un evento educativo a nivel Europeo que se celebra este año en el IES Antonio Calvín del Almagro (Ciudad Real). Con ese motivo, varios alumnos del IES Juan Martín el Empecinado acudirán a presentar algunos de los proyectos que han realizado durante este curso en la asignatura Historia del Mundo Contemporáneo. A continuación dejo un aperitivo: nuestro vídeo promocional.

Experiencia Blog: la construcción del ensayo histórico


Esta semana mis alumnos se han vuelto a enfrentar a un examen con ensayo histórico. Cuestión sobre la que ya he reflexionado en entradas anteriores de esta bitácora:

La gran novedad en este caso es que, con el fin de solventar errores detectados en ensayos anteriores, he decidido valorar su proceso de elaboración a través de los blogs de mis alumnos. A continuación enumeraré las cuestiones que pretendía corregir, al tiempo que trataré de explicar cómo he evaluado esa parte del examen.

El problema de la información

El principal problema que he encontrado hasta la fecha tiene que ver con el uso de las fuentes. En el primer ensayo del curso descubrí que mis alumnos se contentaban con sacar la información de un único lugar en vez de realizar una búsqueda algo más ambiciosa por la red.

La principal consecuencia de eso era que sus textos, si bien presentaban notables diferencias con la página original, tenían una estructura muy similar a esta. Las palabras no coincidían con las de las fuentes, pero la información y la disposición del texto sí.

Como el objetivo no era únicamente realizar un ejercicio de búsqueda de sinónimos, sino aprender a buscar en la red, mezclar distintas fuentes y construir un texto lo más original posible, entendí que debía cambiar algo de cara al segundo ensayo del curso.

Las bitácoras de la asignatura como solución

Hace tres semanas, al comenzar la elaboración de los ensayos, indiqué a mis alumnos que deseaba ver en sus blogs la evolución de su trabajo en, al menos, cinco entradas. Así, de una forma o de otra, la construcción de sus textos quedaría reflejada allí.

En concreto, pedía un primer post en el que expusieran los motivos que les llevaron a elegir esa temática. La segunda entrada debía referirse a las fuentes utilizadas, haciendo hincapié en algún aspecto destacable de cada una de ellas. A estas debían seguir una serie de publicaciones en las que, de algún modo, quedase reflejada la evolución del texto.

Por último, los alumnos dedicarían un post a la versión definitiva de su ensayo, la que, según nuestro sistema de trabajo, debían escribir en el examen.

La evaluación del proceso de trabajo

Todo lo anterior carecería de sentido si no tuviera unas consecuencias palpables en la nota del examen. Por ese motivo, dentro de los cuatro puntos sobre los que valoro el ensayo, uno y medio están dedicados a ese proceso de elaboración del texto que ha quedado reflejado en los blogs.

En concreto, al terminar el examen, visité las bitácoras de cada uno de mis alumnos con el fin de valorar cómo habían ido construyendo sus ensayos a lo largo de las tres semanas anteriores.

Una vez terminada esa evaluación, valoré el grado de coincidencia entre las versiones definitivas publicadas en los blogs y lo escrito en los exámenes. Esta parte, como bien informé a los estudiantes días antes, contaba un punto de los cuatro dedicados al ensayo.

La restante puntuación –punto y medio- se llevó a cabo partiendo de la rúbrica dedicada a la calidad de la información, que publiqué a principio de curso y que puede ser consultada en uno de los enlaces que hay más arriba.

Aclarando dudas sobre los cuestionarios


Después de publicar la entrada sobre los exámenes orales a los que se enfrentan semanalmente mis alumnos -los llamados cuestionarios-, @matiasramon me sometió a un tercer grado enriquecedor, a la par que interesante.

Al terminar la conversación, entendí que quizá no había explicado bien algunas de las claves de esas pruebas. De ahí que ahora pretenda, aprovechando sus certeras preguntas, arrojar un poco de luz sobre el asunto.

A continuación, si bien con algunas modificaciones de estilo necesarias -se trata de una conversación en WhatsApp-, os dejo el contenido de nuestra charla:

  1. ¿Qué sucede cuando los alumnos obtienen menos de un siete en la prueba? Se vuelven a presentar a esa misma parte del temario el siguiente día que dediquemos a los cuestionarios. Así hasta que alcance la nota mínima exigida. Con ese sistema es posible que alguno no llegue al último cuestionario -eso solo el tiempo lo dirá-, pero de entrada hay el doble de días de exámenes orales que partes del temario. Además, así se consigue que profundicen en la materia: no se quedan en el 50% que pedimos habitualmente al exigir un cinco.
  2. ¿Haces varios cuestionarios orales por tema, englobando cada uno varios apartados del mismo? Primero divido los vídeos de la asignatura en grupos de tres o cuatro (15-20 minutos entre todos) y de ahí voy sacando los cuestionarios. Los alumnos, por supuesto, saben qué contenidos entran en cada uno. Después elaboro entre veinte y treinta distintos, porque de lo contrario se sabrían las preguntas en poco tiempo.
  3. ¿Qué hacen mientras los alumnos que no se están examinando? Van haciendo la tarea de aula que les he encomendado para ese día o para la semana. Es cierto que, aunque pregunto en voz bastante baja y algo apartado del grupo, oyen las preguntas. Sin embargo, como el trabajo que tienen entre manos también es parte de la nota, más les vale centrarse en él.
  4. ¿Eliminas el examen escrito? No, la prueba escrita se mantiene. Sin embargo, se supone que después de pasar los cuestionarios llevan mucho mejor la materia. Al fin y al cabo, han tenido que enfrentarse semanalmente a una parte del temario. A todo esto hemos de añadir que, del porcentaje total que suponen los exámenes, la parte oral se lleva un 20%.
  5. Entiendo que tu banco de preguntas no es infinito y tendrán un máximo de oportunidades para aprobar el examen oral ¿verdad? No, pueden volver a hacer un cuestionario las veces que haga falta hasta llegar al siete. Eso sí, cuanto más repitan, más días pierden para hacer las restantes pruebas orales. Es decir, corren el riesgo de no llegar a los últimos, y por cada uno que no hagan tienen un cero.
  6. ¿Tienen un cero en todos los que no llegan al siete? No, únicamente tienen esa nota en aquellos cuestionarios a los que no les de tiempo a presentarse. Si el último día del trimestre sacan un cuatro en uno, por ejemplo, se cuenta esa nota.
En fin, seguramente no este todo bien explicado con las dos entradas que he dedicado a los cuestionarios, pero creo que estas seis preguntas aclaran algunas cosas. Tengo que agradecer a @matiasramon sus preguntas, así como el esfuerzo de hacerme reflexionar sobre mis actividades.

Cuestionarios: exámenes orales y flipped classroom


En mi opinión, una de las principales ventajas de dar la vuelta a la clase es que el docente cuenta con tiempo suficiente en el aula para atender a los alumnos de manera individualizada. Como bien sabemos, eso es posible porque la teoría está en vídeos y textos a los que los estudiantes tienen acceso desde cualquier sitio y en cualquier momento. En definitiva, quedo liberado de la explicación los cincuenta minutos que paso con ellos, y eso me permite centrarme más en sus dudas, problemas, curiosidades…

El modelo flipped classroom me ha llevado a emprender un nuevo proyecto que busca mejorar la expresión oral del alumnado, al tiempo que les ayuda profundizar en los contenidos de la materia.

Dos días a la semana –los martes y los viernes en concreto-, mis alumnos de 1º de Bachillerato se enfrentan a los cuestionarios. Estos evalúan los conocimientos de los alumnos sobre un conjunto de vídeos, y están formados por cuatro preguntas cortas (muy concretas), con un valor de un punto cada una, y dos de relación que se califican sobre los seis restantes.

De esta manera, mientras el conjunto de la clase está realizando distintas actividades, el profesor les va llamando de uno en uno para realizar la prueba. Al margen de lo beneficioso que resulta enfrentarse semanalmente a una experiencia novedosa relacionada con la expresión oral, considero que, además, los cuestionarios les ayudan a trabajar al día.

Un progreso personalizado

Ahora bien, la gran novedad de mis cuestionarios, y sin duda lo que menos ha gustado a mis alumnos –aunque a la postre les beneficia-, es que para aprobarlos no basta un cinco: les exijo un siete.

La idea la saqué de una conferencia TED de Salman Khan en la que abogaba por un aprendizaje centrado en los ritmos de aprendizaje de cada estudiante. En concreto, criticaba que se les permitiera aprobar con un cinco, ya que eso supone que en sus conocimientos hay lagunas que pueden llegar al 50% de la materia.

No pretendo profundizar en el contenido de su ponencia, y mucho menos entrar a valorar si su propuesta es viable cuando uno tiene más de dos docenas de alumnos en un aula. Sin embargo, reconozco que las palabras de Salman Khan me hicieron reflexionar. En concreto, extraje dos conclusiones:

  • Cada cuestionario debe repetirse las veces que haga falta hasta que cada estudiante demuestre tener unos conocimientos amplios de la materia.
  • Para cumplir esa primera premisa es necesario que el número de días dedicados a pruebas orales sea muy superior al de los cuestionarios.
En definitiva, gracias a esas medidas, el temario se adapta al ritmo de cada alumno, y no al contrario.

A su vez, el hecho de que se exija un siete para cerrar una prueba y pasar a la siguiente, evita en gran medida que se generen lagunas en los conocimientos del alumnado.

Los límites del itinerario libre y abierto: un breve balance (2)


A finales del primer trimestre inicié una exposición de las dificultades que me había encontrado a la hora de aplicar el modelo flipped en 1º de Bachillerato. En esa primera entrada, que puede leerse aquí, me centré en los límites asociados a mi situación personal y a la novedad que suponía para el alumnado la clase invertida.

Ahora pretendo analizar la aplicación de la metodología flipped learning con itinerario libre y abierto. Es decir, explicar qué problemas intrínsecos a ella me han impedido alcanzar la totalidad de los objetivos que me fijé a finales de agosto. Considero que lo que planteo aquí, a diferencia del contenido de la primera parte de este balance, tiene difícil solución. Eso me ha llevado a reflexionar durante las vacaciones de Navidad y a hacer una serie retoques que serán objeto de futuras entradas de esta bitácora.

Límites del sistema

La mayor parte de los problemas que he encontrado a la hora de desarrollar el itinerario libre y abierto tienen que ver con la curiosidad del alumnado y los ensayos históricos que debían presentar en los exámenes. Para saber más sobre esta última cuestión, se pueden consultar estos dos textos de mi bitácora:

Como comentaba, el primer límite está relacionado con la curiosidad de los estudiantes o, más bien, con su falta de curiosidad. Aunque quizá sería más justo decir que se interesan por cuestiones que no tenía previstas. Es decir, no son “pasotas” ni mucho menos, solo que los itinerarios que yo les abría en los vídeos, aquello que llamaba “elige, tu propia aventura” no les atrae.

Ellos mismos –su curiosidad- han ido abriendo otros caminos al margen de los que yo proponía. En definitiva, mis ampliaciones han terminado resultando inútiles, pero se han abierto otras vías.

El segundo problema, como he comentado, se refiere a los ensayos históricos. La experiencia de estos meses me ha demostrado que no es posible profundizar en un tema complejo. Por tanto, he de replantearme esta cuestión; y ya adelanto que he llegado a una solución doble que comentaré en la próxima entrada.

Los límites del itinerario libre y abierto: un breve balance (1)


Estamos a punto de terminar el primer trimestre del curso, y sin duda es un buen momento para hacer balance del proyecto que, a finales del mes de agosto, exponía para inaugurar esta bitácora. El modelo flipped learning, combinado con lo que me dio por llamar itinerario libre y abierto, me resultaba muy atractivo sobre el papel.

Sin embargo, el día a día ha terminado por mostrarme los límites de mi proyecto para la Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato.

Si bien es verdad que algunas de esas dificultades son consecuencia de mi situación personal –pluriempleado y con tres horas de conducción diarias-, no es menos cierto que hay otras inherentes al carácter utópico del planteamiento inicial.

Trataré de diferenciar ambas en mí balance, al tiempo que dejaré constancia de las ventajas del modelo a pesar de no colmar de manera completa mis aspiraciones iniciales. En esta primera entrada hablaré de mis dificultades personales, mientras que dedicaré la segunda a tratar los restantes aspectos.

Límites de la situación

En la entrada titulada “Seguimos aprendiendo de Henri Irénée Marrou”, que publiqué a finales del mes de septiembre, dejaba constancia de los problemas que estaba encontrando para desarrollar el modelo flipped learning con itinerario libre y abierto. A día de hoy, esas dificultades siguen estando ahí, si bien en algunos casos han variado en intensidad. Por ese motivo, además de remitir al citado texto, me limitaré a nombrarlas y explicar qué ha cambiado en cada una de ellas.

1. El riesgo a naufragar en la novedad. Mis alumnos, no solo nunca habían trabajado según el sistema de la clase invertida, sino que desconocían buena parte de los medios –ya sea tecnológicos o de otro tipo- que hemos utilizado a lo largo del trimestre. Esto ha dificultado enormemente la tarea de desarrollar mi proyecto, sobre todo en las primeras semanas. Y aunque es cierto que, a partir de finales de octubre, la situación ha ido mejorando sustancialmente, todavía se nota a veces esa falta de experiencia.

2. Itinerario libre versus tiempo libre. Hace meses decía que me estaba resultando muy complicado proporcionar a mis alumnos material opcional para sus itinerarios libres. Los vídeos obligatorios me consumían la mayor parte del tiempo, dejando muy poco para lo demás. Pasados casi tres meses puedo decir que la situación continúa igual. Es más, creo que incluso el número de información optativo que les proporciono es menor.

3. Un nuevo reto en un año complejo. En la línea con el punto anterior hemos de situar la exigencia del trabajo en la Universidad de Valladolid. El tiempo que paso conduciendo, unido a la preparación de las clases en la Facultad de Comercio y mi presencia en las mismas, me limita mucho a la hora de desarrollar el modelo en su totalidad. Esto me ha llevado a una especie de repliegue que, con un poco de suerte, toque a su fin cuando en enero termine con mi asignatura allí.

Proyecto intercentros #ÉpocaDeRevoluciones


Esta actividad pertenece al proyecto flipped classroom que desarrollaron, durante el curso 2016/2017, alumnos de 1º de bachillerato de cuatro centros educativos distintos: IES Antonio Calvín, IES Sapere Aude, IES Gabriel Miró e IES Juan Martín el Empecinado. En total, poco más de cien alumnos que, de manera individual o en grupos, tuitearon contenidos relacionados con la Guerra de Independencia de los EE.UU. y la Revolución Francesa durante el 25, 26 y 27 de octubre. El hecho más significativo de este proyecto es que nuestro hashtag #ÉpocaDeRevoluciones llegó a trending topic el primero de esos días. A continuación dejo una serie de enlaces en los que está toda la información que, hasta la fecha, he recopilado sobre esta actividad:

Resumiendo la repercusión de #ÉpocaDeRevoluciones
Trabajando co-evaluación y competencias con #ÉpocaDeRevoluciones