Experiencia cómic: unas conclusiones


Hace unos meses publiqué una entrada explicando una nueva actividad intercentros con alumnos del Antonio Calvín, Sapere Aude y Gabriel Miró. Se trataba de realizar -y compartir- cómics de temática histórica realizados con la aplicación Comic Life. En 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado nos tocó el movimiento obrero y la revolución industrial, quedando las oleadas revolucionarias, los nacionalismos y el imperialismo para los compañeros de otros institutos.

Una vez terminada la experiencia, voy a tratar de extraer conclusiones. A esto añadiré algunos ejemplos de páginas sueltas en la parte inferior del post.

Dos modalidades de trabajo en el aula

Tengo la suerte de impartir la Historia del Mundo Contemporáneo en dos grupos distintos. Eso me ha permitido utilizar un método de trabajo diferente en cada uno y establecer una comparación entre ellos.

Todos los alumnos dedicaron las primeras sesiones a recoger información y elaborar un guión para su cómic. Sobre este punto, debo aclarar que no se trataba únicamente de desarrollar una historia, sino que también debían señalar cuántas viñetas tendría cada página y a qué parte de la historia correspondería cada una de ellas.

Las diferencias entre los dos grupos llegaron a la hora de utilizar Cómic Life en el aula. Mientras unos tuvieron cuatro sesiones para buscar imágenes y elaborar su trabajo, los restantes contaron solo con dos. Lo sorprendente es que, aquellos que tuvieron menos tiempo, han tenido mejor nota que los otros.

Teniendo en cuenta que el nivel académico de los dos primeros de bachillerato es similar, es necesario que explique qué ha sucedido.

Explicación de la paradoja del tiempo

En el primero de estos grupos llevé a los alumnos al aula de informática, de tal modo que trabajaron todos a la vez. Sin embargo, en el segundo el trabajo lo hicieron en mi iPad. Es decir, mientras los restantes alumnos hacían otras actividades, un único equipo se dedicaba a confeccionar su cómic con un tiempo limitado.

De esta manera, al término de la segunda sesión, evaluaba su trabajo tal y como estaba, pues al día siguiente debían ceder el puesto a otros compañeros.

  • En primer lugar, a diferencia de lo sucedido con el otro bachillerato, al trabajar un único grupo con el cómic, yo podía estar más pendiente de ellos.
  • En segundo término, al tener el tiempo limitado, su aprovechamiento de la sesión de clase fue notablemente mayor.

También pueden resumirse los dos puntos anteriores de la siguiente manera: los que contaron con cuatro sesiones desperdiciaron buena parte del tiempo, tanto porque el profesor no estuvo tan encima de ellos, como por la mayor cantidad de horas con las que contaban. En definitiva, la presión ha demostrado ser un elemento clave.

El alumnado habla sobre la experiencia

A continuación transcribo algunas de las opiniones sobre la actividad del cómic que han quedado reflejadas en los blogs de mis estudiantes:

“Haciendo nosotros los cómics aprendemos a buscar y a seleccionar información porque tienes que contar algo de historia con pocas palabras de tal modo que quepa en una viñeta”.

“Me parece una forma muy buena de enseñar historia, creo que a los jóvenes de hoy en día nos llega mejor la historia a base de cómics que con los típicos apuntes y libro de historia”.

“Cuando nosotros hicimos el cómic me lo pasé muy bien porque era un tema que me gustaba y me lo pase bien buscando información algo que hasta ese momento cree que nunca iba a decir”.

“Me pareció un buen trabajo pero a la vez raro porque se nos complicó un poco ya que nunca habíamos hecho algo así, pero a la vez fue divertido”.

 

Kahoot, desarrollando la primera actividad intercentros


La colaboración con estudiantes de otros institutos y colegios ocupa un lugar fundamental dentro del modelo que he planteado para la asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo en este curso. Al margen de la cuestión del itinerario libre y abierto o del propio modelo de la clase invertida –o más bien en relación con ambos-, hemos de situar mi empeño por derribar las paredes del aula.

En el mundo de la globalización y de la interconexión, una clase no puede seguir siendo un lugar cerrado y opaco.

Las nuevas tecnologías, y sobre todo la rapidez con la que viaja la información, nos permiten intercambiar impresiones con otros alumnos y docentes. Es más, mi experiencia hasta la fecha es que eso contribuye al enriquecimiento del aprendizaje, tanto en lo relativo a los contenidos como en el ámbito de la motivación.

De ahí que hace unas semanas contactara con otros profesores de secundaria para desarrollar proyectos comunes durante el curso. En algunos casos son profesionales que llevan años haciendo tareas similares. Por tanto, aunque lancé la primera piedra para formar el grupo, más que proponer me he dedicado a aprender de ellos.

Poniendo a prueba nuestros conocimientos

La pasada semana realizamos la primera actividad conjunta, que consistía en desarrollar un cuestionario de veinte preguntas en Kahoot sobre la revoluciones inglesas del siglo XVII. Una vez terminado, se debía enviar a los restantes grupos, que a su vez nos pasarían los suyos para que los contestáramos.

En líneas generales, la actividad salió bastante bien. De entrada hay que tener en cuenta que a los alumnos suele atraerles Kahoot, a lo que añadimos la novedad de participar en uno elaborado por personas de su edad que estudian lo mismo. Sin embargo, para mí el aspecto fundamental es que, esas dos tareas entretenidas para ellos –elaborar un cuestionario y contestar el de otros estudiantes-, les han permitido consolidar los contenidos de ese apartado de la asignatura.

Evidente, no todo ha resultado maravilloso. He detectado ciertos errores a evitar en ocasiones futuras.

El primero de ellos tiene que ver con la temática: quizá por falta de entendimiento entre los profesores, o por dificultades de los alumnos para buscar tantas preguntas en un apartado breve del temario, se acabaron incluyendo aspectos ajenos a las revoluciones inglesas. Se trata de una cuestión fácil de solucionar pues, o bien se hace hincapié en la necesidad de ceñirse a lo acordado, o bien se amplía la temática para que sea más sencillo encontrar preguntas.

 

El segundo problema se dio únicamente en mis dos grupos, no en los de los otros docentes (que yo sepa). Al tratar de centralizar, de hacer pasar por mi supervisión, los cuestionarios realizados por los alumnos, terminé por generar un sistema muy rígido de trabajo. En lugar de eso, tal vez debí haber formado grupos que, por su cuenta, elaboraran sus propios Kahoots. Mi impresión es que ha sido justamente la fase de elaboración la que menos les ha servido para consolidar sus conocimientos.

El tercer y último error tiene que ver con lo que podríamos denominar “empacho de kahoots”. La participación de siete grupos de 1º de bachillerato y 4º de ESO, puso a disposición de cada una de mis dos clases un total de seis cuestionarios (realizaron todos menos el que habían confeccionado ellos mismos, como es lógico). En mi ingenuidad, realicé todos en una única sesión, por lo que, al final, ya respondían por inercia. En definitiva, el exceso llevó a cierto aburrimiento, a la pérdida de la ilusión por algo que se había vuelto rutinario.

Para otra ocasión, la solución a esta última problemática será distribuir los kahoots en varias sesiones. Es más, creo que eso será más eficaz a la hora de repasar los contenidos del tema, pues en lugar de un repaso haremos varios gracias a los distintos cuestionarios.

Para terminar, solo me queda agradecer la participación y buen hacer de los alumnos de @vialap69, @virgicapil, @juanfisicahr y @teachermsisabel (y a los propios docentes, claro está). De igual modo, si alguien se anima a unirse a esta comunidad formada por cinco centros de comunidades autónomas distintas, será bienvenido.