El trabajo femenino en la revolución industrial


Trabajo realizado por alumnos de 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado. Esta tarea se enmarca dentro de la “Experiencia cómic” desarrollada en coordinación con otros centros educativos durante el curso 2016-2017.

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La mujer durante la revolución industrial


Trabajo realizado por alumnos de 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado. Esta tarea se enmarca dentro de la “Experiencia cómic” desarrollada en coordinación con otros centros educativos durante el curso 2016-2017.

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El trabajo femenino


Trabajo realizado por alumnos de 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado. Esta tarea se enmarca dentro de la “Experiencia cómic” desarrollada en coordinación con otros centros educativos durante el curso 2016-2017.

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Experiencia cómic: unas conclusiones


Hace unos meses publiqué una entrada explicando una nueva actividad intercentros con alumnos del Antonio Calvín, Sapere Aude y Gabriel Miró. Se trataba de realizar -y compartir- cómics de temática histórica realizados con la aplicación Comic Life. En 1º de Bachillerato del IES Juan Martín el Empecinado nos tocó el movimiento obrero y la revolución industrial, quedando las oleadas revolucionarias, los nacionalismos y el imperialismo para los compañeros de otros institutos.

Una vez terminada la experiencia, voy a tratar de extraer conclusiones. A esto añadiré algunos ejemplos de páginas sueltas en la parte inferior del post.

Dos modalidades de trabajo en el aula

Tengo la suerte de impartir la Historia del Mundo Contemporáneo en dos grupos distintos. Eso me ha permitido utilizar un método de trabajo diferente en cada uno y establecer una comparación entre ellos.

Todos los alumnos dedicaron las primeras sesiones a recoger información y elaborar un guión para su cómic. Sobre este punto, debo aclarar que no se trataba únicamente de desarrollar una historia, sino que también debían señalar cuántas viñetas tendría cada página y a qué parte de la historia correspondería cada una de ellas.

Las diferencias entre los dos grupos llegaron a la hora de utilizar Cómic Life en el aula. Mientras unos tuvieron cuatro sesiones para buscar imágenes y elaborar su trabajo, los restantes contaron solo con dos. Lo sorprendente es que, aquellos que tuvieron menos tiempo, han tenido mejor nota que los otros.

Teniendo en cuenta que el nivel académico de los dos primeros de bachillerato es similar, es necesario que explique qué ha sucedido.

Explicación de la paradoja del tiempo

En el primero de estos grupos llevé a los alumnos al aula de informática, de tal modo que trabajaron todos a la vez. Sin embargo, en el segundo el trabajo lo hicieron en mi iPad. Es decir, mientras los restantes alumnos hacían otras actividades, un único equipo se dedicaba a confeccionar su cómic con un tiempo limitado.

De esta manera, al término de la segunda sesión, evaluaba su trabajo tal y como estaba, pues al día siguiente debían ceder el puesto a otros compañeros.

  • En primer lugar, a diferencia de lo sucedido con el otro bachillerato, al trabajar un único grupo con el cómic, yo podía estar más pendiente de ellos.
  • En segundo término, al tener el tiempo limitado, su aprovechamiento de la sesión de clase fue notablemente mayor.

También pueden resumirse los dos puntos anteriores de la siguiente manera: los que contaron con cuatro sesiones desperdiciaron buena parte del tiempo, tanto porque el profesor no estuvo tan encima de ellos, como por la mayor cantidad de horas con las que contaban. En definitiva, la presión ha demostrado ser un elemento clave.

El alumnado habla sobre la experiencia

A continuación transcribo algunas de las opiniones sobre la actividad del cómic que han quedado reflejadas en los blogs de mis estudiantes:

“Haciendo nosotros los cómics aprendemos a buscar y a seleccionar información porque tienes que contar algo de historia con pocas palabras de tal modo que quepa en una viñeta”.

“Me parece una forma muy buena de enseñar historia, creo que a los jóvenes de hoy en día nos llega mejor la historia a base de cómics que con los típicos apuntes y libro de historia”.

“Cuando nosotros hicimos el cómic me lo pasé muy bien porque era un tema que me gustaba y me lo pase bien buscando información algo que hasta ese momento cree que nunca iba a decir”.

“Me pareció un buen trabajo pero a la vez raro porque se nos complicó un poco ya que nunca habíamos hecho algo así, pero a la vez fue divertido”.

 

El origen de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)


La experiencia acumulada durante la primera mitad del siglo XIX, así como sus objetivos comunes, hizo ver a las organizaciones obreras de diferentes países la necesidad de fortalecer la solidaridad obrera a nivel internacional.

La celebración en Londres de una Exposición Universal (1864) sirvió para establecer lazos entre los dirigentes obreros del Continente. De esta manera, en un mitin político celebrado aquel año en Londres se acordó crear una Asociación Internacional de Trabajadores y se encargó a un Consejo General, encabezado por Karl Marx, la misión de poner en marcha la nueva organización.

La AIT estaba integrada por elementos de diversas tendencias (socialistas, anarquistas y sindicalistas) y se organizaba en federaciones por países miembros. Fue también Marx el que redactó los estatutos y el manifiesto inaugural, en el que dejó claros los dos principios básicos de la organización:

  • La emancipación de la clase obrera tenía que ser obra de los mismos trabajadores.
  • La conquista del poder político era el primer objetivo de la clase obrera para poderse liberar de su opresión económica.

Se han dado cifras muy diversas sobre cuál fue el número de afiliados que llegó a tener la Internacional. En realidad, la mayoría de los autores coinciden en señalar que su fuerza fue más moral que real y que el número de miembros fue reducido.

De todas maneras, es cierto que la organización intervino en la movilización obrera y en la preparación de huelgas y manifestaciones en muchos puntos del Continente.

El primer congreso de la AIT se celebró en Ginebra en 1866, siendo sus acuerdos más importantes los siguientes:

  • Jornada de 8 horas.
  • Supresión del trabajo infantil.
  • Mejora de las condiciones de trabajo de las mujeres.
  • Lucha contra los ejércitos permanentes.
  • Oposición a los impuestos indirectos.

Las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera II


En los inicios de las sociedad industriales, la regulación laboral estatal era inexistente. Los empresarios imponían a los trabajadores unas condiciones que, en términos generales, presentaban las siguientes características:

  • Los salarios eran bajos; a veces se pagaba el trabajo diario (jornal) o el artículo producido (a tanto alzado o despejado). Estas condiciones obligaban al trabajador a aceptar jornadas laborales de quince horas para obtener un sueldo que le permitiera sobrevivir y mantener a su familia.
  • La empresa y el Estado no prestaban ningún tipo de asistencia médica y social, cuyo peso recaía exclusivamente en manos de instituciones de beneficencia. Por tanto, la enfermedad o el fallecimiento del cabeza de familia podía sumir al resto de los miembros en la mendicidad o, en el caso de las mujeres, la prostitución. Los obreros no tenían la posibilidad de jubilarse y seguían trabajando hasta que les era físicamente imposible. Entonces pasaban a depender de sus hijos o de la caridad ajena.
  • Los riesgos laborales eran considerables; los cortes y golpes provocados por las máquinas eran frecuentes y el peligro aumentaba por la fatiga acumulada. Además, los obreros estaban expuestos a la inhalación de productos químicos en fábricas sin ventilación.
  • La industrialización igualó a la masa de trabajadores haciéndoles descender en la escala social. Al no poder competir con los precios de los productos industriales, muchos artesanos sufrieron la ruina. Además, las cadenas de producción requerían un personal poco cualificado, que generalmente se convertía en un deshumanizado apéndice de la máquina.

El trabajo de mujeres y niños

Los patronos empleaban a mujeres y niños como trabajadores en puestos donde no era necesaria la fuerza física. La mano de obra infantil y femenina era menos conflictiva y más barata, de ahí que se contratara a niños desde edades muy tempranas como los cinco o los seis años. Trabajaban en torno a dieciséis horas diarias y era frecuente que, a cambio, únicamente recibieran comida y alojamiento. Además, las amenazas y castigos físicos a los menores eran sucesos cotidianos.

Por su tamaño, los niños eran empleados frecuentemente como deshollinadores de chimeneas, como ayudantes de los mineros (por su facilidad para introducirse en los resquicios de las minas) y como trabajadores en el sector textil. También era frecuente que se dedicaran a tareas de limpieza y engrase de la maquinaria.

Estaban muy expuestos a la siniestralidad laboral -sobre todo a muertes por asfixia- así como a enfermedades causadas por la exposición al hollín.

El trabajo femenino e infantil durante la industrialización


En el Antiguo Régimen la actividad de las mujeres se desarrollaba en el ámbito del hogar y la familia. La única dedicación laboral fuera de ese entorno era el servicio doméstico o, si vivían en el campo, la colaboración en las labores agrícolas.

Con el inicio de la revolución industrial, los empresarios empezaron a demandar mano de obra femenina, de tal modo que algunas mujeres también accedieron al trabajo remunerado en las fábricas. Sin embargo, las condiciones laborales y el salario eran peores que los de los varones. Estos, por su parte, consideraban que la mano de obra femenina les planteaba una competencia ilegítima debido a su precio más bajo.

En el contexto de la industrialización tuvo lugar un debate social y político acerca del trabajo femenino. En concreto, se discutieron aspectos como los siguientes:

  • Si las mujeres debían acceder al trabajo fuera del hogar.
  • Qué trabajos remunerados eran actos para ellas.
  • Qué consecuencias tendría la actividad laboral para las mujeres, sus familias y la sociedad en su conjunto.

Pensadores como Karl Marx se mostraron partidarios de excluir a las mujeres de las fábricas para evitar la degradación de la sociedad y de la familia.

Por su parte, los niños también padecieron la explotación laboral durante las primeras fases de la revolución industrial. Junto con las mujeres, trabajaban en las fábricas en jornadas de 14 y 15 horas diarias.

Además, en muchas ocasiones se les obligaba a realizar las tareas más duras y peligrosas, como introducirse dentro de las máquinas para limpiarlas o repararlas.