La cuestión polaca: de la alianza al exterminio


Como vimos en el artículo anterior, el primer gran objetivo del proyecto nacionalsocialista era el enfrentamiento con la Unión Soviética. No obstante, para alcanzar ese fin, los alemanes tenían que salvar un escollo: Polonia. Este país separaba el territorio del III Reich del imperio soviético. El propio Adolf Hitler sabía que sin ese requisito no podría emprender su aventura rusa. Por esa razón le propuso al gobierno polaco un acuerdo: la alianza de ambos contra los bolcheviques. Así lo narra Sebastian Haffner:

“A finales de 1938-1939, Hitler propuso a Polonia nuevos y mayores negocios de ese estilo: el pacto de no agresión se convertiría en una alianza durante veinticinco años… contra Rusia. Así Polonia recibiría otros buenos bocados, tal como dejó entrever claramente Ribbentrop, el ministro de Asuntos Exteriores de Hitler”.

Todo parecía medido; los planes descritos en Mein kampf se iban cumpliendo. Según estos Polonia debía ser un importante aliado en la futura empresa del III Reich; cumpliría un papel similar al que tiempo después jugo la Hungría de Miklós Horthy. Sin embargo, de manera sorprendente, Polonia dijo no a las pretensiones alemanas. Adolf Hitler se enfureció –no entendía que sus planes no se cumplieran- y decidió que si no era con los polacos, tendría que ser contra ellos.

El fracaso de los planes nacionalsocialistas con respecto a Polonia tuvo importantes consecuencias. En primer lugar llevó al III Reich a una guerra prematura, y puede que no deseada, contra Inglaterra y Francia. En segundo término facilitó la firma del pacto Ribbentrop-Molotov. Y, por último, condenó al pueblo polaco a ser víctima de la renovada maquinaria militar alemana, de las crueldades de las SS, y de la locura racial propia de los nazis.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

El pacto entre los mayores diablos


“Pero entonces, ¿por qué pactó en agosto de 1939 con Stalin? Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que ni en 1933 ni en 1939 estaba Hitler en condiciones de atacar directamente Rusia. Antes debía llevar a cabo tres operaciones preparatorias, las tres sumamente difíciles y que tendían a involucrarlo contra su voluntad en un conflicto con Occidente, que entonces significaba Inglaterra y Francia. El hecho de que realizara las dos primeras sin obstáculos ni dificultades demuestra las estupendas dotes políticas de Hitler. Sólo con la tercera operación tropezó y se vio en la necesidad de buscar el apoyo y la ayuda de Rusia, que estaba predestinada a ser su víctima”.

En torno a 1935 las relaciones entre la Unión Soviética y el III Reich estaban prácticamente rotas. Este proceso se acentuó con la intervención de ambas potencias en la Guerra Civil española. Sin embargo, la actitud hostil de Occidente ante las pretensiones expansionistas de Adolf Hitler a costa de Polonia, llevaron a este a buscar la alianza con los soviéticos. Sólo así podría lanzarse a una guerra en el frente francés sin temer una agresión por parte del gigante oriental. Se trataba, en definitiva, de evitar otra guerra en dos frentes; habían aprendido la lección de la Gran Guerra.

Los nacionalsocialistas habían logrado no alarmar en exceso a franceses e ingleses con el “Anschluss” y la desmembración de Checoslovaquia. Sin embargo, los occidentales no iban a dejar pasar su agresión a Polonia. Esta fue la principal razón por la que Adolf Hiter se lanzó a la aventura del pacto Ribbentrop-Molotov. Por su parte, Stalin no veía con malos ojos esta oportunidad: le permitía ganar territorios a costa de Polonia y los países bálticos, ganar tiempo para rearmarse ante el inminente ataque alemán, y empujar a su mayor enemigo a una sangrienta guerra con Francia e Inglaterra. No obstante, los soviéticos no esperaban una capitulación tan rápida por parte de los franceses.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

Dos personajes con sus respectivos proyectos


“Ambos tenían una idea fundamental a la que se mantuvieron fieles a través de errores y extravíos. Una vez se comprenden estas ideas, se posee la clave para todo. Entonces se entiende por qué entre la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin tenía que darse un enfrentamiento de una brutalidad sin igual; y uno reconoce fácilmente por qué Rusia superó ese enfrentamiento y Alemania no: porque la idea fundamental de Stalin, con toda su desmesura y crueldad, era razonable; en cambio, la de Hitler era fantasiosa”.

El objetivo de este artículo es explicar brevemente el objetivo, fantasioso según Sebastián Haffner, del nacionalsocialismo alemán. El autor se basa en el contenido de Mein Kampf a la hora de analizar el proyecto alemán. Cree, y en mi opinión acierta, que ahí se encuentra toda la información necesaria para entender los planteamientos de Adolf Hitler; lo cual no quiere decir que, ante diversas circunstancias, el propio Führer retocase algo el guión. Por lo tanto, en la obra del líder nazi encontramos esas ideas fundamentales que nos facilitan entender sus movimientos. Sebastián Haffner dice lo mismo de Stalin. Ese caso no lo conozco con certeza, así que no me pronunciaré. Puede que el georgiano tuviera un plan a partir del cual se movió a lo largo de todo el conflicto; yo no lo tengo claro por falta de conocimiento. De lo que si estoy seguro es de que Adolf Hitler lo tenía.

Sebastián Haffner nos dice que el Führer concebía el desarrollo histórico como una lucha de razas. En este panorama todas debían buscar la supremacía racial, al tiempo que se mantenían libres del bacilo judío (estos buscaban, única y exclusivamente, la decadencia de las demás etnias). Adolf Hitler sostenía que los arios germanos debían enfrentarse, como primer paso para alcanzar la victoria, a los eslavos, cuyo representante más importante era la Unión Soviética. Después les tocaría el turno a otros pueblos, pero para los nacionalsocialistas era fundamental derrotar a tan temido enemigo. Además, esto contribuiría al cumplimiento del eterno sueño alemán: convertir Rusia en un rico territorio colonial dependiente de Alemania.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

Hitler y Stalin: Alemania y la Unión Soviética


Abordamos ahora el último capítulo de El pacto con el diablo, sobre él podrán leer los siguientes artículos: Dos personajes con sus respectivos proyectos, El pacto entre los mayores diablos, La cuestión polaca: de la alianza al exterminio, Las razones de Stalin, y Si Creso cruza el Halys, se destruirá un gran imperio.

“A partir de 1933, la historia de Alemania y Rusia se convierte en la historia de un duelo entre dos hombres, Hitler y Stalin, que durará doce años. Los dos eran hombres de una fuerza de voluntad fuera de lo común, de grandes dotes políticas, audacia y fantasía, enorme obstinación y crueldad sin escrúpulos; y ambos se habían vuelto todopoderosos en sus respectivos países. Ahora, durante doce años, sólo contaba lo que ellos pensaran”.

La cita anterior nos introduce en un nuevo capítulo –el último- de El pacto con el diablo. En él, Sebastián Haffner deja de lado la realidad de ambas naciones para centrarse, como bien indica la cita anterior, en el estudio de los dos personajes que rigieron los destinos de ambas naciones. El “Alemania es Hitler y Hitler es Alemania” de Rudolf Hess es tomado al pie de la letra por el autor del libro para describirnos el final de este curioso baile entre los dos diablos. Es más, Sebastián Haffner defiende la similitud de ambos regímenes totalitarios al decirnos de manera velada: “La Unión Soviética es Stalin y Stalin es la Unión Soviética”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

La ruptura de la cooperación militar


Finalizábamos el artículo anterior señalando el error de Stalin al juzgar, en un primer momento, el carácter e intenciones del nuevo régimen nacionalsocialista. La aparición de una nueva forma de gobernar en el estado alemán trajo consigo la quiebra de la amistad germano-soviética, que sólo se restauró de manera temporal en 1939. Poco a poco, el edificio de Rapallo se fue cayendo. El derrumbe comenzó con el fin de la colaboración militar:

“La amistad germano-rusa de la época de Rapallo tardó tiempo en morir. Se desmoronó lentamente a lo largo de 1933, algunos restos pervivieron incluso durante un año más, y la situación de enemistad absoluta que caracterizó la etapa de Hitler llegó en 1935. Pero el pilar central de esta amistad, la cooperación militar, fue lo primero que se rompió, de forma completamente repentina y en apariencia inesperada”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

La Unión Soviética ante el ascenso de Hitler


Se suele decir que la consolidación del régimen nacionalsocialista en la Alemania de entreguerras fue posible gracias a la división existente en el seno de la izquierda; más en concreto entre socialdemócratas (SPD) y comunistas (KPD). Sebastián Haffner llega a afirmar en varias de sus obras que, aunque la facilitó, esa falta de entendimiento no la hubiera evitado la labor de Adolf Hitler. El propio autor llega a plantearse en su obra el porqué de la fobia de Stalin hacia el SPD, a los que tachaba de socialfascistas. La respuesta a esta pregunta es sencilla a la luz del artículo anterior. No obstante, tal vez el siguiente texto de Sebastián Haffner sea todavía más esclarecedor:

“Desde el punto de vista de Stalin, una subida al poder de Hitler, si llegaba, tampoco cambiaría nada; los nazis eran para él un partido capitalista como cualquier otro; pronto se darían cuenta de quién les convenía realmente. El único incordio eran los socialdemócratas, con su eterna fobia a los rusos y su eterna tendencia hacia Occidente”.

Tras leer este fragmento, se entiende mejor el porqué de la actitud soviética. El nacionalsocialismo no era más que otro partido capitalista de carácter conservador alemán. Y la Unión Soviética, desde los primeros momentos, había colaborado con este tipo de grupos de manera eficaz y rentable. El problema para Stalin eran los socialdemócratas; con ellos nunca había conseguido pactar nada. Pronto se dio cuenta de su error: Adolf Hitler no era ni conservador ni capitalista.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] La revolución alemana de 1918-1919; Sebastian Haffner – Inédita – Barcelona – 2005.

[4] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[5] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

El Partido Comunista y los «socialfascistas»


“Stalin ya no necesitaba una revolución comunista alemana; lo que necesitaba de Alemania se lo proporcionaba igualmente su acuerdo con la Alemania conservadora. Sólo debería preocuparse en el caso de que ese acuerdo se rompiera si en Alemania volvieran al poder los pro-occidentales, es decir, los socialdemócratas”.

El fracaso del Partido Comunista Alemán (KPD) en su labor revolucionaria de postguerra no supuso un gran contratiempo para el régimen soviético. Es más, se diluyo cuando Stalin promulgó la revolución socialista en un solo país. Esto no significó que los bolcheviques hubieran perdido su interés por Alemania. Simplemente hubo un cambio en el mismo: de bandera del socialismo mundial pasaba a ser fuente de ayudas y recursos para el socialismo ruso.

Los soviéticos se dieron cuenta bien pronto de que, con un gobierno conservador en Alemania, podían lograr los mismos resultados que con uno comunista. La experiencia de Karl Radek les aseguraba que el odio alemán a Versalles era lo suficientemente profundo como para acercarlos irremediablemente a Rusia. Sólo existía un problema: la posibilidad de que la República de Weimar fuese gobernada por un grupo político pro-occidental. Es decir, los socialdemócratas. Ellos fueron los que, en el Reichstag de 1926, denunciaron la colaboración militar con la Unión Soviética. No es de extrañar que entre los comunistas se les denominase socialfascistas.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] La revolución alemana de 1918-1919; Sebastian Haffner – Inédita – Barcelona – 2005.

[4] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[5] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

El conde Brockdorff-Rantzau:el papel de la aristocracia prusiana


“Brockdorff-Rantzau, un hombre tan orgulloso de su nobleza que incluso menospreciaba a la familia Brockdorff y utilizaba sólo su segundo apellido, de más antiguo abolengo; era tan soberbio que no diferenciaba entre bolcheviques y burgueses capitalistas”.

Dos hombres jugaron un importante papel en las relaciones germano-soviéticas a lo largo de esos años: Georgy Chicherin, ministro de asuntos exteriores ruso, y el conde Ulrich von Brockdorff-Rantzau, embajador alemán en Moscú. Sebastián Haffner dedica varios párrafos de este capítulo al segundo de ellos. En el fondo, lo que trata de hacernos ver el autor es el buen entendimiento entre la aristocracia alemana y los bolcheviques; relación que se rastrea desde el inicio de la Revolución Soviética, prolongándose hasta el ascenso de Adolf Hitler.

Para argumentar esta postura, no sólo se recurre en la obra al embajador en Moscú, sino también a Hans von Seeckt –padrino de la colaboración militar- y Maltzan –artífice de Rapallo-. Además, como contrapunto, se cita el nombre de Gustav Stresemann como liberal con prejuicios antibolcheviques.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

Los objetivos de Rusia


Tras analizar las relaciones de Alemania y la Unión Soviética con Polonia, Sebastián Haffner nos explica por qué los rusos entraron a colaborar con la Reichswehr. La respuesta la encontramos en el siguiente fragmento:

“Lo que la Rusia de los años veinte buscaba en la alianza con Alemania no era riesgo, evasión y una aventura conjunto, sino protección, estabilidad, el puro provecho mutuo. Necesitaba capital y ayuda técnica para la industrialización, recomendaciones militares y profesionales para el Ejército Rojo, un contrapeso diplomático contra la presión inglesa y francesa, que se reavivaba periódicamente. Alemania le podía proporcionar todo esto”.

Fueron las necesidades de la Unión Soviética las que le llevaron a colaborar con el ejército alemán. Sin embargo, los motivos de esta eran bien distintos a los de los germanos. Alemania, nos dice Sebatian Haffner, seguía sumergida en sus aventuras expansionistas propias del militarismo prusiano. Por el contrario, los soviéticos no buscaban más que mantenerse vivos en el convulso y hostil contexto internacional. Esto nos lleva de nuevo a Rapallo. Allí los rusos entendieron que su única posibilidad de sobrevivir era una alianza con los alemanes. El pacto que ofrecían los británicos era una trampa para la revolución; de eso se dieron cuenta bien pronto los representantes soviéticos.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

Una Europa pacificada salvo en la cuestión polaca


“La Europa de 1925 era ya una Europa pacificada. En lugar de los dictados de las paces de Brest-Litovsk y Versalles se habían establecido auténticos acuerdo de paz parcial en el este y el oeste: Rapallo y Locarno; Rapallo significaba, en pocas palabras, que Alemania renunciaba a sus planes de división y sometimiento de Rusia y que ésta le perdonaba dichos planes; Locarno significaba que Francia renunciaba a la frontera del Rin, y Alemania a Alsacia y Lorena (…) Pero examinados de cerca, en estos acuerdos de paz había una laguna: Polonia no estaba incluida. La Alemania de Weimar desestimó siempre un Locarno oriental (…) La paz con Polonia era para Alemania una paz forzosa que sólo mantendría mientras tuviera que hacerlo”.

Como bien se puede leer en el fragmento anterior, tras los sucesivos acuerdos de paz la Europa de postguerra sólo tenía un frente abierto: Polonia. Todo había quedado cerrado en oriente y occidente. Alemania no podía reclamar nada, y de hecho no lo hizo hasta la llegada de Adolf Hitler al poder. Sin embargo, la cuestión polaca no estaba incluida dentro de toda esa ristra de tratados. Ahí se centro la ambición alemana, en el único frente abierto a su apetito.

Los alemanes no dudaban que, en la tarea de sojuzgar Polonia, iban a tener a los rusos como un poderoso aliado. Rusia tenía también muchas cuentas pendientes con los polacos. Por esa razón, la colaboración entre ambas potencias en caso de iniciarse las hostilidades contra Polonia se daba por segura. De hecho, así sucedió en septiembre de 1939 cuando los ejércitos del III Reich cruzaron el río Bug.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.