El Partido Comunista y los «socialfascistas»


“Stalin ya no necesitaba una revolución comunista alemana; lo que necesitaba de Alemania se lo proporcionaba igualmente su acuerdo con la Alemania conservadora. Sólo debería preocuparse en el caso de que ese acuerdo se rompiera si en Alemania volvieran al poder los pro-occidentales, es decir, los socialdemócratas”.

El fracaso del Partido Comunista Alemán (KPD) en su labor revolucionaria de postguerra no supuso un gran contratiempo para el régimen soviético. Es más, se diluyo cuando Stalin promulgó la revolución socialista en un solo país. Esto no significó que los bolcheviques hubieran perdido su interés por Alemania. Simplemente hubo un cambio en el mismo: de bandera del socialismo mundial pasaba a ser fuente de ayudas y recursos para el socialismo ruso.

Los soviéticos se dieron cuenta bien pronto de que, con un gobierno conservador en Alemania, podían lograr los mismos resultados que con uno comunista. La experiencia de Karl Radek les aseguraba que el odio alemán a Versalles era lo suficientemente profundo como para acercarlos irremediablemente a Rusia. Sólo existía un problema: la posibilidad de que la República de Weimar fuese gobernada por un grupo político pro-occidental. Es decir, los socialdemócratas. Ellos fueron los que, en el Reichstag de 1926, denunciaron la colaboración militar con la Unión Soviética. No es de extrañar que entre los comunistas se les denominase socialfascistas.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[3] La revolución alemana de 1918-1919; Sebastian Haffner – Inédita – Barcelona – 2005.

[4] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[5] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

Radek como cerebro de Rapallo


“…Radek se hizo con un abrigo del ejército austríaco y se coló en Berlín como si fuera un refugiado de guerra que regresa a su patria. (Hablaba tanto alemán austríaco como polaco y ruso a la perfección, aparte de otras tres o cuatro lenguas incorrecta pero fluidamente.) En Berlín no participó en el congreso de consejos, pero sí estuvo presente el día de la fundación del partido comunista alemán (KPD), vio el levantamiento de enero, el triunfo de la contrarrevolución y el asesinato de Liebknecht y Rosa Luxemburg, mantuvo contacto durante un par de semanas con sus compañeros de partido alemanes desde domicilios cambiantes y finalmente fue capturado durante una de las cazas de comunistas entonces frecuentes”.

Es bien sabido que Karl Radek no estuvo físicamente en Rapallo; es más, tampoco intervino desde la distancia en las negociaciones. No obstante, Sebastian Haffner dedica buena parte del capítulo que nos ocupa en narrarnos la historia de este curioso personaje. Esto se debe a que, gracias a la experiencia de Radek, los bolcheviques conocían perfectamente la herida que el tratado de Versalles había dejado en el corazón de los alemanes.

De vuelta a su Rusia natal, el prisionero comunista llevó consigo una información valiosísima para el desarrollo de la diplomacia soviética con respecto a Alemania. Karl Radek no intervino en Rapallo, pero sin el es posible que este tratado nunca hubiera llegado a buen puerto.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.