La desarticulación de Rusia como objetivo


“…si querían revolucionar Rusia, desarticular el imperio del zar desde su interior, los bolcheviques eran el instrumento que había que utilizar. El resto de ex revolucionarios, al igual que los socialdemócratas alemanes, se habían convertido en patriotas de guerra; algunos aún querían derrocar al zar, pero con el argumento de que dirigía mal la guerra. Por supuesto, a Alemania eso no le servía de nada. Sólo los bolcheviques estaban absolutamente contra la guerra y dispuestos a hacer la revolución incluso durante la misma…” En sus tratos con Lenin el II Reich buscaba sacar a Rusia de la Gran Guerra para tener las manos libres en el este y poder volcar todo su potencial bélico en el frente occidental. Y, en 1917, los bolcheviques eran los únicos que, bajo la promesa de alcanzar la paz, buscaban la revolución para sacar a la nación del conflicto.

Sólo así podrían vencer en la guerra occidental. Este objetivo, nos indica Sebastian Haffner, se pudo haber alcanzado con el Nicolás II en el poder. Sin embargo, Alemania quería algo más; por eso llevó a cabo la grotesca decisión de aliarse con Lenin. El II Reich no quería una paz sin vencedores ni vencidos, deseaba ardientemente desarticular el podería ruso durante mucho tiempo. Para eso no servía el zar; había que recurrir a una revolución que instalara en el país un gobierno débil e incapaz de oponerse a los deseos expansionistas alemanes.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

El descubrimiento de Lenin


“Y es que en marzo de 1917, Lenin no era de ninguna manera la figura conocida mundialmente en la que se convirtió medio año después (…) las más altas instancias del Reich se ocuparon de este emigrante ruso medio muerto de hambre, y él trato con ellas de igual a igual. Medio año más tarde daría un giro a la historia mundial. Pero ¿cómo llegaron los alemanes a él?” Ciertamente Lenin no resultaba una amenaza inminente para el sistema zarista. No era más que un mediocre revolucionario exiliado en Suiza desde comienzos de la Gran Guerra. Allí malvivía y se deprimía en medio de una situación miserable desde el punto de vista material e intelectual. Sin embargo, en su peor momento, lo fueron a buscar a ese preciso lugar los grandes jerarcas del Reich alemán.

Al llegar a este punto Sebastian Haffner se pregunta cómo descubrieron los alemanes a Lenin. A modo de respuesta da un nombre, Kesküla: un joven estonio de origen alemán. Este personaje de tendencias políticas izquierdistas dibujo en la mente del II Reich la figura del único revolucionario enemigo de Nicolás II y de la Gran Guerra. Si los líderes germanos buscaban eliminar a Rusia de la contienda, su hombre estaba en Zúrich. La lectura de sus textos acabó por convercerlos de ello. Fue así como, desde noviembre de 1914, la opción revolucionaria bolchevique contó en los planes de guerra de los miembros del alto mando alemán. Fueron ellos los que, tras descubrir a Lenin, lo trasladaron a Rusia para que allí mostrara al mundo su valía como revolucionario. El mérito fue del bolchevique, pero sin el II Reich hubiera sido imposible el octubre ruso de 1917.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

Alemania y la Revolución Soviética


Iniciamos el repaso a El pacto con el diablo con el capítulo que lleva este título: Alemania y la Revolución Soviética. Los próximos siete artículos relacionados con este libro tratarán de resumir los elementos más importantes de ese epígrafe: El descubrimiento de Lenin, La desarticulación de Rusia como objetivo, El pacto de los dos diablos, La figura de Alexander Helphand, El viaje de Lenin y los abuelos de las repúblicas alemanas, La victoria en el último momento, y Sacar a Lenin de “una botella”. Sin embargo, como pequeña joya les dejo esta sugerente cita con la que Sebastian Haffner finaliza el capítulo al que nos referimos:

“En los retablos medievales que representan a Dios en su gloria, rodeado de querubines que lo alaban y los ejércitos celestiales, a menudo también se puede ver, en alguna esquina inferior, al diablo –sea en actitud de amenaza impotente o de veneración obligada-; la cuestión es que él forma parte del todo, sin él la creación no sería completa, realiza su contribución al mundo de Dios. Cuando la Unión Soviética celebra su acto fundacional, el éxito de la revolución de Octubre y el triunfo de Lenin, en el fondo bastaría con que adoptara esta costumbre de la antigua Iglesia. La Alemania imperial y sus herederos hasta la República Federal serían para Lenin los herederos del diablo; pero sin este diablo no hubiera habido revolución de Octubre ni Unión Soviética. También en su creación intervino la mano del diablo”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

Introducción a «El pacto con el diablo»


En las próximas semanas voy a dedicar varios artículos a otro de los trabajos de Sebastián Haffner. El pacto con el diablo es un apasionante y ameno repaso a las relaciones germano-soviéticas entre 1914 y 1945. Un viaje a través de esos años que, sin ser exhaustivo, aborda las escenas fundamentales de las relaciones entre ambos Estados. En este libro el autor nos describe una vez más su peculiar visión de la Historia alemana; aspectos que ya venía tratando en otras de sus obras. Sin embargo, el carácter específico de El pacto con el diablo nos permite redescubrir esas ideas desde una óptica distinta. Además, Sebastián Haffner nos descubre otras cuestiones nuevas no recogidas en sus otros libros. Es, en definitiva, un trabajo que nos ayuda a profundizar aún más en la Historia de Alemania y la Unión Soviética en el siglo XX.

Como adelanto de este repaso les dejo con esta cita sacada del libro: “La historia de las relaciones entre Alemania y Rusia en el período de entreguerras es más apasionante que cualquier novela. Todo intento de buscar otro ejemplo de una ligazón tan mortal e íntima entre dos pueblos sería en vano. En la novela germano-rusa se ha probado y ejecutado casi cada variación pensable de posibles relaciones, incluidas las más extremas”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

La escuela de Europa


En este conjunto de citas se adivina la preocupación de Robert Schuman por el desarrollo de la conciencia europea entre los ciudadanos y los gobiernos miembros. No se trata, como bien muchas veces afirmó, de negar las identidades nacionales, sino de reconocer la europeidad de todas ellas y enterrar los antagonismos existentes.

Nunca se dirá bastante: Europa no se hará ni únicamente ni principalmente con instituciones europeas; su creación marchará por el camino del espíritu con que se vaya haciendo. De ahí la importancia de una libre circulación de las ideas y de los hombres entre los países europeos; los países que se nieguen a ello se excluyen por principio ellos mismos de Europa. Al formular este principio, no ignoramos que de ningún modo la preocupación razonable por la seguridad, las precauciones temporales que se han de tomar contra el para, la necesidad de salvaguardar el secreto profesional, la propiedad literaria y artística. Lo que reprobamos es el proteccionismo sistemático practicado en detrimento de un libre intercambio que significa emulación, selección automática y confianza.

(…)

La desintoxicación de los manuales de Historia es una de las primeras necesidades. No está en contradicción ni con la libertad de pensamiento y de expresión de los adultos, ni con el verdadero patriotismo que debe ser enseñado a la juventud.

Con el pretexto de servir al sentimiento nacional y al culto de un pasado glorioso, se ignora con frecuencia el deber de ser imparcial y de ser veraz; se cree que hay que hacer sistemáticamente apología de lo que en realidad fue perfidia, explotación cínica de la fuerza y del terror; con demasiada frecuencia se achacan los errores a la nación rival.

Por el contrario, se debería enseñar las causas profundas de los antagonismos que han desgarrado a la humanidad; lo absurdo d elos sacrificios que tantas guerras dinásticas han impuesto a los pueblos que han pagado las ambiciones frívolas y el fanatismo.

Sin deseo de corregir retrospectivamente la Historia, nos resistimos al fatalismo que se resigna con una inevitable alternancia de demostraciones de fuerza.

La enseñanza debe predisponer al alumno para una visión menos pesimista, más constructiva del futuro.

Boceto de hoja de Christoph Probst


Tras la detención de los hermanos Scholl, la policía procedió a registrar su vivienda. Allí encontraron el último escrito de este grupo opositor redactado en territorio alemán –desde el exilio continuó, muy debilitada, esta actividad-; se trataba de un boceto firmado por Christoph Probst. Esto sirvió como prueba para el encarcelamiento y la ejecución de este miembro de la Rosa Blanca, pero también como muestra póstuma de la valentía de estos jóvenes. En el siguiente escrito vuelve a surgir la cuestión de Stalingrado, pero con un matiz nuevo. Probst da a elegir a los lectores: levantarse contra los nazis forjando así un futuro esperanzador, o vincularse definitivamente a la locura de Hitler que, de seguro, los ha de llevar a un hundimiento similar al del frente oriental.

¡Stalingrado!

200.000 hermanos alemanes han sido sacrificados en aras del prestigio de un impostor militar. Las condiciones humanas de la capitulación que han impuesto los rusos se han ocultado a los soldados sacrificados. El general Paulus ha recibido, por ese asesinato en masa, el distintivo de mariscal. Altos mandos se han salvado de la batalla de Stalingrado saliendo en avión.

Hitler prohibió a los cercados que se retiraran hacia las tropas de la retaguardia. Ahora, la sangre de los 200.000 soldados sacrificados clama acusando al asesino Hitler.

¡Trípoli! Se entregó sin condiciones al VIII ejército británico ¿Qué hicieron los ingleses? Permitieron que la vida de los ciudadanos continuara su ritmo. Incluso dejaron a la Policía y a los funcionarios en sus cargos. Sólo una cosa la hicieron a fondo: limpiaron la mayor ciudad colonial italiana de todos los falsos cabecillas e infrahombres. Con toda seguridad se abalanzan las fuerzas, muy superiores, de todos los lados. Mucho menos que Paulus capitulará Hitler ¡Ojalá ya no haya escapatoria para él! ¿Queréis ser engañados como los 200.000 hombres que defendieron Stalingrado en puestos perdidos? ¿Ser masacrados, esterilizados o que os quiten a vuestros hijos? Roosevelt, el hombre más poderoso del mundo, dijo el 26 de enero en Casablanca: “nuestra lucha de aniquilamiento no se dirige contra los pueblos, sino contra los sistemas políticos. Sólo luchamos hasta la capitulación sin condiciones” ¿Se precisa reflexionar para tomar una decisión?

Se trata de millones de vidas humanas ¿Ha de sufrir Alemania el mismo destino que Trípoli?

Hoy, toda Alemania esta cercada como lo estuvo Stalingrado. Todos los alemanes serán sacrificados al mensajero del odio y de la voluntad de destrucción. A él, que ha torturado a los judíos hasta la muerte, que ha aniquilado media Polonia, que quiso destruir Rusia, a quien os robó la libertad, la paz, la felicidad de las familias y la alegría y os dio en contra la inflación ¡No puede ser! Hitler y su régimen deben caer para que Alemania siga viviendo. Decidíos: Stalingrado y el hundimiento o Trípoli y un futuro esperanzador. Y cuando os hayáis decidido, actuad.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Sexta hoja de la Rosa Blanca II


Continuamos con el repaso de la sexta hoja de la Rosa Blanca, el último escrito que estos universitarios muniqueses lograron difundir entre los jóvenes alemanes. Este segundo fragmento mantiene las líneas esbozadas en el artículo anterior: rechazo de la formación educativa nacionalsocialista y de sus organizaciones juveniles que desde niños han sufrido, denuncia de los desastres acaecidos en el frente ruso, y exaltación de la individualidad de la persona atacada por la ideología nazi desde sus inicios.

Para nosotros sólo hay un lema: ¡la lucha contra el partido! ¡Fuera de las formaciones del partido, en las que se nos quiere hacer callar políticamente! ¡Fuera de las aulas de los jefecillos de la SS y de los aduladores del partido! ¡Lo que nos importa es la verdadera ciencia y la auténtica libertad de espíritu! Ninguna amenaza nos puede atemorizar, ni tampoco que nos cierren nuestras universidades. Se trata de la lucha de cada uno de nosotros por nuestro futuro, nuestra libertad y nuestro honor en un Estado consciente de su responsabilidad moral.

¡Libertad y honor! Durante diez largos años, Hitler y sus compadres han exprimido hasta el hastío estas dos magníficas palabras alemanas, las han manido y tergiversado como sólo lo pueden hacer diletantes que echan a los cerdos los mayores valores de una nación. Lo que para ellos significan la libertad y el honor lo han demostrado suficientemente en diez años de destrucción de toda libertad material y espiritual, de toda la sustancia moral del pueblo. Hasta al alemán más torpe le ha abierto lo ojos la horrible carnicería que han causado en toda Europa en nombre de la libertad y el honor, y que causan de nuevo cada día. El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.

Estudiantes: ¡nos mira el pueblo alemán! De nosotros espera, como en 1813, cuando arrojó de sí el terror napoleónico, que del mismo modo arrojemos el terror nacionalsocialista en 1943. Beresina y Stalingrado se alzan en llamas en el Este; ¡los muertos de Stalingrado nos conjuran!

“Levántate, pueblo mío, los signos de las llamas humean”.

Nuestro pueblo se alza contra la esclavitud de Europa por parte del nacionalsocialismo, en una nueva victoria creyente de la libertad y del honor.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Sexta hoja de la Rosa Blanca


La sexta hoja de la Rosa Blanca representó para este grupo opositor al nazismo el culmen y la caída al mismo tiempo. El desastre alemán en Stalingrado fue aprovechado por los jóvenes estudiantes de Munich para lanzar sus más duras críticas contra Hitler y su régimen. Estaban consiguiendo su objetivo último: incomodar a los nazis con su actividad opositora. Sin embargo, estos éxitos se vieron empañados por la detención de los hermanos Scholl mientras distribuían los escritos por la universidad de su ciudad. Este fue el comienzo de las persecuciones, detenciones y ejecuciones. Tras este hecho la Rosa Blanca desapareció, pero con el importante logro de haber despertado la conciencia de muchos contemporáneos alemanes y de tantos otros en la época de postguerra.

¡Compañeras! ¡compañeros!

Nuestro pueblo se encuentra conmocionado por el hundimiento de los hombres en Stalingrado. Trescientos treinta mil hombres alemanes han sido abocados a la muerte, sin sentido e irresponsable, por la genial estrategia del cabo de la Guerra Mundial. Führer, ¡muchas gracias!

El pueblo alemán está en efervescencia ¿Vamos a seguir confiando el destino de nuestros ejércitos a un aficionado? ¿Vamos a sacrificar al resto de nuestra juventud alemana a los más bajos instintos de poder de una camarilla de partido? ¡Nunca jamás! El día del ajuste de cuentas ha llegado, el ajuste de cuentas de la juventud alemana con la tiranía más execrable que haya soportado jamás nuestro pueblo. En nombre de todo el pueblo alemán exigimos del Estado de Adolf Hitler que nos devuelva la libertad personal, el bien más preciado de los alemanes, que nos ha quitado del modo más infame.

Hemos crecido en un Estado de despiadado sometimiento de la libre expresión. HJ (Juventudes Hitlerianas), SA y SS han intentado uniformarnos, revolucionarnos y narcotizarnos en los años más fértiles de nuestras vidas. “Formación ideológica” se llamaba el deplorable método para sofocar el pensamiento autónomo y los valores personales en la nebulosa de frases vacías. Una selección de caudillos tan demoníaca y torpe a la vez como es imposible de concebirse, intentaba formar a los futuros cabecillas del partido en castillos, para hacer de ellos explotadores sin Dios, sin vergüenza y sin conciencia, asesinos, secuaces estúpidos del Führer. Nosotros, “trabajadores del intelecto”, éramos para ellos meros instrumentos para esa nueva capa de dominadores. Soldados que han luchado en el frente son tratados como niños por los jefes de los grupos de aspirantes a gobernadores; los Gauleiter atacan con burlas lascivas el honor de los estudiantes. Los estudiantes de la Universidad de Múnich han dado a la profanación de su honra una respuesta digna; los estudiantes alemanes han defendido a sus compañeras y han sabido resistir… Este es el principio de nuestra libre determinación, sin la cual no se pueden crear valores espirituales ¡Nuestro agradecimiento es para las valientes compañeras, para los valientes compañeros que nos han precedido con su ejemplo!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Quinta hoja de la Rosa Blanca II


En este segundo fragmento de la quinta hoja los autores buscan aprender del pasado para construir un futuro mejor. Sacan sus conclusiones de los dos grandes conflictos del siglo XX, y eso les lleva a ver la necesidad de enterrar dos peligrosos fantasmas: el imperialismo y el militarismo prusiano. Además, también vislumbran la futura cooperación europea y el federalismo alemán.

¿Qué nos enseña el desenlace de esta guerra, que nunca fue una guerra nacional?

La idea imperialista, venga de donde venga, ha de ser desterrada para siempre. Nunca más debe llegar al poder un militarismo prusiano. Sólo en la cooperación generosa de los pueblos europeos se han de sentar las bases sobre las que será posible un nuevo comienzo. Todo poder centralista, como ha intentado ejercerlo en Estado prusiano en Alemania y en Europa, ha de ser ahogado en su germen.

La futura Alemania sólo puede ser federalista. Sólo un sano orden federalista es capaz de dar nueva vida a una Europa debilitada. Los trabajadores han de ser liberados de su estado de ínfima esclavitud por un socialismo racional. El espejismo de la economía autárquica ha de desaparecer de Europa ¡Todos los pueblos, cada persona individual tiene derecho a los bienes de la tierra!

Libertad de expresión, libertad de confesión, protección del ciudadano individual frente a las arbitriariedades de los Estados violentos y criminales: esta es la base de la nueva Europa.

¡Apoyad el movimiento de resistencia, repartid las hojas!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

Quinta hoja de la Rosa Blanca


En esta quinta hoja los jóvenes de la Rosa Blanca iniciaban su exposición con lo que, a esas alturas del conflicto, les parecía una evidencia: el III Reich caminaba inevitablemente hacia la derrota en la Guerra Mundial. También afirmaban que, a pesar de seguir luchando, Hitler sabía que todo estaba perdido. Sin embargo, su objetivo no era ya la victoria, sino la destrucción de Alemania; esa nación que, según su peculiar visión del mundo, no había sabido imponerse a sus enemigos. Dicho esto, hacen un llamamiento a la rebelión del pueblo alemán; les piden que, de una vez por todas, abandonen el barco del Führer. Les aseguran que el destino de Alemania no está irremediablemente unido al de los nazis, que la derrota de estos no es la de todo el pueblo. Es, al fin y al cabo, insistir en la idea de que no se encontraban ante una guerra nacional, sino nacionalsocialista.

Hojas del movimiento de resistencia en Alemania

Llamamiento a todos los alemanes

La guerra se acerca a su fin seguro. Como en 1918, el gobierno alemán intenta dirigir toda la atención al creciente peligro de los submarinos, mientras que en el Este los ejércitos están en continua retirada y en el Oeste se espera la invasión. El armamento americano no ha alcanzado todavía su punto máximo, pero ya hoy sobrepasa todo lo que conoce la Historia. Con matemática seguridad, Hitler lleva al pueblo alemán al abismo. Hitler no puede ganar la guerra, sino sólo prolongarla. Su culpa, y la de sus cómplices, ha superado infinitamente toda medida ¡El justo castiga se acerca más y más!

Pero, ¿qué hace el pueblo alemán? No ve ni oye. Cegado sigue a sus seductores a la perdición ¡Victoria a cualquier precio!, han dicho. Lucharé hasta el último hombre, dice Hitler. Pero la guerra ya está perdida.

¡Alemanes! ¿Queréis sufrir, vosotros y vuestros hijos, el mismo destino que han tenido los judíos? ¿Queréis ser juzgados por el mismo rasero que aquellos que os han seducido? ¿Hemos ser el pueblo odiado y repudiado por todo el mundo, para siempre? ¡No! Por tanto, apartaos de los infrahombres nacionalsocialistas ¡Demostrad con hechos que pensáis de otro modo! Comienza una nueva guerra de liberación. Lo mejor del pueblo lucha a nuestro lado. Romped el manto de la indiferencia que rodea vuestro corazón ¡Decidíos antes de que sea demasiado tarde! No creáis en la propaganda nacionalsocialista, que os ha metido miedo con el bolchevismo. No créais que la salvación de Alemania está unida para bien o para mal con la victoria del nacionalsocialismo. Unos criminales no pueden conseguir la victoria alemana ¡Separaos a tiempo de todo lo relacionado con el nacionalsocialismo! Depués vendrá un tribunal horrible, pero sobre los que se han mantenido cobardes e indecisos.

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.