El viaje de Lenin y los abuelos de las repúblicas alemanas


“Hay que tener en cuenta que los aliados de Lenin y comadronas de la revolución de Octubre fueron la derecha alemana, el imperio del káiser, los abuelos políticos y sociales de la República Federal de hoy en día. La izquierda alemana, que por aquel entonces –por lo menos de palabra- no era ni socialista ni revolucionaria, los líderes del movimientos obrero, los abuelos de la actual RDA, no tuvieron nada que ver con todo eso”. Esta sugerente cita de Sebastian Haffner –hay que tener en cuenta que su redacción es de 1988, año en el que Alemania continuaba dividida- deja al desnudo lo antinatural que era el apoyo del Reich alemán a la revolución bolchevique. No sólo la derecha prestó un total apoyo a su principal enemigo ideológico, sino que la propia izquierda se abstuvo de participar en el proyecto.

Las élites aristocráticas del imperio alemán pactaron con la revolución para eliminar a Rusia del juego de la Gran Guerra. Fue un acuerdo demente, de eso no cabe duda. Sin embargo, resulta más sorprendente a primera vista la repugnancia mostrada por la socialdemocracia del SPD ante tales planes. Este partido, tan activo a la hora de apoyar a la nación en el conflicto bélico, no dudó en manifestar su antipatía hacia la figura de Lenin. En resumen, los “abuelos” de la futura Alemania occidental abrazaron durante unos pocos meses de 1917 la causa bolchevique, mientras que la futura república comunista alemana (RDA) la repudió como si se tratase del mismísimo diablo.

Semejante maraña de encuentros y desencuentros es fácilmente comprensible si tenemos en cuenta la evolución de la propia socialdemocracia alemana. A lo largo del reinado de Guillermo II el partido había ido encontrando su lugar dentro del sistema –el control del Reichstag-, se había acomodado dentro de él hasta el punto de renunciar a sus raíces revolucionarias. Es comprensible, pues, que al “tibio” SPD le horrorizasen sobremanera los planteamientos extremistas de Lenin. Además, para todos aquellos que todavía conservasen algo de ese espíritu revolucionario –destacan en ese campo los miembros del escindido USPD- la victoria alemana en el conflicto, favorecida por la guerra en un solo frente, era un freno para la construcción del socialismo en Alemania. Cabe destacar, al llegar a este punto, lo lejos que sus postulados estaban de los planteamientos de Alexander Helphand.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

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La figura de Alexander Helphand


“Al igual que Lenin, Helphand aspiraba a la revolución mundial y tenía como objetivo una Europa socialista. Pero a diferencia de Lenin, nunca tuvo dudas ni escrúpulos respecto a que el camino que debían seguir para alcanzar ese objetivo era la alianza incondicional con la Alemania imperial, porque ésta, según el razonamiento de Helphand, paulatinamente se volvería socialista, sin revolución alguna, puesto que ya estaba encaminada hacia ello. El Partido Socialdemócrata (SPD) iría cogiendo las riendas de la guerra, y la victoria alemana sería de hecho su victoria”.

Alexander Helphand, revolucionario ruso que a comienzos de la Gran Guerra había colaborado con Trotski, era partidario de la alianza con el II Reich. Según sus postulados la situación alemana llevaba inevitablemente a que el SPD se hiciese con el poder de forma incruenta. Alemania se volvería entonces socialista y, tras un más que deseable triunfo en el conflicto bélico, extendería por toda Europa este sistema. Por el contrario, Rusia si iba a necesitar de una revolución para librarse del yugo zarista; la gran nación de la estepa no estaba preparada –como bien predijo Marx- para acoger el sistema socialista. Por tanto, aceptar la ayuda alemana para “revolucionar” las tierras rusas, era la mejor opción según Helphand. Además, con los bolcheviques en el poder, Rusia abandonaría la guerra, facilitando así el triunfo de la futura Alemania del SPD.

Lenin no compartía muchos de los planteamientos de Helphand. Veía necesario llevar a cabo una revolución en Rusia, pero también en Alemania. Creía que esta era la nación más importante para el desarrollo del socialismo, pero defendía que su triunfo en la Gran Guerra sólo beneficiaba a los fines imperialistas del Reich. Sostenía que el SPD no llegaría al poder y que, en caso de conseguirlo, no construirían un país socialista. Los socialdemócratas le producían sarpullidos al líder de los bolcheviques; los consideraba traidores de la clase obrera: odiados enemigos. Y entre ellos estaba el doctor Alexander Helphand. El alto mando alemán creyó acertar al utilizarlo como intermediario en su relación con Lenin. Sin embargo, ese error les costó la negativa de este hasta febrero de 1917. Finalmente, a causa de la urgencia, ambos llegaron a un acuerdo. No obstante, eso no sirvió para que el bolchevique modificara su opinión sobre la tibia socialdemocracia.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

Alemania y la Revolución Soviética


Iniciamos el repaso a El pacto con el diablo con el capítulo que lleva este título: Alemania y la Revolución Soviética. Los próximos siete artículos relacionados con este libro tratarán de resumir los elementos más importantes de ese epígrafe: El descubrimiento de Lenin, La desarticulación de Rusia como objetivo, El pacto de los dos diablos, La figura de Alexander Helphand, El viaje de Lenin y los abuelos de las repúblicas alemanas, La victoria en el último momento, y Sacar a Lenin de “una botella”. Sin embargo, como pequeña joya les dejo esta sugerente cita con la que Sebastian Haffner finaliza el capítulo al que nos referimos:

“En los retablos medievales que representan a Dios en su gloria, rodeado de querubines que lo alaban y los ejércitos celestiales, a menudo también se puede ver, en alguna esquina inferior, al diablo –sea en actitud de amenaza impotente o de veneración obligada-; la cuestión es que él forma parte del todo, sin él la creación no sería completa, realiza su contribución al mundo de Dios. Cuando la Unión Soviética celebra su acto fundacional, el éxito de la revolución de Octubre y el triunfo de Lenin, en el fondo bastaría con que adoptara esta costumbre de la antigua Iglesia. La Alemania imperial y sus herederos hasta la República Federal serían para Lenin los herederos del diablo; pero sin este diablo no hubiera habido revolución de Octubre ni Unión Soviética. También en su creación intervino la mano del diablo”.

Bibliografía:

[1] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[2] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[4] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[5] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.