Explica las causas de la invasión musulmana y de su rápida ocupación de la península.


OCTAVO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

Una explicación de la invasión de la península Ibérica por parte de los musulmanes requiere, en primer lugar, resumir brevemente la evolución del mundo islámico hasta el año 711. A eso se dedicará la primera parte de este texto, que irá seguida de una exposición de los principales motivos que permiten explicar la desintegración del poder visigodo en apenas tres años. El último apartado estará dedicado a los acuerdos entre determinados nobles hispanos y las nuevas autoridades musulmanas.

En las primeras décadas del siglo VII, un comerciante de La Meca comenzó a predicar una nueva confesión monoteísta. Su nombre era Mahoma y, en apenas una década logró convertirla en la principal religión de la península Arábiga. A partir de entonces, gracias en gran medida al impulso de la idea de la yihad o guerra santa, el Islam logró extenderse por todo el norte de África, alcanzando el extremo sur del estrecho de Gibraltar.

Uno de los motivos que permite entender la rapidez de la invasión musulmana del 711 es, sin lugar a dudas, la división existente en el seno de la nobleza visigoda. La disputa entre el rey Rodrigo y los hijos del anterior monarca, Vitiza, favoreció el éxito de las expediciones de conquista comandadas por Tariq ibn Ziyad y Musa ibn Nusayr. El primero de ellos, desembarcó en la Península con siete mil hombres, a los que poco después se unieron otro cinco mil. Con ellos derrotó al ejército visigodo en la batalla de Guadalete, donde perdió la vida el propio rey Rodrigo.

La derrota militar tuvo dos consecuencias funestas para el reino de Toledo. En primer lugar, convenció a Musa, gobernador de Ifriquiya, de la necesidad de cruzar el Estrecho con un nuevo ejército invasor. De esta manera, él mismo penetró en territorio peninsular con otros 12.000 soldados. Y, en segundo término, animó a los musulmanes a proseguir su avance en dirección a Toledo (712) y, una vez tomada la plaza, hacia Zaragoza (714).

En definitiva, el desmoronamiento del poder visigodo, unido al empuje que aportaba la nueva religión surgida en Arabia, hizo posible que, en apenas tres años, la Península pasara a convertirse en parte del Califato Omeya de Damasco. Ahora bien, la rapidez de la conquista se debió también, en gran medida, a los pactos alcanzados por los musulmanes con los nobles visigodos. Estos últimos, temerosos de perder sus territorios y privilegios, decidieron someterse al nuevo poder dominante a cambio de mantener sus posesiones. Por tanto, aunque se dieron episodios violentos, sobre todo en forma de batallas y asedios, buena parte de la invasión se llevó a cabo por la vía del acuerdo.

Identifica las diferencias entre una imagen de pintura cantábrica y otra levantina.


SÉPTIMO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

A la hora de abordar las principales diferencias entre la pintura rupestre cantábrica y la levantina, hay que hacer hincapié, en primer lugar, en la cronología. Si bien los dos tipos de manifestaciones se desarrollaron durante el periodo prehistórico, el arte de la zona norte suele datarse en el Paleolítico Superior (35.000 – 9.000 a. C.) y el de la costa mediterránea en el Mesolítico (9.000-6.000 a. C.).

En segundo término, es necesario detenerse en las características de las figuras representadas. Mientras que en el arte rupestre cantábrico es indiscutible el protagonismo de los animales –sobre todo uros, ciervos, caballos y cabras-, en el levantino predominan las escenas de caza, da combate y de la vida cotidiana, así como danzas guerreras. Además, en el primero se aprecia cierta tendencia al realismo, siendo el carácter esquemático de las figuras el rasgo fundamental de la pintura de la zona mediterránea. En definitiva, no existía una intención realista, sino que les interesaba captar el movimiento y para ello creaban composiciones en diagonal.

En lo relativo a la localización y al uso del color, hay que señalar que el arte rupestre cantábrico se desarrollo fundamentalmente en el interior de las cuevas, siendo la policromía una de sus principales características. Por su parte, el arte levantino situó sus conjuntos en abrigos rocosos o en oquedades naturales al aire libre que se forman en las sierras calizas. Emplearon el color rojo, el negro y blanco, que eran obtenidos de diferentes minerales. Y no los mezclaron, por lo que en sus pinturas, a diferencia de las cantábricas, no existe ni la bicromía, ni la policromía, ni la gradación de tonalidades.

Por último, con el fin de ampliar la información aportada a lo largo de los párrafos anteriores, se procederá a mencionar algunos de los principales yacimientos peninsulares de arte rupestre prehistórico. De la zona cantábrica destaca, sin lugar a dudas, Altamira (Cantabria), si bien existen importantes restos pictóricos en El Castillo (Cantabria), El Pindal (Asturias) y Tito Bustillo (Asturias). Por su parte, en el arte levantino habría que citar Abrigo de Cogull (Lleida), el Barranco des Gascons (Teruel), la Cueva de la Araña (Valencia) y la Cueva de los Caballos de la Valltorta (Castellón).

Representa una línea del tiempo desde el 250 a. C. hasta 711 d. C., situando en ella los principales acontecimientos históricos.


SEXTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

227 a. C. Fundación de Cartagonova.
225 a. C. Tratado del Ebro entre Roma y Cartago.
218 a. C. Comienzo de la Segunda Guerra Púnica.
211 a. C. Derrota y muerte de Publio y Cneo Cornelio Escipión.
209 a. C. Conquista de Cartagonova por para de los romanos.
206 a. C. Conquista de Gades por para de los romanos.
204 a. C. División provincial de Hispania: Citerior y Ulterior.
201 a. C. Final de la Segunda Guerra Púnica.
155 a. C. Comienzo de las Guerras Celtíberas.
133 a. C. Final de las Guerras Celtíberas.
123 a. C. Los romanos desembarcan en Mallorca.
80-71 a. C. Apoyo hispano a Sertorio.
31 a. C. Inicio del reinado de Augusto.
27 a. C. Comienzo de las Guerras Cántabras.
26 a. C. Fundación de Emérita Augusta.
19 a. C. Final de las Guerras Cántabras.
14. Final del reinado de Augusto.
72. Edicto de Vespasiano.
212. Edicto de Caracalla.
313. Reconocimiento de Constantino.
568. Inicio del reinado de Leovigildo.
586. Final del reinado de Leovigildo.
589. Conversión de Recaredo (III Concilio de Toledo)
653. Liber Iudiciorum
710. Coronación de don Rodrigo.
711. Invasión musulmana.

Dibuja un mapa esquemático de la península Ibérica y delimita en él las áreas ibérica y celta.


QUINTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

En los mapas adjuntos (ver imágenes de cabecera y pie) aparecen delimitadas las dos culturas predominantes de la Península en época prerromana: íberos y celtas. Como se puede observar, los primeros ocupaba la costa levantina desde los Pirineos hasta Gades (Cádiz), mientras que los segundos extendieron su influencia por las dos mesetas y el noroeste peninsular.

En color verde se representan los pueblos pertenecientes a la cultura íbera, así como el nombre de los grupos que la conformaban. Serían, de norte a sur, los vascones, iacetanos, ilergetes, lacetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, bastetanos y bástulos. Por su parte, los celtas aparecen representados en color azul, y de entre ellos cabe destacar a los caláicos, astures, cántabros, autriganes, caristios, várdulos, berones, tumódigos, vacceos, lusitanos, vettones, carpetanos, titos, belos, célticos, oretanos, olcades y turdetanos.

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Resume las características de la monarquía visigoda y explica por qué alcanzó tanto poder la Iglesia y la nobleza.


CUARTO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

A lo largo de los siguientes párrafos se abordarán las principales características de la monarquía visigoda, así como la importancia de la Iglesia y la nobleza en el reino. La explicación se divide en dos grandes bloques, estando dedicado el primero a la organización de poder, y el segundo al proceso de unificación de la cultura hispanorromana y visigoda a través del marco legal y el culto religioso.

Sin duda, una de las principales características del reino visigodo fue el carácter electivo de sus monarcas; es decir, la corona no pasaba de padres a hijos -no era hereditaria-, sino que el nombramiento real dependía de una votación entre la nobleza. Los reyes estaban asistidos en su labor de gobierno por la corte palatina o Aula Regia, con sede en Toledo, de la que formaban parte los principales personajes del reino.

En el ámbito social y jurídico destaca la división entre visigodos e hispanorromanos. Tras la conquista de Hispania, los primeros quedaron bajo la autoridad de sus propios gobernantes, los comes civitatis, mientras que los segundos mantuvieron su propia administración municipal y provincial. Además, por encima de los poderes locales se situaron los duces, jefes militares de las provincias que contaban también con atribuciones civiles y judiciales. A las diferencias institucionales se ha de añadir la prohibición de los matrimonios mixtos y la existencia de una legislación para cada grupo. Mientras los visigodos se regían por el Código de Ervigio, los hispanorromanos lo hacían según la Lex Romana Visigothorum. Ahora bien, en el año 653, el rey Recesvinto puso fin a esta dualidad al refundir los antiguos códigos en el Liber Iudiciorum, común a los dos grupos que poblaban la Península.

La unión religiosa entre visigodos e hispanorromanos se produjo en el III Concilio de Toledo del año 589, cuando el rey Recaredo abandonó la confesión arriana y se convirtió al catolicismo. Como consecuencia de este hecho, la Iglesia fue adquiriendo un importante papel, cuya principal manifestación fue el status de asamblea legislativa que adquirieron los concilios. En ellos los obispos ratificaban las decisiones de los reyes y les daban fuerza legal. Además, pasaron a actuar como jueces e inspectores de impuestos, al tiempo que, con su apoyo, respaldaban el ascenso al poder de los distintos monarcas. Por último, al poder político que adquirió la Iglesia en los últimos decenios de existencia del reino visigodo, hemos de añadir la riqueza que supuso la adquisición de grandes extensiones de tierra y numerosos esclavos.

Explica las diferencias entre la economía y la organización social del Paleolítico y el Neolítico y las causas del cambio


PRIMER ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

A lo largo de las siguientes líneas se abordarán las dos primeras etapas de la Prehistoria, así como las diferencias más significativas entre ambas. También se mencionará, aunque de manera sucinta, el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico.

La etapa que conocemos como Paleolítico se desarrolló en la península Ibérica desde los primeros homínidos hasta el 9.000 a. C. Tradicionalmente se ha distinguen tres fases dentro de ella: Inferior (hasta el 100.000 a. C.), Medio (100.000-35.000 a. C.) y Superior (35.000-9.000 a. C.). En la primera de ellas tuvo lugar la aparición del homo antecessor, cuyos restos han sido hallados en el yacimiento Gran Dolina (Atapuerca). Los individuos de esta especie se organizaban en pequeñas hordas de cazadores-depredadores que, en ocasiones, llegaban a practicar el canibalismo. Solían asentarse en las inmediaciones de los ríos, cambiando de asentamiento varias veces a lo largo del año.

Durante el Paleolítico Medio la principal especie de homínidos fue la de los neandertales, quienes compartían con el homo antecessor cuestiones como el nomadismo y una base económica y alimenticia sustentada en la caza. Ahora bien, los grupos humanos de este periodo comenzaron a buscar refugio en las cuevas. Además, en ocasiones las decoraron con pinturas rupestres, lo que parece indicar un principio de culto religioso o espiritual. Por último, gracias al desarrollo de una cultura material más sofisticada, así como a sus mayores capacidades intelectuales, pudieron comenzar a cazar animales de gran tamaño.

El último periodo del Paleolítico sirvió de escenario para la aparición del homo sapiens y su expansión por el planeta. Este grupo homínido desarrolló una cultura material notablemente superior a la de sus antecesores, así como cultos espirituales más complejos, incluyendo los enterramientos individuales con ajuar funerario. Además, perfeccionaron la industria lítica con útiles de hueso y marfil profusamente decorados. En el Paleolítico Superior también surgió la pesca, el marisqueo y la recolección de frutos.

Tal como se ha comentado al comienzo del texto, antes de abordar el Neolítico y sus principales diferencias con el periodo que acabamos de describir, es preciso hacer hincapié en la existencia de una etapa intermedia: el Mesolítico. Entre el 9.000 y el 6.000 a. C., la península Ibérica se sumergió en un proceso de cambio que sirvió de tránsito entre el Paleolítico y el periodo que procederemos a explicar a continuación.

El Neolítico se desarrolló del 9.000 al 2.500 a. C., y su gran diferencia con el periodo anterior fue la aparición de la agricultura y la ganadería. A su vez, la existencia de cultivos y la posibilidad de domesticar ciertos animales hizo posible la aparición de asentamientos estables; hablamos, en definitiva, del final del nomadismo paleolítico, que dio paso a un proceso de sendentarización.

Otro de los aspectos novedosos de los grupos humanos neolíticos con respecto a las etapas históricas anteriores tiene que ver con la fabricación en madera de instrumentos y herramientas de trabajo sofisticadas, como la azada, la hoz y los molinos de viento. A todo esto, hemos de añadir una división más compleja del trabajo, así como la aparición de diferencias sociales.

Por último, es preciso hacer referencia a la existencia de prácticas funerarias y cultos religiosos mucho más avanzados que los propios del Paleolítico. De entre ellos cabe destacar los sepulcros de fosa, pertenecientes a una cultura que se desarrolló durante el IV milenio a. C. en el noreste peninsular.