1989: el «annus mirabilis»

…el año 1989 marca una ruptura, no sólo en la historia de Europa en general, sino también en la de la UE en particular. La caída del comunismo de la Europa del este y, posteriormete del sovietico ha afectado evidentemente a todo el mundo, un mundo que fue durante mucho timepo esclavo de la era del bipolarismo. Pero Europa, Alemania y Berlín constituían la primera línea (el «corazón ardiente») de la Guerra Fría, una confrontación que, en varios momentos, pudo haber desembocado en una conflagración. La CEE/UE fue, esencialmente, un producto de la Guerra Fría que obtuvo su identidad del contraste con el liberalismo de mercado estadounidense, por un lado, pero también con el socialismo de Estado, por el otro. Los acontecimientos de 1989 transformaron más o menos por completo la naturaleza de la UE, y no sólo la de aquellos países que se libraron del dominio comunista.

Pero nadie lo diría, a juzgar por los pronunciamientos oficiales de la UE. La UE hizo bien en girar inmediatamente su atención hacia los países de la Europa del este, pero envolvió el potencial acceso de éstos a la Unión en un vocabulario comunitario tradicional, el de la «ampliación». La Unión ha experimentado sucesivas ampliaciones, todas ellas importantes (y, muy especialmente, la de los países mediterráneos que habían padecido regímenes dictatoriales). Pero la apertura al este no iba a ser otra ampliación sin más. La UE ya no podía ser la misma tras 1989 y no sólo porque se le presentaba el problema de absorber Estados mucho más pobres que la media europea y con una composición socioeconómica distinta, ni por el incremento del número de Estados miembros que aquello iba a suponer. No podía ser la misma porque, con una frontera abierta tanto hacia el este como hacia los Balcanes, la identidad y la naturaleza misma de la UE se hicieron problemáticas.

Todas las referencias y los comentarios sobre la ampliación ocultaron buena parte de lo anterior, como también lo hizo -a su manera- la propuesta de constitución. Las autoridades de la UE y la mayoría de dirigentes políticos vieron en la constitución un medio para consolidar el proyecto europeo existente. Pero era una idea falsa. Y es que era más que evidente -para la población en general, al menos- que había muchos más cambios radicales en el proceso a los que todo el mundo debía adaptarse. La Europa comunista podía ser una amenaza, pero, al mismo tiempo, estabilizaba los problemas al este de la UE, ya que eran responsabilidad de la Unión Soviética. Pero, ahora, la UE limita con (o sus fronteras están más próximas a las de) bielorrusia, Moldavia, Ucrania, Georgia y Armenia, además de con Oriente Próximo y Medio. La entrada de Turquía fue, durante mucho tiempo, un tema considerado sólo «en principio», pero desde 1989 se ha convertido en un asunto de inmediatez práctica.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 255.

«Inside Europe» de John Gunther

Su autor se llamaba John Gunther y su título era Inside Europe. Gunther escribió una larga serie de obras sobre diferentes naciones y regiones del mundo. En ésta en concreto,describía los viajes que había realizado por diversos países de Europa y las entrevistas que allí había realizado a varios dirigentes políticos y a personas de a pie.

Su libro se publicó en 1961. Leerlo hizo que me diera cuenta de la extraordinaria magnitud y alcance de los cambios que han transformado el subcontinente durante los cuarenta años transcurridos desde entonces. En aquel entonces, la Guerra Fría no era tan fría. El autor calificó a Alemania de «corazón ardiente de Europa». Pero pese a la división que partía el continente en dos, el Muro de Berlín aún no existía: 40.000 berlineses vivía en la parte este de la ciudad, pero trabajaban diariamente en la oeste (otros 7.000 hacían justamente el recorrido inverso). Ya por entonces, 3,5 millones de personas habían huido de la Alemania Oriental para establecerse permanentemente en la República Federal Alemana. La Unión Soviética aparece retratada en el libro como una «potencia inmutable», más estable que Estados Unidos, y su dominio sobre Europa oriental es visto del mismo modo. Tres países de la Europa occidental se hallaban bajo el yugo de las dictaduras semifascistas: Portugal, España y Grecia. En Portugal mandaba Salazar, en España lo hacía Franco y en Grecia, los «Coroneles».

El libro de Gunther tiene, aproximadamente, 600 páginas, pero sólo cuatro o cinco de ellas están dedicadas a la CEE, que el autor consideraba entonces como una novedad interesante, pero de importancia bastante marginal. El punto de vista de Guhther era el característico de la época, con la única salvedad de unos pocos visionarios. Sólo cuando lo miramos desde nuestra ventajosa perspectiva actual, apreciamos la importancia fundamental que aquel Tratado de Roma, firmado en 1957, iba a tener.

Anthony Giddens, Europa en la era globa, p. 253.