La educación superior en Europa

Del fracaso relativo de las universidades por Internet -hasta el momento, al menos- podemos extraer importantes lecciones. Para las universidades es muy difícil hacerse con una imagen de marca. Los mejores centros universitarios coinciden con los más antiguos. Uno de los motivos es que el talento en las universidades no es un fenómeno individual: depende de que exista una concentración de otros talentos en ellas. La primera pregunta que un académico destacado le preguntará a otro acerca de su departamento es «¿y quién más está allí?» (es decir, qué otros académicos conocidos trabajan en ese departamento). El prestigo entre universidades -tanto en términos nacionales como globales- depende de la investigación que en ellas se realiza, por muchas horas que sus académicos dediquen a la docencia. Y, en última instancia, el prestigio en las listas o las clasificaciones de centros genera un valor de mercado para éstos. Un título por Harvard, la Sorbona o la LSE, por ejemplo, es valorado en todas partes. El valor de mercado de esos títulos depende también de la escasez con la que se conceden.

Anthony Giddens, Europa en la era global,  p. 232.

Las caricaturas de Mahoma en Jyllands-Posten

Inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el diario francés «Le Monde» publicó un artículo en el que declaraba que «Hoy todos somos americanos». Tras el episodio de las caricaturas danesas, varios diarios europeos publicaron titulares con la leyende «Hoy todos somos daneses». Pues bien, ¿lo somos? Y si lo somos, ¿qué significa realmente, en la práctica, esa declaración? ¿Somos todos daneses ahora? Sí, en el sentido de que la libertad de expresión, acción e investigación (libertad en la que se incluyen también los resultados de las decisiones democráticas) no debe sucumbir a la violencia o a la amenaza del empleo de ésta. Pero, en ese sentido, no deben preocuparnos únicamente los grupos que actúan por motivos religiosos. Cabe aplicar el mismo principio a los activistas en defensa de los derechos de los animales que amenazan o atacan instalaciones científicas, por ejemplo.

¿Hoy somos todos daneses? Sí, si esa declaración significa también hacer frente al dogmatismo y a la intolerancia. En el contexto de la religión, de los que se trata es de enfrentarse al fundamentalismo, de no permitir que una pequeña minoría de fieles hable en nombre de la mayoría de seguidores de una confesión religiosa. Sobre los hombros de los líderes moderados de todas las religiones recae una gran responsabilidad.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 173.

La comunidad islámica en la guerra de Bosnia

«El islam y Occidente» es el tema del momento y con razón. Aparte de los sucesos globales acaecidos fuera de Europa, ha habido numerosos conflictos, choques e incidentes. La guerra en la antigua Yugoslavia «redescubrió» la cultura musulmana como objeto de escarnio y odio. La línea entre los musulmanes y el resto de la población no afloró nunca durante la Yugoslavia de Tito. La mayoría de las personas de origen musulman no tenían una especial conciencia de ello y, desde luego, no lo consideraban un rasgo divisivo en su vida cotidiana. Sólo llegó a serlo cuando estallaron los conflictos y la escalada de los antagonismos infundió fuerza renovadora en los viejos estereotipos.

En los últimos años, hemos sido testigos de atentados terroristas a cargo de radicales islámicos en Madrid y Londres, del asesinato de Theo van Gogh en Holanda, y de marchas y manifestaciones en numerosos países de todo el mundo en protesta por la publicación en un periódico danés de unas caricaturas satíricas con el profeta Mahoma como protagonista.

Las caricaturas aparecieron en el «Jyllands-Posten», un diario con una tirada de unos 150.000 ejemplares. El director tomó la decisión de publicarlas tras una conversación con Frank Hvam, cómico de profesión. Hvam le comentó que él no se atrevía nunca a burlarse del Corán. Kara Bluitgen, un autor de libros infantiles, añadió que, en el libro que acababa de escribir sobre el profeta Mahoma, los artistas cuya colaboración había pedido para que dibujaran las ilustraciones sólo habían accedido a hacerlo de manera anónima. Cuando se publicaron las caricaturas, la reacción se limitó a unas cuantas cartas indignadas de protesta. El asunto alcanzó mucha mayor difusión cuando se informó de que dos de los dibujantes habían recibido amenazas de muerte, con lo que el debate se hizo mucho más extenso. Las caricaturas fueron entonces publicadas de nuevo y se reprodujeron en periódicos de varios países, con lo que la disputa se volvió verdaderamente mundial. Los dibujos desataron violentos enfrentamientos en varios países y más de treinta personas perdieron la vida a consecuencia de ellos.

Los problemas del mundo han dejado de estar «en el exterior», alejados de nosotros, y ahora tienden a introducirse en el centro de nuestras vidas. Nos vemos confrontados personalmente a los problemas globales, por mucho que queramos desmarcarnos de ellos. Que una joven musulmana opte por llevar un pañuelo en la cabeza por la calle, en la escuela o en la universidad en Londres ya no es la decisión inocente que podía ser antaño. Hoy está cargada de significados reales y potenciales.

Anthony Giddens, Europa en la era global, p. 71.