TIEMPO EN EL [AULA]
🔫 La ORGANIZACIÓN del TIEMPO en el AULA es un elemento clave de nuestra labor como profesores.
💪 Pero la SECUENCIA de actividades es una cuestión compleja.
Aquí tienes 10 CONSEJOS para optimizar esos periodos de tiempo.
Después de dos días escribiendo sobre la utilización de los test en el proceso de evaluación –En defensa de las pruebas tipo test y Evaluando con test: apuntar es acertar-, pretendo ahora analizar el uso de aplicaciones que autocorrigen las pruebas.
No pretendo explicar de forma pormenorizada el uso de Socrative, Grade Scanner, Drive o Moodle. Entre otras cosas porque solo trabajo con una de esas aplicaciones, no con todas. Mi objetivo es otro: reflexionar sobre lo que aporta a la labor docente, así como sus peligros.
Después de publicar mi primera entrada, varias personas comentaron que era una buena opción porque se ganaba tiempo en la corrección. Además, destacaban el carácter objetivo de los test en comparación con otro tipo de preguntas más abiertas a interpretación.
En lo que al tiempo se refiere, también debo darles la razón. Aunque es verdad que se tarda mucho más en preparar un cuestionario que en escribir el título de un tema para desarrollar, no es menos cierto que, una vez tienes una base de datos con preguntas de test, ese proceso es bastante sencillo.
A todo esto hemos de añadir el tiempo que nos permiten ahorrar aquellas aplicaciones que corrigen automáticamente los test. Conocer la nota de un alumno escaneando la hoja con el iPad, tal como permite Grade Scanner, es todo un lujo.
No soy enemigo de las aplicaciones auto-correctoras, sino todo lo contrario. Ahora bien, la búsqueda de una fórmula de corrección más rápida puede llevarnos a tener docentes “comodones” e incapaces de detectar las necesidades reales del alumnado.
Una buena fórmula para evitar esos peligros es dedicar al análisis de los resultados el tiempo que nos ahorramos en la corrección. Con esa dedicación, además de evitar convertirnos en profesores aburguesados, adquirimos un conocimiento de las carencias, puntos fuertes y problemas de nuestros estudiantes que difícilmente podríamos tener sin contar con esas herramientas.
En resumen, no cabe duda que la tecnología es un gran aliado en nuestra tarea docente. Sin embargo, en la medida que vaya asumiendo cargas que hasta la fecha recaían únicamente en nosotros, hemos de ir abriendo nuevos campos a nuestra actividad. Lo contrario supondría no avanzar en la calidad de la educación: mera sustitución del profesor por la máquina.
A finales del primer trimestre inicié una exposición de las dificultades que me había encontrado a la hora de aplicar el modelo flipped en 1º de Bachillerato. En esa primera entrada, que puede leerse aquí, me centré en los límites asociados a mi situación personal y a la novedad que suponía para el alumnado la clase invertida.
Ahora pretendo analizar la aplicación de la metodología flipped learning con itinerario libre y abierto. Es decir, explicar qué problemas intrínsecos a ella me han impedido alcanzar la totalidad de los objetivos que me fijé a finales de agosto. Considero que lo que planteo aquí, a diferencia del contenido de la primera parte de este balance, tiene difícil solución. Eso me ha llevado a reflexionar durante las vacaciones de Navidad y a hacer una serie retoques que serán objeto de futuras entradas de esta bitácora.
La mayor parte de los problemas que he encontrado a la hora de desarrollar el itinerario libre y abierto tienen que ver con la curiosidad del alumnado y los ensayos históricos que debían presentar en los exámenes. Para saber más sobre esta última cuestión, se pueden consultar estos dos textos de mi bitácora:
Como comentaba, el primer límite está relacionado con la curiosidad de los estudiantes o, más bien, con su falta de curiosidad. Aunque quizá sería más justo decir que se interesan por cuestiones que no tenía previstas. Es decir, no son “pasotas” ni mucho menos, solo que los itinerarios que yo les abría en los vídeos, aquello que llamaba “elige, tu propia aventura” no les atrae.
Ellos mismos –su curiosidad- han ido abriendo otros caminos al margen de los que yo proponía. En definitiva, mis ampliaciones han terminado resultando inútiles, pero se han abierto otras vías.
El segundo problema, como he comentado, se refiere a los ensayos históricos. La experiencia de estos meses me ha demostrado que no es posible profundizar en un tema complejo. Por tanto, he de replantearme esta cuestión; y ya adelanto que he llegado a una solución doble que comentaré en la próxima entrada.
Una vez superada la «resaca» de #ÉpocaDeRevoluciones, creo que es buen momento para analizar con detenimiento algunos de las aspectos fundamentales del proyecto. Quizá dedique varias entradas de esta bitácora a la cuestión, sin embargo hoy me gustaría detenerme en dos aspecto concretos: las notas de los alumnos y la utilidad real de la actividad.
Han sido muchos los que, a lo largo de estas dos últimas semanas, me han preguntado cómo qué criterios iba a seguir para calificar a mis alumnos. Pues bien, como primera respuesta, basta con observar la imagen que encabeza este texto para descubrir en ella la rúbrica que he utilizado.
Sin embargo, el método de evaluación no terminaba ahí. Es frecuente que, cuando se divide a los alumnos en grupos para trabajar un tema, hay unos que llevan el peso y otros que se aprovechan de ese esfuerzo para dedicarle menos tiempo a la tarea. Con el fin de ser más justos en ese aspecto, desarrollo desde hace unos años un sistema de co-evaluación que, hasta la fecha, me ha dado muy buenos resultado.
En el fondo consiste en que cada alumno pone nota a todos y cada uno de los miembros del grupo, de tal modo que puede hablarse de una evaluación entre iguales. Los pasos a seguir para llevarlo a cabo son los siguientes:
Del último de esos puntos es importante aclarar una cuestión. Aunque #ÉpocaDeRevoluciones se desarrolló durante tres días de 18:00 a 21:00, parte de la actividad tuvo lugar los días previos en el aula. En ese tiempo los alumnos se distribuyeron las tareas, crearon el perfil del grupo en Twitter, buscaron información, programaron contenidos… todo ante la mirada del profesor, que se dedicó a resolver dudas y a apuntar todas las actitudes que le llamaron la atención. Eso explica que, una vez recibidos los resultados de la evaluación entre iguales, este pueda modificarlos levemente con las notas que ha tomado esos días.
Una de las críticas más comunes a #ÉpocaDeRevoluciones está relacionada con los contenidos. No son pocas las personas que ponen en duda el aprendizaje que se pueda derivar de esta actividad; unas lo dicen y otras, por educación o timidez, solo lo piensan. Es más, a veces son los propios alumnos los que, a pesar de calificar positivamente la actividad, consideran que han aprendido poco sobre la Guerra de Independencia de los EE.UU. y la Revolución Francesa.
Mi respuesta está en las competencias clave, presentes en nuestra actual ley de educación. En concreto, en cinco de ellas. No obstante, con el fin de abrir una reflexión antes de entrar a la forma como se ha trabajado cada una de ellas, cabe plantearse si dos semanas después de un examen de historia los alumnos recuerdan más de un 25% de lo estudiado.
No seré yo quien menosprecie el valor de los contenidos, pero es evidente que la memoria humana tiene sus límites. Por ese motivo, considero que el bagaje histórico-cultural que reciben debe ir acompañado del aprendizaje de unos instrumentos que, a la postre, les permitirán desenvolverse con mayor fluidez en el mundo que les rodea, en sus estudios y en el futuro laboral que les espera.
Dicho esto, vamos a analizar una a una las competencias clave trabajadas en #ÉpocaDeRevoluciones: