Explica los factores de la evolución demográfica de España en el primer tercio del siglo XX


SEXAGÉSIMO OCTAVO ESTÁNDAR DEL TEMARIO QUE, DE ACUERDO CON LO ESTIPULADO POR LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN, PODRÁ SER OBJETO DE EXAMEN EN LA EBAU, ANTIGUA SELECTIVIDAD.

En el primer tercio del siglo XX, con varias décadas de retraso con los países de la Europa Occidental, se desarrolló en nuestro país la transición demográfica. Se inició así un proceso de cambio en la población que se prolongó hasta mediados de esa centuria. Ahora bien, en España el descenso de las tasas de mortalidad y natalidad fue simultáneo, mientras que en los países industrializados la reducción de la primera de ellas precedió a al descenso de la segunda. Aún así, la cantidad de población del país experimentó un notable crecimiento debido al descenso más rápido de la mortalidad.

En el ámbito de los movimientos naturales, es necesario señalar que, desde finales del siglo XIX, comenzó el descenso de la tasa de mortalidad, que pasó de 29‰ en 1900 a 17‰ en 1930. Este cambió fue particularmente importante en la infantil, donde el número de fallecidos de menos de un año por cada mil nacidos se redujo de 204 a 117 en ese mismo periodo de tiempo. Como consecuencia de todo esto aumentó la esperanza de vida, que pasó de 35 años en 1900 a 50 en 1930.

De entre los factores que contribuyeron a ese descenso, cabe destacar la práctica desaparición de mortalidad catastrófica -con la excepción de la letal epidemia de gripe de 1918- y la mejora de las necesidades básicas -alimentación, vestido y vivienda-, así como en los servicios públicos higiénicos y sanitarios, de limpieza, alcantarillado y agua potable. Estas mejoras atenuaron e incluso acabaron con las enfermedades infecto-contagiosas que causaban la mayor parte de las defunciones, sobre todo en la infancia.

Por su parte, el descenso de las tasas de natalidad fue más lento, pues pasó del 34‰ en 1900 al 28‰en 1930. Fundamentalmente se debió a la modernización de la vida urbana y la incipiente incorporación de la mujer al trabajo no doméstico, hecho que favoreció el control de la natalidad con medidas anticonceptivas elementales. El tardío pero intenso descenso de la mortalidad elevó las tasas de crecimiento natural a nivel de las europeas del siglo XIX: por encima del 1%0 anual.

En lo que se refiere a los movimientos migratorios interiores y exteriores es necesario indicar que se multiplicaron a partir de fines del XIX. En los primeros años del siglo XX aumentó de forma muy notable la emigración a ultramar, teniendo un espectacular aumento hasta la Primera Guerra Mundial. El proceso migratorio interior estuvo íntimamente relacionado con el progreso del sector industrial y terciario, así como con el desarrollo urbano de este periodo.

El proceso de urbanización comenzó en la segunda mitad del siglo XIX y se aceleró a partir de las décadas de 1910 y 1920 por el desarrollo de la industria. En 1930 Madrid y Barcelona superaban ya el millón de habitantes, mientras que diez capitales de provincia estaban por encima de los cien mil. Entre 1900 y 1930 la población urbana creció pero todavía estábamos lejos de la tasa de urbanización de los principales países industriales europeos.

A todo esto hemos de añadir que la modernización demográfica y económica se reflejó también en la distribución de la población activa, con un descenso en la agricultura y una creciente mano de obra industrial y de servicios.

ESTRUCTURA DEL VÍDEO:

  • 0:15. La transición demográfica.
  • 0:54. Los indicadores demográficos.
  • 1:35. Las causas del descenso de la mortalidad.
  • 2:11. Las causas del descenso de la natalidad.
  • 2:47. Los movimientos migratorios.
  • 3:16. El proceso de urbanización.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Historia de España 2 – Editorial Anaya.
  2. Historia de España – Editorial Vicens Vives.
  3. Historia de España Contemporánea; José Luis Comellas – Rialp.

DIAPOSITIVAS DEL VÍDEO:

 

Los cambios demográficos de la revolución industrial


A mediados del siglo XVIII se inició en Gran Bretaña un intenso proceso de industrialización que llevó a la transformación radical de la forma de producir, distribuir y comercializar bienes y servicios. Posteriormente, esos cambios se extendieron al continente europeo, así como a otros territorios fuera del Viejo Mundo, como los EE.UU. o Japón. Esta clase está dedicada a los cambios en la población, y más en concreto a la transición demográfica y las grandes migraciones. Los otros vídeos abordan el concepto y consecuencias de la industrializaciónlos inicios de ese proceso en Gran Bretaña, las principales características, la expansión al Continente, la evolución económica occidental hasta 1870, la Larga Depresión de esa década, los planteamientos del liberalismo económico y los cambios económicos de finales del XIX.

La revolución industrial británica: primera parte


A mediados del siglo XVIII se inició en Gran Bretaña un intenso proceso de industrialización que llevó a la transformación radical de la forma de producir, distribuir y comercializar bienes y servicios. Posteriormente, esos cambios se extendieron al continente europeo, así como a otros territorios fuera del Viejo Mundo, como los EE.UU. o Japón. Esta clase aborda tres de los factores que permiten entender por qué la revolución industrial se inició en territorio británico, dejando las restantes causas para una segunda y una tercer parte. Los otros vídeos están dedicados al concepto y consecuencias de la industrialización, sus principales características, los cambios demográficos, la expansión al Continente, la transición demográfica, la evolución económica occidental hasta 1870, la Larga Depresión de esa década, los planteamientos del liberalismo económico y los cambios económicos de finales del XIX.

Los cambios demográficos del siglo XIX


Desde los últimos años del siglo XVIII hasta los primeros del XX, Europa experimentó un crecimiento demográfico continuo. Esto facilitó que su población pasará de 110 millones de habitantes en 1700, a 423 en 1900. Se trató, por tanto, del mayoría aumento de población en la historia del Viejo Continente.

Ese cambio fue posible gracias a factores como la mejora de la sanidad, la expansión de una cultura más higiénica, y el crecimiento económico experimentado por varios de los países europeos durante ese periodo.

Esto, en palabras de los expertos en demografía, facilitó el tránsito de un ciclo demográfico antiguo a otro moderno.

El paso al ciclo demográfico moderno

La demografía de tipo antiguo se caracterizaba por un crecimiento de población lento e irregular. Esto se debía a la existencia de una alta natalidad (35-40%), una alta mortalidad (30-40%), y la aparición de grandes crisis provocadas por hambres, guerras y epidemias.

A finales del siglo XVIII se inició un periodo de tránsito entre ese modelo y el conocido como ciclo moderno. La demografía de tránsito se caracterizaba por un crecimiento de población rápido y continuo.

Esto se debía al mantenimiento de una natalidad alta, al descenso de la mortalidad, y a la práctica desaparición de grandes crisis.

Con la consolidación del crecimiento económico y el cambio de mentalidad en la sociedad europea, surgieron notables modificaciones con respecto al modelo demográfico anterior. El descenso de la natalidad, y la reducción al mínimo de la mortalidad, acabaron por configurar una demografía de crecimiento lento y tendente al envejecimiento de la población.

Teorías explicativas del tránsito demográfico

Distinguimos dos tipos teóricos que tratan de explicar los cambios demográficos del siglo XIX: los centrados en el factor mortalidad, y aquellos que hacen hincapié en el aumento de la mortalidad.

El primero de estos modelos defiende que el crecimiento demográfico fue, principalmente, consecuencia del descenso de la mortalidad. Esta disminución surgió a causa de las mejoras sanitarias e higiénicas, los avances en la medicina, y la mejora del nivel de vida.

El tipo centrado en la natalidad defiende que, tras una crisis demográfica, como venía siendo habitual durante el medievo y la modernidad, se produjo un aumento de la natalidad; a esto se unió el descenso de la mortalidad. La consecuencia de ambos fenómenos fue un crecimiento demográfico sin precedentes.

Las grandes migraciones y el auge de las ciudades

La enorme movilidad de la población europea durante este periodo se debió principalmente al empuje demográfico, a la mejora del sistema de transportes, y a los cambios económicos que se estaban produciendo, tanto los referentes a los distintos sectores, como los de tipo regional.

De esta forma, se fueron desarrollando las grandes migraciones, tanto regionales como interregionales. Estas, si bien comenzaron a mediados del XVIII, no alcanzaron su cenit hasta el periodo que va desde 1850 a 1930.

Por su parte, el crecimiento de la población urbana estuvo muy ligado al desarrollo del mercado, la especialización económica y la concentración empresarial. Mientras que en el Antiguo Régimen predominaba el poblamiento de tipo rural, desde el siglo XVIII se advierte una inversión de las tendencias a favor del asentamiento urbano.

Así, en el tránsito del XIX al XX, nos encontramos ante un mundo occidental mayoritariamente urbano, en el que existen 135 ciudades con más de 100.000 habitantes.

El desarrollo económico como impulsor de la demografía

El enorme crecimiento demográfico experimentado por los países desarrollados durante este periodo, con el consiguiente incremento de productores y consumidores, trajo consigo importantes consecuencias positivas para la economía y el desarrollo industrial.

Sin embargo, no está de más una matización de esta afirmación, ya que la demografía no deja de ser un factor complejo y, en numerosas ocasiones, contradictorio.

En último término, si bien la revolución demográfica fue un factor fundamental para que se produzca la industrialización, también es verdad que podría haber sido causa de su estrangulación.

Este incremento de población, para que se dé la revolución industrial, ha de llegar en el momento adecuado en cada región, y ha de contar con posibilidades de emigración y de apertura al mercado internacional