Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial


La Segunda Guerra Mundial fue la mayor catástrofe de la historia de la humanidad:

  • Participaron 60 países de los cinco continentes, de los que veinticuatro fueron invadidos.
  • 800 millones de seres humanos sufrieron sus consecuencias directas, de los cuales murieron cerca de 73 millones: por primera vez, más de la mitad fueron civiles.
  • 150 millones fueron heridos o quedaron mutilados.
  • Entre 40 y 50 millones de hombres, mujeres y niños quedaron desplazados de sus hogares.
  • Veinte millones de toneladas de buques fueron a parar al fondo de los mares, y tres millones de edificios fueron destruidos.
A esto hemos de añadir los daños morales que, aunque no puedan transformarse en cifras, también fueron inmensos.

 

Las naciones en cuyo suelo se desarrolló el conflicto fueron las que sufrieron mayores pérdidas económicas. Europa había perdido, en 1945, el 50% de su capacidad de producción industrial, y algunos de sus estados no recuperarían el nivel productivo de preguerra hasta comienzos de la década siguiente.

Unas pérdidas que se estimaron en torno al billón de dólares americanos de la época produjeron un desajuste en la economía mundial que se dejó sentir a lo largo de los veinte años siguientes. La deuda pública de muchos países, como Alemania, Reino Unido, Francia o la URSS aumentó espectacularmente durante esos años.

La rendición de Alemania y Japón fue incondicional, por lo que fueron estos países los más afectados en lo que a reducción territorial se refiere.

Alemania fue ocupada totalmente, y llegó a desaparecer hasta la creación de dos Estados en 1949. Perdió, a su vez, todas las anexiones realizadas en los años treinta, así como toda la Prusia oriental.

Japón volvió a sus fronteras de 1934, a lo que hay que añadir la cesión a la Unión Soviética de las islas Sajalín.

En el resto de estados se produjeron ligeras variaciones, si bien lo habitual fue un retorno a las fronteras de preguerra.

  • Polonia sufrió un desplazamiento hacia el oeste, a la línea Oder-Neisse, en beneficio de la URSS y perjuicio de Alemania.
  • Los Estados Bálticos, Ucrania y Bielorrusia volvieron bajo la dominación rusa.
  • La Unión Soviética también recibió el istmo de Carelia por parte de Finlandia y Besarabia y Buconia, cedidas por Rumanía.
  • Austria, ocupada por los aliados hasta 1955, se reconstruyó como Estado independiente a partir de entonces.
  • Italia perdió su imperio colonial, y se vio obligada a entregar a Grecia las islas del Dodecaneso, la Venecia Julia a Yugoslavia y Trieste a un sistema de control internacional.

Los restantes tratados de paz


Austria firmó en septiembre de 1919 el Tratado de Saint-Germain, que reducía su territorio al actual. Tuvo que reconocer la independencia de Hungría, Checoslovaquia, Polonia y Serbia. Cedió a Italia el Tirol sur, Trieste, Istria y parte de Dalmacia.

A Serbia se le concedió Bosnia-Herzegovina y Eslovenia.

Hungría firmó en 1920 el Tratado de Trianon. Entregaba Croacia y Eslabona a Serbia, Eslovaquia a Checoslovaquia y Transilvania a Rumanía.

En noviembre de 1920, Bulgaria se vio obligada a ceder a Grecia la Tracia oriental -perdiendo su salida al mar Egeo- y gran parte de Macedonia.

Turquía firmó en agosto de 1920 el Tratado de Sèvres, donde sufrió notables pérdidas territoriales:

  • Tracia oriental y las islas del mar Egeo pasaban a Grecia.
  • Rodas y el Dodecaneso se cedían a Italia.
  • Armenia se convertía en Estado independiente.
  • Kurdistán lograba su autonomía.

Siria, Líbano y Cilicia se convertían en mandatos franceses, mientras Iraq, Palestina y Transjordania pasaban a ser mandatos británicos.

El descontento por las condiciones del Tratado de Sèvres provoco un levantamiento nacionalista acaudillado por Mustafa Kemal.

El sultán fue depuesto y se reanudó la lucha contra los griegos, de tal modo que las sucesivas victorias turcas obligaron a revisar las condiciones de paz en el Tratado de Lausana (24 de julio de 1923).

Turquía recuperaba Tracia oriental y conservaba Asia Menor en su totalidad.