El Imperio Bizantino: segunda parte

Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se resume la organización política, la estructura económica y social, y la vida cultural y religiosa de Bizancio. La información se complementa con la de la primera clase dedicada al origen y desarrollo del Imperio Romano de Oriente.

 

El Imperio Bizantino: primera parte


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se aborda el origen del Imperio Bizantino así como su desarrollo político hasta el siglo XV. Esta información se complementa con una segunda clase dedicada a la economía, la organización social y la cultura de Bizancio.

 

El arte gótico


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se explican las principales características del arte gótico, así como los elementos arquitectónicos de ese estilo. La información sobre el arte medieval se complementa con un primer vídeo dedicado al arte románico.

 

El arte románico


Clase pensada para alumnos de 2º de ESO dentro de una experiencia de flipped learning. En este vídeo se explican las principales características del arte románico, así como los elementos arquitectónicos de ese estilo. La información sobre el arte medieval se complementa con un segundo vídeo dedicado al arte gótico.

Las villas vascas en época medieval


Aunque no me he sumergido demasiado en el mundo de la Historia Medieval, siempre me han atraído de ella determinadas cuestiones: la centralización del poder monárquico, el surgimiento de las universidades, el conflicto dinástico por el trono de Francia, y el desarrollo urbano iniciado en el siglo XI.

Acerca de este último tema, y centrado en el ámbito vasco, se mueve esta serie de artículos. El lector comprobará que no se trata más que de un acercamiento -un estado de la cuestión-; sin embargo, con él sólo pretendo aportar una idea muy general sobre las villas vascas medievales.

Aspectos introductorios
Factores que favorecieron el desarrollo urbano
Características generales de Vizcaya
La evolución del poblamiento en Vizcaya
Características generales de Guipúzcoa
Desarrollo urbanístico guipuzcoano
Cuestiones generales del urbanismo medieval

Vídeos de Historia de 2º de ESO


Dentro de la experiencia flipped learning que desarrollo con estudiantes de 2º de ESO, resulta fundamental sacar la explicación del aula con el fin de dejar ese tiempo libre para el trabajo activo de los alumnos. Eso me ha llevado a grabar las clases del temario previsto para ese curso. Dejo a continuación los enlaces a los vídeos que he grabado hasta la fecha agrupados por unidades didácticas:

Los orígenes de la Edad Media
La Europa feudal
La Europa del Gótico
La península Ibérica entre los siglos VIII y XI
La expansión de los reinos cristianos
El final de la Edad Media en la Peninsula Ibérica
Los orígenes de la Edad Moderna
Renacimiento y Reforma
La Monarquía Hispánica
El siglo del Barroco

Vídeos de Historia Medieval y Moderna


Dentro de la experiencia flipped learning que desarrollo con estudiantes de 2º de ESO, resulta fundamental sacar la explicación del aula con el fin de dejar ese tiempo libre para el trabajo activo de los alumnos. Eso me ha llevado a grabar las clases del temario previsto para ese curso. Dejo a continuación los enlaces a los vídeos que he grabado hasta la fecha agrupados por unidades didácticas:

Los orígenes de la Edad Media
La Europa feudal
La Europa del Gótico
La península Ibérica entre los siglos VIII y XI
La expansión de los reinos cristianos
El final de la Edad Media en la Peninsula Ibérica
Los orígenes de la Edad Moderna
Renacimiento y Reforma
La Monarquía Hispánica
El siglo del Barroco

La Península Ibérica en la Edad Media: los reinos cristianos (siglos VIII a XIII)

1. Introducción.

A finales del siglo VII la monarquía visigoda había entrado en crisis. Las grandes familias nobiliarias se disputaban el trono, y los últimos años del reino transcurrieron en medio de conspiraciones y muertes violentas de reyes y miembros de la familia real.

Unos años antes, había surgido en Arabia un nuevo movimiento religioso encabezado por Mahoma: el Islam. La nueva religión se fundamentaba en la existencia de una comunidad de creyentes en un único dios, Alá, que convirtió el vínculo religioso en un vínculo político. Los musulmanes iniciaron una rápida expansión que les llevó, a principios del siglo VIII, a las puertas del reino visigodo.

Aprovechando las disputas internas entre los visigodos, en el año 711 un ejército musulmán compuesto por bereberes y árabes mandado por Tarik desembarcó en la península y derrotó al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete. Esta victoria supuso el derrumbe del reino visigodo, por lo que, dirigidos por Muza, los musulmanes tomaron Toledo y en menos de un lustro casi toda la totalidad de la Península. En muchos casos la conquista se realizó de forma pacífica mediante acuerdos o pactos con la nobleza visigoda.

El impulso del Islam llegó más allá de los Pirineos, hasta que los francos, a cuyo frente iba Carlos Martel, los derrotó en Poitiers en el año 732.

La conquista musulmana de la Península significó la desaparición del reino visigodo, pero la ocupación musulmana no alcanzó todo el territorio peninsular. En las montañas cántabras, como ya había sucedido con los romanos y los visigodos, se formaron núcleos de resistencia. Por otro lado, merced al impulso de los carolingios, los Pirineos pasaron pronto a convertirse en otro importante núcleo de resistencia.

Así, con el paso del tiempo y una vez fortalecidos, los reinos cristianos establecidos en esas montañas iniciaron lo que denominamos Reconquista. Proceso histórico referido a la lucha entre cristianos y musulmanes por el dominio de la península Ibérica y que abarca desde la batalla de Covadonga (721) hasta la conquista de Granada (1492). Es también un concepto con matices ideológicos al interpretarse como una cruzada cristiana cuyo fin era recuperar el antiguo reino visigodo.

2. Origen y evolución de los primeros núcleos cristianos de resistencia. El nacimiento de León y Castilla.

Tras la derrota, algunos nobles visigodos buscaron refugio en las montañas del norte. En coalición con los astures, un noble llamado Pelayo derrotó a los musulmanes en la batalla de Covadonga (721).

La victoria le valió para ser coronado rey de Asturias, cuya primera capital, Cangas de Onís, pronto fue trasladada a Oviedo. Con el paso del tiempo, reyes como Alfonso I o Alfonso III ocuparon los territorios de la cordillera cantábrica y de Galicia. Además, durante el reinado de Alfonso II se produjo la ruptura con la iglesia mozárabe de Toledo y se conquistó momentáneamente Lisboa.

Mientras, la cuenca del Duero pasó a convertirse en una especie de tierra de nadie en que eran frecuentes las razzias de los dos bandos. Durante los reinados de Alfonso III, Ordoño I y Ramiro II (850-911) se produjeron los siguientes fenómenos:

– Avance constante hacia el sur: cercanía de Toledo.

– Repoblaciones: Ciudad Rodrigo, Astorga, León, Oporto, Burgos…

– Mozárabes que huían de territorio musulmán.

– Se recoge la herencia del reino visigodo.

Durante el reinado de Alfonso II, el anuncio del hallazgo de la tumba del apóstol Santiago en Galicia ayudó a fortalecer el reino astur, cada vez más vinculado a Europa a través del camino jacobeo.

En vista de este desarrollo y de los avances en la Reconquista, los reyes trasladaron la capital a la Meseta, a León. De esta forma el reino pasó a denominarse asturleonés y más tarde reino de León.

Durante los siglos IX y X, los leoneses fueron ganando terreno, al tiempo que en la parte oriental de los reinos se estableció un poderoso condado: Castilla. Este baluarte defensivo situado en un lugar clave en la geoestrategia de las razzias musulmanas, alcanzó su independencia con el Conde Fernán González.

Por su parte, los vascones de la ciudad y comarca de Pamplona, que nunca habían sido dominados de forma efectiva por los musulmanes, constituyeron un nuevo núcleo cristiano que cristalizaría en el siglo X en el reino de Navarra. Se trataba de un lugar estratégico entre Roncesvalles y el Ebro de donde los Arista, con ayuda de los Banu-Qasi, expuldaron a los francos. Posteriormente la alianza entre estas dos familias se rompió, pasando Pamplona a apoyarse en el reino astur-leonés.

Muy ligados, en principio, a la corona pamplonesa estuvieron las comarcas pirenaicas de Sobrarbe, Ribagorza y Aragón, que en el 1035 terminaría por constituir el reino de Aragón. No obstante los núcleos pirenaicos tuvieron que hacer frente a una serie de problemas comunes:

– La lucha por mantener la independencia frente a los carolingios.

– La fortaleza musulmana y sólida estructura en torno al Ebro.

– Su escasa densidad demográfica.

A finales del siglo VIII los francos intervinieron en la Península y las comarcas del Pirineo catalán quedaron bajo su control: el Imperio Carolingio convirtió a esa zona en Marca Hispánica. Los francos organizaron el territorio en condados, uno de ellos, el de Barcelona, pasó a ser independiente a finales del siglo IX, vinculando de manera progresiva a los restantes condados.

3. Expansión y formas de ocupación del territorio.

En torno al año 1000, Sancho III logró hacer de Navarra el centro político de la España cristiana al hacerse con el poder en Castilla y Aragón. No obstante, esa unidad tocó a su fin cuando dividió su herencia entre sus dos hijos.

Uno de ellos, Fernando I, fue proclamado rey de Castilla, y pronto logró hacerse también con el reino de León. Sin embargo, al igual que su padre, dividió la herencia entre sus hijos. Estos continuos repartos debilitaron a los reinos cristianos hasta que, Alfonso VI, hijo de Fernando I, volvió a unificar la herencia.

Alfonso VI inició una ofensiva contra los musulmanes, que le valió la conquista de Toledo en 1085. Su ofensiva fue detenida un año después por los almorávides en la batalla de Sagrajas, pero los cristianos, bajo el mando de Rodrigo Díaz de Vivar, lograron conquistar Valencia temporalmente.

De nuevo el reino volvió a dividirse a la muerte de Alfonso VI en dos ramas: León y Castilla. Además, el condado de Portugal pasaba a ser independiente y se convertía en reino de la mano de Alfonso Henríquez, nieto de Alfoso VI, que en 1147 tomaba Lisboa.

En el este peninsular, Aragón (convertido en reino en 1035) vivió un momento de apogeo con Alfonso el Batallados, que consiguió tomar Zaragoza en 1118, pasando a convertirse en capital del reino aragonés. Por otro lado, Borrell II obtuvo en el siglo X la independencia definitiva de Cataluña respecto a los francos. Los condes de Barcelona forzaron las defensas musulmanas del Llobregat y conquistaron la denominada Cataluña Nueva.

Estos dos núcleos vivieron un momento decisivo en 1137, cuando el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, se casó con Petronila, heredera del trono aragonés. Desde entonces ambos territorios, conservando cada uno sus instituciones, pasaron a convertirse en la Corona de Aragón.

En el año 1212 las tropas cristianas de Castilla, Aragón y Navarra derrotaron a los almohades en las Navas de Tolosa (Jaén), en una batalla decisiva. En los años que siguieron a la victoria, Fernando III consiguió la unión definitiva de Castilla y León (1230) e inició la incorporación del valle del Guadalquivir, mientras su hijo Alfonso conquistaba Murcia.

Las conquistas de Fernando III incluyeron Jaén, Córdoba y Sevilla como ciudades más importantes, además de un vasto territorio que casi duplicaba los reinos heredados. Posteriormente, los castellanos lograron el control definitivo del estrecho de Gibraltar tras la batalla del Salado (1340).

A su vez, los portugueses terminaron su reconquista al tomar el Algarve. Navarra, aislada entre Castilla y Aragón, no consiguió ampliar su territorio en esta fase de la Reconquista. Mientras, la Corona de Aragón, de la mano de Jaime I conquistó Valencia en 1238 y las Baleares entre 1229 y 1235, si bien Menoría fue incorporada en 1287.

A finales del siglo XIII, sólo el reino nazarí de Granada continuaba bajo el control musulmán.

4. Modelos de repoblación y organización social.

La inseguridad que vivió Europa en los comienzos de la Edad Media dio lugar a un conjunto de relaciones personales que cristalizaron en lo que conocemos como feudalismo. El feudalismo es una forma de organización de la sociedad impuesta por los más poderosos para regular las relaciones con sus vasallos.

El feudalismo originó un tipo de sociedad, la sociedad estamental, caracterizada por su jerarquización y la acumulación o carencia de privilegios. La sociedad medieval quedó dividida en tres estamentos: “los que luchan” o nobleza, “los que rezan” o clero, y “los que trabajan” o tercer estado. Los dos primeros estamentos monopolizaban el poder y disponían de privilegios. No pagaban impuestos, y cobraban contribución del tercer estado.

Las formas de ocupación: la repoblación.

Tras la reconquista de un territorio era necesario repoblarlo para asegurar de manera definitiva y eficaz el dominio cristiano. A pesar de su paralelismo, los procesos de reconquista y repoblación fueron diferentes: Mientras el primero tenía un carácter eminentemente militar, el segundo era una empresa de dominación del territorio.

Existieron diversas modalidades de repoblación:

– Oficial; dirigida directamente por los monarcas (caso del norte del Duero y del Llobregat).

– Señorial; podía ser monacal, eclesiástica o laica y dio lugar a la formación de los grandes dominios señoriales (Se llevó a cabo a lo largo de toda la Reconquista).

– Privada; protagonizada por hombres libres atraídos, pese a los peligros, por las ventajas jurídicas y económicas de los territorios de frontera. Su ocupación y cultivo, de manera espontánea, por pequeños campesinos fue denominada “presura” y en Cataluña “aprisco”. Esta fórmula de ocupación fue muy común en el siglo IX en las estribaciones de la cordillera cantábrica y pirenaica.

Concejil; Dirigida por los concejos al amparo de sus fueros y de un extenso alfoz. Fuero o carta puebla: forma de vertebrar jurídicamente el territorio y regular las relaciones jurídicas de su Concejo. Alfoz: territorio jurisdiccionalmente dependiente del concejo o municipio del que forma parte y al que normalmente circunda. Fue muy frecuente en los siglos XI y XII, con ejemplos significativos como Salamanca, Sepúlveda y Soria.

De órdenes militares; a su auxilio acudieron los monarcas para repoblar amplios territorios del sur peninsular, especialmente de las cuencas del Tajo y Guadiana, así como la Extremadura aragonesa. En los siglos XII y XIII, las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa recibieron enormes latifundios.

– Repartimiento; fue muy utilizado por los monarcas en el siglo XIII en las zonas con importante población musulmana, como Levante, Murcia y el valle del Guadalquivir. Los reyes distribuían las tierras conquistadas según la condición social y los méritos de los conquistadores.

La sociedad estamental y el régimen señorial.

Al igual que en el resto de Europa, las sociedades hispanocristianas estaban divididas en estamentos, fuertemente jerarquizados y asentados en el principio de desigualdad entre sus miembros. Se dividían en privilegiados –nobleza y clero- y no privilegiados, siendo denominados estos últimos “pecheros” por pagar pechos o tributos.

Era una sociedad agraria, donde la mayoría de la población vivía en pequeños núcleos rurales. Además, había una gran diversidad étnica y religiosa, ya que existían importantes minorías judías y musulmanas, en este último caso eran denominados mudéjares.

Derivada de las relaciones de dependencia personal surgió el régimen señorial, por el que los habitantes de un determinado territorio quedaban ligados a su propietario, a su señor. Existieron diversos tipos de señoríos como los de realengo (pertenecientes al monarca), los eclesiásticos y los señoriales. En el caso de los dos últimos podían ser:

 – Solariegos; los señores cobraban una serie de rentas por el uso de la tierra a sus habitantes.

– Jurisdiccionales; las prerrogativas de los señores eran mucho mayores, pudiendo incluir el cobro de impuestos, la administración de justicia o servicios militares. Estos derechos suponían, en ocasiones, que la nobleza suplantase o interfiriese en las relaciones entre el monarca y sus súbditos.

5. Cultura.

Durante la la Edad Media, a la vez que la guerra y el enfrentamiento, tuvo lugar la coexistencia y la fusión entre las tres culturas y religiones presentes en la península: la cristiana, la musulmana y la judía.

Hasta el siglo X, la España islámica fue culturalmente muy superior a los reinos cristianos. Sólo los monasterios, como el de Ripoll o Sahagún, preservaron y trasmitieron la cultura mediante la copia y conservación de libros.

En el siglo IX tuvo lugar un hecho clave: el descubrimento de los restos del apóstol Santiago. Nació así la Ruta Jacobea de peregrinación. El Camino de Santiago se convirtió en una ruta clave en la difusión cultural. Llegaron modelos literarios, como los cantares de gesta, y estilos artísticos, como el románico y el gótico. La influencia cultural también tuvo lugar en sentido contrario y las aportaciones culturales de los reinos cristianos hispanos y la influencia de la cultura hispanomusulmana llegaron al resto de Europa.

 A partir del siglo XI se inicia un fuerte desarrollo cultural paralelo a la formación de las lenguas romances: castellano (Cantar del Mio Cid, 1207), gallego, portugués, catalán-valenciano. En el s. XIII aparecieron las Universidades (Salamanca, 1218).

El puente cultural entre mundo islámico y cristiandad fue la prestigiosa Escuela de Traductores de Toledo que alcanzó su apogeo con Alfonso X el Sabio (s. XIII). Allí colaboraron cristianos, musulmanes y judíos que traducían del árabe al latín y, luego, directamente al castellano. La Escuela fue muy importante en la difusión en la península y Europea de las obras científicas, filosóficas y literarias de griegos, romanos y orientales.

La Península Ibérica en la Edad Media: al-Ándalus (siglos VIII a XIII)

1. Introducción.

A finales del siglo VII la monarquía visigoda había entrado en crisis. Las grandes familias nobiliarias se disputaban el trono, y los últimos años del reino transcurrieron en medio de conspiraciones y muertes violentas de reyes y miembros de la familia real.

Unos años antes, había surgido en Arabia un nuevo movimiento religioso encabezado por Mahoma: el Islam. La nueva religión se fundamentaba en la existencia de una comunidad de creyentes en un único dios, Alá, que convirtió el vínculo religioso en un vínculo político.

El virtud de lo establecido en El Corán, libro que contiene la revelación de Alá a Mahoma, los musulmanes están obligados a:

– La Profesión de fe («Alá es Dios y Mahoma su profeta»).

– La oración o Salat; con palabras y gestos establecidos que, previa purificación con agua o arena, se repetían cinco veces al día. Además, la oración del viernes tenía lugar en la mezquita bajo la dirección del imán.

– El ayuno o Sawm durante el mes de Ramadán, desde la salida hasta la puesta de sol.

– La limosna o Zakat .

– El Peregrinaje a La Meca.

– La Yihad o guerra santa; era sólo una obligación temporal del creyente cuando es necesario defender la comunidad musulmana. En principio se refiere a una reforma o lucha interior, siendo la lucha contra los enemigos del Islam algo secundario.

Los musulmanes iniciaron una rápida expansión que les llevó, a principios del siglo VIII, a las puertas del reino visigodo.

2. Evolución política: la conquista, los emiratos y el Califato de Córdoba.

Aprovechando las disputas internas entre los visigodos, en el año 711 un ejército musulmán compuesto por bereberes y árabes mandado por Tarik desembarcó en la península y derrotó al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete.

Esta victoria supuso el derrumbe del reino visigodo, por lo que, dirigidos por Muza, los musulmanes tomaron Toledo y en menos de un lustro casi toda la totalidad de la Península. En muchos casos la conquista se realizó de forma pacífica mediante acuerdos o pactos con la nobleza visigoda.

El impulso del Islam llegó más allá de los Pirineos, hasta que los francos, a cuyo frente iba Carlos Martel, los derrotó en Poitiers en el año 732.

La invasión y ocupación de la Hispania visigoda supuso la gradual islamización del territorio y de la población. Tras la conquista, la Península se incorporó a la comunidad política musulmana con el nombre de Al-Ándalus. Los musulmanes fijaron su capital en Córdoba, que pasó a ser el centro político musulmán en la Península y el lugar de residencia del walí. Poco después, se convirtió en un emirato dependiente (714-756) del Imperio islámico que gobernaban los omeyas desde Damasco.

Pese a la rápida conquista pronto surgieron enfrentamientos entre los conquistadores árabes y bereberes. Del mismo modo, la población hispanovisigoda también mostró cierta resistencia al proceso de islamización y arabización. La principal manifestación de esa oposición fue la Batalla de Covadonga, que probablemente tuvo lugar entre el 718 y el 721.

A mediados del siglo VIII, la familia Omeya que gobernaba el Imperio islámico fue aniquilada por la dinastía abasí que la reemplazó en el poder. No obstante, un miembro de los Omeya, Abd al-Rahmán, consiguió escapar y tomar el control de Al-Ándalus.

En el año 756 proclamó el emirato independiente, que suponía la secesión de la provincia del Imperio islámico. Aún así, seguía reconociendo la primacía religiosa del califato abasí.

Este nuevo periodo supuso el apogeo de Al-Ándalus: desde mediados del siglo VIII y durante el siglo IX se produjeron importantes avances económicos y se impulsó de forma decisiva la islamización.

Sin embargo, la etapa no estuvo exenta de rebeliones (Banu-Qasi y Omar ben Hafsún), al tiempo que la presión de los nacientes reinos hispánicos se incrementó. Al respecto, hay que señalar que buena parte de estas rebeliones se debieron a la resistencia local a la islamización, si bien algunas gozaron del apoyo abasí.

Abd al-Rahmán III accedió al emirato en medio de nuevas revueltas internas y del hostigamiento exterior de los cristianos y de otros reinos musulmanes. De este modo, con el fin de reforzar su autoridad, se decidió a proclamar el Califato de Córdoba en el año 929, lo que suponía la ruptura religiosa con Bagdag.

A partir de ese momento puso término a las rebeliones, sometió a los reinos cristianos al pago de tributos y organizó una flota que contuvo a los ejércitos de los estados musulmanes rivales. Además, instituyó marcas fronterizas en el norte de África y procedió a centralizar el poder mediante el nombramiento de walíes.

Abd al-Rahmán III ordenó construir el palacio de Medina-al-Zahra que se convirtió en el centro de cultura y poder del Califato. Inició, por tanto, un importante desarrollo administrativo y burocrático. Esto permitió que, a lo largo de su reinado, Al Andalus alcanzó un significativo desarrollo económico, basado en una próspera agricultura y un floreciente comercio.

Durante la minoría de edad del tercer califa, Hisham II (hijo de Al-Hakem II), a finales del siglo X, destacó la figura de Almanzor, visir y caudillo militar que pasó a convertirse de hecho en el verdadero gobernante de Al-Ándalus. El ejército musulmán dirigido por Almanzor alcanzó continuas victorias, de tal modo que las razzias contra los reinos cristianos fueron constantes y provechosas.

No obstante, tras la muerte de Almanzor se recrudecieron las tensiones entre las distintas etnias y territorios de Al Andalus. De esta manera, a pesar de los esfuerzos de Abdelmelik, hijo de Almanzor, el territorio del califato se disgregó en diversos reinos taifas en el año 1031. La palabra árabe “taifa” significa bandos, de tal modo que sirvió para designar a los pequeños reinos en que se dividió Al-Ándalus hasta en tres ocasiones: 1031 (tras el califato), 1140 (tras los almorávides) y 1212 (tras los almohades).

3. Los reinos taifas y los imperios norteafricanos.

La división del territorio musulmán en taifas supuso su debilidad política y militar frente a los reinos cristianos, a los que debieron pagar tributo para evitar sus ataques. Sin embargo, el avance cristiano no se detuvo y, en el año 1085, Toledo cayó en sus manos.

Esta circunstancia alarmó a los andalusíes que llamaron en su ayuda a los almorávides, una tribu guerrera bereber que había formado un gran imperio en el actual Marruecos. Los almorávides lograron derrotar a los cristianos en Sagrajas (1086) e incorporaron Al-Ándalus a su imperio. No obstante, no consiguieron recuperar Toledo, y fueron derrotados en Valencia por Rodrigo Díaz de Vivar.

A mediados del siglo XII, el imperio de los almorávides sufrió un colapso que hizo resurgir las taifas en Al-Ándalus. Los reinos cristianos aprovecharon la ocasión para ampliar sus territorios a costa del Islam.

De nuevo los andalusíes solicitaron la ayuda del norte de África, donde había surgido un nuevo estado dirigido por los almohades. Estos iniciaron la invasión de la Península en el año 1146, siendo la batalla de Alarcos (1197) la que marque el cenit de su poder.

Sin embargo, los ejércitos cristianos lograron una decisiva victoria en las Navas de Tolosa (1212), que supuso el derrumbe del poder almohade en la Península. De esta manera, la primera mitad del siglo XIII estuvo marcada por las conquistas de Fernando III y Jaime I el Conquistador, que dejaron al reino nazarí de Granada como único representante del Islam en la Península.

4. Organización política y social.

Las instituciones político administrativas.

Una vez realizada la conquista, los musulmanes organizaron el territorio peninsular como una provincia más del Imperio islámico y Al-Ándalus pasó a estar gobernada por un walí, delegado del califa de Damasco.

Con la proclamación del emirato independiente, el emir pasó a ser la máxima autoridad política, aunque mantenía un reconocimiento tácito de la autoridad religiosa del califa. Esta situación se mantuvo hasta el ascenso de Abd al-Rahman III, que se proclamó califa y pasó a ejercer el poder político absoluto y la máxima autoridad espiritual del mundo andalusí.

Por debajo de los emires y califas existía una administración dirigida por el hayib, que actuaba como primer ministro y que tenía amplias atribuciones en materia militar y de hacienda. A sus órdenes estaban los visires, que controlaban las distintas ramas de la administración.

En tiempos del califato la administración central se completaba con la kitaba, una especie de cancillería que se ocupaba de: la correspondencia, los asuntos fronterizos, la ejecución de los decretos y las reclamaciones.

En materia de justicia era el cadí la máxima figura: juzgaba en función de las leyes islámicas y en nombre del califa.

La administración territorial de Al-Ándalus estaba compuesta básicamente por dos demarcaciones. Por un lado estaban las coras o provincias, a cuyo frente estaba un walí que solía residir en la ciudad principal del territorio. Por otro, existían las marcas situadas en las zonas fronterizas. Con respecto a los reinos cristianos estaban la superior (Zaragoza), la media (Toledo) y la inferior (Mérida).

La sociedad en Al-Ándalus.

La sociedad de la España musulmana era heterogénea en cuanto a su composición étnica, cultural y religiosa. La estructura familiar y social eran, por lo general, de carácter patriarcal. Además, como consecuencia del gran desarrollo de la artesanía y el comercio, la mayor parte de la población se concentraba en las ciudades. Los núcleos urbanos era, por tanto, el centro de las actividades económicas, así como de la vida social y administrativa.

En la sociedad musulmana, los árabes ocupaban la mayor parte de los cargos de poder. Constituían una minoría dirigente que se concentraba en el valle del Guadalquivir. Era, a su vez, propietaria de los grandes latifundios del sur peninsular.

La mayor parte del ejército invasor estaba compuesto por bereberes, que fueron reclutados como mercenarios en el norte de África. En un principio se concentraron en la Meseta, donde se dedicaron a la ganadería itinerante.

Por su parte, la población judía era predominantemente urbana, y su dedicación profesional solía estar relacionada con el comercio, la artesanía, la usura y la orfebrería. En contraposición a este grupo aparecerían los esclavos, predominantemente rurales. Si bien, también servían en el ejército y, con el tiempo, en la administración.

Por último, los hispanogodos, grupo mayoritario en la Península, se dividieron en dos grupos dentro del territorio musulmán. Por un lado, aquellos que se convirtieron a la religión islámica, llamados muladíes, y por otro los mozárabes, que se mantuvieron fieles a la fe cristiana.

Las estructuras económicas.

La estructura económica de Al-Ándalus estaba basada, como todas las de su época, en la agricultura. La triada mediterránea (cereal, vid y olivo) siguió siendo el fundamento de la agricultura peninsular, pero los musulmanes mejoraron la producción introduciendo y perfeccionando sistemas de regadío (caso de la noria).

Además, introdujeron nuevos cultivos procedentes de Oriente (cítricos, algodón, etc.) y hubo un gran desarrollo de la ganadería, especialmente ovina.

Sin embargo, fue el desarrollo del comercio y de la artesanía las notas que hicieron singular la economía andalusí. La actividad artesanal, centrada en los tejidos de lana, algodón y seda, recibió un impulso decisivo gracias al comercio desarrollado en las ciudades. También el comercio exterior conoció una etapa de prosperidad, especialmente con Oriente, y los andalusíes contaron con una importante marina mercante.

Además, mientras en el Occidente cristiano apenas circulaban monedas, el dinar de oro y el dirham de plata se convirtieron en monedas de uso más allá del propio territorio de Al-Ándalus.

El legado cultural musulmán.

El arte ha sido uno de los legados más importantes del mundo islámico a la civilización, de tal modo que las mezquitas, los palacios, las alcazabas, etc. forman parte del patrimonio cultural actual. En concreto, en la Península Ibérica se encuentran grandes monumentos:

– La mezquita de Córdoba.

– El palacio de la Aljafería de Zaragoza.

– Las ruinas del palacio de Medina Azahara.

– El alcázar de Sevilla.

– La alcazaba de Málaga.

– El palacio de la Alhambra de Granada.

– La Torre del Oro y la Giralda de Sevilla.

En la cultura islámica florecieron la literatura, la filosofía, la música, el derecho o la medicina, donde destaca la figura de Maimónides. A su vez, se desarrolló de la poesía popular y áulica.

De la obra de Averroes nos interesan dos libros: Discurso decisivo y su comentario a la República de Platón.

Discurso decisivo es un dictamen sobre las relaciones entre la filosofía y la fe en el que se propone establecer, no sólo la armonía entre razón y revelación, sino también la necesidad de incluir la filosofía en los estudios coránicos.

La Exposición de la República de Platón es una lectura pragmática del texto clásico, tratando de extraer de ella consecuencias para la práctica política, y haciendo referencias constantes a circunstancias de su tiempo.

Fue muy importante el desarrollo científico y técnico, los musulmanes difundieron los principios matemáticos de la trigonometría y el álgebra, además del uso del cero. Igualmente fueron importantes los logros en astronomía y la difusión de artículos procedentes de Oriente, como la pólvora o el papel.

5. Conclusiones.

Para finalizar hemos de destacar tres rasgos que, con mayor o menor profundidad en función del periodo, se dieron durante los siglos de dominio musulmán en la Península Ibérica:

– La diversidad social y religiosa existente en Al-Ándalus.

– El hecho de que, precisamente esa diversidad, en los periodos de paz y tolerancia, hizo posible que Al-Ándalus jugase el papel de puente cultural entre dos mundos: el musulmán y el cristiano

– La existencia de periodos de gran esplendor cultural y de etapas de fanatismo y oscurantismo.

Cuestiones generales del urbanismo medieval

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos sobre las villas vascas en la Edad Media. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


Trataremos ahora de describir brevemente los elementos más característicos del urbanismo vasco medieval. Son en general aspectos comunes a todas las villas de la época –no nos encontramos ante rasgos específicos únicamente de estas dos provincias-; sin embargo, los abordaremos de tal manera que la referencia a emplazamientos vizcaínos y guipuzcoanos sea constante.

Las murallas

Podemos considerar que las murallas constituían el elemento fundacional de la ciudad medieval. Estos muros, además de facilitar la defensa de la villa, marcaban sus límites territoriales y jurisdiccionales. También establecían las demarcaciones del sistema impositivo, tanto comercial como municipal. Las murallas podían cumplir la misión de elemento divisorio –de carácter social o étnico- dentro de la propia villa. Este fue el caso de Bilbao, tal vez la ciudad vizcaína más importante en lo que a diversidad –funcional y estructural- de fortificaciones se refiere.

La murallas establecían los límites territoriales y jurisdiccionales de la villa, pero no impedían su crecimiento. Las nuevas fortificaciones fueron incorporando poco a poco esos barrios y calles que antes se encontraban fuera de sus límites. Esos núcleos que rebasaron los muros obligaron a construir otros más amplios y extensos que los incluyeran. Es más, en numerosos casos las murallas antiguas fueron destruidas, levantándose en su lugar calles de curioso e inconfundible trazado. Este fue el caso de Estella y, una vez más, Bilbao, en cuyos planos se pueden apreciar las huellas de este fenómeno urbanístico.

Tampoco faltaron las construcciones adosadas a la muralla, especialmente las iglesias. De ellas se aprovechaban las altas y sólidas torres como un elemento defensivo más. Estas se incluían dentro de las fortificaciones, en ocasiones también como puertas de la villa. Esto explicaría la austeridad del diseño de muchas de estas construcciones. De entre estas hemos de destacar el caso de Segura.

El plano de la ciudad

La estructura urbana medieval estaba claramente condicionada por aspectos como la muralla, la estructura social de la población de la villa y la distribución de la propiedad. En lo referido a esta última cuestión, habría que decir del caso vasco que, al tratarse todo de propiedad real, esta era notablemente homogénea.

Distinguiremos a continuación varios tipos de ciudades clasificadas en función del tipo de plano. Trataremos además de describirlas y poner ejemplos concretos de cada una:
  • Las ciudades camino, cuyo ejemplo más claro fue Estella, se caracterizaron por su arcaica estructura: en ellas se confunden el camino y la calle. En estos casos podemos empezar a hablar de ciudad con la contrucción de murallas y el trazado de calles perpendiculares a la principal.
  • Las ciudades de planta rectangular presentaban ya una estructura más compleja de carácter ortogonal. Además, estaban divididas en parroquias, y presentaban cierta jerarquización social del espacio.
  • Las ciudades de recinto fortificado irregular con dos parroquias se caracterizaban porque las iglesias influían notablemente en la estructura urbana. Estas formaban plazas y condicionaban el trazado de las calles. Además, con sus altas torres, en muchos casos utilizadas como elementos defensivos, destacaban sobre los demás edificios de la villa. Es decir, configuraban el paisaje de la misma. En Vizcaya destacaron los casos de Marquina, Durango, Guernica y Bilbao.
  • Las ciudades con una sola iglesia central presentaban, por el contrario, una estructura sencilla. En Guipúzcoa nos encontramos con ese modelo de plano en Mondragón, Segura, Vergara y Guetaria; y en Vizcaya hay que hablar de Puebla de Arganzón.

Los arrabales

Aquellos espacios periféricos que, temporal o permanentemente, se mantuvieron fuera de los muros de la villa se llamaron arrabales. Eran estos núcleos que iban desarrollándose al margen, pero en las inmediaciones, de la ciudad. Dejaban, por tanto, de ser arrabales cuando se incluían en el área fortificada. Estos elementos fueron desarrollándose y urbanizándose a lo largo del medievo.

Sin embargo, hemos de distinguir varios modelos de arrabales.

En primer lugar habría que hablar de los surgidos en torno a ciudades con un fin casi exclusivamente militar. En ellas este fenómeno apenas hechos raíces, como bien puede apreciarse en el caso de Segura.

El caso contrario encontramos en otras villas donde el elemento humano y económico resultaba más importante. Sin duda los casos de Bilbao y Durango, cuyos arrabales fueron los más importantes de todo elo territorio vasco, constituyen el mejor ejemplo de este segundo tipo.

En tercer lugar citaremos brevemente los espacios en torno a los que solían surgir estos núcleos de población. Hablamos de los caminos, las fuentes y el entorno de los conventos y torres mobiliarias, como bien podemos apreciar en Mondragón.