Los historiadores y el cine II

La aproximación formal considera que las películas son reflejo de la realidad política y social del momento en que fueron hechas. Un ejemplo ya tópico es la analogía de artículos recogidos en American History/American Film que buscan los aspectos históricos de obras como «Rocky» (problemas de la clase obrera), La invasión de los ladrones de cuerpos (conspiración y sumisión del cuerpo social en los cincuenta), «¡Viva Zapata!» (La Guerra Fría) y «Corazones indomables» (la persistencia d elos ideales norteamericanos). Este punto de vista insiste en que cualquier film puede ser situado «históricamente» -y de hecho así es-, pero no otorga ningún papel específico a las películas que versan sobre temas del pasado. No distingue el film histórico del resto, lo que nos obliga a plantear la siguiente pregunta: ¿por qué no aplicar a los textos el mismo criterio? Ellos también reflejan la época en la que fueron redactados, pero los historiadores consideramos que nos ofrecen información válida y no sólo el reflejo de una época. ¿Por qué debemos estudiar los libros de historia en función de su contenido y los films históricos en función de lo que reflejan? ¿Es que la pantalla sólo reproduce imágenes? ¿Es demasiado cercana la cueva de Platón para que desconfiemos de las imágenes que reproduce la luz?

Robert A. Rosenstone, El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia, p. 45.

Los historiadores y el cine

Seamos francos y admitámoslo: los films históricos molestan y preocupan a los historiadores profesionales, lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo. Veamos las palabras del profesor Louis Gottschalk de la Universidad de Chicago, en 1935, al presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer: «Si el arte cinematográfico va a inspirarse tan a menudo en el pasado, debe adecuarse a los patrones y al alto ideal de rigor exigido en la ciencia histórica. Ningún film histórico debería ser exhibido sin que un historiador de valía haya tenido la oportunidad de revisarlo antes».

¿Cómo calificar esta carta? ¿Enternecedora? ¿Una ventana que nos permite vislumbrar el ingenuo mundo que imaginaba que Hollywood podía preocuparse por un «alto ideal»? Pero si esta actitud parece anticuada, su propuesta no. Aún hay muchos historiadores que afirman o piensan lo mismo. «Dadnos a los historiadores la oportunidad de criticar o revisar los guiones y seguro que la pantalla nos ofrecerá mejores relatos históricos.

Robert A. Rosenstone, El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia, p. 43.

El desafío de las imágenes

Casi un siglo después del nacimiento de Séptimo Arte, las películas plantean a los historiadores un desafío que aún no ha sido afrontado: el reto de pensar en cómo utilizar todas las capacidades del medio para informar, yuxtaponer imágenes y palabras y, quizá, crear estructuras analíticas visuales. Como las normas cinematográficas son tan rígidas y, al principio para el historiador, tan desconcertantes, el medio audiovisual pone en evidencia las convenciones y limitaciones de la historia escrita. El cine ofrece nuevas posibilidades de representar la historia, posibilidades que podrían ayudar a la narración histórica a retomar el poder que tuvo en la época en la que estaba más unida a la imaginación literaria.

Esto no implica abandonar nuestros conocimientos o que estos sean falsos, sino reconocer que existe más de una verdad histórica, o que la verdad que aporta el medio audiovisual puede ser diferente, pero no necesariamente antagónica, de la verdad escrita.

La historia no existe hasta que no se reconstruye, y su creación es fruto de las ideas y valores subyacentes. Nuestro rigor, nuestra «historia científica» es fruto de la misma disciplina histórica, de una concepción de la historia…

Robert A. Rosenstone, El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia, p. 40.