Las preguntas de cada día: ¿qué comer?, ¿dónde dormir?


El tercer capítulo de El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos se ocupa de dos cuestiones fundamentales en la vida de toda persona: la alimentación y la vivienda. En este epígrafe, el profesor Díez Espinosa se sumerje en la realidad cotidiana referida a esos dos aspectos del desempleao. Y lo hace, como hasta ahora, apoyándose en fotografías, canciones, testimonios, literatura y estadísticas oficiales. Todo este material le sirve al autor para describir la cara más miserable de la Gran Depresión. Él mismo divide en dos grandes apartados el capítulo: el referido a la alimentación –“Cuando el estómago vacío es un problema”-, y el que aborda la cuestión de la vivienda –“Un techo y cuatro paredes donde cobijarse”-. En los próximos días dedicaremos un artículo a cada uno de ellos. No obstante, en esta introducción vamos a comentar las cuatro fotografías con las que Díez Espinosa ilustra su trabajo; tres se refieren al “¿qué comer?”, y una al “¿dónde dormir?”. En la página ciento dieciocho del libro –primera de el tercer capítulo- nos encontramos con una fotografía de Dorothea Lange realizada en el año 1933. Bajo la imagen se puede leer: “El rostro del desempleo y de la miseria en San Francisco”. Un hombre de aspecto descuidado, y tal vez algo entrado en años, apoya sus brazos en una barandilla de madera.

Entre ellos sostiene un vaso metálico; recipiente que, seguramente, utiliza a la hora de comer. Al parecer lo lleva todo encima; no tiene hogar, y tampoco parece bien alimentado. Sus ojos están ocultos bajo un sombrero viejo y sucio. A su alrededor se agolpan otras personas; quizás también desempleados. Sin embargo, todos parecen tener mejor aspecto. Unas páginas más adelante –ciento veintitrés- tenemos una fotografía de Walter Ballhause perteneciente a la serie Un día en la vida del desempleado Karl Döhner. En ella podemos ver a una familia compuesta por tres personas: un hombre –el desempleado Karl Döhner-, su mujer, y un niño que seguramente no supere los dos años. Están comiendo sopa en su vivienda, cuya decoración y mobiliario es a primera vista muy pobre. El pie de foto dice así: El hambre en la mesa del desempleado Karl Döhner. El reparto de la sopa popular en un local de Washington es el objeto de la fotografía que encontramos en la página ciento treinta y ocho. Cinco desempleados y un cocinero intervienen en la escena. Los primero forman una fila para recibir su alimento, mientras el segundo, con un cucharón en la mano derecha, se encarga de distribuirlo. Sus rostros son los del desempleo y el hambre: delgados, con la mirada perdida, despeinados, sin esperanza… El local en el que se encuentra tiene muy poca luz, así que sus sombras se proyectan al fondo de la escena. Bajo la misma puede leerse: “Reparto de la sopa popular entre los desempleados de Washington. Administración para el Progreso de los Trabajos Públicos. Año 1936”. “Una cuerda garantiza la estabilidad y el descanso nocturno de los desempleados”. Esta es la frase que encontramos bajo la última fotografía del capítulo tercero. Abandonamos la cuestión del “¿qué comer?” para abordar en imágenes el “¿dónde dormir?”. Cinco hombres sin techo descansan con las cabezas apoyadas en una cuerda que cumple la función de barandilla. Sus brazos culgan también de la misma.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

El salario del desempleado: el subsidio


«Ahora estoy en la asistencia social de crisis. Me dan 24,50 marcos. Por cada miembro de mi familia supone 2,75 marcos a la semana, y por cabeza y día 38 pfennig. Mi tiempo libre crónico me ha permitido calcularlo con toda exactitud… Mi mujer no puede dar a los niños ni un trozo de paz para llevarse a la escuela. No estamos dispuestos a seguir aguantándolo… Si esto sigue así, no tardaré en dedicarme a asaltar viviendas”. Así se expresa un personaje de E. Kästner mientras espera en la cola de la oficina de empleo. Díez Espinosa se sirve de estas palabras para hacer entender al lector hasta qué punto las medidas de protección social se vieron rebasadas por la crisis. Las ayudas eran insuficientes. En el epígrafe dedicado a los ingresos de los desempleados volvemos a encontrar un buen número de cuadros estadísticos. En la página noventa y siete tenemos las escalas del seguro del desempleo y de la ayuda de urgencia en Alemania; en la cien nos encontramos con una serie de datos situados entre 1930 y 1933, en ellos se muestran los desempleados registrado según el tipo de ayuda recibida; en la ciento dos están las tarifas semanales de la protección social británica desde mayo de 1934; en la página ciento cuatro las escalas del subsidio de desempleo en Gran Bretaña entre 1919 y 1939; y en la ciento quince, los presupuestos semanales de cinco desempleados británicos en junio de 1933.

Este apoyo gráfico ayuda al lector a comprender mejor el discurso, dividido en dos subepígrafes –prestaciones sociales y mecanismos de control, y ayudas insuficientes e ingresos complementarios-, del autor sobre los ingresos de los desempleados. En lo que se refiere al apartado literario, además de la ya citada obra de E. Kästner –Fabian. Historia de un moralista-, volvemos a encontrarnos con referencias a ¿Y ahora qué? de H. Fallada, Karl e il XXº secolo de R. Brunngraber, El camino de Wigan Pier y Venciste Rosemary de G. Orwell, Love on the Dole de W. Greenwood, Memoirs of the unemployed de H. L. Beales y R. S. Lambert, El callejón del Ángel y Un héroe maravilloso de J. B. Priestley, y Waiting for Nothing de T. Kromer. También hay que destacar la utilización de Los parados de Marienthal, estudio de P. F. Lazarsfeld, M. Jahoda y H. Zeisel, a lo largo de casi todo el capítulo. Termino mi repaso al capítulo tercero de El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos con la descripción de una fotografía de la página ciento seis. En ella, sobre las palabras La inspección de los Recursos: el control de los ingresos en el hogar del desempleado, se puede ver a una familia reunida junto a el escritorio. En él un hombre que permanece sentado sostiene una pluma mientras observa los papeles extendidos sobre la mesa. El resto de los personajes, desde el más anciano hasta el más joven, tienen sus miradas fijas en él.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

La búsqueda de un nuevo empleo


En la obra que nos ocupa se nos describe la búsqueda de empleo de tres formas distintas: yendo de puerta en puerta, mediante ofertas y anuncios por palabras, y en las colas de las oficinas de empleo. Sin embargo, antes de describir todo eso, el autor dedica una breve introducción en la que señala algo ya comentado en artículos anteriores: “El carácter estructural y crónico transforma el desempleo en una profesión que, aunque novedosa, posee rutinas y hábitos propios, estructuras temporales y escenarios vitales característicos. La búsqueda de trabajo se convierte en el nuevo trabajo del hombre desempleado…”. De esta manera, tras describirnos como afronta Josias Oykroad -protagonista de Los buenos camaradas- su nueva situación como parado, el profesor Díez Espinosa recurre a una investigación de E. W. Bakke. El estudio The unemployed worker, contribuye sin duda, a ilustrar mejor esta cuestión. En las páginas que siguen a estos aspectos introductorios, el autor pasa a desarrollar las tres formas de buscar empleo que citamos al comienzo del párrafo anterior. La investigación de E. W. Bakke aparece con frecuencia a lo largo de el epígrafe, y junto a ella encontramos las ya clásicas referencias a la literatura del desempleo. El autor se sirve de novelas como Sin blanca en París, El callejón del ángel, Fabian. Historia de un moralista, Aventura en Budapest o El día del juicio para guiar al lector a través de esa compleja realidad del hombre que busca trabajo de puerta en puerta.

Sin embargo, esos mismos personajes son los que más adelante nos encontramos en dos contextos distintos: mirando detenidamente las ofertas de empleo en la prensa local, y esperando frenta a las oficinas de empleo. En el repaso de Díez Espinosa a la literatura, tampoco podía faltar la referencia a la descripción del desempleo femenino que con tanto detalle realiza I. Keun en Gilgi, una de nosotras y La muchacha de la seda artificial. Además de estas y otras tantas novelas y estudios científicos, volvemos a encontramos, en las páginas dedicadas a las ofertas y anuncios por palabras, con los protagonistas del film Kuhle Wampe. En esta ocasión se nos narra el suicidio de uno de los personajes de S. Dudow: Bönicke. Más adelante nos encontramos con una fotografía sobre las siguientes líneas: “Cartillas y sellos. Falta trabajo y sobran desempleados (Interior de una oficina de empleo)”. En ella se puede observar como una larga cola de desempleados espera su turno para que su cartilla sea sellada por un hombre de bigote y gafas que está sentado tras un mostrador.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

La notificación de despido


“Aunque a veces puede producirse de manera sorpresiva y con efectos inmediatos, el despido suele ser el último eslabón de un proceso de degradación paulatina en las condiciones de trabajo; primero la reducción de la jornada de trabajo y del salario; luego los periodos intermitentes de paro; por último, el despido definitivo”. En estas líneas, el profesor Díez Espinosa, nos describe el proceso por el cual un trabajador pasaba a convertirse en un desempleado más. Como bien se indica en la cita anterior, las tres fases enunciados eran las propias de un despido progresivo; sin embargo, una persona también podía perder su puesto laboral de manera fulminante.

El epígrafe se inicia con un fragmento de la novela Fabian. Historia de un moralista, obra E. Kästner. En el se nos narra como el protagonista pierde su empleo: “Muy señor nuestro: la empresa se ve obligada a comunicarle su despido en el día de hoy”. Jakob Fabian no deja de ser, al fin y al cabo, uno entre tantos miles de personas que, tras ser despedidos, pasan a engrosar las filas de los desempleados. Se trataba de un fenómeno común que no pasa desapercibido para la literatura de los años treinta.

Además de las abundantes citas en torno a la novela de E. Kästner, el autor recoge también más ejemplos sacados de otras obras del la época. En las páginas que siguen a este inicio del capítulo volvemos a encontrarnos con las protagonistas de I. Keun, Gisela y Dorin, en Gilgi, una de nosotras y La muchacha de la seda artificial. No obstante, la literatura en torno al despido femenino no se agota con estos dos personajes; Aventura en Budapest, de F. Körmendi, nos relata como Joli Kelemen se convierte en desempleada.

El despido, como bien indica Díez Espinosa en su obra, no entiende de géneros; y, permítanme añadir algo, tampoco de fronteras. En las páginas que siguen al desempleo femenino, el autor nos brinda una amplia recopilación de novelas que abordan la perdida del puesto laboral desde las más variopintas perspectivas. Ante el lector circulan personajes como Karl Lakner en Karl e il XXº secolo, de R. Brunngraber; Franz Biberkopf en Berlin Alexanderplatz, de A. Döblin; Hans Pinneberg en ¿Y ahora qué?, de H. Fallada; Josias Oykroad en Los buenos camaradas, de J. B. Priestley. El epígrafe dedicado al despido termina con referencias a dos estudios: Men without work y The unemployed worker.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Aprendiendo el oficio de desempleado


Iniciamos el repaso al segundo capítulo de El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos. En esta ocasión el autor hace gala de su ingenio mostrándonos la situación del desempleado como una auténtica profesión; con sus rutinas, obligaciones, preocupaciones… La fotografía que sirve de marco para estas páginas del libro lo dice todo: decenas de hombres observan minuciosamente en la prensa las ofertas de trabajo para ese día. Ninguno de ellos levanta la vista de estas páginas; encontrar un empleo es su única obsesión. Incluso alguno de ellos tiene a mano su bicicleta para poder llegar antes que los demás al lugar requerido y hacerse así con el ansiado puesto en una fábrica, tienda, oficina o similar. Bajo esta imagen el pie de foto dice así: “desempleados berlineses examinan las ofertas de trabajo en la prensa local”. Era una escena que, al parecer, se repetía cada mañana en muchas ciudades europeas y americanas.

El profesor Díez Espinosa divide el capítulo en tres epígrafes: la notificación del despido, la búsqueda de un nuevo empleo, y el salario del desempleado: el subsidio. Mi intención es respetar ese esquema, dedicando un artículo a cada uno de estos apartados.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión III


“Antaño construí una vía férrea y la hice funcionar / la hice luchar en rapidez con el tiempo. / Antaño construí una vía férrea, ahora se acabó. / Hermano, ¿puedes darme diez centavos? / Antaño construí una torre, hacia el sol, / ladrillo, remaches y cal; / Antaño construí una torre, ahora se acabó; / Hermano, ¿puedes darme diez centavos?”. Así comienza Hermano, ¿puedes darme diez centavos? (1932), de E. Y. Harburg y J. Gorney, una de las más famosas composiciones musicales sobre el desempleo de los años treinta. Sin embargo, no es la única letra que encontramos transcrita en las páginas dedicadas a la cuestión laboral en los Estados Unidos. En la página sesenta y uno podemos disfrutar de las estrofas de Lamento de Detroit (V. Spivey, 1936).

Al relatar la Gran Depresión en los Estados Unidos, José Ramón Díez Espinosa sigue un esquema parecido al que en las páginas anteriores utilizó al tratar de Gran Bretaña. El epígrafe se inicia con una cita de la novela de J. T. Farrell –El día del juicio, 1935-; sin embargo, tras explicar brevemente el argumento de esta obra, el autor nos conduce de nuevo al campo de los valores estadísticos. La comprensión de los mismos viene facilitada por dos tablas situadas en las páginas cincuenta y cuatro –evolución del desempleo en los Estados Unidos (1929-1939)- y cincuenta y cinco –diversas estimaciones sobre los valores máximos del desempleo en los Estados Unidos (Marzo de 1933)-.

En las páginas dedicadas a los Estados Unidos no encontramos ninguna fotografía, pero si referencias a novelas y artículos de opinión del momento. Al la ya citada El día del juicio hemos de destacar: La ciudad automática –J. Camba, 1932-, El paraíso norteamericano –E. E. Kisch, 1931-, y Hotel América –M. Leitner, 1930-. El autor también se sirve del cine y del teatro para ilustrar su explicación. Comenta dos películas de K. Vidor, The Crowd –1928- y Our daily bread –1934-, y una obra teatral de Clifford Odets, Waiting for Lefty –1935-. Finalmente, hemos de resaltar el trato especial que, lógicamente, se da en estas páginas a la crisis en la industria automovilística.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión I


“El desempleo de masas, enfermedad social de Europa y América”; y sobre este texto una fotografía que ocupa casi toda la página. En ella podemos ver una larga cola de desempleados a la puerta de una fábrica con la esperanza de ser contratados. La fila carece de orden. Se trata de una informe masa de hombres –todos con su reglamentario sombrero- que, en algunos puntos, parecen formar pequeñas tertulias con las que amenizar la espera. Sin embargo, esos grupos de personas que conversan desaparecen en los puestos más avanzados. Allí un guardia de uniforme parece poner orden con su mera presencia. De él en adelante los desempleados caminan en fila de uno para dirigirse al puesto de contratación. Nos hayamos en la página veinte, al inicio del capítulo. Más adelante –en la cuarenta y cinco- el libro nos ofrece una escena similar. El pie de foto es el siguiente: “Cientos de desempleados hacen cola en una oficina de contratación en Clydebank, Escocia”.

Este primer capítulo se divide en tres epígrafes. El primero está dedicado a la Europa continental –Hombrecillo, ¿y ahora qué?-, el segundo a Gran Bretaña –Sin blanca en Londres-, y el último a los Estados Unidos –El día del juicio-. Para abordar la cuestión europea nos introducimos en la vida de Hans Pinneberg, protagonista de la novela de H. Fallada Hobrecillo, ¿y ahora qué? (1932). Sin embargo, no va a ser este el único personaje literario utilizado por Díez Espinosa para mostrarnos la realidad del desempleo. Gisela –Gilgi, una de nosotras (1931)-, y Doris –La muchacha de la seda artificial (1932)- son dos figuras femeninas de la Gran Depresión cuya historia nos narra I. Keun. También nos encontramos en el mundo de desempleo a los personajes de L. Frank –Tres entre tres millones (1932)- y E. Kästner –Fabian, historia de un moralista (1931)-. Sin olvidar las descripciones de viajeros como C. Isherwood y D. Guérin: “cansados de estar mano sobre mano en su barrio triste, de ser una carga para sus padres, salen en primavera y van dando tumbos hasta el final del otoño. Algunos deambulan así desde hace varios años, sin norte, viviendo de limosnas, pernoctando en los asilos o en los establos” (D. Guérin. Antes de la catástrofe).

Díez Espinosa dedica también es este primer epígrafe una mención a los largometrajes de la época. Kuhle Wampe, del director búlgaro S. Dudow, es la película elegida para mostrarnos cómo percibían el desempleo los profesionales del mundo del cine. En lo que se refiere a la música dos son las letras transcritas en las páginas del libro: La canción del desempleado compuesta por H. Eisler y D. Weber en 1929, y Sombrío domingo obra de R. Seress y L. Jávor que vio la luz en 1932. Sobra decir que el pesimismo y la tristeza constituyen un elemento común en todas estas expresiones artísticas.

Todo este material compuesto por palabras, imágenes y sonidos, se vertebra a partir de un esquema fácilmente perceptible. En los primeros párrafos el autor nos de una visión general del desempleo en el continente europeo. Posteriormente nos introduce, con más o menos detalle en función de su peso nacional, en la realidad de cada país. La situación de Alemania, Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Francia, Holanda y Bélgica, desfila ante los ojos de lector en forma de texto y mediante cuadros estadísticos. De estos últimos encontramos dos en las páginas veintidós y treinta y cinco del primer capítulo: el desempleo en Alemania durante la Depresión (1930-1933), y el desempleo en algunos países durante la Depresión.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Comentarios a «El desempleo de masas en la Gran Depresión»


Hace un tiempo publicaron en la página web del Club Lorem-Ipsum una crítica que escribí sobre el último trabajo del profesor José Ramón Díez Espinosa: El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos. Posteriormente reproduje este mismo artículo este blog; pueden leerlo pulsando aquí. Ahora tengo la intención de ir diseccionando brevemente esa obra; capítulo a capítulo. Y utilizo el verbo diseccionar porque no pretendo dejar demasiados comentarios u opiniones personales –mi aportación está presente ya en la crítica a la que aludía al comienzo-, sino explicar brevemente la información que el lector encontrará dentro del libro.

El objetivo de esta serie de artículos es mostrar al lector la riqueza del trabajo que se esconde tras esta amena y novedosa manera de escribir Historia. La cantidad de novelas que es necesario leer y releer; el afán por buscar entre fotografías antiguas con el fin de seleccionar las más adecuadas para cada temática; la preocupación por entrar de lleno en el mundo musical del momento. Y a todo esto hemos de sumar el rigor histórico y estadístico presente en el discurso del autor. Por lo tanto, en mis anotaciones al trabajo de Díez Espinosa, me limitaré a citar las palabras tomadas de la novela de entreguerras; a describir las imágenes captadas por medio de las máquinas fotográficas de la época; a recopilar los sonidos ocultos en forma de letras de canciones. Por supuesto, también comentaré brevemente la temática de cada uno de los artículos; añadiendo al mismo tiempo algún dato estadístico presente en el libro.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

[2] El desempleo de masas en la Gran Depresión; Carlos González Martínez – Club Lorem-Ipsum- 23 de Febrero de 2007.

El desempleo de masas en la Gran Depresión

Artículo publicado por la web Club Lorem Ipsum el 23 de febrero de 2007.


“Se ven grupos de gente con vestidos descoloridos y caras lívidas; son los sin trabajo, que esperan algo sin saber qué, pues, ¿quién espera hoy día encontrar trabajo? Pasean sin plan, sin objeto, ya que no pueden soportar la casa donde también todo es malo, todo es miseria, ¿por qué no pasearse entonces? ¿A qué volver a casa, si automáticamente se llega a ella, sin quererlo y siempre demasiado pronto?”

Con esta cita comienza José Ramón Díez Espinosa, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid (UVa), su última obra: El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos. En ella, este estudioso del periodo de Entreguerras -experto también en Historia de Alemania- realiza una excelente radiografía de la crisis en los años treinta del siglo pasado y sus consecuencias sociales. Se trata de un recorrido por el convulso mundo del desempleado en unos tiempos en los que serlo llegó a resultar casi habitual.

Trece millones en EE.UU., seis en Alemania, cuatro en Gran Bretaña… de la mano de los protagonistas de las llamadas “Novelas del desempleo” el lector se sumerge en la vida de esos millones de personas.

Se trata de un viaje que nos lleva por la Europa Central y el mundo anglosajón, introduciéndonos en las fábricas, en los hogares, en los lugares de ocio y recreo. En definitiva, el autor, mediante un ingente trabajo de recopilación –utiliza numerosas narraciones, películas, canciones, fotografías, crónicas…-, es capaz de transportarnos a la cotidianeidad de los desempleados y sus familias.

El trabajo de Díez Espinosa es imposible de confeccionar con el simple dato; sólo puede realizarse si antes se ha comprendido al objeto del mismo: los hombres y mujeres de los años treinta. El tipo de Historia que nos presenta posee, pues, un marcado carácter cualitativo. Consigue que el lector, además de conocer esa realidad, la sienta, la huela, la viva. No obstante, su labor no se queda ahí. El autor sabe conjugar todo esto con un bien trazado esquema argumental y unos datos numéricos –también abundantes como se refleja en las tablas y gráficos que acompañan al texto- que hablan por si solos.

Al leer El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras imágenes y sonidos no nos encontramos ante un manual de Historia. Tampoco se trata de una monografía pensada para expertos; aunque a estos les dirá más este trabajo que a los no iniciados. Esta obra es, en cierto modo, una novela. O, mejor, varias a la vez.

El autor se sirve de personajes como Hans Pinneberg, Gisela Kron, Charlie Habble, los habitantes de Kuhle Wampe… –todos ellos protagonistas de las obras de literatos como Hans Falllada, Irgmard Keun, James Thomas Farrell, John Steinbeck…- para fabricar una “gran novela”. Esta mezcla de varias vidas ficticias -basadas en circunstancias reales- está engarzada por la exposición del autor.

Este va moviéndose a su antojo por los sucesos que rodean el quehacer cotidiano de estos personajes para mostrarnos los aspectos sobre los que desea incidir. De esta manera, tras describir la realidad del desempleo en ámbitos como la Europa continental, Gran Bretaña y los EE.UU. –capítulo primero-, nos introduce en cuestiones como la situación laboral y económica de estas personas –capítulo segundo-, la alimentación y la vivienda –capítulo tercero-, los transtornos psicológicos y el ocio como refugio –capítulo cuarto-, y las consecuencias políticas de este fenómeno en los tres ámbitos descritos al inicio –capítulo cinco-. Es, pues, un recorrido muy amplio que abarca prácticamente todos los ámbitos de la vida de estas personas.

Quiebras empresariales, zonas industriales deprimidas, seguros públicos de desempleo desbordados, familias destrozadas, desequilibrios físicos y psicológicos, suicidios… el gran logro del autor consiste en amenizar nuestro paseo por ese mundo con fragmentos –magistralmente escogidos- de obras literarias y películas. A estos añade los datos oficiales -fruto de una investigación de no menor valor- y un esquema fácilmente reconocible.

Sin embargo, Díez Espinosa no se queda en las palabras: su obra sobre el desempleo masivo incluye también imágenes y sonidos. El texto puede llegar a pintar una realidad de forma casi perfecta, pero nunca alcanzará el nivel de las fotografías de Walter Ballhause y Dorothea Lange. A lo largo del libro vamos encontrando estas pequeñas joyas en las que, con sólo un vistazo, percibimos la dureza de esos años en toda su complejidad. También la música ocupa un lugar privilegiado en este libro. La transcripción en castellano de canciones clásicas de ese momento ayuda notablemente a su mejor comprensión.

Cabe destacar de entre estas La canción del desempleo de H. Eisler y D. Weber, Sombrío domingo de R. Seress y L. Jávor, ¿Hermano, puedes darme diez centavos? de E. Y. Harburg y J. Gorney o Lamento de Detroit de V. Spivey.

El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos es una obra para leer con calma, y no precisamente por su complejidad o su extensión. Si realmente se quiere disfrutar de su lectura hay que ir sin prisas, deteniéndose en cada uno de los aspectos de la realidad que nos muestra el autor. No es un libro para descubrir ideas madre, sino más bien sensaciones.

Por esa razón, el que busque lo primero saldrá decepcionado. Encontrará sin duda numerosas ideas camufladas bajo la vestimenta literaria, pero le exasperará tanto ejemplo, tanto detenerse en la vida de las personas. Es más, se perderá en el desarrollo de las historias que acompañan la línea argumental de la obra. Sus protagonistas le serán extraños, indiferentes. Por el contrario, aquel que se haga con él para ojearlo con calma hallará en sus páginas un sinfín de recovecos curiosos.

En ese saborear cada detalle está la clave en la lectura de este trabajo, que muy probablemente conduzca al lector hacia las obras originales -literarias, cinematográficas, fotográficas y músicales- en las que se sustenta.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

[2] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[5] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[6] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.