Tercera hoja de la Rosa Blanca II


Como anuncié en la introducción de la primera parte de esta hoja, en el segundo fragmento de la misma los autores señalan cómo se ha de desarrollar la oposición ciudadana al régimen nacionalsocialista. La respuesta se llama resistencia pasiva, y tiene bastante de sabotaje en tanto que el objetivo último de esta ha de ser acelerar la derrota del III Reich en la guerra. Para ello piden una colaboración masiva en todos los campos productivos y de la administración estatal, ya que sólo ese carácter masivo podría acabar con el régimen. En el fondo están convocando un especie de huelga general clandestina (si fuera manifiesta conllevaría la represión de los participantes). El escrito termina con una cita de Aristóteles muy sugerente. La resumo: los tiranos duplican el trabajo de sus súbditos para evitar que estos tengan tiempo de conspirar; les hacen pasar necesidad e incluso declaran guerras.

Muchos, quizá la mayoría de los lectores de estas hojas, no saben cómo pueden ejercer la resistencia. No ven la posibilidad de hacerlo. Nosotros vamos a intentar explicarles cómo cada persona individual está en condiciones de contribuir a derribar este sistema. No mediante una enemistad individualista al modo de una amarga vida anacoreta será posible preparar el terreno para derrocar a este “gobierno” o para conseguir que su caída se consiga lo antes posible, sino mediante la colaboración de muchas personas convencidas y que colaboren activamente. Personas que están de acuerdo sobre los medios con los que pueden alcanzar su objetivo. No disponemos de una amplia selección de dichos medios; sólo tenemos uno a nuestro alcance: la resistencia pasiva.

El sentido y el objetivo de esta resistencia es conseguir que caiga el nacionalsocialismo. Y en esta lucha no se puede retroceder ante ninguna posibilidad, ante ninguna actuación, estén donde estén. Hay que atacar al nacionalsocialismo en todos los lugares donde es vulnerable. Hay que conseguir terminar cuanto antes con este Estado ilegítimo: una victoria de la Alemania fascista en esta guerra tendría consecuencias incalculables y terribles. La preocupación de cada alemán no ha de ser la victoria militar sobre el bolchevismo, sino la derrota del nacionalsocialismo. Esto ha de encontrarse necesariamente en primer lugar. La necesidad de esta última exigencia se la demostraremos en nuestras próximas hojas.

Ahora, todo enemigo del nacionalsocialismo ha de plantearse la siguiente pregunta: ¿cómo puede luchar de modo más eficaz contra el actual “Estado”; cómo puede darle los golpes que más le afecten? Mediante la resistencia pasiva, sin lugar a dudas. Está claro que es imposible dar directrices para el comportamiento de cada persona individual; sólo podemos hacer alusiones generales; el camino concreto a la realización lo tiene que encontrar cada uno.

Sabotaje en las fábricas de armamento y otros productos bélicos, sabotaje en todas las reuniones, manifestaciones, celebraciones y organizaciones creadas por el partido nacionalsocialista. Impedir que funcione sin fricciones la maquinaria de la guerra (una maquinaria que sólo funciona para una guerra en la que se trata únicamente de salvar y mantener el partido nacionalsocilista y su dictadura). Sabotaje en todos los campos científicos e intelectuales, que permiten continuar la guerra, ya sea en las universidades, escuelas superiores, laboratorios, centros de investigación u oficinas técnicas. Sabotaje en todos los actos de índole cultural, que puedan elevar el “prestigio” de los fascistas en el pueblo. Sabotaje en todas las ramas de las artes plásticas, que estén en ralación con el nacionalsocialismo y a su servicio. Sabotaje en todo lo que se escriba, en los periódicos que estén a sueldo del “gobierno”, que luchen por sus ideas, por la difusión de la mentira nazi. No deis ni un céntimo en las cuestiones públicas (ni siquiera bajo la apariencia de tratarse de fines caritativos, pues se trata de un camuflaje). En realidad, no se benefician de ellas ni la Cruz Roja ni los necesitados. El gobierno no necesita ese dinero, no tiene necesidad económica de esas cuestiones, pues las máquinas impresoras siguen acuñando tanto dinero como se necesite; pero el pueblo ha de ser mantenido continuamente en tensión; no se debe rebajar la presión del candado. No deis nada cuando se recolecte metal, tejidos o cualquier otra cosa. Dirigíos también a todas las personas que conozcáis en las capas bajas para convencerlas del desatino de que continúe esta guerra, de su initualidad, de la esclavitud intelectual y económica que supone el nacionalsocialismo, de la desestructuración de los valores éticos y religiosos, y lograd que ejerzan resistencia pasiva.

Aristóteles, “Sobre la política”: “…de la sustancia de la tiranía forma parte buscar que ni permanezca oculto nada de lo que dice o hace un súbdito, sino que por doquier haya espías que le escuchen… sembrar la discordia y la calumnia entre los ciudadanos; poner en pugna unos amigos con otros, irritar al pueblo contra las altas clases que se procura tener desunidas. A todos estos medios se une otro procedimiento de la tiranía, que es empobrecedor a los súbditos, para que por una parte no le cueste nada sostener su guardia, y por otra, ocupados aquellos en procurarse los medios diarios de subsistencia, no tengan tiempo para conspirar… Puede considerarse como un medio análogo el sistema de impuestos que regía en Siracusa: en cinco años, Dionisio absorbía mediante el impuesto el valor de todas las propiedades. También el tirano hace la guerra para tener en actividad a sus súbditos…”

¡Por favor, reproduzca y difunda la hoja!

Bibliografía:

[1] La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler; José M. García Pelegrín – Madrid – LibrosLibres – 2006.

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