40 meses de flipped classroom: los compañeros


Hace un par de días comencé esta serie de entradas que, todo sea dicho, no sé muy bien dónde me llevarán. El objetivo es contar mi experiencia con el enfoque flipped aprovechando que se cumplen 40 meses desde que decidí darle la vuelta a mi clase.

Si la primera entrega tenía a YouTube como protagonista, en esta segunda querría centrarme en los docente que me han ayudado durante este periodo.

Con el fin de evitar olvidarme a alguno y, por tanto, ser injusto con determinadas personas, me ha parecido conveniente no citar nombres. Simplemente comentaré situaciones y, como no podía ser de otro modo, mostraré una vez más lo agradecido que os estoy por ayudarme y animarme.

LA GENEROSIDAD CON EL NOVATO

Según he ido adquiriendo experiencia en el modelo flipped, han sido muchos los profesores y estudiantes de Educación que se han puesto en contacto conmigo para pedirme consejo, colaboración, orientación… Hasta la fecha, al menos de manera consciente, no me he negado a ayudar a ninguno de esos compañeros. El motivo de eso, además de la mera cortesía y el compañerismo, es la atención que, de forma desinteresada, me prestaron otros docentes cuando no era más que un novato.

Es cierto que no todas las personas a las que envié correos y mensajes en Twitter me han dedicado la misma atención; es más, puede que algunas de mis preguntas fueran ignoradas por una minoría. Sin embargo, la ayuda que me prestó la inmensa mayoría ha hecho posible que haya ido avanzando día a día en los distintos aspectos de este modelo.

A todos esos generosos docentes, mis alumnos de estos años y yo os estamos profundamente agradecidos.

Todos fuisteis fundamentales en mi comienzo. Y, aunque poco a poco también yo voy aportando riqueza a nuestro «claustro virtual», sigo aprendiendo de vosotros. La verdad es que, una vez empiezas, te metes en un torbellino de intercambio de ideas y experiencias que te transforman como docente.

MI APERTURA AL CLAUSTRO VIRTUAL

Estar en contacto con otros docentes a través de las redes sociales, no es algo exclusivo de los que utilizamos modelo flipped. De hecho, son muchísimos los profesores que, sin utilizar la clase del revés, comparten sus tremendos conocimientos en internet. Ahora bien, en mi caso ambos procesos se dieron a la vez: dar la vuelta a mi clase y entrar en contacto con otras personas a través de la red vino en el mismo pack.

Sinceramente, creo que mi entrada en diversas redes de profesores nunca habría sido tan grande de no haber empezado a utilizar el enfoque flipped classroom.

Es más, es bastante probable que ni siquiera hubiera tenido lugar. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que sea fundamental hacer clase invertida para estar presente en las redes. Simplemente comento, pues al fin y al cabo aquí solo escribo mi experiencia, que en mi caso sucedió de ese modo.

Claustros virtuales: utilidad y gestión


Recientemente he tenido la oportunidad de participar en las Jornadas Virtuales de Colaboración y Formación de Ubicuo y Social: Aprendizaje con TIC (USATIC). Allí presenté una comunicación junto a Jesús Vélez y José Antonio Lucero sobre la utilidad y gestión de los claustros virtuales.

Aunque no descarto dedicar, más adelante, una entrada a explicar con más detalle el contenido de nuestro trabajo, de momento me conformo con dejar el enlace a la presentación, así como algunas imágenes de la misma. Con ese material provisional considero que es sencillo entender qué es un claustro virtual y cómo se administra.

 

#MujeresHistóricas, una experiencia interdisciplinar


En mayo de 2016, poco más de cincuenta alumnos de secundaria iniciaban una actividad de aprendizaje en 140 caracteres. Con el hashtag #RenacimientoCigales pretendía acercarles al arte de los siglos XV y XVI de una manera novedosa y, al mismo tiempo, trabajar cinco de las competencias clave: lingüística, digital, social y cívica, emprendedora y cultural.

Me sorprendió, no obstante, el entusiasmo que durante esos días mostraron los participantes.

Al terminar el 18 de mayo, comprendí que merecía la pena volver a vivir esa experiencia. De ahí que, a lo largo del curso 2016-2017 se pusiera en marcha #ÉpocaDeRevoluciones, #ArteMedieval y #MujeresHistóricas.

Cada uno de esos proyectos ha añadido algo al anterior, de tal modo que puede decirse que estamos ante algo vivo. Es decir, no se tratan de meras repeticiones, sino que se extraen conclusiones, se corrigen errores y se introducen mejoras.

La apertura a la colaboración y a la Universidad

Aunque he analizado estos dos proyectos en otras entradas de este blog, me gustaría detenerme en las que, a mi juicio, son las principales aportaciones de #ÉpocaDeRevoluciones y #ArteMedieval.

El primero abrió las puertas a la colaboración; es decir, dejó de ser una actividad de un solo docente –y, por tanto, un único centro- para convertirse en una trabajo conjunto de Vicente Alemany, Isabel García-Velasco, Virginia Capilla y un servidor.

Desde nuestro claustro virtual en Twitter, coordinamos un proyecto con más de un centenar de alumnos de 1º de Bachillerato.

Por su parte, #ArteMedieval permitió incluir, gracias a la colaboración de Jesús Vélez, a alumnos del Grado de Educación de la Universidad de Cádiz como co-evaluadores del proyecto. Esa cuestión, unida al crecimiento del número de participantes –casi trescientos alumnos-, fue la gran aportación de la actividad que realizamos a mediados de enero.

Transversalidad e interdisciplinariedad

Como ya he indicado más arriba, el contenido de los párrafos anteriores puede leerse, de forma más detallada, en las entradas que he dedicado a #RenacimientoCigales, #ÉpocaDeRevoluciones y #ArteMedieval. Sin embargo, los párrafos que de aquí en adelante dedicaré a #MujeresHistóricas son totalmente novedosos.

El primer problema al que nos enfrentábamos en el inicio del proyecto era la diversidad existente entre los participantes. La fusión de dos claustros virtuales –el de #ÉpocaDeRevoluciones y el de #ArteMedieval-, unida a la incorporación de más profesores, algunos de ellos de asignaturas ajenas a las Ciencias Sociales, dificultaba notablemente la elección del tema a trabajar.

Fue entonces cuando decidimos buscar un hashtag transversal e interdisciplinar; es decir, capaz de amoldarse a cualquier materia y nivel educativo.

Este surgió en medio de una tormenta de ideas en el claustro, así como de un intenso debate. Después todo se coordinó a través de un documento compartido en Google Drive y la actividad, a pesar de algunos errores que cometimos, fue todo un éxito.

No en vano, participaron de manera coordinada –eso quizá sea lo más importante- más de quinientos alumnos y doce centros educativos. El entusiasmo y motivación de los estudiantes volvió a ser llamativo y no se perdieron otras conquistas de proyectos anteriores, como el trabajo de las competencias o la colaboración de los universitarios.

Además, aunque esto no pase de ser anecdótico, volvimos a ser una de las principales tendencias a nivel nacional en la red de los 140 caracteres.