Abolición de autonomía y resistencia civil IV

En el terreno económico- social se desarrollaron un sistema educativo y un sistema sanitario al margen del Estado. Los doctores y los profesores eran pagados -con salarios bien es verdad que muy bajos, y no siempre librados a tiempo- por la «República de Kosova», buena parte de cuyos fondos procedían de la emigración albano-kosovar. Los datos relativos al sistema educativo eran espectaculares:  en 1995 asistían a clases 312.000 alumnos de primaria, 57.000 de secundaria y más de 12.000 de enseñanza superior. El sistema, que contaba también con dos escuelas de educación especial, se servía las más de las veces de locales privados.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 97.

Abolición de autonomía y resistencia civil III

El 7 de septiembre de 1990 muchos de los miembros albanokosovares del disuelto parlamento se reunieron en Kaçanik y proclamaron una nueva Constitución que había de regir a la clandestina «República de Kosovo». Las normas aprobadas en Kaçanik sirvieron para articular un auténtico sistema institucional en la sombra y permitieron también que un año después, en septiembre de 1991, se celebrase un referéndum clandestino en el que participó un 87% de los electores y un 99% de los votantes respaldó la creación de una república kosovar independiente. Ésta fue proclamada por el parlamente el 18 de octubre. Varios días después veían la luz, bajo la dirección de la LDK, un gobierno presidido por Bujar Bukoshi.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 94-95.

Abolición de la autonomía y resistencia civil II

Pero si los efectos de la guerra fueron genéricamente negativos, los de la paz firmada en Dayton no fueron mejores. La estrategia de la resistencia albanesa experimentó un franco retroceso, toda vez que el acuerdo suscrito en los EE.UU. implicaba una aceptación de las fronteras internas del viejo Estado federal yugoslavo, acarreaba reconocimiento paralelo -por las potencias occidentales- de la federación que configuraban Serbia y Montenegro, otorgaba una inesperada legitimidad al gobierno serbio y, por si fuera poco, aceleraba la expulsión de refugiados albanokosovares por parte del gobierno alemán. Muchos albanokosovares se preguntaban por qué se reconocía una República Serbia en Bosnia y en cambio no se hacía otro tanto como una «República de Kosova» en Serbia; acaso las grandes potencias premiaban el uso de la fuerza y castigaban a quienes optaban por la resistencia pacífica. La única contrapartida, de sentido ambivalente en el caso de Kosova, era el compromiso internacional de no levantar las sanciones económicas que pesaban sobre Serbia y Montenegro en tanto en Kosova persistiesen problemas de violación de derechos humanos. En junio de 1996, en fin, los Estado Unidos abrieron en Prishtinë una oficina que tenía un simbólico rango semidiplomático.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 92.

Abolición de la autonomía y resistencia civil I

Para que nada faltase, la política oficial serbia alentó un ambicioso programa de colonización. Una ley del verano de 1991, que apenas tuvo eco, otorgaba cinco hectáreas de tierra a los serbios y montenegrinos que quisiesen instalarse en Kosova. Las guerras en Croacia y Bosnia-Hercegovina proporcionaron poco después, sin embargo, un número de refugiados serbios dispuestos a trasladarse a Kosova. Al respecto se manejaron las cifras de 6.000 serbobosnios, en 1994, y de 20.000 serbios procedentes de la Krajina, en 1995.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 90.

La desintegración de Yugoslavia

Los conflictos yugoslavos han tenido una raíz fundamentalmente endógena: han sido viejas rencillas entre pueblos y nuevos problemas entre las élites políticas lo que han provocado el estallido del decenio de 1990. Por ello, atribuir a la comunidad internacional, o a algunos de sus miembros, un papel de relieve en la gestación de los contenciosos yugoslavos parece excesivo. Naturalmente que hay que recordar, eso sí, que la crisis, y la posterior desaparición, del sistema y del bloque soviético algo tuvieron que ver con los conflictos yugoslavos: aunque en modo alguno eran la causa de estos últimos, sí que proporcionaron un entorno internacional en el que la manifestación de tensiones como las que nos ocupan era más factible.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 85.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial V

La derrota otomana frente a Rusia condujo, en 1878, a la firma del tratado de San Stefano, cuyas consecuencias fueron tres: el freno impuesto al imperio austrohúngaro, la consolidación de un proyecto yugoslavista y la creciente influencia de Rusia en los Balcanes. Bulgaria y Serbia salieron claramente beneficiadas. A la segunda, que alcanzó por vez primera una independencia efectiva con respecto al imperio otomano, le fue asignada la mayor parte del territorio de Kosovo, si bien es verdad que fragmentos pequeños correspondieron a Montenegro y al propio imperio otomano. Como respuesta a estos hechos, en junio de 1878 se reunieron en Prizren trescientos delegados albaneses -en su mayoría terratenientes musulmanes que, más bien conservadores, se mostraban partidarios de las estructuras del poder otomano se mantuviesen en pie- que dieron en configurar la llamada «Liga de Prizren». Los acontecimientos exteriores pronto se volvieron en contra de los intereses de Rusia. Las potencias de la Europa occidental y central consideraban que la mayor prioridad debía estribar en reducir las dimensiones territoriales, visiblemente engrosadas en San Stefano, de Bulgaria. A las medidas encaminadas a que la parte meridional de ésta fuese reintegrada al imperio otomano, siguieron otras en virtud de las cuales el mismo procedimiento se aplicó a los territorios en que vivían los albaneses, con lo cual las cosas serbias hubieron de retirarse de Kosova.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 31.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial IV

La debilidad, con todo, que seguía caracterizando a las estructuras del poder otomano facilitó, en 1877-1878, una invasión de Kosova por parte de los serbios y montenegrinos, que protagonizaron una confrontación aguda con los albaneses. Varios millares de éstos fueron expulsados de la región de Nis. Es verdad que poco después las unidades otomanas se ensañaron en las represalias contra los serbios que residían en el sur de Kosova. La tregua a la postre alcanzada obligó a los ejércitos serbios a retirarse.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 30-31.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial III

Buena parte de la población serbia residente en los territorios situados al norte de Kosovo había buscado la protección del emperador austríaco, al tiempo que se verificaba un flujo decisivo: el centro de gravedad de las comunidades serbias, que en un tiempo había estado en Kosovo, empezó a trasladarse hacia Belgrado, con lo cual la separación, y la oposición, entre serbios y albaneses fue ganando terreno. El éxodo serbio facilitó, como era de esperar, una nueva llegada de albaneses de las montañas, y ello no sólo a Kosovo, sino también a Macedonia e incluso a ciudades como Nis, hoy en el sur de Serbia.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 28.

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial II

Para la historiografía serbia, por el contrario, los albaneses se formaron en virtud del cruce entre restos aportados por los ilirios y los dejados por un sinfín de pueblos que habitaban la parte suroccidental de los Balcanes, de tal suerte que su vinculación con Kosovo fue marginal antes de  la llegada de los eslavos y su presencia significada en el territorio que hubo de aguardar a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando asumieron un crudo papel de colonizadores empecinados en la persecución de los serbios. Antes, Kosovo se había convertido en el crisol de la nación serbia, que vio la luz en 1389 de resultas de la batalla de Kosovo Polje. Así las cosas, los serbios son la población autóctona de Kosovo, país al que llegaron mucho antes que los albaneses. La presencia de estos producto de una cultura en la que los elementos destructivos y de atraso son decisivos no se remonta más allá de tres siglos atrás, y sólo puede explicarse por efecto de los estímulos generados, primero, por la insana dominación turca, que no ahorró esfuerzos para aniquilar a la cristiandad ortodoxa, y después por los intereses del imperio austrohúngaro. Con estos antecedentes no puede sorprender que la palabra Kosovo suscite, a los ojos de muchos serbios, la imagen de la persecución, del sufrimiento y de la injusticia.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 24.

 

De los ilirios a la Segunda Guerra Mundial I

…las historiografías albanesa y serbia parecen condenadas a la discrepancia. La primera señala que los albaneses, descendientes directos de los ilirios, se vieron obligados a retroceder -en virtud de las invasiones eslavas- hacia las zonas costeras a partir del siglo VI después de Cristo, pero regresaron a su tierra, bajo la protección del Islam, en los siglos XV y XVI, y configuraron en adelante el grueso de la población de Kosova. Conforme a esta visión de los hechos, los serbios son, en cambio, gentes plenamente ajenas a Kosova, que han mostrado una permanente hostilidad hacia los albaneses y han hecho todo lo que estaba en su mano para dividirlos, obstaculizando, en particular, la gestación de un estado común para las comunidades albanesas presentes en Montenegro, Kosova, Macedonia, Grecia y la propia Albania.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 23-24.