La consolidación del nacionalsocialismo VIII: la política racial antisemita


La exclusión de los judíos de la Comunidad Nacional fue uno de los fundamentos de la ideología nazi. Estos eran portadores de ideas peligrosas -marxismo, democracia, internacionalismo…-, y por lo tanto eran parásitos muy dañinos para la comunidad. Se procedió a la sistemática persecución de este grupo, que estuvo siempre supeditada a la marcha de la política interior y exterior del Reich. En 1939, desde su exilio británico, Stefan Zweig nos describe la situación de los judíos en los territorios nazis, y la evolución del proceso de persecución:

(Stefan Zweig, El mundo de ayer) “Semana tras semana, mes tras mes, llegaban cada vez más refugiados, que parecían cada vez más pobres y más angustiados que los que les habían precedido. Los primeros, los que habían salido de Alemania con más premura, aún habían podido salvar la ropa, las maletas y los enseres de la casa y muchos incluso algún dinero. Pero cuanto más tiempo habían confiado en Alemania, cuanto más les había costado desprenderse de su amada patria, más severamente habían sido castigados. Primero les quitaron la profesión, les prohibieron la entrada en los teatros, cines y museos, y a los investigadores, el acceso a las bibliotecas: seguían allí por fidelidad o pereza, por cobardía u orgullo. Preferían ser humillados en su patria a humillarse como pordioseros en el extranjero. Luego se les privó del personal de servicio y se les quitó las radios y los teléfonos de las viviendas; después, las viviendas mismas; a continuación se les obligó a llevar pegada la estrella de David, para que todo el mundo los reconociera, los evitara y escarneciera en la calle como a leprosos, expulsados y proscritos”.

Podemos distinguir dos grandes fases dentro de la persecución racial: primero discriminación y exclusión, y después desaparición y exterminio. Sin embargo, procederemos al estudio cronológico de la misma sin detenernos a clasificar en que fase hemos de encuadrar cada hecho:

1933. Boicot a su negocios, jubilación forzosa de funcionariado semita, limitación del porcentaje escolar y universitario correspondiente a este grupo. Así anunciaba el boicot a los negocioa judíos el diario oficial del partido…

(Völkischer Beobachter, 30 de marzo de 1933) “El 1 de abril, al toque de las diez, empieza el boicot a todos los negocios, médicos y abogados judíos. Los judíos han declarado la guerra a 65 millones de personas, ahora van a ser golpeados donde más les duele”.

…y así lo vivió Sebastian Haffner:

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “El primer acto intimidatorio fue el boicot impuesto a los judíos el primero de abril de 1933 (…) En los días siguientes se tomaron medidas complementarias: todos los negocios arios debían despedir a los empleados judíos. A continuación: todos los negocios judíos debían hacer lo propio. Sus dueños estaban obligados a seguir pagando los sueldos y salarios de sus empleados arios mientras los negocios permaneciesen cerrados a causa del boicot. Dichos propietarios tenían que retirarse totalmente y solicitar la presencia de gerentes arios… Al mismo tiempo comenzó la campaña informativa contra los judíos”.

1935. Exclusión de la oficialidad y del servicio militar, y disposiciones de Nuremberg (negación de la ciudadanía y prohibición de los matrimonios mixtos).

1938. Expulsión de las actividades económicas –incluía la confiscación de estos bienes-, arrestos masivos durante la noche del 9 al 10 de noviembre –Noche de los cristales rotos-, e internamiento en campos de concentración.

Este amplia represión escondía un triple objetivo:

  • Avivar el clima psicológico de lucha.
  • Excluir a los judíos de la esfera económica.
  • Nutrir las arcas del Estado.

En definitiva, el problema de la pureza racial, y especialmente la cuestión del antisemitismo, fue uno de los pilares básicos de la ideología nacionalsocialista. Sin embargo, pronto fueron conscientes los líderes nazis de que este objetivo tenía que ser llevado a cabo de manera progresiva, por medio de pequeñas medidas que pudieran ser digeridas por la sociedad sin levantar grandes protestas. Así arrancó un proceso que, a base de agresiones bien calculadas, acabó llevando a los judíos a los campos de exterminio.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

La toma del poder II: dos objetivos de la revolución legal


 En primer término, Adolf Hitler logró que el presidente Paul von Hindenburg decretase las disposiciones de excepción del 4 y del 28 de febrero; limitación de la libertad de prensa y asamblea, y derogación de la totalidad de las libertades constitucionales respectivamente. Además, estas también estipulaban la intervención del gobierno central en los länder por cuestiones de seguridad.

En segundo lugar, los nazis se sirvieron del propio Reichstag para lograr que este librase al ejecutivo del control del legislativo. De esta manera, a modo de primer intento, se convocaron elecciones con carácter de plebiscito para el 5 de marzo. Sin embargo, el gobierno no alcanzó los resultados esperados. Aunque poseía mayoría absoluta, no obtenía los dos tercios necesarios para la reforma constitucional. Fue entonces cuando Adolf Hitler se decidió a intentarlo por otra vía: la búsqueda de apoyos y la eliminación de los posibles obstáculos políticos.

En primer lugar, inició la persecución de los comunistas del KPD; justificada por el incendio del Reichstag perpetrado, supuestamente, por miembros de este grupo político. Así narra estos hechos uno de los miembros del partido comunista:

(A. Koestler, La escritura invisible) “…en la noche del incendio del Reichstag, cuando Goering asestó un golpe mortal al Partido Comunista alemán, los grupos se dispersaron y toda aquella estructura tan elaborada se disolvió en el Reich (…) Pocos meses después todo había terminado. Nuestro largo adiestramiento para la conspiración y los preparativos, que duraron años, para tal emergencia, se manifestaron en unas pocas horas totalmente inútiles. Thälmann, el jefe del partido, y la mayor parte de sus lugartenientes fueron descubiertos en sus escondites, tan cuidadosamente preparados, y arrestados en los primeros días de la catástrofe. El Comité Central tuvo que emigrar. Una larga noche caía sobre Alemania”.

Sin embargo, las consecuencias del incendio del Reichstag no sólo afectaron a los activistas y simpatizantes del KPD, el conjunto de la población alemana tuvo que acostumbrarse a un mayor control del Estado, a una constante presencia de este en su existencia cotidiana:

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “Han sido pocos los acontecimientos históricos actuales que me he perdido por completo, como el incendio del Reichstag (…) No fue hasta el día siguiente cuando leí en el periódico que el Reichstag estaba ardiendo. Hasta el mediodía no tuve noticias de las detenciones. Más o menos al mismo tiempo fue publicada la disposición de Hindenburg que anulaba la libertad de expresión y el secreto postal y telefónico de los ciudadanos y, a cambio, otorgaba a la policía pleno derecho a efectuar registros domiciliarios, incautaciones y arrestos”.

El segundo objetivo de Hitler fue lograr el apoyo de la derecha a la reforma constitucional, que se plasmó en los actos del día de Potsdam: una capitulación vergonzosa de los nacionalistas y los conservadores que constituyó, en opinión de Sebastian Haffner, una auténtica traición al electorado:

(Sebastian Haffner, Historia de un alemán) “…la traición cobarde de los dirigentes de todos los partidos y organizaciones en quienes confió el cincuenta y seis por ciento de los alemanes que votó contra los nazis el 5 de marzo de 1933 (…) La traición fue total, generalizada y sin excepción, desde la izquierda hasta la derecha”.

Por último, los nacionalsocialistas trataron por todos los medios de silenciar a las formaciones católicas, que actuaron bajo la presión del concordato que Alemania firmaba en esos días con la Santa Sede.

Así pues, el 23 de marzo de 1933, los nacionalsocialistas lograron su objetivo: que el Reichstag sancionara la ley de plenos poderes por cuatro años. Así lo narró, como una gran victoria para el pueblo alemán, el diario oficial nacionalsocialista…

(Völkischer Beobachter, 23 de marzo de 1933) “…los deseos del pueblo alemán colmados: el Parlamento entrega el poder a Adolf Hitler (…) revancha histórica de Hitler sobre los hombres de noviembre. Día memorable para el Reichstag alemán. Capitulación del sistema parlamentario a favor de una nueva Alemania”.

…y de ésta otra manera, como un paso más hacia el inminente Estado totalitario de partido único, lo vieron los socialdemócratas:

(O. Wels, portavoz del partido socialdemócrata) “…jamás en la historia del Reichstag alemán, desde que éste existe, se han visto excluidos de los asuntos públicos los representantes nacionales en tal medida como sucede ahora. Y esta exclusión aumentará más todavía si se aprueba la nueva ley de concesión de plenos poderes”.

Ésta iniciativa, aprobada sin apenas oposición, confirmaba la desaparición del parlamento como órgano legislativo y de control. Además, la ley llegó a prorrogarse tres veces consecutivas, es decir, duró los doce años del Reich.

Bibliografía:

[1] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[2] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[3] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[4] El mundo de ayer. Memorias de un europeo; Stefan Zweig – Barcelona – El Acantilado – 2002.

[5] Hitler: una biografía; Joachim Fest – Barcelona – Planeta – 2005.

[6] Historia social del Tercer Reich; Richard Grundberger – Madrid – Ariel – 1999.

[7] La escritura invisible; Arthur Koestler – Madrid – Debate – 2000.