Resumen del pensamiento político de James Harrington


La principal obra de James Harrington (1611-1677) es La República Oceána, publicada en 1656 bajo el gobierno de Oliver Cromwell. En ella se recogen planteamiento de tipo republicano que tuvieron gran influencia entre los whigs. De entre ellos cabe destacar la separación de poderes, el establecimiento de un cuerpo legislativo formado por dos cámaras o la necesidad de rotación en los cargos públicos.

En definitiva, se le puede considerar como uno de los principales teóricos de republicanismo clásico, así como uno de los primeros en sistematizar el sistema de representación moderna. En la línea con lo expresado anteriormente, se entiende que su forma de gobierno ideal sea una república con poder legislativo bicameral: senado y asamblea popular.

Las revoluciones inglesas del siglo XVII: primera parte


El sistema del Antiguo Régimen comenzó a resquebrajarse en Inglaterra a lo largo del siglo XVII. Dos revoluciones políticas, con la ejecución de un rey incluida, pusieron al Parlamento al frente del país: había nacido el liberalismo político. Este vídeo está dedicado a la primera de ellas, mientras que los siguientes abordaran la segunda, la llamada «Revolución Gloriosa», y el pensamiento de uno de sus principales ideólogos, John Locke.

La revolución inglesa en el cine: juicio y ejecución de Carlos I Estuardo


Estamos ante un fragmento largo -casi nueve minutos- de la película Cromwell (1970). En él se recoge tanto el juicio al rey de Inglaterra Carlos I Estuardo, como su posterior ejecución. Aunque ambos acontecimientos son de 1649, se pueden situar en un contexto más amplio, el de las revoluciones inglesas del siglo XVII, que tuvieron como centro la lucha por el poder entre el Parlamento y la Corona.

La escena puede dividirse en tres partes. En la primera un parlamentario muestra sus dudas sobre la condena a muerte del rey, de hecho llega a afirmar que ha nacido para reinar. Es decir, que los delitos de los que se le acusa no son punibles, pues desempeña su cargo por voluntad divina, de tal modo que solo Dios pues juzgarle. En la segunda, es el propio Carlos I quien, durante el juicio, esgrime argumentos similares: el rey no reconoce el poder del Parlamento para juzgarle.

La última es la ejecución del monarca, en la que el silencio del pueblo habla por sí solo. Los presentes son conscientes de estar llevando a cabo algo que va contra la forma de pensar de la época; están ejecutando a su propio rey, que lo es por gracia divina. Es por tanto, un atentado contra Dios. Al respecto, es interesante remarcar las palabras del discurso final, en el que se alude a la cuestión del color de la sangre.