El ineludible final de la República de Weimar

Aun negando al III Reich el carácter de ineludible que a veces se le atribuye, es difícil dejar de considerar ineludible el fin de la República de Weimar. La inmadurez política del pueblo alemán (especialmente de la élite), la deformación del sistema social y el mal funcionamiento de la economía se unieron para dar lugar a su colapso. Pero la forma concreta que tomó este colapso no estaba en modo alguno predeterminada. En Alemania (donde, por cierto, los verdugos desempeñaban su función con sombrero de copa y levita), los verdugos de la democracia hubieran podido llevar igualmente galones dorados que camisas pardas, pues los minoritarios gobiernos republicanos de 1932 se vieron ante la alternativa de instaurar una rígida dictadura presidencial apoyada por las armas o someterse al movimiento nazi, de amplio apoyo popular.

La vía adoptada el 30 de enero de 1933 (el día de la llamada «toma del poder») era, de hecho, la más democrática, por absurdo que esto pueda parecer. Aunque Hitler no pudo dar a Alemania el anunciado Milenio, la arrastró a pesar de sus débiles protestas, a la era de las masas.

Richard Grunberger, Historia social del Tercer Reich, p. 26.

El fin del sistema de Weimar


«Hay pocas cosas más extrañas que la tranquilidad indiferente y engreída con la que nosotros, yo y mis semejantes, contemplamos el inicio de la revolución nazi en Alemania como si estuviéramos en el palco de un teatro, viendo un proceso cuyo objetivo, al fin y al cabo, era exactamente borrarnos de la faz de la tierra».

En este capítulo, Haffner aborda los prolegómenos de la revolución nacionalsocialista: los tres años de régimen presidencialista. Durante esta etapa, el presidente Paul von Hindenburg fue nombrando, de manera arbitraria, a los cancilleres del Reich. Esto marcó sin duda el principio del fin de la República, cuyas bases fueron desmontándose pieza a pieza.

En unas pocas páginas, se nos describe la etapa de Brüning en el poder. Éste hombre, aupado a la cancillería por el presidente Hindenburg –primer ensayo, el más duradero, de su experiencia presidencialista- resultó ser el único capaz de detener a Hitler en su camino hacia el poder. En definitiva, un personaje que, tratando de defender la República, la llevó a su final. Su destitución condujo a Alemania a una situación caótica que hacía inminente el asalto nacionalsocialista a la cancillería:

«Según tengo entendido el régimen de Brüning fue el primer estudio y, por así decirlo, el modelo de una forma de gobierno imitada desde entonces en muchos países de Europa: una semidictadura ejercida en nombre de la democracia como defensa frente a una dictadura auténtica (…) Brüning no tenía verdaderos seguidores. Se le “toleraba”. Representaba un mal menor (…) parecía ser el único escudo frente a Hitler».

El crecimiento nacionalsocialista.

«El 14 de septiembre de 1930 tuvieron lugar las elecciones al Reichstag en las que los nazis pasaron de ser un partido ridículo y escindidos a ocupar la segunda posición, de doce mandatos a ciento siete. A partir de ese día la figura que acaparó la atención de la época de Brüning ya no fue él mismo, sino Hitler. La pregunta ya no fue: ¿seguirá Brüning?, sino: ¿llegará Hitler?»

El periodo de inestabilidad atravesado por la República alemana facilitó el afloramiento de esas fuerzas antisistema que hasta el momento se habían mantenido, como sustrato -sin ser derrotadas del todo-, bajo la superficie de la aparente normalidad republicana. De esta manera, los sucesivos triunfos electorales del nacionalsocialismo a partir de 1930, no fueron más que el resultado de la buena gestión, por parte del partido nazi, de la crisis del sistema y de sus errores pasados.

Las consecuencias de este respaldo del electorado se hicieron notar rápidamente: las agrupaciones nacionalsocialistas se hicieron con las calles, el ambiente se torno enrarecido, y Hitler se convirtió en una posibilidad a tener en cuenta a la hora de formar gobierno, bien bajo un régimen parlamentario o bien bajo uno presidencialista, como a la postre resultó ser.

Von Papen y von Schleicher.

«En el verano de 1932 el ambiente se vició aún más. Después cayó Brüning de la noche a la mañana y sin motivo, y llegó el extraño interludio de Papen y Schleicher (…) Por entonces la República fue liquidada, la Constitución anulada, el Reichstag disuelto, reelegido, vuelto a disolver y vuelto a reelegir, los periódicos prohibidos, el Gobierno prusiano destituido, todos los puestos superiores de la Administración reasignados (…) los nazis ya habían ocupado las calles con sus uniformes, permitidos definitivamente, tiraban bombas, esbozaban listas de proscritos».

Los gobiernos de von Papen y von Schleicher constituyeron, como muy bien indica el autor, el último escalón en el proceso de supresión del orden republicano iniciado con Brüning. Haffner dedica pocos párrafos a estos dos personajes, a los que considera grises y poco significativos: antecedentes inmediatos de Hitler.

No obstante, se recrea más es describir el ambiente político y social de Alemania durante aquellos días: hace especial hincapié en mostrarnos como se vivió en las calles el inminente nombramiento de Hitler como canciller.

Bibliografía:

[1] Historia de un alemán; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2005.

[2] El pacto con el diablo; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2007.

[3] Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial; Sebastian Haffner – Barcelona – Destino – 2006.

[4] Anotaciones sobre Hitler; Sebastian Haffner – Galaxia Gutenberg – Barcelona – 2002.

[5] Historia Universal Contemporánea II; Javier Paredes (Coord.) – Barcelona – Ariel – 2004.

[6] La guerra del mundo: los conflictos del siglo XX y el declive de occidente (1904-1953); Niall Ferguson – Barcelona – Debate – 2007.

[7] La Primera Guerra Mundial; Hew Strachan – Barcelona – Crítica – 2004.

[8] El periodo de entreguerras en Europa; Martin Kitchen – Madrid – Alianza Editorial – 1992.

[9] Sociedad y cultura en la República de Weimar: el fracaso de una ilusión; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 1996.

[10] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Apatía y marchas de hambre del desempleado británico


“En Gran Bretaña el desempleo de masas no consigue desestabilizar el régimen político. Y no puede argumentarse que la desocupación laboral revista menor gravedad que en Alemania, pues también en Gran Bretaña el paro alcanza en invierno de 1932-1933 el máximo histórico de 3.400.000 desempleados registrados. Sin embargo, posiblemente sea la propia evolución del desempleo de masas desde la posguerra un factor explicativo del comportamiento político de los desocupados y del consiguiente fracaso de los reclamos antidemocráticos”. En la cita anterior, Díez Espinosa nos da una clave más de por qué no triunfaron las fuerzas antisistema en el territorio británico. A juicio del autor, la actitud que tomaron los primeros desempleados del país tras la Gran Guerra (1914-1918) fue imitada por los que se sumaron, en mayor número, posteriormente. De esta manera, al arraigo del sistema democrático-liberal como factor de permanencia del régimen político, hemos de añadir este otro elemento: los desempleados británicos, a pesar de las huelgas y el descontento generalizado, no se plantearon la posibilidad de cambiar el modelo de Estado.

En las páginas dedicadas a Gran Bretaña son escasas las referencias a la literatura del desempleo. Tan sólo encontramos algunas citas de El camino de Wigan Pier (George Orwell), Love on the Dole (Walter Greenwood) y El callejón del ángel (John Boynton Priestley). Por el contrario, llama la atención el amplio número de investigaciones sobre la crisis y sus consecuencias: Los parados de Marienthal (Paul Lazarsfeld, Marie Jahoda y Hans Zeisel), Unemployment in Britain between the Wars (Stephen Constantine), La crise des sociétes impériales. Allemagne, France, Grande-Bretagne 1900-1940 (Christophe Charle), The Unemployed Man. A social study (Wight Bakke), Britain in the Depression, Society and Politics 1929-1939 (John Stevenson y Chris Cook), British society 1914-1945 (John Stevenson), Bread and Work. The experience of unemployment (Matt Perry) y Unemployed Struggles 1919-1936 (Wal Hannington). Además, En la página 247 el autor nos regala el siguiente cuadro estadístico (número 26): El Partido Comunista de Gran Bretaña en las elecciones generales, 1924-1935.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Pardos y rojos se disputan la última esperanza de Alemania


El desempleo de masas en Alemania estuvo estrechamente vinculado al auge electoral de los grupos antisistema a principios de los años treinta. Por esa razón, no ha de extrañarnos que buena parte de la estrategia política de estos girase en torno al citado problema social. Así nos narra Díez Espinosa este fenómeno: “El cambio político requiere conquistar el voto de los desempleados (2 millones en 1929, 3 millones en 1930, 4,5 millones en 1931, 6 millones en marzo de 1932), de sus familiares y, en general, de cuantos ciudadanos se sienten amenazados por el desempleo. Las formaciones antisistema son conscientes del potencial revolucionario de la crisis económica y orientan a tal fin la estrategia”.

No obstante, como bien indica el autor en esta y otras de sus obras –El laberinto alemán y Sociedad y cultura en la República de Weimar. El fracaso de una ilusión– la crisis no fue la única causa del derrumbamiento republicano. Coincide con Sebastián Haffner al afirmar que el constructo político de Weimar nació incapaz de arraigar en la conciencia de los alemanes: era una república sin republicanos. Esto explica porque el modelo democrático-liberal cayó en Alemania mientras se mantuvo en otras naciones –Estado Unidos y Gran Bretaña- con problemas de desempleo similares o mayores. En esos lugares el sistema político había echado raíces; se planteaban cambios en los gobiernos, pero nunca de modelo estatal.

Díez Espinosa comienza su estudio sobre el desempleo de masas y los grupos antisistema en Alemania citando algunos estudios de carácter sociológico, histórico y económico: Los parados de Marienthal (Paul Lazarsfield, Marie Jahoda y Hans Zeisel) Bread and Work. The experience of unemployment (Matt Perry), La Gran Depresión (Jean Heffer), Sociedad y cultura en la República de Weimar. El fracaso de una ilusión (José Ramón Díez Espinosa), Wirtschaftliche Depresion und Politischer Radikalismus (H. Bennecke), Unemployment and Solidarity: the German Experience 1929-33 (Dick Geary), Los fascismos (Thierry Buron y Pascal Gauchon ), y Empleo y desempleo. Un análisis socio-psicológico (Marie Jahoda). Después de estos estudios, el autor se sirve de las obras literarias para continuar con su exposición: La peste parda, de Daniel Guérin; Una juventud alemana, de Golo Mann; Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin; Mr. Norris cambia de tren, de Christopher Isherwood; Un sí menor y un NO mayor, Georg Grosz; La escritura invisible, de Arthur Koestler; ¿Y ahora qué?, de Hans Fallada; Von drei Millionen drei, de Leonhard Frank; La muchacha de seda artificial, de Irmgard Keun; Fabian, Historia de un moralista, de Erich Kästner.

A lo largo del espacio dedicado a Alemania encontramos también referencias al cine –Kuhle Wampe, de Slatan Dudow- y a la música –Horst Wessel Lied por la parte nacionalsocialista, y Das Solidaritätslied por el bando comunista-. Además, en las páginas 231 y 232 encontramos, respectivamente, un cuadro dedicado a los resultados electorales del KPD entre 1928 y 1933 (cuadro 24), y otro de idéntica temática sobre el NSDAP.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión III


“Antaño construí una vía férrea y la hice funcionar / la hice luchar en rapidez con el tiempo. / Antaño construí una vía férrea, ahora se acabó. / Hermano, ¿puedes darme diez centavos? / Antaño construí una torre, hacia el sol, / ladrillo, remaches y cal; / Antaño construí una torre, ahora se acabó; / Hermano, ¿puedes darme diez centavos?”. Así comienza Hermano, ¿puedes darme diez centavos? (1932), de E. Y. Harburg y J. Gorney, una de las más famosas composiciones musicales sobre el desempleo de los años treinta. Sin embargo, no es la única letra que encontramos transcrita en las páginas dedicadas a la cuestión laboral en los Estados Unidos. En la página sesenta y uno podemos disfrutar de las estrofas de Lamento de Detroit (V. Spivey, 1936).

Al relatar la Gran Depresión en los Estados Unidos, José Ramón Díez Espinosa sigue un esquema parecido al que en las páginas anteriores utilizó al tratar de Gran Bretaña. El epígrafe se inicia con una cita de la novela de J. T. Farrell –El día del juicio, 1935-; sin embargo, tras explicar brevemente el argumento de esta obra, el autor nos conduce de nuevo al campo de los valores estadísticos. La comprensión de los mismos viene facilitada por dos tablas situadas en las páginas cincuenta y cuatro –evolución del desempleo en los Estados Unidos (1929-1939)- y cincuenta y cinco –diversas estimaciones sobre los valores máximos del desempleo en los Estados Unidos (Marzo de 1933)-.

En las páginas dedicadas a los Estados Unidos no encontramos ninguna fotografía, pero si referencias a novelas y artículos de opinión del momento. Al la ya citada El día del juicio hemos de destacar: La ciudad automática –J. Camba, 1932-, El paraíso norteamericano –E. E. Kisch, 1931-, y Hotel América –M. Leitner, 1930-. El autor también se sirve del cine y del teatro para ilustrar su explicación. Comenta dos películas de K. Vidor, The Crowd –1928- y Our daily bread –1934-, y una obra teatral de Clifford Odets, Waiting for Lefty –1935-. Finalmente, hemos de resaltar el trato especial que, lógicamente, se da en estas páginas a la crisis en la industria automovilística.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.

Realidad y representación del desempleo de masas durante la Gran Depresión I


“El desempleo de masas, enfermedad social de Europa y América”; y sobre este texto una fotografía que ocupa casi toda la página. En ella podemos ver una larga cola de desempleados a la puerta de una fábrica con la esperanza de ser contratados. La fila carece de orden. Se trata de una informe masa de hombres –todos con su reglamentario sombrero- que, en algunos puntos, parecen formar pequeñas tertulias con las que amenizar la espera. Sin embargo, esos grupos de personas que conversan desaparecen en los puestos más avanzados. Allí un guardia de uniforme parece poner orden con su mera presencia. De él en adelante los desempleados caminan en fila de uno para dirigirse al puesto de contratación. Nos hayamos en la página veinte, al inicio del capítulo. Más adelante –en la cuarenta y cinco- el libro nos ofrece una escena similar. El pie de foto es el siguiente: “Cientos de desempleados hacen cola en una oficina de contratación en Clydebank, Escocia”.

Este primer capítulo se divide en tres epígrafes. El primero está dedicado a la Europa continental –Hombrecillo, ¿y ahora qué?-, el segundo a Gran Bretaña –Sin blanca en Londres-, y el último a los Estados Unidos –El día del juicio-. Para abordar la cuestión europea nos introducimos en la vida de Hans Pinneberg, protagonista de la novela de H. Fallada Hobrecillo, ¿y ahora qué? (1932). Sin embargo, no va a ser este el único personaje literario utilizado por Díez Espinosa para mostrarnos la realidad del desempleo. Gisela –Gilgi, una de nosotras (1931)-, y Doris –La muchacha de la seda artificial (1932)- son dos figuras femeninas de la Gran Depresión cuya historia nos narra I. Keun. También nos encontramos en el mundo de desempleo a los personajes de L. Frank –Tres entre tres millones (1932)- y E. Kästner –Fabian, historia de un moralista (1931)-. Sin olvidar las descripciones de viajeros como C. Isherwood y D. Guérin: “cansados de estar mano sobre mano en su barrio triste, de ser una carga para sus padres, salen en primavera y van dando tumbos hasta el final del otoño. Algunos deambulan así desde hace varios años, sin norte, viviendo de limosnas, pernoctando en los asilos o en los establos” (D. Guérin. Antes de la catástrofe).

Díez Espinosa dedica también es este primer epígrafe una mención a los largometrajes de la época. Kuhle Wampe, del director búlgaro S. Dudow, es la película elegida para mostrarnos cómo percibían el desempleo los profesionales del mundo del cine. En lo que se refiere a la música dos son las letras transcritas en las páginas del libro: La canción del desempleado compuesta por H. Eisler y D. Weber en 1929, y Sombrío domingo obra de R. Seress y L. Jávor que vio la luz en 1932. Sobra decir que el pesimismo y la tristeza constituyen un elemento común en todas estas expresiones artísticas.

Todo este material compuesto por palabras, imágenes y sonidos, se vertebra a partir de un esquema fácilmente perceptible. En los primeros párrafos el autor nos de una visión general del desempleo en el continente europeo. Posteriormente nos introduce, con más o menos detalle en función de su peso nacional, en la realidad de cada país. La situación de Alemania, Austria, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Francia, Holanda y Bélgica, desfila ante los ojos de lector en forma de texto y mediante cuadros estadísticos. De estos últimos encontramos dos en las páginas veintidós y treinta y cinco del primer capítulo: el desempleo en Alemania durante la Depresión (1930-1933), y el desempleo en algunos países durante la Depresión.

Bibliografía:

[1] El desempleo de masas en la Gran Depresión. Palabras, imágenes y sonidos; José Ramón Díez Espinosa – Valladolid – Universidad – 2006.