Medieval Times: consejos para poner en práctica la fase I


Aunque mi intención es publicar en breve diversos aspectos de la versión extendida de la gamificación Medieval Times, me ha parecido conveniente elaborar antes una entrada explicando las principales dificultades con las que me he encontrado en este primer trimestre. Evidentemente, con mayor o menor éxito, he buscado solución para cada una de ellas, tal como expondré a lo largo de las siguientes líneas.

Un difícil comienzo

El primer problema tenía que ver con el alumnado y mi forma de trabajar. O, dicho de otro modo, me enfrentaba a chicos de 2º de ESO que, sin ser malos estudiantes, no estaban para nada acostumbrados a la clase invertida, el trabajo por proyectos o el uso de Google Classroom y EdPuzzle entre otras herramientas.

De todos modos, con mucha paciencia por mi parte, y no poco esfuerzo por la suya, a mediados de trimestre todo comenzó a marchar sobre ruedas. Con alguna que otra excepción –el éxito 100% nos está vedado a los talentos medios-, la inmensa mayoría de la clase se movía como pez en el agua dentro del nuevo sistema.

Eso sí, habíamos perdido mes y medio de juego en esa operación, pues tenía claro que no les iba a introducir en la dinámica de Medieval Times hasta que no se manejaran bien en los elementos más básicos de la asignatura. Por tanto, no iniciamos la gamificación como tal hasta el mes de noviembre.

Contabilizando insignias

Pronto comprobé que, sentado en un sillón o frente al ordenador de casa, resulta muy sencillo idear un juego. Ahora bien ¿Qué sucede cuando tienes enfrente una veintena de adolescentes a los que debes enseñar historia sin que se suban por las paredes? Pues, obviamente, no te da tiempo a controlar todos los aspectos Medieval Times; especialmente uno que tiene una importancia capital, el reparto de insignias y puntos.

Es cierto que no tardé mucho en dar con la tecla, pero al principio me desesperaba un poco al ser consciente de que el juego vivía en una especie de caos donde nadie sabía con qué insignias y puntos contaba y, por tanto, qué héroes podía o no desbloquear.

La solución fue sencilla: los alumnos debía responsabilizarse de llevar la contabilidad de sus insignias y comunicarme cada semana –habitualmente en los recreos del lunes- cuáles habían adquirido en esos siete días. Evidentemente, sobre la marcha comprobaba si eso era cierto, pues es más fácil ir “a tiro fijo” que buscar ítem tras ítem sin ninguna indicación previa.

Dificultades con la Unidad de Auxilio

En líneas generales, las insignias de Medieval Times se conceden de manera objetiva a partir de unos parámetros fácilmente comprobables por el profesor y el alumnado. Sin embargo, de entre las quince existentes hay una que se sitúa en una nebulosa peligrosa; me estoy refiriendo a la Unidad de Auxilio.

Nada más poner en marcha la gamificación, me di cuenta de que no quedaba claro cómo se conseguía esa medalla. Suena muy bien pedirles que ayuden a sus compañeros, pero muchas veces no saben cómo y otras consideran que cualquier pequeño favor hecho al prójimo sirve para obtener la insignia.

Se hacía necesario poner un “parche” en el juego, y de manera urgente, pues el desbloqueo de algunos héroes precisa de la Unidad de Auxilio. A finales de noviembre puse en marcha mi particular Plan Marshall de ida y vuelta. Un sistema de ayudas dirigido por el profesor en el que todos dan y reciben.

Su funcionamiento es relativamente sencillo. En primer lugar se detecta un aspecto de la asignatura en el que cada alumno tiene dificultades. Posteriormente se procede a buscar una compañera o compañero que tenga, precisamente ahí, uno de sus puntos fuertes. El tercer paso es comunicárselo a ambos y darles un periodo de dos semanas para revertir la situación. Pasado ese tiempo, si se aprecia una mejora en el que tenía problemas, se le concede la insignia a la persona que le ayudó.

Es importante tener en cuenta que todos ayudan y son ayudados, pues considero que todos tienen puntos fuertes que pueden poner al servicio de los demás. Es decir, al tiempo que reciben consejo de un compañero para mejorar en su dificultad, están ayudando a un tercero a superar las suyas.

La revelación del agente en el discurso y la acción III

Únicamente los actores y recitadores que re-interpretan el argumento de la obra son capaces de transmitir el pleno significado, no tanto de la historia en sí como de los «héroes» que se revelan en ella. En términos de la tragedia griega, esto significaba que la historia y su universo significado lo revelaba el coro, que no imita y cuyos comentarios son pura poesía, mientras que las identidades intangibles de los agentes de la historia, puesto que escapan a toda generalización y por lo tanto a toda reificación, sólo pueden transmitirse mediante una imitación de su actuación. Éste es también el motivo de que el teatro sea el arte político por excelencias; sólo en él se transpone en arte la esfera política de la vida humana. Por el mismo motivo, es el único arte cuyo solo tema es el hombre en su relación con los demás.

Hannah Arendt, La condición humana, p. 211.