El pulso por el poder

Esta entrada forma parte de un conjunto de artículos que he escrito sobre el origen y desarrollo de la «Primavera Árabe» en Túnez y Egipto. Para leer los restantes textos dedicados a esta cuestión, haz clic aquí.


El régimen de Hosni Mubarak sobrevivió diecisiete días a la presión popular. Un periodo de tiempo -del 25 de enero y el 11 de febrero- en el que Egipto fue el centro de la opinión pública internacional.

#Día26. Sin tiempo para asimilar lo acaecido en la jornada anterior, los egipcios volvieron a lanzarse a la calle. En El Cairo la violencia entre manifestantes y miembros de los cuerpos de seguridad aumentaba por momentos, hasta el punto de registrarse dos nuevas muertes: una por cada bando.

Sin embargo, donde mayor virulencia tomaron los enfrentamientos fue en Suez, donde los manifestantes tomaron y prendieron fuego a varios edificios gubernamentales. Acosada por la presión popular, la policía tuvo que abandonar la ciudad, quedando esta bajo la custodia del ejército. Era la primera vez que los militares intervenían para sofocar las protestas. De su fidelidad o desobediencia al régimen iba a depender en gran medida el triunfo o el fracaso de la revolución.

La tarde del día 26 tenía reservada una nueva sorpresa para los habitantes de Egipto. Desde el aeropuerto de la capital, en un jet privado, huía a Inglaterra, con su mujer y su hija, Gamal Mubarak, hijo del dictador. La imagen del régimen sufría así un duro golpe, asemejándose a un muro que se resquebraja poco a poco. Sin duda el ejemplo tunecino hacía mella entre los gobernantes del país y sus familias.

#Día27. El 27 de enero fue bautizado por los opositores al régimen como “jornada de descanso”. El motivo de esta interrupción de las protestas no era otro que preparar la manifestación masiva que se había convocado para el día 28. No obstante, en Suez continuaban los enfrentamientos violentos entre la población y las fuerzas de seguridad.

Volvieron a producirse incendios en varios edificios públicos, entre ellos una comisaria. A su vez, los saqueos permitieron a los manifestantes hacerse con armas de fuego. En una nueva jornada de violencia en esta ciudad, el número de muertos se elevó a ocho personas.

Mientras todo esto sucedía dentro del país, Mohamed el-Baradei, líder de la oposición, Premio Nobel de la Paz 2005 y director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) entre 1997 y 2009, anunciaba su intención de volver del exilio para estar el la protesta del día siguiente.

Esa misma tarde, los Hermanos Musulmanes hicieron su primera declaración pública relacionada con los sucesos que venían sacudiendo el país desde “El Día de la Ira”. El grupo islamista mostró su apoyo a las protestas, al tiempo que anunciaban su intención de participar en la manifestación prevista para el viernes 28.

#Día28. El objetivo de las manifestaciones era sacar a la calle a todas aquellas personas que, por miedo, se habían quedado en sus casas durante “El Día de la Ira”. Tanto la revolución de los jazmines en Túnez, como el 25 de enero egipcio habían contribuido a disipar ese temor; por tanto, se esperaba una gran afluencia. Además, la elección del día, un viernes, favorecía que las personas se unieran a la protesta a la salida de las mezquitas.

Las previsiones se cumplieron: pocos minutos después de terminar la oración, cientos de miles de egipcios salieron a la calle con intención de manifestarse contra el régimen de Hosni Mubarak. Según cifras de los organizadores, el número de asistentes sobrepasó el millón de personas. Entre ellos, avanzando por el barrio de Guiza, se encontraba Mohamed el-Baradei.

Por su parte, el gobierno también había aprovechado la jornada de descanso para preparar su defensa. En la noche del 27 de enero el servicio de internet y buena parte de la telefonía móvil quedaron cortados en todo el país; si bien algunas personas lograron comunicarse mediante software alternativo. A su vez, se ordenó la inmediata detención de el-Baradei, que se produjo a pocos metros de la mezquita del barrio de Guiza. Por último, se preparó un amplio dispositivo policial capaz de hacer frente a la multitud mediante la utilizacion de gases lacrimógenos y cañones de agua.

No obstante, a pesar de los esfuerzos del régimen, la convocatoria del 28 de enero fue un éxito sin precedentes en la historia del país.

Esto obligó a Hosni Mubarak a hacer las primeras concesiones: nombró un nuevo gabinete, al tiempo que se comprometía a llevar a cabo un plan de amplias reformas. Era demasiado tarde. Con unos opositores conscientes de su fuerza y más de cuarenta muertos entre El Cairo y Suez, no había marcha atrás.

#Día29. La historia nos enseña que en toda revolución, en tanto que poseedores de la mayor fuerza existente, resulta casi decisiva la postura del ejército. Su fidelidad al poder establecido permite a este enfrentarse a los insurrectos. Ahora bien, el hecho de que los militares apoyen a la oposición o, como mínimo, se mantengan al margen, conlleva, casi con total seguridad, el derrumbe del gobierno.

La jornada del 29 de enero marcó un hito al respecto. Tras las protestas del viernes 28, el gobierno sacó al ejército a la calle con el fin de mantener el orden y evitar disturbios como los del día anterior. Se trataba de una medida desesperada tras el fracaso de la acción policial, pero también de una prueba de fuego para Hosni Mubarak: si los militares no respondían a las expectativas, su régimen comenzaría a tambalearse.

La plaza cairota de Tahrir fue tomada por cerca de 50.000 manifestantes en torno a las 14.00 horas.

Se trataba de una masa envalentonada por los resultados de las últimas protestas, pero también enfurecida por la situación del país y por las muertes que se estaban produciendo. En un primer momento, los soldados cumplieron con las órdenes recibidas: tomaron posiciones en las inmediaciones de la plaza y se limitaron a vigilar a la multitud.

Viendo el cariz que tomaba la situación en la plaza, así como en otros puntos de las principales ciudades del país, el régimen dio un paso más: decretó el toque de queda en la capital, así como en Alejandría y Suez, entre las 16.00 de la tarde del sábado y las 8.00 de la mañana del domingo. Al ejército se le encomendó la tarea de velar por su cumplimiento.

Sin embargo, no pudieron -o no quisieron- conseguir que este se respetara. Por la tarde, una vez sobrepasadas las 16.00, las calles volvieron a llenarse de manifestantes. La respuesta del ejército fue ambigua: en algunos puntos se actuó, y en otros su pasividad demostró que su fidelidad al régimen se estaba resquebrajando.

#Día30. Tras una noche de desórdenes, saqueos y enfrentamientos entre policía y manifestantes; una noche en la que no se respeto, al fin y al cabo, el toque de queda. La plaza de Tahrir amaneció llena egipcios que pedían el final del régimen.

Conforme la luz se iba haciendo dueña de las calles de El Cairo, miles de personas se dirigían a ese punto de encuentro para iniciar una nueva jornada de lucha. Dos dudas flotaban en el ambiente después de comprobar la pasividad del ejército a la hora de hacer respetar el toque de queda. La primera de ellas era si el gobierno volvería a hacer uso de los militares, y la segunda era la reacción de estos.

No hizo falta mucho tiempo para resolver esas dos incógnitas. Mientras la plaza se llenaba de gente, las autoridades dieron orden al ejército de tomar posiciones y disparar contra la multitud. La respuesta de estos no fue simplemente negarse, sino que se unieron al pueblo en su protesta.

El pulso entre el régimen y la oposición había terminado; la caída de Hosni Mubarak era únicamente cuestión de tiempo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.