El conflicto bélico de 1998-1999 III

Las razones, con toda evidencia, eran otras. La primera estribaba en restaurar su imagen, muy deteriorada tras tantas amenazas no llevadas a la práctica y en un marco general en el que, por añadidura, la OTAN precisaba de encontrar una justificación ante capas importantes de la opinión pública que seguían sin entender, con razones sobradas, por qué la Alianza Atlántica no había sido disuelta en 1990. Recuérdese que incluso Henry Kissinger, poco amigo de este tipo de intervenciones, acabó por respaldar los bombardeos de la OTAN al entender que si éstos no alcanzaban sus metas el descrédito de la Alianza Atlántica sería tal que pondría en peligro la propia arquitectura de seguridad articulada por las potencias occidentales.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 126.

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