Lo que piensan los historiadores sobre el cine II

No se puede entender la Edad Contemporánea sin estudiar la producción cinematográfica de cada momento. Es imposible comprender la Alemania de Hitler sin acercarnos a Leni Riefenstahl o a la trayectoria de la URSS sin conocer el cine de Eisenstein. Pero tampoco la América de Roosevelt sin Frank Capra, o si se apura el argumento, la de Bush, sin el cine de Michael Moore. El cine -apunta el propio Sorlin en otro de sus trabajos- coadyuvó a la caída del Imperio soviético. Las películas norteamericanas y europeas fueron distribuidas en los países del Este que rodaban pocas cintas y donde el séptimo arte era muy popular. En los años setenta y ochenta, el cine, especialmente en Polonia, fue un instrumento de reflexión y crítica que contribuyó a minar la hegemonía cultural del partido y del sistema.

José-Vidal Pelaz López, El pasado como espectáculo: reflexiones sobre las relación entre la Historia y el cine, p. 3.