Nuestro Tratado de Versalles


Esta mañana, después de dos jornadas de intensas negociaciones, hemos firmado el Tratado de Versalles en la clase de 4º de ESO B. El viernes será el turno de hacer lo propio en el otro grupo, donde solo llevamos un día de Conferencia de Paz. Quizá lo lógico hubiera sido esperar al final de todo el proceso para publicar una entrada con mis conclusiones. Sin embargo, para no perder la frescura de la experiencia recién terminada, me ha parecido oportuno hacerlo ahora.

Sin lugar a dudas, el primer aspecto a destacar ha sido la implicación del alumnado a lo largo de la actividad. Es cierto que, en la fase de elaboración de los discursos, se mostraron bastante motivados. Ahora bien, eso se incrementó con el inicio de la primera sesión de la Conferencia. Como docente he de reconocer que fue una gozada escuchar sus discursos pronunciados con toda solemnidad, así como contemplar su forma de tomar notas sobre lo que otros comentaban.

También funcionó a las mil maravillas la propuesta francesa de retirar la palabra a Alemania, tanto por los apoyos cosechados como por la consiguiente reacción de los teutones. Al no poder pronunciar su discurso, se llenaron de indignación, reflejando en cierto modo, a la vista de todos, la situación real de Alemania tras la Gran Guerra. Además, creció en ellos un deseo de revancha y de mejorar su situación a base de negociaciones bilaterales, aspecto que fue muy beneficioso para la segunda fase de la Conferencia.

El tercer y último aspecto positivo tuvo que ver con la media hora que les di en la primera sesión para que se movieran libremente por la clase con el fin de alcanzar acuerdos con otras potencias. Debo reconocer que disfruté mucho viendo como abordaban, con cierta soltura, abundantes cuestiones propias de la política internacional de la época. A esto habría que añadir la satisfacción de comprobar que la actividad cuadraba bastante bien en lo relativo a las exigencias de cada una de las potencias. Había una serie de conflictos previstos y, aunque no todos funcionaron porque la libertad del alumnado cumplió también su papel, se reprodujo en gran medida la realidad de Versalles.

Ahora bien, detecté dos errores importantes en la preparación de la Conferencia:

  1. Como comenté en su día en las propias instrucciones de la actividad, en caso de no firmarse el tratado, todos los grupos perdían los seis puntos de la nota asociados a las distintas cláusulas. Evidentemente, mi objetivo no era dejar a los alumnos con un cuatro, sino forzar un poco el acuerdo entre ellos con la calificación como elemento de presión. Sin embargo, al depender todo de la firma final de Alemania, esta tenía un valioso instrumento que le otorgaba ventaja sobre los demás. Evidentemente, si he llegado a esta conclusión es, precisamente, porque he visto como mis estudiantes «alemanes» utilizaban eso a su favor. Por tanto, de cara al curso que viene creo que dejaré la nota de Alemania en un tres si no hay acuerdo, mientras que la de los restantes seguirá en el cuatro. Pero bueno, como he señalado antes, la idea es que haya un acuerdo, no que suspendan.
  2. Al no contar con un mapa detallado de Europa, determinadas regiones de la costa del Adriático no se relacionaron con Yugoslavia. Eso llevó a que los Estados Unidos prometieran a Italia esos territorios mientras, sin darse cuenta de la contradicción en la que caían, votaban a favor de un gran estado eslavo en los Balcanes. Entiendo que este problema se podría solucionar fácilmente repartiendo mapas de las zonas más conflictivas.

Aunque espero subir en pocos días el tratado de los alumnos de 4º de ESO A, dejo aquí de momento el acuerdo alcanzado en el otro grupo. Como se puede apreciar en las imágenes, el texto es, con algunas variantes, una copia de los primeros párrafos del verdadero Tratado de Versalles. Solo en la parte de los acuerdos varía notablemente:

 

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