El conflicto bélico de 1998-1999 V

Las operaciones provocaron el éxodo -fundamentalmente hacia Albania, pero también hacia Macedonia, cuyas autoridades se mostraron muy reticentes, y Montenegro- de una cifra de albanokosovares que comúnmente se estima en 863.000 personas, a las que habría que agregar otras 590.000 que se tornaron en desplazado dentro del propio Kosova. Si hay que dar crédito a estas cifras, cerca del 90% de la población albanesa del país se vio obligado a abandonar sus hogares. Pueblos enteros fueron incendiados en virtud de acciones que provocaron varios millares de muertos -en el capítulo siguiente se recoge alguna estimación al respecto, siempre difícil tanto más cuanto que las cifras pueden computar fallecidos de resultas de operaciones de las distintas fuerzas serbias, del ELK y de la propia OTAN-, con un trasfondo de cruda represión contra la guerrilla albanokosovar y del despliegue paralelo de un vasto programa de defensa ante una eventual operación terrestre de la OTAN. Muchas y muy distintas eran, en fin, las versiones relativas a cuál fue la actitud de los serbios de Kosova con ocasión de los bombardeos. Si no faltaron los ejemplos de franca ayuda a vecinos albaneses en situación difícil, también los hubo de serbokosovares que habrían sido la punta de lanza de la represión.

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 118.

El conflicto bélico de 1998-1999 II

Aunque la pronta llegada del invierno se antojaba un poderoso estímulo para que el acuerdo de octubre ganase terreno, lo cierto es que los combates no menguaron. Si al respecto de las tesis oficiales serbia apuntaba que el ELK había vuelto a los lugares de los que había sido desplazado en los meses anteriores, del lado de la resistencia albanokosovar se subrayaba que Serbia, plenamente consciente de la debilidad de la respuesta internacional, no había abandonado en modo alguno las operaciones de acoso. Lo cierto es que, mientras se iniciaba el despliegue de los observadores de la OSCE, el conflicto arreció en los primeros meses de 1999. El momento simbólico más relevante lo aportó, a mediados de enero, la controvertida masacre acaecida en la localidad de Raçak, que según la OSCE había tenido por objeto a indefensos civiles albaneses y según la versión oficial serbia era producto de un choque con guerrilleros del ELK. Aireada por un diplomático norteamericano de lamentable trayectoria, William Walker, la matanza que nos ocupa sirvió de eficaz argumento para que la OTAN asumiese una ambiciosa escalada en su lenguaje.

El efecto fundamental del renovado conflicto fue una creciente presión internacional que en este caso se concentró en la organización de una conferencia que al cabo se celebró en dos tandas -6 a 24 de febrero y 15 a 18 de marzo de 1999- en Rambouillet, en Francia. Los miembros occidentales del llamado «grupo de contacto» (Alemania, EE.UU., Francia, Italia y el Reino Unido; Rusia no estaba por la labor) intentaron imponer un acuerdo que, muy semejante al de octubre de 1998, remplazaba, sin embargo, los dos mil observadores de la OSCE por un contingente militar de casi 3.000 soldados bajo la dirección de la OTAN…

Carlos Taibo, Guerra en Kosovo. Un estudio sobre la ingeniería del odio, p. 110-111.